Caminando a tientas

on Viernes, 15 Febrero 2013. Posted in Artículos, Edición 3, Nacional, Despenalización del aborto, Kant, Alejandro Ordóñez, Procurador General, Susana Ballesteros

3 susanaMás allá de los intrincados argumentos jurídicos que puedan sustentar sus decisiones, el Procurador –en el marco de la filosofía kantiana– ha abusado del uso de su razón privada, es decir, que sus creencias están pasando por encima de leyes establecidas o interpretadas por las instituciones que tienen esta potestad.
 
Susana Ballesteros
Fuente: www.caracol.com.co
Las sociedades occidentales son –de manera crítica o acrítica– herederas de la Ilustración. Los protagonistas de esta época, que comprende los siglos XVII a XIX en Europa, se proclamaban como aquellos hombres que buscaban dejar atrás los prejuicios y la superstición propios de la Edad Media –usualmente circunscrita entre los siglos V y XV. En la filosofía, este periodo de Ilustración se caracterizó por una recuperación del pensamiento clásico, griego, centrado en la razón como la facultad humana más importante. Este punto de partida constituye una oposición a los dogmas fundamentados en las premisas de la religión monoteísta y su Iglesia, cuyo dominio parece ser un rasgo de la Edad Media reconocido por la mayoría de historiadores. En el caso de Europa, estos dogmas tenían como referente Las Sagradas Escrituras.

Así, a pesar de la riqueza de la filosofía del Medioevo, el triunfo de los dogmas sobre la búsqueda de conocimiento se manifestó en la institución católica de la Inquisición. Esta institución fue el intento sistemático de acallar aquellas ideas contrarias a lo escrito en la Biblia, ya fuera que se evidenciaran en acciones, opiniones, reflexiones u omisiones por parte de los opositores, es decir, de los herejes. Desde mi lectura es este contexto al que estaba referida –en buena medida– la filosofía de Immanuel Kant, filósofo alemán cuyo pensamiento se considera precursor de nociones filosóficas modernas como Razón o Estado de Derecho.

En este sentido, ya que Colombia se declaró, según el artículo 1 de la vigente Constitución de 1991, “un Estado Social de Derecho”, considero pertinente traer a colación el pensamiento del filósofo alemán, dada nuestra expresa participación de esta herencia ideológica.

En su texto filosófico-político de 1784, Contestación a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?, Kant buscó argumentar a favor del “progreso de la ilustración” o, dicho de otra manera, hizo un llamado a contrarrestar paulatinamente “la incapacidad [de los ciudadanos] para servirse [del propio entendimiento] sin verse guiado [s] por algún otro”. Para esto se preguntó por aquello que logra promover el uso de la propia razón; por aquello, entonces, que favorece la ilustración. Y su respuesta estuvo apuntalada en una distinción que constituye el centro de lo quiero mostrar en este artículo: la diferencia entre uso público y uso privado de la razón.

La respuesta de Kant fue que aquello que promueve la ilustración es la libertad en el uso público de la razón. Por el contrario –nos previno– el uso privado de la razón puede ser perjudicial para una sociedad organizada en torno a la ley (el tipo de organización social por la cual Kant es considerado como precursor del concepto de Estado de Derecho). Desde mi interpretación del texto en cuestión, para Kant, el uso público de la razón es aquel que se hace al escribir para la comunidad cosmopolita, para “el universo de los lectores”. Por el contrario, el uso privado de la razón es aquel que se hace, ya no como ciudadano del mundo sino como ciudadano con cierta función en el mundo social y con respecto –justamente– al espacio reducido de dicha función. En este sentido, un exceso en el uso de la razón privada puede incitar a la destrucción de la armonía social que la ley garantiza, en tanto la estaría ignorando.

Esta interpretación está asentada en los ejemplos que ofrece Kant. Por ejemplo, el deber de un ciudadano es pagar cierto impuesto –si la ley así lo estipula. Este ciudadano no podría simplemente negarse a pagar dicho impuesto si lo considera injusto sino que, como usuario de la razón, estaría conminado a hacer una crítica debidamente informada ante un auditorio universal, usando de esta forma la razón en el espacio de la publicidad. La simple negación al pago del impuesto, aunque estuviese justificada en su espacio particular, no cumpliría con el criterio –con el que sí cuenta la ley– de haber sido avalada por la comunidad universal, supuesto garante de las leyes. Al respecto dice Kant: “Denomino uso privado [de la razón] al que cabe hacer de la propia razón en una determinada función o puesto civil que se le haya confiado. En algunos asuntos encaminados al interés de la comunidad se hace necesario un cierto automatismo, merced al cual ciertos miembros de la comunidad tienen que comportarse pasivamente para verse orientados por el gobierno hacia fines públicos mediante una unanimidad artificial o, cuando menos, para que no perturben la consecución de tales metas”i.

Esto puede sonar un poco excesivo a oídos de personas o grupos de izquierda libertarios, quienes tenemos muchas reservas frente a la coacción de la libertad, sea cual sea su empaque, y para quienes la ley, solo teóricamente puede dar cuenta del consenso de una sociedad. No obstante, propongo aplicar esta sugerencia de Kant al caso de Procurador General de la Nación de Colombia, Alejandro Ordoñez, con el fin de tener un criterio claro y moderno sobre el cual juzgar sus constantemente controvertidas acciones como jefe máximo del “ente autónomo de control y vigilancia de la función pública de los empleados del Estado”.

El Procurador es tristemente célebre por sus ya numerosas actuaciones contradictorias, por ejemplo, aquella en la que cerró varios casos de posibles sanciones de “parapolítica” porque tal delito no estaría relacionado con la función de los congresistas de los implicadosii, pero sancionó a la ex senadora liberal Piedad Córdoba, con la destitución de su cargo y la inhabilidad por dieciocho años para ejercer un cargo público, con la acusación de colaborar con la guerrilla de las Farc. En este caso, la óptica del procurador parece cambiar intempestivamente.

Sin embargo, más allá de los intrincados argumentos jurídicos que puedan sustentar sus decisiones, el Procurador –en el marco de la filosofía kantiana– ha abusado del uso de su razón privada, es decir, que sus creencias están pasando por encima de leyes establecidas o interpretadas por las instituciones que tienen esta potestad. El caso más claro, pero no el único, es el que se refiere a la despenalización del aborto. Ésta fue aprobada por la Corte Constitucional para tres casos específicos, con el argumento principal de que es un derecho fundamental que hace parte de los derechos sexuales de las mujeres afectadas, lo que está contemplado en la constitución colombiana. No obstante, en 2009, el Procurador promocionó desde su investidura la desobediencia a esta sentencia y, de alguna manera, la desacató en una circular enviada a funcionarios donde negó que el aborto hiciera parte de tales derechosiii.

Siendo la Corte la institución encargada de “la guarda de la integridad y supremacía de la constitución”, esta contravención se erige como una clara extralimitación de las facultades de la Procuraduría. Pero, desde mi lectura kantiana, las acciones del Procurador irían mucho más allá: son un abuso de su razón privada, en tanto anteponen su creencia personal en las Sagradas Escrituras a la legitimidad de las instituciones políticas y la constitución a la ley, lo que –como Kant preveía– puede provocar la deslegitimación de todo el sistema político colombiano desde las mismas instituciones (incluida la Procuraduría) hasta la constitución como Carta Magna.

Ahora bien, aparece en estas acciones del Procurador el problema –central al ideario libertario– de la objeción de conciencia. Desde mi punto de vista, en una sociedad donde se reconoce que hay un ámbito de creencias éticas que pueden llevar a un individuo a no acatar una ley –por ejemplo un médico, la objeción de conciencia es razonable y debe hacer parte tanto de un debate como de una reglamentación que la posibilite. No obstante, este no es el caso del señor Ordoñez en tanto él es también un funcionario que representa una institución que debe su existencia justamente a ley, en nuestro caso, a la constitución misma. Según la lectura kantiana del asunto del aborto del que vengo disertando, Ordoñez tendría dos opciones. La primera es hacer un uso público de su razón argumentando sobre la necesidad de que las instituciones estén bajo los preceptos de la Ley Divina y no de la leyes modernas, aunque esto constituya una recuperación del pensamiento de la Edad Media, tal y como esbocé al principio de este texto. La segunda es que si su moral definitivamente no le permite ejercer su cargo, con las respectivas coerciones legales, es su deber dimitir.

Uno de los aspectos preocupantes de esta ambigüedad del Procurador frente a las instituciones –de las cuales él mismo hace parte– es que estos abusos del uso privado de la razón suelen pasar desapercibidos, porque no tenemos una mínima claridad de las adhesiones a ciertos principios. Esto se manifiesta en la actuación de funcionarios y políticos del país que cada vez más preocupantes. Recientemente, en un debate sobre el matrimonio entre homosexuales, en el Senado de la República, el senador del partido conservador Roberto Gerlein dijo, como parte de su intervención, que el sexo entre dos hombres es “sexo sucio, asqueroso, un sexo que merece repudio, un sexo excremental” y –esbozando un argumento de autoridad– apoyó su idea en que esta apreciación se basaba en lo escrito en la Biblia, en la palabra de Dios.

En este caso, aunque las distinciones de Kant no aplicarían fácilmente, hay un eco de las posturas del Procurador, quien sentó las bases para apelar nuevamente a los argumentos de autoridad, específicamente a ese que nos devuelve a la Edad Media y nos puede llevar –sin que lo notemos– a la legalización de nuevas hogueras inquisitorias. Contrario a lo deseado por Kant, la Ilustración no parece haber ofrecido mucha luz por estas tierras en las que, por ahora, seguiremos andando a tientas por un buen rato.

***

iKant, Immanuel, Contestación a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?, México: Taurus, p. 10. El subrayado es mío.
iiVéase, La Silla Vacía, “Las 10 razones por las que Santos no debería ternar al Procurador”, Juanita León, 8 de agosto, 2012.
iiiVéase, por ejemplo, La Silla Vacía, “Qué hay detrás del nuevo 'round' del Procurador contra el aborto”,
 Carlos Cortés Castillo, 22 de octubre, 2009.

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