Contra la fuerza de los prejuicios: protesta social y democracia

on Jueves, 31 Enero 2013. Posted in Artículos, Edición 2, Nacional, Edwin Cruz, Movimientos sociales

2 Edwin
Aunque existen prejuicios sobre los movimientos sociales en los sectores dominantes de la sociedad colombiana, según los cuales generan ingobernabilidad y pueden ser contrarios a la democracia, lo cierto es que los movimientos contribuyen a la democratización de la sociedad, incluso si se parte de concepciones minimalistas de democracia y aún si representan minorías o plataformas ideológicas contrarias a la democracia.
 
Edwin Cruz

Fuente: http://www.elmundo.es

En los últimos años la sociedad colombiana ha presenciado una cierta recomposición de los movimientos sociales y su capacidad de protesta. El afianzamiento de esta forma de participación política se enfrenta no sólo a las estrategias tradicionalmente usadas para enfrentarla, la represión y la criminalización, sino también a los prejuicios que sobre ella pesan y las limitadas concepciones de democracia acendradas en el sentido común dominante.

La democracia colombiana es, en el mejor de los casos, rara. El régimen político formalmente democrático se ha caracterizado por su relativa estabilidad, pese a la secular presencia de altos niveles de violencia social y política. Empero, la movilización popular ha sido débil. Existen peculiaridades que pueden explicar esa situación, como la existencia del conflicto armado que limita las posibilidades de acción colectiva contestataria. No obstante, la debilidad de la protesta social también se relaciona con las concepciones dominantes de democracia, que se han limitado a una perspectiva institucional (partidos, Congreso, sistema electoral, etc.). Ello explica por qué la protesta se concibe como algo anómalo, se asimila a desorden e inestabilidad, antes que a una forma legítima de participación política. En los medios de comunicación pocas veces se registra como protesta y más bien se caracteriza como “disturbio”, “revuelta”, “tropel”, epítetos que pretenden excusar a los comunicadores para no informar de sus motivaciones.

Además de la criminalización y la represión, ante ciclos de protesta como el de los estudiantes en el 2011, salen a relucir argumentos como: la protesta no es democrática porque representa privilegios de una minoría que se vale de su capacidad para hacerse oír e influencia las decisiones que se deberían tomar por mayoría; o la protesta no es legítima porque genera inestabilidad, desorden o, técnicamente, ingobernabilidad, al no seguir los canales institucionales establecidos para la participación.

Para que la protesta se afiance como una forma legítima de participación política es imperioso empezar a desmitificar estos argumentos y ampliar el significado de la democracia. Aunque en otros contextos puede ser obvio, como se ve, en el nuestro es necesario afirmar que los movimientos sociales no son contrarios a la democracia. Por el contrario, contribuyen a la democratización de la sociedad, aún si se asumen definiciones minimalistas de democracia e incluso si representan minorías o sus demandas o reivindicaciones son antidemocráticas.

Las concepciones de democracia oscilan entre las minimalistas, que la reducen a un tipo de régimen político representativo con derechos y libertades formales de participación y donde los gobiernos se eligen mediante elecciones periódicas, y las sustantivas, que la asocian con condiciones de igualdad socioeconómica y participación real –no sólo elección de representantes- de los ciudadanos en la toma de decisiones vinculantes. Las perspectivas minimalistas se contentan con que exista la posibilidad sancionada legalmente de que todos los ciudadanos participen en los asuntos públicos; por tanto, no necesariamente implican el ejercicio de la soberanía popular o el poder del pueblo. Las sustantivas, por el contrario, apuestan porque la democracia sea el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Ello no sólo requiere derechos y libertades formales, sino también las condiciones materiales para su ejercicio, igualdad de oportunidades, cierto grado de igualdad socioeconómica, educación ciudadana o acceso a la información necesaria para ejercer la ciudadanía.

Desde la perspectiva sustantiva los movimientos sociales representan una forma de participación alternativa a la de la política institucional de los partidos y las elecciones. Es claro que  contribuyen a radicalizar la democracia, pues extienden sus procedimientos hacia espacios sociales donde priman otras lógicas, como la empresa, la familia, la escuela o la universidad, y vinculan a las personas en forma directa con la toma de decisiones, ya sea con mecanismos asamblearios o de democracia participativa1.

En cambio, desde la perspectiva minimalista frecuentemente se afirma que los movimientos sociales generan ingobernabilidad. Lo deseable es que las demandas de la sociedad se transmitan al sistema político mediante los mecanismos institucionales apropiados, las elecciones, los partidos y los representantes. Además, se sostiene que mediante los movimientos sociales una minoría, valiéndose de su capacidad para hacerse oír, puede influenciar la toma de decisiones que afectan a la mayoría, lo cual puede ir en contra de la democracia cuando tales movimientos tienen reivindicaciones antidemocráticas. Sin embargo, todo ello se basa en un concepto errado de gobernabilidad y desconoce que los movimientos desempeñan funciones importantes que contribuyen a la democratización de los regímenes representativos. Veamos:

La gobernabilidad es la capacidad del sistema político para satisfacer las demandas de la sociedad2. A mayor capacidad de respuesta, mayor legitimidad y mayor estabilidad. La concepción neoliberal del Estado se fundamenta en un diagnóstico según el cual la ingobernabilidad se origina por un exceso de democracia: dado que existen muchos mecanismos para participar, las demandas tienden a crecer en forma permanente, hasta el punto que el sistema político no puede satisfacerlas, generando crisis de legitimidad e inestabilidad3. En consecuencia, es necesario limitar los mecanismos de participación ciudadana y los movimientos sociales. No obstante, este es un dictamen errado.

La crisis de legitimidad no se presenta cuando el sistema político tiene poca capacidad para satisfacer las demandas sociales, pues en el modo de producción capitalista ésta es una constante: los recursos disponibles siempre serán escasos y las demandas sólo serán parcialmente satisfechas. Dicha crisis se presenta, más bien, cuando existen mecanismos de participación reducidos que no permiten expresar las demandas sociales. Así, mientras más posibilidades existan para que las personas transmitan sus demandas a las autoridades, mayor legitimidad tendrá el sistema político. En consecuencia, los movimientos sociales no generan ingobernabilidad. Por el contrario, contribuyen a la democratización mediante una ampliación de los mecanismos de participación política no institucional, “desde abajo”, que se produce por iniciativa de las personas y no del Estado.

Por otra parte, la democracia implica la posibilidad de que las minorías se expresen libremente, participen y puedan llegar al gobierno. Vale decir, no supone una dictadura de las mayorías. Por tanto, un sistema político será más democrático en la medida en que existan las condiciones para que las minorías ejerzan sus derechos. La democracia no pretende salvaguardar el predominio de las formas de ser, actuar y pensar de las mayorías, sino el respeto a la diferencia y a la diversidad, de tal forma que las minorías tengan los mismos derechos y libertades que las mayorías. Entre más respeto por esos valores, más democrática será una sociedad. En consecuencia, es legítimo que una minoría con un proyecto político contrario a la democracia participe y se exprese, siempre y cuando no vulnere los derechos y libertades de otros grupos o individuos.

En fin, en los sistemas políticos representativos los movimientos, independientemente de su ideología, desempeñan al menos siete funciones que contribuyen a la democratización:

1. Proponen demandas y programas a ser asumidos por los políticos profesionales4. Los problemas socialmente relevantes no existen objetivamente sino que es necesario que alguien, una persona o un grupo, los presente como tales y luche por que sean incluidos en la agenda gubernamental.

2. Coadyuvan a la educación cívica y democrática5. Los movimientos son espacios de socialización donde las personas pueden aprender en la práctica las implicaciones que tiene el ejercicio de la ciudadanía activa. La experiencia de las personas en un movimiento social produce un sentido de pertenencia con la comunidad política, de deberes, responsabilidades y derechos, muy distinto al simple hecho de votar.

3. Son una forma de control social o monitoreo de las autoridades elegidas popularmente6. Un sistema democrático representativo tiene unos mecanismos de control que se resumen en: a) la división de poderes y los pesos y contrapesos institucionales, y b) el control que el ciudadano ejerce sobre el gobierno mediante el voto. Los movimientos sociales potencializan esa capacidad de control del ciudadano sobre el gobierno. Pero a diferencia del voto premio o castigo, funcionan como un mecanismo que obedece a la voluntad popular y no a los calendarios electorales establecidos. Por ello, a diferencia del voto, este mecanismo puede ser usado en cualquier momento de la gestión y no sólo al final de la misma.

4. Fortalecen el poder y la participación local. En estados centralistas pueden constituirse en la única alternativa que tienen las poblaciones locales para hacerse oír de las autoridades. Un ejemplo de esta dinámica fueron los “movimientos cívicos”, organizaciones y movilizaciones de pobladores de pueblos y ciudades intermedias que lucharon por sus derechos durante el Frente Nacional, entre los 70s y los 90s, en Colombia.

5. Contribuyen a la reforma del sistema político. La evidencia histórica muestra que los sistemas políticos presentan incapacidad para reformarse desde adentro, pues sus actores, los políticos profesionales, tienen intereses creados (clientelas, feudos electorales y burocráticos, etc.) que no quieren ver afectados. Por ello, los movimientos sociales han jugado un papel importante cuando se trata de reformar los sistemas. Un ejemplo de esto puede ser el movimiento estudiantil que contribuyó a la reforma constitucional de 1991 en Colombia.

6. Son una de las principales fuentes de ampliación de derechos ciudadanos. El desarrollo de los derechos civiles a los derechos políticos y más tarde a los derechos sociales no habría sido posible sin grandes ciclos de movilización social. En este sentido, los movimientos contribuyen a ampliar el espacio público haciendo visibles, admisibles y enunciables demandas y sujetos que antes no tenían voz. Por ejemplo, los movimientos feministas han llevado al espacio público la lucha contra la dominación patriarcal, que antes no se consideraba como problema público.

7. Contribuyen a diversificar la cultura política7, entendida como el conjunto de símbolos y significados que constituyen lo político en una sociedad. En este sentido, los movimientos no sólo tienen un impacto institucional, sino también sobre las creencias, las formas de ser y de pensar, y la subjetividad de las personas: modifican las concepciones o los significados hegemónicos de la democracia, la ciudadanía, la nación, etc. Por esta vía también llevan a cambiar relaciones sociales de dominación como el racismo, el patriarcalismo o el machismo, el clasismo, entre otros.

En conclusión, aunque existen prejuicios sobre los movimientos sociales en los sectores dominantes de la sociedad colombiana, según los cuales generan ingobernabilidad y pueden ser contrarios a la democracia, lo cierto es que los movimientos contribuyen a la democratización de la sociedad, incluso si se parte de concepciones minimalistas de democracia y aún si representan minorías o plataformas ideológicas contrarias a la democracia. El afianzamiento de la protesta social como una forma legítima de participación política pasa por una comprensión menos limitada de la democracia en Colombia.

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1 Bobbio Norberto (1986) El futuro de la democracia, México, FCE.
2 Alcántara Sáez Manuel (1994) Gobernabilidad, crisis y cambio, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales.
3 Torres Rivas, Edelberto (1993) “América Latina. Gobernabilidad y democracia en sociedades en crisis”, en Nueva Sociedad, 128.
4 Godás i Pérez Xavier (2007) Política del disenso. Sociología de los movimientos sociales, Barcelona, Icaria.
5 Ibid.
6 Vázquez Daniel (2008) “Democracia liberal procedimental y movimientos sociales. Temas pendientes en la democracia mexicana luego del conflicto de Oaxaca”, en Aibar Julio y Vázquez Daniel (comps.), Política y sociedad en México. Entre el desencuentro y la ruptura, México, Flacso.
7 Escobar, Arturo; Álvarez, Sonia y Dagnino, Evelina (2001) “Introducción. Lo cultural y lo político en los movimientos sociales latinoamericanos”, en Escobar Arturo; Álvarez Sonia y Dagnino Evelina (Eds.), Política cultural y cultura política. Una mirada sobre los movimientos sociales latinoamericanos, Bogotá, Taurus-ICANH.

 

[1] Bobbio Norberto (1986) El futuro de la democracia, México, FCE.

[1] Alcántara Sáez Manuel (1994) Gobernabilidad, crisis y cambio, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales.

[1] Torres Rivas, Edelberto (1993) “América Latina. Gobernabilidad y democracia en sociedades en crisis”, en Nueva Sociedad, 128.

[1] Godás i Pérez Xavier (2007) Política del disenso. Sociología de los movimientos sociales, Barcelona, Icaria.

[1] Ibid.

[1] Vázquez Daniel (2008) “Democracia liberal procedimental y movimientos sociales. Temas pendientes en la democracia mexicana luego del conflicto de Oaxaca”, en Aibar Julio y Vázquez Daniel (comps.), Política y sociedad en México. Entre el desencuentro y la ruptura, México, Flacso.

[1] Escobar, Arturo; Álvarez, Sonia y Dagnino, Evelina (2001) “Introducción. Lo cultural y lo político en los movimientos sociales latinoamericanos”, en Escobar Arturo; Álvarez Sonia y Dagnino Evelina (Eds.), Política cultural y cultura política. Una mirada sobre los movimientos sociales latinoamericanos, Bogotá, Taurus-ICANH.

 

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