Algunas ideas sobre la policía

on Sábado, 15 Julio 2017. Posted in Daniel Moreno, Edición 109, Artículos, Estado y violencia, Policía, Nacional

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¿Es posible escapar a la lógica de la policía? Es necesario aterrarse ante esta paradoja y comprender que no se trata de una constatación trivial encontrar en la policía la expresión misma de las formas políticas que rodean esta época.

 

Daniel Moreno

Fuente de la imagen: http://www.elespectador.com/

Mucha policía, poca diversión

Eskorbuto

No parece haber pasado demasiado tiempo desde la aparición de la policía como institución central del Estado. Si se trata de señalar un punto en la historia, se podría decir que la época de la policía se inaugura en la hoguera de conceptos y prácticas de las guerras de religión en Europa. Fue esta situación política la que dio origen a la máquina llamada Leviatán y a las discusiones posteriores y ricas en torno a la soberanía y el poder. Es esta conflagración la que da el marco de conceptos como enemigo interno. La policía, desde este punto de vista, pone en práctica una violencia de otro orden a la violencia ejercida por los ejércitos. Por esto es posible afirmar que la policía en tanto cuerpo organizado de ejercicio de la violencia legítima tiene un origen completamente distinto al del ejército. La distinción la ofrece la misma doctrina del derecho positivo. Siendo los segundos diseñados para la guerra exterior, la policía tiene como deber la protección del orden jurídico interno. Mientras el ejército no tiene en su centro la pregunta por el orden jurídico, sino por la imposición de una fuerza sobre otra en la guerra, la policía, casi por definición, es el orden jurídico. Mientras el ejército contiene la amenaza encarnada por los órdenes jurídicos de estados extranjeros, la policía controla y asegura el reinado fáctico del orden interno. Dos miradas de la violencia del orden legal, dos caras, dos personalidades.

La policía es la fuerza por excelencia del Estado en la modernidad. Incluso en los estados que han ejercido el mayor poder de expansión como el Estado Nazi, la fuerza predominante fue de origen policial. Las SS, un cuerpo cuyo origen no es el ejército, sino la policía propia del partido nacionalsocialista que se forjó en medio de la conflagración callejera en la república de Weimar, son un ejemplo paradigmático del protagonismo de la policía en el ejercicio del poder moderno. No solamente la policía fue esencial en el desarrollo de los fascismos europeos, también lo fue en las experiencias del llamado socialismo realmente existente, en las que instituciones de control del enemigo interno eran las encargadas de proteger el orden jurídico.

Benjamin en su famoso ensayo sobre la violencia encuentra en el cuerpo policial una de las expresiones más radicales de la violencia del derecho. Tan radical es la mirada del berlinés que podríamos decir que la política moderna, en tanto imposición de la fuerza del derecho en un territorio puntual, consiste en la negociación y la reformulación del poder policial. La policía tiene un carácter fantasmal en su relación con la violencia jurídica, pues ella encarna las violencias que Benjamin le atribuye y que aparecen escindidas en las instituciones del Estado: la violencia que crea el derecho que puede ser ubicada en el parlamento y la violencia que lo protege que puede ser ubicada en las otras ramas del poder. La policía supera esta escisión y se ubica como la expresión propia del poder del Estado en tanto que simultáneamente crea y conserva el derecho.

El Estado en la modernidad es un estado de policía en tanto que estado de derecho, pues el derecho es la policía misma y la policía es el derecho. Si en el centro mismo de la policía habita la cuestión política por excelencia (por ejemplo el estado de excepción), la policía vendría a ser la expresión misma de esta excepcionalidad y justamente en esto descansaría su carácter fantasmagórico. Más allá de la constatación schmittiana acerca del fundamento del orden jurídico, lo que merece ser abordado una vez se alcanza este punto en la argumentación es la relación entre la excepción y el derecho. Allí donde se lee que el derecho crea la excepción, se lee también que la policía crea la excepción. La excepción consiste en la implementación de una suspensión de la ley que reacciona a un peligro que amenaza la existencia del sistema jurídico internamente. Las patrullas que ordenan el territorio en los barrios, que realizan redadas y solicitan los documentos están siempre en la búsqueda del enemigo, del cuerpo exterior al derecho. Un enemigo producido por el orden mismo. Las escenas usuales de allanamientos evidencian el origen macabro de la policía: se trata de nada más que una pandilla que actúa en estos territorios bajo la égida del Estado. Una violencia que no puede ser inculpada y que falsamente se presenta como inocente. Su carácter ha llegado a ser aceptado como parte de la necesidad natural del orden jurídico. En otras palabras, en su afán por identificar el Estado a la naturaleza, la modernidad encuentra en el cuerpo policial la bestia que engulle a todos los sujetos al centro mismo del orden jurídico: que todos pueden ser controlados, violentados e inculpados.

Por esta razón no deja de sorprender la cercanía de las imágenes de los escuadrones impunemente asesinos del ESMAD y del Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana. Los sucesos de hace un par de semanas en el Schanzenviertel en Hamburgo invitan a ver lo horrendo no en el uso de la violencia física, sino en que los agentes de policía, que están lanzados a la defensa de la ley, muestran que defender la ley no es cumplirla, sino establecer una autoridad. Sólo entonces el orden jurídico que defienden se puede ver con claridad: la ley no es la razón, ni el consenso, es la fuerza cruda del orden al que sirven (que puede ser cualquiera). Lo que se nos revela allí es que el Estado y sus servidores son un cascarón vacío. La alternativa no puede ser el reparto de cartillas de derechos humanos, instruir a los policías para que no golpeen sino en caso de estricta necesidad, o, en casos como el norteamericano que sean enseñados a no perfilar racialmente a los sujetos que consideran peligrosos. Además, la policía ha sustituido en muchos casos al ejército, pues la policía se ha militarizado, adopta estrategias de combate propias de ejércitos entrenados en la llamada guerra urbana. La policía es el centro de la militarización de la vida civil. Lo que une a la izquierda y a la derecha en el marco del Estado es lo siguiente: luchan para alcanzar un orden de cosas en el que la policía defienda su punto de vista. La victoria histórica del liberalismo tiene que ver con la aceptación de este dogma político. El liberal pregunta si es posible una mejor policía, una policía más humanitaria o una más violenta o una más eficiente. Policía al fin. Una crítica del Estado debe apuntar a este núcleo, pues bajo este no se ubican los argumentos liberales (de izquierda y de derecha) sobre el cambio social en el marco de la ley. Cambiar la sociedad dentro de la ley es cambiarla dentro de la policía, pues, en la modernidad, la ley es la policía.

¿Es posible escapar a la lógica de la policía? Es necesario aterrarse ante esta paradoja y comprender que no se trata de una constatación trivial encontrar en la policía la expresión misma de las formas políticas que rodean esta época. La defensa de la izquierda o de la derecha se enmarca allí mismo donde nuestro tiempo condena a cada ser humano a ser expuesto a la violencia policial. El liberalismo entiende que la violencia se supera a través del ejercicio racional de la ley y del lenguaje, que tiene como finalidad el establecimiento de acuerdos básicos de convivencia, olvida al mismo tiempo que justamente allí se origina una violencia más aterradora. Si aún se pueden encontrar en la historia los sueños de una humanidad feliz, una entrada posible consistirá en superar materialmente la paradoja del poder policial.

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