Carta a nuestras defensoras y defensores de Derechos Humanos en Colombia

on Miércoles, 31 Mayo 2017. Posted in Artículos, Edición 106, Sociedades violentas, Jessica Fajardo Carrillo, Nacional, Derechos Humanos, Democracia

106 Jessica

Defensoras y Defensores de la Colombia Profunda, acompañados por nuestras hermanas y hermanos de la Argentina, les enviamos estas palabras, porque en esta República aprendimos que los desaparecidos pueden hacer temblar la tierra, que la lucha no termina con la llegada de la democracia o de la paz, que a los genocidas hay que perseguirlos hasta lugares “inalcanzables” para hacer justicia y que respondan por esos delirios que tanto daño han hecho a nuestro tejido social, porque si ustedes desaparecen, nuestros lazos también.

 

Jessica Fajardo 

Fuente de la imagen: http://radiomacondo.fm/

“El futuro llegó hace rato / ¡todo un palo, ya lo ves! / veámoslo un poco con tus ojos… / ¡el futuro ya llego! / ¡Yo voy en trenes! / (No tengo donde ir…) / Algo me late / y no es mi corazón. / ¿Cómo no sentirme así? / ¡Si ese perro sigue allí! / ¿Que podría ser peor? / (Eso no me arregla…) / ¡Eso me arregla a mí!”

El 7 de febrero de 1948, en Bogotá, acontece la Marcha del Silencio y una Oración emerge ante tanto sufrimiento y destierro. Jorge Eliécer Gaitán reclama al soberano, porque es la sangre la que ha llevado las arcas de aquellos que creen que han vencido, aquellos delirantes que creen haber ganado una guerra y creen que merecen el botín, condenando nuestras vidas y nuestros territorios a existir como sus propiedades. Ahora somos presos de contradicciones, pues la ley nos dice que nacemos con Derechos, la ley dice que somos iguales y autónomos, pero estos delirantes marcan una cruel diferencia despojándonos de una vida digna. Sin embargo, no han logrado despojarnos de nuestra palabra política, latente en la Oración de Gaitán: “Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!”1.

Ustedes, Defensoras y Defensores de nuestra vida, han provocado la ira de nuestros captores, porque la palabra política no murió con Gaitán y decidieron vencer el miedo con el fin supremo y legítimo de recuperar nuestra libertad, algo que ya sabios como Séneca reflexionaban en la ya degenerada Roma Imperial: “Muéstrame algún remedio para esta situación. Haz que yo no rehúya la muerte, que la vida no se me escape. Dame estímulos contra las dificultades, contra lo inevitable; ensancha los límites de mi existencia: muéstrame que el bien de la vida no se halla en la duración de ésta, sino en su aprovechamiento, y que puede acontecer (…)”2. Ustedes renunciaron a la negligencia (diría Séneca) y decidieron hacer de sus actos y pensamientos un acontecer, renunciando a una larga vida para abrazar lo político y enfrentar al peligro que lleva desafiar a infames y canallas.

No obstante, es necesario preguntarse ¿por qué luchar por hacer posible lo “imposible”, se convierte en una entrega a la muerte? ¿Por qué defender nuestra libertad las y los condena a lo más oscuro de nuestros apropiadores? Sentirse victoriosos los ha hecho delirar y están sirviéndose de cualquier instrumento para no perder su propiedad, no quieren perder lo que para ellos es su botín. Los instrumentos de nuestros captores pueden ser una bala, una celda, una amenaza, un hostigamiento o una censura y parten de la noción de la nuda vida3, una vida despojada de forma, de personalidad, de historia; para los delirantes, una vida infecciosa que debe ser neutralizada con un exterminio físico y simbólico. Y es así como ustedes, Defensoras y Defensores, terminan siendo objeto de un genocidio, que denunciamos conmemorando hoy la Marcha del Silencio y las palabras de nuestro defensor Gaitán: “Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que solo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados”4.

Dice la Defensoría del Pueblo que entre el 1 de enero de 2016 y el 20 de febrero de 2017 se han registrado 120 homicidios, 33 atentados y 27 agresiones a nuestras Defensoras y Defensores5. esto es lo registrado, pero respecto a lo sucedido hay mucho que nos queda por aclarar. Bajo este panorama, nuestro proceso de Paz se muestra como una fábula, una simple amnistía o, peor, como la derrota a esa prolongada resistencia que mantuvieron nuestras campesinas y campesinos ante esas prácticas genocidas que ahogaron tantas vidas y pensamientos en nuestra Colombia y también en nuestro continente. Por esa razón, la Paz debe ser nuestra, y no servir como instrumento de pacificación de los delirantes que buscan perpetuar su dominio.

Defensoras y Defensores de la Colombia Profunda, acompañados por nuestras hermanas y hermanos de la Argentina, les enviamos estas palabras, porque en esta República aprendimos que los desaparecidos pueden hacer temblar la tierra, que la lucha no termina con la llegada de la democracia o de la paz, que a los genocidas hay que perseguirlos hasta lugares “inalcanzables” para hacer justicia y que respondan por esos delirios que tanto daño han hecho a nuestro tejido social, porque si ustedes desaparecen, nuestros lazos también. Emprenderemos la lucha para que el hecho de defender la vida y el territorio en Colombia no los lleve a la penosa muerte, para que la palabra política de nuestras Defensoras y Defensores no terminen con su desaparición, porque sabemos que nuestra Paz se construye colectivamente con justicia social.

***

1Discurso conocido como la Oración por la Paz fue entonado por Jorge Eliécer Gaitán el 7 de febrero de 1948 en la Marcha del Silencio.

2Seneca, (1986), Epístolas morales a Lucilio. (Madrid: Editorial Gredos, 1986), 291

3Agamben, Giorgio (2010), Medios sin fin. (Valencia: Editorial Pre-Textos, 2010), 13 – 20.

4Oración por la Paz.

5Defensoría del Pueblo (03 de marzo del 2017). Al menos 120 líderes y defensores de DD.HH. han sido asesinados en los últimos 14 meses, reportó la Defensoría del Pueblo. Disponible en: http://www.defensoria.gov.co/es/nube/noticias/6128/Al-menos-120-l%C3%ADderes-y-defensores-de-DDHH-han-sido-asesinados-en-los-%C3%BAltimos-14-meses-report%C3%B3-la-Defensor%C3%ADa-del-Pueblo-Ruth-Alicia-L%C3%B3pez-Guisao-Fabi%C3%A1n-Antonio-Rivera-Arroyave-Defensor-del-Pueblo-l%C3%ADderes-sociales-l%C3%ADderes-sociales.htm

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