Construyendo y deconstruyendo caminos hacia la paz

on Domingo, 14 Abril 2013. Posted in Artículos, Edición 7, Ingrid Penagos Peña, Nacional, Congreso de Paz, Congreso de los pueblos, Participación social, Movimientos sociales, Proceso de paz

7 Ingrid1Son los sectores sociales, desplegados en las regiones, quienes han  desarrollado sus luchas y han construido sus proyectos y planes de vida en medio de los más adversos escenarios de confrontación y persecución. Y es allí, en la sociedad, donde reside la fuerza creadora que podrá empujar un proceso exitoso de solución política.
 
Ingrid Penagos Peña

El tiempo de la paz

Entusiasmo y optimismo son los sentimientos que provocan las diversas voces que se manifiestan en favor de transitar caminos hacia la paz. Tales sentimientos emergen a propósito de la realización de la multicolor movilización del 9 de abril, del Congreso para la paz a realizarse del 19 al 22 de abril en la ciudad de Bogotá y de la nueva oportunidad que se abre para el país con los diálogos sostenidos entre el gobierno y las Farc en la Habana, así como la cada vez más cercana posibilidad de que el Eln emprenda un ejercicio de interlocución con el gobierno  para  avanzar hacia un escenario de solución política al conflicto social y armado.

El Congreso de los Pueblos, como expresión del movimiento social y popular, en razón de sus reivindicaciones asociadas a la defensa de los derechos de los pueblos  y la lucha por un nuevo modelo de desarrollo para el país, se erige como protagonista en la actual coyuntura  y toma la palabra buscando proveer a la nación planteamientos de orden programático, condensados en mandatos  como aportes hacia un diálogo nacional por la paz, y proponiendo un movimiento plural y heterogéneo por la paz que persiga un horizonte común de cambios y proyecte un nuevo tiempo político para el país. El Congreso de los Pueblos trae al centro del debate de la paz la participación de la sociedad como oportunidad y apertura de un modelo de diálogo que supere las deficiencias del pasado en la materia, con el objetivo de que  la participación social y ciudadana, junto con  una dinámica de empoderamiento social, produzca horizontes emancipadores para la nación.

En gobiernos pasados se han habilitado también escenarios para emprender, desde una perspectiva de solución política, una salida al conflicto. La Uribe, Caracas, Tlaxcala, Maguncia, el Caguán y la Habana han sido intentos por encontrar una salida al  conflicto distinta a la derrota del adversario. Sin embargo, por diversas razones no han concluido en acuerdos.

En virtud de lo anterior, los interrogantes más pertinentes son: ¿por qué no ha sido posible lograr un acuerdo?, ¿cuáles han sido los cuellos de botella? Asumiendo el riesgo de equivocarme, quisiera plantear algunas  hipótesis.

El modelo de solución política

En todas las mesas instaladas con gobiernos anteriores -sin ser el gobierno Santos la excepción- se ha pretendido llevar a la insurgencia a una negociación en una condición de debilidad militar, siendo el modelo de rendición y desmovilización el criterio central por el cual el Estado desempeña sus iniciativas de diálogo. Sin duda, éste es un modelo limitado e inconveniente. En este sentido, si se quiere alcanzar acuerdos reales, debe realizarse por parte del gobierno una apertura democrática en donde las motivaciones por las cuales se produjeron los alzamientos armados en el país sean objeto de discusión de ambas partes, en tanto éste no es un conflicto de terroristas malos contra gobiernos buenos sino, por el contrario, es  un  entramado complejo que hunde sus raíces en las inequidades y desigualdades históricas y estructurales que las élites nacionales nunca han resuelto.

Los contornos en medio de los diálogos

En procesos de diálogos anteriores, y en el actual, subsiste el fenómeno según el cual las agendas pactadas por las partes se cruzan con presiones e intereses de grandes y pequeños poderes. Así, las elecciones y la favorabilidad de los gobernantes como condición para sostener un proceso desnaturalizan su dinámica y lo convierten en un termómetro de opinión. En particular este gobierno se enfrenta al estancamiento de sus locomotoras y presenta una débil ejecución en materia de indicadores y metas previstas en la ley 1450 Plan Nacional Desarrollo. Es así, como el desenlace de la mesa en la Habana y la habilitación de diálogos con el Eln se constituyen en uno de los puntales  del actual gobierno para asegurar su reelección. En efecto, al proceso se le atraviesan casi que enemigos naturales e históricos, sectores de las fuerzas militares, grandes hacendatarios y propietarios, la gran minería, franjas de extrema derecha y por supuesto la nueva versión del paramilitarismo que persigue y asesina activistas de la solución política. En particular este proceso ha encontrado en el ex-presidente Uribe uno de sus más enconados opositores e intenta configurar una opinión contraria a los alentadores vientos de paz. Tal escenario se cruza con la disposición de parte de distintos sujetos activos de la sociedad que se suman a estas iniciativas de paz y pueden constituirse en actores decisivos del rumbo del escenario de diálogos entre el gobierno y la insurgencia

Garantías y participación

Cualquier intento de solución política y posible escenario de negociación se malogrará si no cuenta con plenas garantías para que la insurgencia haga un tránsito a un ejercicio de participación política, en el que su ideario político sea difundido y no se repitan los vergonzantes episodios del pasado en el que fuerzas de izquierda fueron exterminadas como en el caso de la UP, A Luchar y el Frente Popular.

Alcance del proceso

Lograr pactos duraderos de paz pasa por la real voluntad política de ambas partes. Desde el gobierno es necesario modificar las estructuras del sistema político y clientelar  dominado por prácticas corruptas, producir cambios en el ordenamiento jurídico y propiciar modificaciones en las estructuras económicas que han producido concentración de la propiedad y la renta. La democratización de la riqueza es un imperativo para la paz, al igual que una reforma del ordenamiento territorial y el acceso a derechos fundamentales de la población. De parte de la insurgencia, el asunto fundamental versa en asumir un compromiso con la construcción de un proyecto de nación.

Participación del movimiento social y sociedad civil

La paz no es competencia exclusiva de las partes confrontadas, la complejidad del conflicto y sus disímiles configuraciones, junto a su génesis, orígenes e historia, deben contar con la voz de la sociedad en su conjunto, con el protagonismo de una ciudadanía organizada y empoderada para que sea ella quien lidere una agenda temática que permita propiciar los cambios que den lugar a un nuevo tiempo político para la nación.

Bajo esta mirada, y teniendo en cuenta el hermetismo que limita el proceso al restringir la participación de la sociedad, el Congreso para la Paz se constituye en la piedra angular de solución política centrada en la participación de la ciudadanía. Por lo tanto, es la oportunidad de generar un quiebre frente a  intentos pasados de mesas de diálogos en los que no se otorgó predominio al tema de la participación.

Finalmente, son los sectores sociales, desplegados en las regiones, quienes han  desarrollado sus luchas y han construido sus proyectos y planes de vida en medio de los más adversos escenarios de confrontación y persecución. Y es allí, en la sociedad, donde reside la fuerza creadora que podrá empujar un proceso exitoso de solución política. Son las organizaciones sociales, la ciudadanía crítica y activa, es decir la nación entera la que puede ir construyendo los caminos hacia un país con justicia, equidad y democracia. Ésta es la ruta hacia un horizonte por la paz.

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