Del matiz y la falacia: cómo contradecirse en política (imágenes que recreamos de inmediato)

on Sábado, 01 Marzo 2014. Posted in Artículos, Edición 28, Elecciones 2014, Nacional, Democracia, Andrea Marcela Cely

28 Cely2Son sólo algunas imágenes que nos recrean todos los días, gracias a la multiplicidad de colores y formas en medio de un proceso electoral. El problema es que esa cantidad de tonos y figuras no son necesariamente lo mismo que una diversidad política o un escenario de democracia participativa. Son sólo formas de vender una imagen o una posición, incluso contradictoria con el hecho que la provoca.
 
Andrea Cely
Fuente de la imagen: www.dreamstime.com 

Intentemos dar algunos ejemplos iniciales para que las lectoras y los lectores hagan su propia inferencia del título:

1. Un paramilitar hablando de corazón.
2. Atentan contra la vida de la candidata presidencial de la Unión Patriótica, Aída Avella en Arauca y la respuesta dada por el uribismo es pedir garantías para el ejercicio de la política electoral.
3. “Los de atrás van conmigo”, frase que explicita la formación que se ejerce en una fuerza política que se atribuye la generación de escenarios de movilización social.
4. Candidatos que exaltan su condición de extranjeros para enaltecer su posición política y juzgar a otros, aun en un partido que posicionará grupos de derecha y que rechaza escenarios de movilización.
5. Grupo de activistas de izquierda promocionando el voto en blanco.
6. Un tomate en la cabeza que protagoniza las calles bogotanas.
7. La vaquerita radical.
8. Y así...

Son sólo algunas imágenes que nos recrean todos los días, gracias a la multiplicidad de colores y formas en medio de un proceso electoral. El problema es que esa cantidad de tonos y figuras no son necesariamente lo mismo que una diversidad política o un escenario de democracia participativa. Son sólo formas de vender una imagen o una posición, incluso contradictoria con el hecho que la provoca.

Ya Marcuse (1954) situaba escenarios como éste en el que los agentes de publicidad y “mass-media” configuran el mundo de la comunicación y hace que se despoje al lenguaje de las mediaciones para promover un solo mensaje. Ejemplos que trajo Marcuse en ese momento como “Refugios de lujo contra la radioactividad” (New York Times, 1 de diciembre de 1960), dan cuenta de la unificación de los opuestos que caracteriza el estilo comercial y político en el discurso. En este caso cuando se trata de identificar un lugar de lujo en medio de una guerra radioactiva o de vivir en una finca lujosa llena de ganado, mientras se asesina a los campesinos a su alrededor.

Estos ejemplos manifiestan la necesidad de promocionar un mensaje determinante para una u otra población que se considera potencialmente votante. Sin embargo, se logra desde hace varios años, a través de discursos que son incoherentes entre sí o que hacen parte de una forma inaceptable de comprender las formas de vida y de hacer política, que la publicidad encubre cuando nos elimina la mediación que nos permite cuestionar esa contradicción.

Ahora bien, sabemos que en medio de una coyuntura electoral se generan este tipo de imprecisiones, pero también que varios de los electores, e incluso quienes apoyan una u otra campaña, se sienten incómodos con este tipo de escenarios y simplemente por eso, no es necesario reproducirlos. Afortunadamente tenemos algunos otros ejemplos. Hay varios candidatos que aún en medio de un partido que tiene en su historia hechos inaceptables, han intentado configurarse a sí mismos y a sus fuerzas políticas de manera coherente1.

Aunque en este caso se hace necesario resaltar la vida y convicción de Alberto Castilla, un candidato que ha posicionado el movimiento social y quien ha crecido en una región del país en la que su vida colectiva le impediría hacer que la publicidad le gane el juego a su forma de hacer política. Y en ese sentido, su énfasis no se encuentra en la necesidad de promocionarse, sino de provocar que las formas de acción política que ejerce en colectivo puedan incidir o ejercer control político. Es decir, promover que la vida colectiva que se gesta día a día se represente electoralmente sin dejar la movilización. Y esta ya es harina de otro costal que el mismo escenario electoral deja de mostrar.

***

1Se pueden reconocer perfiles como los de July González, Alirio Uribe, Iván Cepeda, Piedad Córdoba o Antonio Navarro.

Marcuse H. (1964). El hombre Unidimensional. Barcelona: Ariel.

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