¿Bogotá mejor para todos y lucha de clases? ¡Sí, por favor!

on Sábado, 13 Mayo 2017. Posted in Artículos, Edición 105, Bogotá mejor para todos, Hernán Alejandro Cortés, Bogotá, Nacional

105 Hernan1Ante la actualidad habrá que defender las firmas y el sentimiento de indignación en la calle con vistas a la articulación de un movimiento ciudadano con vocación de poder. Así pues habrá que pensar que la Bogotá mejor para todos requiere que pensemos en la lucha de clases como forma de pensar la política, ganarle el espacio a esa rosca que se ha beneficiado pasa descreer y crear nuevas formas de gobierno es una apuesta del ciudadano de a pie, así que ¡sí, por favor!

 

Hernán Alejandro Cortés

Fuente de la imagen: http://www.elespectador.com/

El título del famoso texto de Žižek, ¿Lucha de clases o posmodernismo? ¡Sí, por favor! (2011) está inspirado en un chiste de los hermanos Marx: a uno de los hermanos se le ofrece ¿té o café?, a lo que responde diciendo, ¡sí, por favor! La respuesta satírica que se niega a adoptar una posición puede servir hoy para analizar la encrucijada en la que nos encontramos en la capital bogotana. Peñalosa fue elegido como Alcalde Mayor bajo la premisa de “recuperar Bogotá”, un slogan de campaña que logró calar entre un cierto sector de la población votante que aún cree que lo peor que le pudo pasar a la ciudad fue caer en las manos del populismo mesiánico, perezoso y corrupto de la Bogotá Humana.

Desde que Peñalosa se perfiló como candidato a la Alcaldía, su discurso se ha organizado en relación con tres iniciativas: mejorar las condiciones de movilidad de la ciudad (lo que significa más Transmilenio), ampliar las zonas urbanas hacía el norte y occidente de la ciudad (construir sobre la reserva Van der Hammen y desarrollar un vínculo con municipios como Mosquera y Madrid) y desmontar el gasto social en virtud del mejoramiento de la infraestructura (cierre de jardines infantiles, cierre de programas de asistencia en localidades vulnerables y desarticulación del gasto social en secretarias como la de Gobierno y la de Integración Social). Todas estas acciones están sustentadas en una cierta idea aséptica de la ciudad, recuperar Bogotá es para nuestro “ilustre” Alcalde el desarrollo de un conjunto de movimientos que tienden a embellecer la ciudad ocultando los problemas estructurales que en ella habitan (es más importante decir que el grafitti genera inseguridad que pensar en las redes de micro-tráfico de los barrios, por ejemplo). Para Peñalosa, y sus amigos burócratas, gobernar es construir, técnicamente, un aparato en el que se privilegie el desarrollo de infraestructura, aun cuando esto requiera desatender otros programas que velan por el bienestar integral de la mayoría de los bogotanos. Nada de malo tiene querer construir parques, alamedas y nuevas autopistas en una ciudad que carece de espacios públicos; lo que sí es reprochable es el modelo de ciudad que se privilegia en esta planeación; un modelo que no responde a criterios técnicos, como lo quieren hacer ver los funcionarios de la Alcaldía, sino a jugadas económico-políticas.

Para nadie es un secreto que Peñalosa privilegia lo privado sobre lo público. Ejemplos hay por doquier. El detrimento de la movilidad de la ciudad está asociado a la fuerte vinculación del sector privado en la prestación de servicios de movilidad. A pesar de que Peñalosa diga que Transmilenio es una opción para democratizar las vías de la ciudad, es claro que dicha apertura hacía lo público se hace a través de una privatización estratégica del derecho a movilizarse. Localidades enteras han visto cómo las opciones de transporte se cerraron obligando a los ciudadanos a dos opciones para llegar a sus destinos: tomar un pésimo servicio de transporte o capitalizar sus inversiones en la compra de un vehículo privado.

“Bogotá mejor para todos” es un sofisma para ocultar que en la ciudad hay una abierta lucha de clases. Y no lo digo yo; es el mismo Peñalosa quien nos enuncia en un lenguaje grotesco y excluyente que ricos y pobres hacen parte de una ecuación no igualitaria, para la muestra un botón: “¿Los habitantes de Chía o de Cajicá van a votar para fusionarse con Soacha? Nunca los habitantes de un municipio rico van a votar para fusionarse con uno pobre, ni tontos que fueran porque saben para qué es” (Caracol Radio, 2017). “Bogotá mejor para todos” y lucha de clases son enunciados que operan sobre un mismo principio ideológico. Las salidas en falso del Alcalde, que no son producto del inconsciente, no son, únicamente, parte de su torpeza para hablar en público, como lo ha sostenido en algunas entrevistas1. Sus frases excluyentes y su pedantería burocrática son la muestra de que, en esta franca lucha de clases, ellos van ganando la partida.

No hay en las acciones de gobierno de Peñalosa, como lo quieren ver sus simpatizantes, un ejercicio administrativamente pulcro, técnico, por el contrario, todas sus medidas están animadas por profundas convicciones ideológicas, su administración es efectiva, tan efectiva que responde a un condicionamiento de clase, en lugar de ver el Estado como una herramienta para disminuir la desigualdad, el proyecto de clase del Alcalde responde a un ejercicio de división, segregación y exclusión, que crea, discursivamente, esa contradicción que parece irresoluble. Los pobres no dejarán de ser pobres al tener más troncales de Transmileno, ni al ir a una alameda, por el contrario, dejarán de serlo cuando los funcionarios del Estado cumplan la tarea de acabar con las causas estructurales que producen la pobreza, como el privilegio de lo privado sobre lo público y la priorización del gasto de infraestructura en ciertos sectores privilegiados.

Veamos un ejemplo: al hablar de su enfoque de felicidad, ha señalado que el principal obstáculo para que un ciudadano sea feliz es que se sienta excluido2. Su programa de gobierno se propone crear las condiciones para que los ciudadanos no se sientan excluidos y logren ser más felices en la ciudad. Pero, aquí vale la pena preguntarse qué significa para el modelo de ciudad de Peñalosa crear condiciones de no-exclusión para la ciudadanía. Hasta el momento hemos visto que sus preocupaciones no están del lado de las mayorías, ni del lado de los excluidos y que sus medidas, en lugar de crear condiciones para no generar exclusión, han forzado a miles de ciudadanos a ser empobrecidos.

Hay dos ejemplos concretos para ilustrar este punto: por un lado, el abusivo ajuste de las tarifas de Transmilenio que en lugar de renegociar los contratos con los operadores privados pone toda la carga presupuestal en la ciudadanía. Y, por otro lado, la fuerte crisis que se vivencia en el sistema público de salud de la capital, a pesar de que esto no sea responsabilidad exclusiva de un Alcalde. Lo que es sí es responsabilidad de la Alcaldía es promover soluciones ante las crisis, no quedarse inmóvil ante el sufrimiento de los ciudadanos pobres.

El modelo de ciudad de Peñalosa agudiza una contradicción entre las condiciones materiales de la mayoría y las de esa pequeña minoría que volvió a hegemonizar los aparatos de Estado de la ciudad, después de algunos avances logrados por el gobierno de Petro. Bajo la pretensión de devolver la ciudad a sus ciudadanos Peñalosa ha devuelto la ciudad a sus amigos construyendo un cerco para las mayorías escudado tras una lógica burocrática de pulcritud técnica. En manos de esa pequeña minoría las instituciones han caído en descrédito, son alcaldes como Peñalosa quienes han hecho que la ciudadanía subvalore lo público, que sientan que las decisiones de gobierno están orientadas al beneficio de unos pocos. No es la “izquierda” quien ha polarizado a los ciudadanos sino la lógica de gobierno que pone por encima de la voluntad general las decisiones de un conjunto oligárquico. El antagonismo de clase no es producido por la envidia de los pobres o por el resentimiento de las mayorías, ese es más bien su efecto, quienes producen ese antagonismo que parece irresoluble son quienes refuerzan las condiciones de empobrecimiento de la población con medidas técnicas para aumentar su felicidad.

Revocar el mandato de Peñalosa es importante para empoderar a la ciudadanía, para que su voz sea escuchada, para que por fin sienta que las instituciones funcionan y que la apuesta por lo público va más allá del mandato de un alcalde, sea X o Y. En segunda medida, el proceso revocatorio ha abierto una pregunta por cómo funciona el Estado, por sus lógicas burocráticas y sus fallas estructurales que son diseñadas para estar en contra de las mayorías. El reto de quienes impulsan la revocatoria no es solo el de que Peñalosa y su grupo de gobierno se vayan, este proceso debe abrir las puertas para que existan alternativas reales de gobierno que estén del lado del pueblo y no de una casta, rosca o élite. Finalmente, ante la actualidad habrá que defender las firmas y el sentimiento de indignación en la calle con vistas a la articulación de un movimiento ciudadano con vocación de poder. Así pues habrá que pensar que la Bogotá mejor para todos requiere que pensemos en la lucha de clases como forma de pensar la política, ganarle el espacio a esa rosca que se ha beneficiado pasa descreer y crear nuevas formas de gobierno es una apuesta del ciudadano de a pie, así que ¡sí, por favor!

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1https://www.facebook.com/pg/RevoquemosAPenalosa/videos/?ref=page_internal 

2https://www.facebook.com/pg/RevoquemosAPenalosa/videos/?ref=page_internal

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