Del uso de los pesticidas a la crítica anticolonial: El caso de Martinica (1970-2013)

on Martes, 30 Abril 2013. Posted in Artículos, Edición 8, Malcom Ferdinand, Plaguicidas, Colonialismo, Contaminación ambiental, Martinica, Internacional

8 ferdinandEl caso de la contaminación de las tierras de Martinica por la molécula cancerígena llamada "Chloredécone", utilizada como pesticida en la zona bananera de 1981 a 1993, se ha vuelto el símbolo de la exclusión de una parte de la población de decisiones relativas a las tierras de la isla y de una diferenciación de la aplicación de la ley entre la Francia metropolitana y este “departamento de ultramar”.
 
Malcom Ferdinand
Fuente: www.allposters.com
Toda ecología tiene sus historias y sus relatos. Relatos e historias que dan sentido y legitiman las acciones de protección del medioambiente. El 26 de febrero de 2013, a pesar de las fuertes protestas de la población, la jefatura de policía de Martinica firmó una nueva derogación a la prohibición del esparcimiento aéreo de pesticidas en los cultivos de banano, producto principal de exportación en esta isla caribeña. Esta tercera derogación de una práctica prohibida en Francia, firmada por el más alto representante del Estado francés, constituye el campo de lucha actual del movimiento ecológico martiniqués.

A raíz de la directiva europea del 21 de octubre de 2009 y de la Ley Grenelle II del 13 julio de 2010, que prohíben el esparcimiento aéreo sobre todo el territorio francés a  causa de los riesgos para los habitantes, las derogaciones igualmente previstas por la ley1 suscitan profundas controversias  en cualquier lugar donde esta práctica es empleada. Sin embargo, estas preocupaciones ecológicas en Martinica toman la forma particular de una crítica a un “colonialismo del Estado francés”. Al retornar brevemente sobre la historia de ese movimiento y de esta isla, explicitaremos las vinculaciones tejidas entre “ecología” y “colonialismo” sobre esta antigua colonia francesa.

Colonizados por Francia en 1635, los indígenas caribeños de Martinica fueron diezmados por las guerras y enfermedades llevados por los colonos. Esta isla fue entonces repoblada principalmente por los Negros Africanos, transbordados por la trata de negros transatlántica, y esclavizada a través un sistema de plantación. Al participar en los sistemas del comercio triangular, los productos agrícolas eran principalmente destinados a la exportación hacia la metrópoli. La abolición de la esclavitud en 1848 no puso en cuestión el sistema de plantación ni el reparto de las tierras entre colonos y antiguos esclavos, conservando así una jerarquía social, fundada, entre otras cosas, sobre la raza, cuyas estructuras  todavía son visibles hoy. Para los ciudadanos en las colonias, el siglo XX estuvo marcado por una exigencia de igualdad de los martiniqueses frente a los ciudadanos de la Francia hexagonal, llamada “metropolitana”, incluido el acceso a un cierto número de derechos sociales y políticos. Estas reivindicaciones dieron lugar a una primera forma de anticolonialismo que se desplegó paradójicamente en un proyecto de asimilación en el poder colonial antiguo, lo que desembocó en el proyecto de departamentalización llevado a cabo en 1946 por Aimée Césaire, intelectual martiniqués cantor de la negritud y alcalde de Fort-de-France, la ciudad principal de Martinica. En ese año, Martinica obtuvo el estatuto de “departamento de ultramar francés”. La persistencia de discriminaciones en el tratamiento de los ciudadanos de ultramar comparativamente a los de la Francia hexagonal dio lugar a las desilusiones de los años 1960-1970, y llevaron a la creación de los primeros partidos y movimientos independentistas.

Es en ese contexto que en la mitad de los años 1970 se desarrollaron los primeros conflictos ecológicos relativos a la preservación de los manglares, los ríos y las tierras agrícolas de esta isla de 1100 km2. El desarrollo desenfrenado del turismo, la urbanización compulsiva y la explotación agrícola intensa del monocultivo de plátano se preocuparon poco del medioambiente, ocasionando polución y deforestación. Estos múltiples conflictos, aún presentes hoy, enfrentan frecuentemente a los habitantes con los grandes terratenientes que descienden de los colonos y que son frecuentemente llamados “Békés” o “blancs-créoles” [creoles blancos], y también a los promotores del turismo y a las diferentes autoridades estatales francesas. A consecuencia de su política matrimonial de casarse solamente con blancos, los Békés forman un grupo étnicamente blanco en una población mayoritariamente no blanca.

Esta configuración socio-racial de la sociedad – donde los mencionados descendientes de colonos poseen no sólo una gran parte de las tierras, sino que también controlan un número importante de los sectores económicos martiniqueses, en particular el de la agricultura – ha contribuido al nacimiento de grupos que articulan sus reivindicaciones de preservación del medioambiente a una crítica de la colonialidad del poder del Estado francés. A pesar de la departamentalización, para estos últimos, Martinica permanecería, por un lado, esclavizada para siempre por estos cimientos coloniales y, por otro, regida por los intereses financieros de la metrópoli y por los descendientes de colonos que no se preocupan por el medioambiente de esta isla. Asociaciones como el ASSAUPAMAR (asociación por la salvaguardia del patrimonio martiniqués) y Pour une écologie urbaine [Por una ecología urbana], y también partidos políticos como el MODEMAS (Movimiento de demócratas y ecologistas para una Martinica soberana) y Martinique Ecologie deploran la explotación desmesurada de los recursos naturales de esta isla y su contaminación, la destrucción del patrimonio natural martiniqués y la exclusión política de los habitantes de la isla en relación de un cierto número de decisiones relativas al ordenamiento del territorio.

El caso de la contaminación de las tierras de Martinica por la molécula cancerígena llamada Chloredécone, utilizada como pesticida en la zona bananera de 1981 a 1993, se ha vuelto el símbolo de la exclusión de una parte de la población de decisiones relativas a las tierras de la isla y de una diferenciación de la aplicación de la ley entre la Francia metropolitana y este “departamento de ultramar”. La utilización de esta molécula comercializada en los pesticidas “Kepone” y “Curlone” fue prohibida en los Estados-Unidos desde 1976 y en Francia desde 1990 a causa de sus riesgos para la salud. Sin embargo, debido a la exigencia de ciertos agricultores békés, el ministro de agricultura derogó dos veces la prohibición de este pesticida en Martinica hasta 1993 sin que los habitantes fueran consultados o informados. Esta diferenciación de tratamiento provocó y todavía provoca críticas vivas2.

Hoy los 436 000 habitantes de Martinica se enfrentan a una verdadera catástrofe ecológica en la cual no sólo todas las tierras donde fue cultivado el banano están contaminadas, sino también las cuencas y vertientes de esos campos, lo que incluye ríos y manglares. Así, la prohibición de pescar a lo largo de las costas de Martinica a raíz de esta contaminación provocó un movimiento de protesta y de paro de los pescadores en diciembre 2012. Estos ecosistemas permanecieron  contaminados por varias décadas a razón de la permanencia de esta molécula. Estas reacciones fueran tanto más fuertes cuando el profesor Belpomme estableció un vínculo entre la contaminación de las tierras por estos pesticidas y las tasas anormalmente elevadas de cáncer de próstata en Martinica3. Según el Instituto Nacional del Cáncer, en 2008 Martinica presentó la tasa más elevada de incidencia de cáncer de la próstata en el mundo4. Como hay numerosos debates sobre las relaciones de causa y efecto entre el uso de este pesticida y el cáncer, no quiero afirmar aquí que esta tasa de cáncer puede ser imputada a la práctica del Estado francés, pero más bien quiero mostrar que estos vínculos, aunque potenciales, hacen parte del descontento expresado por numerosos martiniqueses. Esta cuestión se vuelve todavía más compleja cuando las otras moléculas organocloradas utilizadas en esos campos son consideradas también en el debate.  

Este caso expresa, no obstante, un principio derogatorio donde los ciudadanos de Martinica son tratados de manera diferente a los ciudadanos de la llamada metrópoli, donde los representantes del Estado francés, ministros de la agricultura y/o jefes de policía, junto con ciertos miembros de la clase béké, deciden sobre la gestión de los recursos comunes que tienen potencialmente impactos sobre una gran parte de la población. Estas prácticas derogatorias son entonces rápidamente interpretadas como parte de la continuación de una dominación colonial francesa en Martinica. La nueva derogación del esparcimiento aéreo de los pesticidas en las mismas zonas bananeras, aprovechándose de la excepcionalidad de los territorios de esta isla caribeña en relación a los territorios europeos, hace eco una vez más de esta diferenciación entre los ciudadanos que viven en Martinica y los ciudadanos de Francia como metrópoli. Los riesgos potenciales para la salud sufridos, así, por los ciudadanos martiniqueses, denunciados por el médico Josiane Jos-Pelage (presidente de l’AMSE – Association médicale pour la sauvegarde de l’environnement et de la santé [Asociación médica para la protección del medioambiente y la salud]), remite a esta idea de ciudadanos de “segunda zona”, donde, a pesar de los procesos de emancipación llevados a cabo desde las primeras rebeliones de esclavos, no hay todavía igualdad.

Estas asociaciones continúan, entonces, su lucha a través de manifestaciones y acciones justas, mostrando así una responsabilidad política a favor del medioambiente y de la tierra de esta isla. Los conflictos encontrados en el esfuerzo de asumir esta responsabilidad exponen las estructuras coloniales constitutivas de esta sociedad caribeña y sus vinculaciones complejas con la metrópoli francesa, lo que da lugar a esta crítica anticolonial formulada a partir de consideraciones ecológicas. Por sus críticas y por sus voces, estos hombres y mujeres manifiestan su preocupación por la tierra de la cual se alimentan, sobre la cual viven y dan sentido, siempre afirmando su demanda por la igualdad de aquellos “sin los cuales la tierra no sería la tierra”5.

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1Circular del ministerio de la agricultura del 5 de mayo de 2012.
2Boutrin, Louis et Confiant, Raphaël, Chronique d’un empoisonnement annoncé, le scandale du Chloredécone aux Antilles françaises 1972-2002, Paris, l’Harmattan,  2007.
3Belpomme, D. &al, 2009, « Prostate cancer as an environmental disease: An ecological study in the French Caribbean islands, Martinique and Guadeloupe», international journal of oncology: a journal devoted to oncolgy research and cancer treatment, en ligne, Avril 2009, 1037-1044,<.http://www.spandidos-publications.com/ijo/34/4/1037>
4http://lesdonnees.e-cancer.fr/les-fiches-de-synthese/21-epidemiologie/31-analyse-geographique/71-situation-epidemiologique-des-cancer-en-europe-et-aux-etats-unis.html
5Césaire, Aimé, La Poésie, Paris, Seuil, 1994, p.42

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