Bogotá mejor para la vista fascista

on Sábado, 13 Mayo 2017. Posted in Artículos, Esteban Rojas, Edición 105, Bogotá, Nacional

105 RojasNo puede haber un problema más grande y absurdo que el hecho de que un ser humano vea a otro como un problema: ocultar a quien, tras las fachadas indolentes del desechable, del improductivo, de la contaminación visual y del “espacio público”, entre otras, no es más que otro yo, es ocultar mi humanidad misma.

 

Esteban Rojas

Grupo de Derecho y Política Ambiental - UNAL

Fuente de la imagen: http://cubaadiario.blogspot.com.co/

Durante mi estancia en Bogotá en el fin de año, debo decir que me llevé la sorpresa de encontrar una ciudad con muchos andenes reparados, cebras pintadas, un nuevo y brillante rascacielos en el corazón de la ciudad y, lo mejor, una vista “despejada”: mucha menos indigencia, cero ventas ambulantes. Bueno, en realidad, sólo en una parte de Bogotá, en la de “mostrar” tal vez; el centro, la 72 y otras zonas parecidas, un par de nichos turísticos, políticos y financieros exaltados artificialmente para ocultar a la Bogotá real.

¿Qué pasó con la mayor indigencia que, con seguridad, había en el centro y con las ventas informales? ¿Transformaron mágicamente las condiciones socioeconómicas de todos estos seres marginados y empobrecidos en un año? No. Pero a tecnócrata urbanista, respuestas rápidas y visibles, y he aquí la palabra clave: “visibilidad”. ¿Qué significa? ¿Qué ciudad queremos ver y/o mostrar? ¿A quién la queremos mostrar? Bueno, estas preguntas tienen múltiples respuestas que pueden varían conforme a la realidad socioeconómica del ciudadano, a su educación –familiar y académica-, a sus convicciones éticas y políticas, entre otros factores, pero aquí nos enfocaremos principalmente en la idea de visibilidad para el alcalde Peñalosa.

Preliminarmente, debe decirse que lo visible es lo que es posible ver, es decir, aquello cuya visión es contingente, que puede darse o no, pero que no es necesaria; en este sentido, lo visible en el ámbito de lo social –como todo en este campo- es una construcción voluntaria y premeditada a partir de ciertos intereses y de ciertas relaciones de poder, lo cual implica necesariamente que a la construcción social de lo visible subyace una construcción –no menos consciente- de lo invisible, de lo que no se puede y/o quiere ver.

Ahora, pensemos en qué ha ocurrido con la indigencia y las ventas informales. Respecto a la primera, cabe recordar que la Alcaldía y la Policía Metropolitana han venido evacuando a los indigentes del centro de la ciudad1 y que hubo una “intervención” violenta, efímera y hollywoodense –en términos operativos y de cubrimiento mediático- del Bronx; el centro fue limpiado y el Bronx acabado, pero ¿acabaron acaso con la gente también?

Ojalá, pero eso hubiera sido demasiado explícito; mejor guardar las apariencias -lo que se ve-, que el indeseable entonces “se riegue (como plaga) por otros sectores”, y que si lo ha de matar alguien lo haga el clima2 o el que piense como nosotros pero tenga que preocuparse menos por las apariencias que deben guardar las figuras públicas, al fin de cuentas, si es una persona de bien la justicia sabrá qué hacer3; lo que importa en definitiva es que el indigente no esté “a la vista de todo el mundo”4 o del mundo que importa.

Luego, tumbamos los edificios del entorno que la indigencia degradaba, de paso su humanidad -si es que la ha tenido en algún momento- y hacemos una “renovación urbana”: reemplazamos desechos humanos y urbanísticos con modernos edificios, acompañados de un poco de pintura y cemento en los alrededores; esta máscara es mejor que una solución de fondo allí donde lo que más importan son la estética del poder político y financiero, por un lado, y el turismo, por el otro, esto es, la superficialidad de las élites locales serviles a los centros del poder neocolonial y la imagen que se lleven quienes, precisa y probablemente, provienen de tales centros.

Una intervención social integral, prudente, empática, que aborde múltiples áreas como la educación pública, la reintegración laboral, urbana y ambiental de las periferias de la ciudad, la economía popular, y programas contra la drogadicción centrados en la rehabilitación, el acompañamiento y el fortalecimiento de vínculos familiares y comunitarios, parece algo muy complejo y, ciertamente, muy demorado para la mente corporativa basada en el uso racional y eficiente del tiempo, para el político que gestiona problemas no más allá de su mandato –con suerte– y que se enfrenta a los números de las encuestas y de las revocatorias, ah esos números que tanto ama el pensamiento abstracto, racionalista, egoísta, desprendido de lo social.

Así, la vista distrital construye como invisible el hecho de que estas comunidades migren firmemente del centro hacia la periferia, al sur, occidente (La Estanzuela, San Bernardo –de donde ya han sido sacados también-, Comuneros), municipios aledaños5 y, en su calidad de subhumanos, de la superficie al subsuelo6. La indigencia es expropiada eternamente de espacios temporarios que realmente nunca podrían ser suyos porque le pertenecen a la sociedad civil, mientras que las personas en situación de indigencia llevan marcada a fuego la inferioridad y subnormalidad del estado de naturaleza hobbesiano, siendo así que no entran en la categoría de ciudadanía.

¿Qué ocurre con los vendedores informales? Ocurre que es más fácil señalar a un grupo de personas que a un fenómeno social difuso, inasible y complejo como “la falta de trabajo”. De tal manera, esas personas, que ocupan las calles de forma rebelde y caprichosa, tampoco se ven bien: ese rocambolesco festival de colores, voces y sabores afecta el “espacio público”, la joya de la corona del Alcalde, a quien podríamos preguntar qué entiende por “público”, si aquello accesible a todos o aquello que pertenece a la administración7.

Siendo tal espacio inaccesible para las ventas ambulantes, parece que estamos ante la segunda acepción, y como la administración –en clave de propiedad privada- puede disponer libremente de lo que le pertenece, ha decidido entonces configurar el “espacio público” como un espacio privado con características especiales, como un club, al cual entra la gente de bien, como el Alcalde o, al menos, gente que mantiene sus asuntos en privado, que circula, pero no gente con necesidades que se atreve a publicitar sus vergüenzas y a exhibirlas permanentemente; estas penurias son una imagen poco atractivo, que no vende, ni a quien compra ni a quien vota.

Vemos entonces que personas como el Alcalde asimilan, o mejor, subsumen constantemente lo público en lo privado y, por tanto, no pueden asumir su rol como defensores de lo público –de lo que es de todos- porque no comprenden la diferencia entre ambas esferas, pues ven en ellas una y la misma, y esa incomprensión e indiferenciación terminológica no puede más que volverse incomprensión e indiferencia social: el espacio público del Alcalde, es el espacio privado al trabajador informal; el acceso al trabajo como cuestión distrital es asunto privado del “trabajador”.

El trabajador informal es entonces forzado al ámbito de lo privado, y esa palabra la lleva tatuada en su frente, privado de medios para obtener su sustento, privado del espacio público, privado debe mantener su sufrimiento; de ahí que la acción distrital inicie y termine con la limpieza social del espacio8, convirtiéndose en conveniente juez de su propia ineptitud pues al “controlar las ventas ambulantes”9 controla lo que su propio descontrol en la generación de empleos ha creado y –aquí sí- democratiza con los trabajadores el castigo que sólo sobre el distrito debería recaer.

¿Se preguntará el Alcalde por qué priva a los ciudadanos del trabajo que no les puede garantizar? ¿Pensará en algún momento en la ironía de esa circunstancia y lo diciente que es de un actuar irreflexivo e irresponsable? ¿Se preguntará lo que siente el trabajador al que no le da y luego le quita la posibilidad de obtener su sustento, por la angustia que este siente cuando llega a su casa con las manos y los bolsillos vacíos? No, porque uno de los mandatos de lo privado es que la ropa sucia se lava en casa –aunque solo haya para lavar metafóricamente-, de forma que es mejor tener un espacio vacío pero limpio que uno accesible a todos los impresentables.

Nuestra forma de vida es una construcción social, por lo cual es, en definitiva, contingente, variable y cuestionable; debemos entonces lograr un profundo autoconocimiento para superar el fatalismo de la cotidianidad y la costumbre, para dejar de naturalizar y reificar los contenidos de nuestras pautas culturales y preguntarnos a quién hacemos sufrir, a quién dañamos, a quién privamos la esperanza e incluso matamos lentamente por acciones automatizadas que bien podrían cambiar con algo de reflexividad y exigencia, desde nuestras preferencias estéticas hasta las lingüísticas que, como en el caso de los medios, están llenas de violencia simbólica.

La idea de la complejidad a la que refiere Luhmann, además de buscar un abordaje menos sesgado de lo social, es –pienso- correlato de una actitud de vida que reivindica conceptos difamados como el esfuerzo, la dificultad, la incertidumbre y el mismo trabajo, además de otros conocidos como la pluralidad; a su vez, la pluralidad no debe entenderse como el reconocimiento jurídico-formal del otro, sino como la comprensión los horizontes de sentido alternos y de sus posibilidades de existencia, esto es, el reconocimiento de las relaciones de dominación existentes entre distintas prácticas sociales y la capacidad de trascender la perspectiva propia, de ubicarse en el lugar del otro, de fomentar la empatía y comprender el sufrimiento ajeno.

Es así que la complejidad y la empatía tienen en la superficialidad a uno de sus mayores enemigos: aliviar la situación de las comunidades marginales requiere imaginar y escuchar sus sufrimientos para tratar de asir la mayor parte de su complejidad socioeconómica, laboral, espacial o urbana, ambiental, de forma que tratemos de idear respuestas con el mismo grado de complejidad, pero nada de esto es posible si nos privan siquiera de la posibilidad de verlas, si son construidas social y políticamente como un fenómeno inexistente, y hacemos de su humanidad -y, así, de la nuestra- una mera ficción.

Así las cosas, el enmascaramiento social que patrocina la Alcaldía es el puntapié del fascismo social, pues la segregación, el odio y la violencia contra todo aquello que nosotros mismos producimos discursiva y simbólicamente como inferior, como inhumano, son todas derivaciones de la embriaguez de la acción a la cual se entregó Fausto y se entrega ahora el alcalde, esa acción irreflexiva, facilista y afanosa que siempre abunda y que desprecia la prudente contemplación y reflexión sobre la complejidad social para su mejor comprensión e intervención.

No puede haber un problema más grande y absurdo que el hecho de que un ser humano vea a otro como un problema: ocultar a quien, tras las fachadas indolentes del desechable, del improductivo, de la contaminación visual y del “espacio público”, entre otras, no es más que otro yo, es ocultar mi humanidad misma. La superficialidad del paisaje urbano de la última Bogotá que vi es la metáfora de lo que parecemos estar llevando en este tiempo en nuestros corazones.

PS: La exaltación del “sentido de la vista urbana” en el texto también busca llamar la atención sobre la precarización de la vista natural y de otras experiencias sensoriales en Bogotá, una ciudad de cada vez menos verde y más gris -en aire y edificios-, viciada aun en días soleados que transmiten una atmósfera radioactiva, distópica y siempre más inhumana, de seres cada vez más alejados física y espiritualmente entre sí y del entorno natural que requieren para vivir.

***

1http://noticias.caracoltv.com/colombia/como-por-arte-de-magia-policia-hizo-desaparecer-indigentes-del-centro-de-bogota

2http://www.eltiempo.com/bogota/indigentes-en-bogota-49054

3http://segundoenfoque.com/colombia-joven-que-mato-a-indigente-pagara-condena-en-pabellon-especial-51-345424/

4http://www.eltiempo.com/bogota/problemas-en-bogota-por-habitante-de-la-calle-38370

5https://www.las2orillas.co/que-se-hicieron-los-habitantes-del-bronx/

6http://zonacero.com/?q=generales/del-bronx-un-cano-la-nueva-casa-de-los-indigentes-en-bogota-66181

7http://dle.rae.es/?id=UYbbTs8

8http://caracol.com.co/programa/2017/02/14/6am_hoy_por_hoy/1487074605_912415.html

9http://www.eltiempo.com/bogota/medidas-contra-los-vendedores-ambulantes-en-bogota-30181

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