Bogotá: sobre evaluaciones y aprendizajes

on Jueves, 01 Mayo 2014. Posted in Artículos, Bogotá, Edición 32, Gustavo Petro, Nacional, André-Noël Roth

32 AndreLa izquierda, si no quiere terminar por hacer política de la misma forma que la derecha, y con casi los mismos resultados, debe construir procesos de gestión y de toma de decisión distintos a los modelos jerárquicos y verticales que se instauraron a principios de siglo XX, y que fueron retomados de forma acrítica por la izquierda socialista y comunista con los resultados que conocemos: el social liberalismo europeo o la sociedad burocrática de los antiguos regímenes comunistas.
 
André-Noël Roth
Fuente de la imagen: http://publicacionestudiantil.inap.uchile.cl/ 

Los comentarios y la columna “express” del profesor Edwin Cruz en relación a mi columna de opinión Bogotá: ¿Lecciones de gobierno para la izquierda? publicada en este mismo portal el 1 de abril pasado me ha motivado para hacer algunos comentarios sobre el tema.

Antes de entrar directamente en materia, creo que vale la pena precisar algunos puntos en relación al tema de la evaluación, ya que tanto Edwin Cruz como algunos comentaristas, consideraron que mi “evaluación” de la gestión no era suficientemente “objetiva”, ya que no tenía en cuenta los “buenos” criterios. En primer lugar, mi texto no tenía la pretensión de ser una evaluación global de la gestión y acciones del gobierno Petro. Concuerdo plenamente con que la evaluación depende de los criterios escogidos. Una evaluación no es otra cosa que un discurso argumentado cuya finalidad consiste en aportar elementos de juicio para mejorar la calidad de una deliberación pública. Por lo tanto, es importante señalar que no existe evaluación objetiva: la evaluación de políticas consiste precisamente en un ejercicio de valoración de la acción pública que usa la técnica y el lenguaje científico como estrategia discursiva o retórica para persuadir auditorios. De modo que los criterios de evaluación, y su ponderación, se eligen en función de lo que se busca argumentar: no existen buenos criterios, sino criterios más o menos efectivos en relación al objetivo de persuasión buscado. De allí la importancia central de aceptar y promover el pluralismo en la evaluación para enriquecer el debate democrático.

De manera sintética, las objeciones a mi análisis consideran que me centré demasiado en criterios institucionales – la ausencia de una mayoría política de izquierda en el Concejo Distrital y el poder desmesurado de la Procuraduría- y de estilo personal – el personalismo y la arrogancia - para deducir de éstos que el Alcalde Petro utilizó una estrategia de gestión administrativa y política equivocada o inadecuada que hizo posible su destitución.

Frente a estos factores institucionales y personales, Edwin Cruz considera que la explicación de las dificultades que encontró la gestión de Petro no provienen tanto de estos elementos institucionales, ni de su estrategia de gestión o de su personalidad, sino de un contexto político inédito y “sumamente adverso”. Los opositores siendo más numerosos y determinados que nunca frente a un alcalde decidido a implementar un programa político basado en principios de izquierda, no negociables, lo que afectaría sus intereses. De modo que los problemas de gobernabilidad de Petro se deben, según la lectura de Edwin Cruz, al cambio de contexto político generado a) por las modificaciones institucionales que significó la reelección presidencial, b) por la clase política tradicional desesperada que quiere recuperar a Bogotá, c) por los contratistas que temen por sus utilidades, d) por el trabajo sesgado de los medios de comunicación y, finalmente, e) por la misma izquierda, dividida frente a Petro. Concluye luego que, en este contexto tan adverso, lo hecho por Petro es prácticamente milagroso y que es gracias a su habilidad política – es decir su estilo personal o personalidad-, que pudo mantenerse tanto tiempo batallando heroicamente, contra vientos y mareas, por la preservación e imposición de los principios de izquierda que guían su acción.

Si bien comparto esa lectura de estos hechos contextuales, me parece que no viene al caso para explicar o justificar las acciones y el estilo de gestión de Petro al frente de la alcaldía. ¿A caso Petro no conocía esta situación? ¿Pensaba que siendo alcalde no iba a tener que enfrentar una férrea oposición o que, por magia de la investidura institucional, ésta no iba usar todo tipo de estrategias jurídicas, institucionales, mediáticas y demás para dificultar la aplicación de su programa de gobierno? ¿Puede un dirigente que se reivindica de la izquierda democrática ejercer un cargo político sin respetar el juego institucional establecido, simplemente porque considera que él tiene la razón y los otros no? Por lo tanto, no se puede culpar a la oposición por las fallas o errores en la gestión de Petro. Los opositores hicieron su trabajo, estemos o no de acuerdo con ellos en sus objetivos y métodos usados. Pronunciada la destitución, Petro supo luego jugar muy bien con los instrumentos jurídicos y políticos (las instituciones vigentes) primero para frenar la destitución y luego provocar su restitución al cargo para tener la posibilidad de seguir al frente de la alcaldía para un segundo tiempo. Aceptar un cargo ejecutivo implica de hecho aceptar las reglas del juego, sortearlas e intentar cambiarlas mediante los procedimientos definidos.

Por lo tanto, mi crítica estaba más bien orientada a considerar inadecuada una estrategia política que se parecía más bien a un permanente golpe a estas reglas institucionales, y en particular a la de necesitar obtener el apoyo del Concejo (por ejemplo con el POT), o de anunciar objetivos de políticas que resultan a la postre inviables en la situación legal o administrativa actual, como en el caso del manejo de las basuras. En este sentido, no veo dónde la defensa de principios haya sido sin concesiones o negociaciones: ni en las basuras, en el POT o en Transmilenio se logró una aplicación integral, o sin titubeo, de estos principios. Eso es además una regla democrática, lo contrario sería la imposición de la voluntad de uno solo o de un grupo sobre los demás. Una gestión pública moderna para el siglo XXI, precisamente porque involucra y afecta a muchos actores, necesita más gobernanza participativa y menos ejercicio vertical de gobierno. Y eso no es una postura neoliberal. Al contrario, inventar, construir y desarrollar modalidades planeadas y organizadas de gestión institucional para lograr procesos de formulación, decisión, implementación y evaluación de políticas más deliberativa y democrática, basados en la inclusión de los involucrados en condiciones de equidad. Eso es el gran reto para una gestión pública que se pretende de izquierda, democrática y emancipadora. La rama ejecutiva, y en particular la administración pública, no puede ser la que piensa, determina, decide y entrega todas las soluciones “llave en mano”, sino que debe asumirse como un ente efectivo y legítimo capaz de organizar, facilitar y garantizar procesos de decisiones democráticas. Se trata de concebir la gestión pública como una herramienta para la democratización de la sociedad, comenzando por los mismos procesos de decisión política. Para la izquierda no puede solo valer el objetivo – por ejemplo tener un sistema de recogida de basuras público -, los procesos son importantes ya que de todos modos éstos suelen influir en el resultado y todo fin es a su vez un medio para alcanzar otro fin. Por eso, una gestión percibida como exitosa en Bogotá puede ser un medio – un argumento- para reforzar la legitimidad política de opciones políticas distintas a las “tradicionales”.

Ahora bien, es obvio que no toda decisión puede tomarse mediante el logro de un consenso. Hay intereses encontrados irreconciliables. Pero, precisamente, un proceso deliberativo incluyente contribuiría a evidenciar estos intereses encontrados y facilitaría la legitimación posterior de las decisiones. Exponer los intereses a la luz obliga a argumentar sobre su pertinencia o legitimidad. La corrupción necesita de procesos de decisión ocultos y privados. Una mayor transparencia y participación en los procesos de decisión dificultaría que prosperen las transacciones non sancta. También obliga a los responsables políticos a aceptar que no siempre tienen la razón, y que las soluciones factibles pueden construirse y descubrirse colectivamente. La izquierda, si no quiere terminar por hacer política de la misma forma que la derecha, y con casi los mismos resultados, debe construir procesos de gestión y de toma de decisión distintos a los modelos jerárquicos y verticales que se instauraron a principios de siglo XX, y que fueron retomados de forma acrítica por la izquierda socialista y comunista con los resultados que conocemos: el social liberalismo europeo o la sociedad burocrática de los antiguos regímenes comunistas. Construir una sociedad distinta implica experimentar modelos nuevos de gestión pública – tal como lo logró por ejemplo el PT brasilero con la invención del presupuesto participativo en Porto Alegre, como resultado de una situación institucional similar a la que vivió Petro.

Hoy Petro tiene una segunda oportunidad. Ojalá esa experiencia le haya generado un aprendizaje institucional y político que le permita desarrollar una dinámica distinta, construyendo escenarios de democracia participativa, para el bien de Bogotá, de la izquierda y del mismo Petro.

Post Scriptum: El pasado 14 de abril 2014 se fue Jorge Caballero Fula, incansable compañero de lucha y de viaje del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Que descanse en paz. Algunas palabras suyas: "La posibilidad de recomponer los años del sol, de la luna y de la madre tierra...aquí estoy, tratando de mantenerme en la fila...de continuar la huella de los mayores que es como continuar vivo el recuerdo del amor americano, el ideal de la armonía y el compromiso con la vida...aquí estoy...buscando hacer del tiempo encuentros y resistencias...una proyección de seguir con los que hemos sido, recogiendo, cosechando plantas marcadas por las plantas de guerreros silenciosos y anónimos que hoy se proyectan en las voces indígenas, ritmos negros y en los mercados campesinos y en las manifestaciones citadinas de los taitapuros. Aquí estoy...recomponiendo la realidad".

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