Desarrollo rural: ¿avance o estancamiento del proceso?

on Sábado, 14 Septiembre 2013. Posted in Artículos, Edición 17, Melina Lombana Reyes, TEOPOCO, Nacional, Desarrollo rural

17 teopocoLo pactado entre las delegaciones del gobierno y de las FARC tiene como base el reconocimiento de la necesidad de una transformación profunda al sector rural en Colombia, en cuyos regazos y problemas se encuentran parte de las raíces estructurales del conflicto armado.
 
Melina Lombana Reyes
Fuente: http://fotos.lainformacion.com/

Mayo fue un mes fundamental en el desarrollo del proceso de paz que actualmente se lleva a cabo entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos. En un momento en que empezaban a crecer las voces de preocupación e inquietud sobre el progreso real de la negociación, las partes finalmente dieron a conocer un acuerdo parcial sobre el desarrollo rural, primer punto de la agenda de conversaciones de La Habana.

También el Centro Democrático, una de las corrientes políticas y de opinión más fuertes en la oposición al proceso de paz, cambió su estrategia discursiva de deslegitimación hacia el mismo. A través de la publicación de su Decálogo para la Paz, con eficacia, justicia y dignidad, se declaró favorable a una salida negociada al conflicto, rechazando “en consecuencia, la falsa división del país que pretenden algunos, entre radicales militaristas y amigos del diálogo1. Ahora, si bien se presentó como amigo de una negociación, se reafirmó como opositor a este proceso en particular. Los argumentos esbozados fueron los mismos que aquellos presentados al defender una salida militar. La discusión de la agenda nacional con un grupo narcoterrorista, que no tiene la legitimidad o la representatividad política para ello, las negociaciones en medio del terrorismo y las garantías de impunidad fueron, entre otras, las razones esgrimidas.

Si bien hubo un desplazamiento en los referentes simbólicos del discurso, no se presentó ningún cambio en los argumentos de oposición. Para el Centro Democrático, la alternativa se encuentra entre la derrota o la rendición. En últimas, la salida militar. En ese sentido, “[l]a agenda de esos diálogos se debe limitar a la desmovilización, la reinserción y el desarme de los grupos irregulares2. En consecuencia, el reacomodamiento discursivo no implicó ninguna modificación sustancial en la oposición al proceso; consistió más bien en una estrategia de legitimación de este movimiento, en un contexto en el que la reivindicación de la salida militar ya no resultaba rentable políticamente.

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A pesar de que la estrategia resultó relevante, el acontecimiento que propició posiciones y reacomodamientos en los actores frente al proceso de paz fue el anuncio de acuerdos en materia rural. El presente artículo pretende recrear el mapa posicional resultado de lo anterior.

El acuerdo rural y su impacto en el posicionamiento de los actores

El 26 de mayo, las partes negociadoras en La Habana anunciaron un primer resultado del proceso: el acuerdo sobre el primer punto de la agenda, titulado Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma Rural Integral. Según el comunicado conjunto, leído por los países facilitadores, en las conversaciones se llegaron a acuerdos en seis temas: 1. Acceso y uso de la tierra; 2. Programas de desarrollo con enfoque territorial; 3. Infraestructura y adecuación de tierras; 4. Desarrollo social: salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza; 5. Estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa y 6. Políticas alimentarias y nutricionales.

Se acordó también la creación de un Fondo de Tierras para la distribución gratuita a campesinos sin tierra o con tierra insuficiente; la puesta en marcha de un programa masivo de formalización de la propiedad rural; la delimitación de la frontera agrícola y la protección de áreas de especial interés ambiental; un programa de actualización del catastro rural y el apoyo del Estado a planes de desarrollo de Zonas de Reserva Campesina, constituidas o por constituir. Las ZRC, en todo caso, no contarán con autonomía política, propuesta de las FARC en meses anteriores.

Lo pactado entre las delegaciones del gobierno y de las FARC tiene como base el reconocimiento de la necesidad de una transformación profunda al sector rural en Colombia, en cuyos regazos y problemas se encuentran parte de las raíces estructurales del conflicto armado. En ese sentido, al presentar el acuerdo, las partes establecieron que “la Reforma Rural Integral (RRI) debe ser el inicio de transformaciones estructurales de la realidad rural y agraria de Colombia con equidad y democracia, contribuyendo así a la no repetición del conflicto y a la construcción de una paz estable y duradera3. 

El anuncio del acuerdo se constituyó en un momento de ruptura en la historia del conflicto armado en Colombia: no sólo es la primera vez que se llega a un acuerdo en materia rural en un proceso de negociación en el país; también es la primera vez que entre un gobierno colombiano y las FARC se acuerdan medidas para transformar el sector rural, espina dorsal y a la vez razón de la existencia de esta guerrilla, de origen rural y campesino.

El acuerdo también representó un punto de quiebre en las negociaciones. Lo concertado entre las partes fue dado a conocer en contexto de creciente escepticismo y preocupación por la “falta de resultados” de un proceso cuyas conversaciones sobre el tema rural habían empezado en noviembre de 2012, y que a mediados de mayo completaban su octavo ciclo. En las primeras dos semanas del mes diversos actores manifestaron, de manera reiterada, inquietud ante la ausencia de acuerdo en el tema rural. De allí su relevancia para la negociación en general.

En ese sentido, pueden destacarse tres posiciones que articularon el debate sobre la negociación en La Habana en el mes de mayo. La primera, aquella que considera al proceso como una opción real de salida al conflicto armado en Colombia, cuya muestra es el primer acuerdo en la historia del país sobre desarrollo rural entre un gobierno y una guerrilla comunista. Una segunda posición, que usó lo pactado en la mesa de conversaciones como una herramienta de legitimación social y política del proceso frente a sus opositores y a aquellos actores escépticos. La tercera, por último, para la cual el primer acuerdo es sólo una muestra de la inviabilidad de un proceso de paz como el planteado por Juan Manuel Santos.

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Con respecto a la primera posición, después del anuncio de un primer resultado tras seis meses de conversaciones, para diferentes sectores de opinión la negociación tomó un nuevo aire; para algunos adquirió legitimidad y también se posicionó como una alternativa realista para poner fin a 50 años de confrontación. Dice la editorial del periódico El Tiempo del 27 de mayo pasado: “Tiene que ser visto como un hecho de singular relevancia el que por primera vez en cincuenta años de confrontación el Estado colombiano y este grupo subversivo hayan logrado limar asperezas en torno a una cuestión que no es cualquiera: se trata nada menos que de un punto íntimamente ligado al ADN de dicha organización4.

En la misma línea, el acuerdo en materia rural fue calificado como “un avance sustancial en el camino de la paz y el fin de la guerra”5, como “un paso fundamental hacia la transformación más radical del sector rural”6, y como “una muestra de la seriedad y la consistencia del proceso del proceso”7.

En segundo lugar, se encuentra la posición según la cual el acuerdo rural es una muestra de la legitimidad y la seriedad del proceso. En ese sentido se pronunciaron tanto los negociadores del gobierno, como los delegados de las FARC en La Habana8, entre otros actores.

En esta perspectiva, para Humberto de la Calle lo pactado se basa en “una visión integral de transformación del campo, capaz de crear un círculo virtuoso de bienestar y estabilidad en el sector rural colombiano (…) Un cambio histórico, un renacimiento del campo colombiano, que puede darse en el escenario del fin del conflicto9. Las declaraciones del jefe negociador del gobierno tenían una clara intención legitimadora, al destacar el espíritu reformista de lo acordado y a la vez al asegurar a los grandes propietarios del país que la Reforma Rural Integral no iría en contravía de sus intereses. Así, más adelante afirmó que “[t]odo esto se hará con pleno respeto por la propiedad privada y el estado de derecho. Los propietarios legales nada tienen que temer10.

Para las FARC, por su parte, el anuncio del acuerdo significó una oportunidad para presentarse como los representantes de las causas populares en la búsqueda de la paz, y en ese sentido, legitimarse frente a los diferentes sectores sociales del país. Así, afirmaron que en los acuerdos alcanzados la guerrilla se erigió como “voz de las gentes del común, de los campesinos sin tierra frente a las alambradas de las grandes propiedades, de las comunidades rurales resueltas a defender su territorio amenazado por la depredación minero-energética de las transnacionales11.

También, el carácter dado por las FARC al acuerdo tuvo un alto contenido de agitación encaminado a promover la movilización social, que para la guerrilla, es la única que permitirá cambios estructurales en el campo y la sociedad colombiana. En palabras de Iván Márquez, “estamos abriendo una senda para que el pueblo actúe, se movilice, en defensa de sus derechos y siga haciendo escuchar su voz como protagonista principal de la construcción de la paz12.

En tercer lugar, las posturas de oposición estuvieron encarnadas en los contradictores habituales del proceso, en su mayoría cercanos o pertenecientes al uribismo. Para ellos, el acuerdo fue una nueva oportunidad para deslegitimar la negociación. Insistieron en sus viejos argumentos, ya registrados en artículos anteriores: 1. Las FARC, un grupo narcoterrorista, no tiene la legitimidad ni la representatividad política para opinar sobre la agenda nacional13; 2. Los problemas estructurales del país no se encuentran en el sector rural, por el contrario, estos son derivados del terrorismo14; y 3. Cualquier transformación rural le compete solo a la política social del Estado, no a un proceso de paz15.

También argumentaron que el acuerdo en sí mismo fue una muestra de la debilidad de la negociación. Para actores como José Felix Lafaurie, Alfredo Rangel, Juan Carlos Vélez, Fernando Londoño Hoyos y Diego Mora, lo pactado en materia rural fue “un acuerdo para la galería”, una estrategia de legitimación del proceso en un momento en el que, después de medio año de trabajo, no se vislumbraban avances de ningún tipo. Prueba de ello, según esta opinión, es la falta de acuerdo en las demandas que para las FARC son “irrenunciables”: la desestructuración del latifundio, la desconcentración de la tierra, la prohibición a las explotaciones minero-energéticas, la reversión de la extranjerización de la tierra y la revisión de los Tratados de Libre Comercio16.

Efectivamente, en la rueda de prensa en la que se anunció este avance en la negociación, Iván Márquez hizo referencia a “salvedades puntuales –el latifundio, la minería y las multinacionales–, que necesariamente tendrán que ser retomadas, antes de la concreción de un acuerdo final17.

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Así, cabe preguntarse por qué las FARC calificaron a los acuerdos como “importantes, demasiado importantes”, en las palabras de Rodrigo Granda18, si en ellos no estuvieron incluidos los temas que desde la conferencia de prensa de Oslo, la guerrilla definió como las causas estructurales de la crisis del sector rural en Colombia. ¿Es posible pensar que con acuerdos alcanzados sobre las Zonas de Reserva Campesina -reivindicación rural y territorial de la cual las FARC se apropiaron en este proceso- el modelo de desarrollo rural debe ser objeto de disputa sólo en un eventual escenario electoral?

En relación a estas preguntas resulta pertinente traer a colación la descripción del acuerdo rural hecha en el Primer informe conjunto de la mesa de conversaciones19. Dice el informe: “Lo acordado reconoce y se centra en el papel fundamental de la economía campesina, familiar y comunitaria en el desarrollo del campo, la promoción de diferentes formas de asociación y cooperativismo, la generación de ingresos y empleo, la dignificación y formalización del trabajo, la producción de alimentos y la preservación del medio ambiente. Lo anterior sin perjuicio de la necesaria articulación entre esta y otras formas de producción agrícola y pecuaria como condición para garantizar el desarrollo rural. La RRI se adelantará en un contexto de globalización y de políticas de inserción en ella por parte del Estado que demandan atención especial de la producción agropecuaria nacional (…)20.

De lo anterior cabe preguntarse ¿existía en la mesa de negociación la intención de resolver la tensión derivada de la coexistencia de dos formas de producción en el campo, la campesina y la agroindustrial? ¿Cuál fue la relación establecida entre estas dos formas de producción agropecuarias? ¿Por qué no se anunciaron explícitamente los acuerdos en esta materia? ¿Es un tema que no pudo resolverse en las negociaciones sobre el desarrollo rural? Estas son algunas preguntas que serán resueltas solo hasta la publicación del contenido de los acuerdos, en caso en que el proceso de negociación lleve a un pacto para la terminación del conflicto armado en Colombia.

***

1http://www.semana.com/opinion/articulo/uribe-solo-cree-derrota-rendicion-guerrillas/342707-3
2http://www.semana.com/opinion/articulo/decalogo-para-paz/344548-3
3Primer informe conjunto de la mesa de conversaciones entre el gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, FARC-EP, p. 9
4En el mismo sentido se pronunciaron Iván Cepeda, Jorque Enrique Robledo, el cardenal Rubén Salazar, los periódicos El Heraldo y El Colombiano, los columnistas Yohir Akerman y Melba Escobar (El Colombiano), y el general retirado del ejército Henry Medina Uribe.
5Esta posición fue compartida por el Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, Gustavo Petro, Roy Barreras del Partido de la U y Juan Mario Laserna del Partido Conservador.
6Esta posición fue compartida por el Ministro del Interior, Fernando Carillo, y por el columnista Alpher Rojas.
7Roy Barreras del Partido de la U y Camilo Gonzáles Posso.
8Otros actores que se pronunciaron en este sentido son Roy Barreras, Clara López Obregón, Iván Cepeda, el Ministro de Agriculturua, Juan Camilo Restrepo y el Ministro del Interior, Fernando Carrillo.
9http://www.elespectador.com/noticias/paz/articulo-424242-acuerdo-del-gobierno-y-farc-esta-centrado-gente-de-calle
10Ibíd.
11http://www.eltiempo.com/politica/gobierno-y-farc-dan-seales-tras-llegar-a-primer-acuerdo_12825867-4
12Ibíd.
13Álvaro Uribe declaró que Uribe es “inaceptable que el modelo del campo colombiano lo negocie el gobierno Santos con el narcoterrorismo”. En: http://www.semana.com/nacion/articulo/el-campo-primer-acuerdo-entre-gobierno-farc/344564-3
14Alfredo Rangel dijo: “(…)[p]ara que haya paz, lo principal es desarticular el terrorismo”. En: http://www.semana.com/opinion/articulo/transicion-vacio/343584-3
15Diego Mora, columnista de El Colombiano, Fernando Londoño y José Felix Lafaurie se pronunciaron en este sentido.
16Para Alfredo Rangel, en este sentido, lo que fue mostrado como el primer resultado del proceso “no significa nada, porque en realidad lo que se hizo fue un show mediático para tranquilizar a la galería. (…) Solo están simulando un avance de los diálogos, porque estos son acuerdos temporales, no se conocen los contenidos, no hay avances sustanciales. Hay temas muy complejos como las zonas de reservas campesinas, las políticas energético-mineras del país y frente a esos temas no dijeron absolutamente nada”.
17Idem.
18http://www.semana.com/nacion/articulo/farc-gobierno-logran-acuerdo-tema-agrario/344557-3
19Primer informe conjunto de la mesa de conversaciones entre el gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, FARC-EP
20Ibíd, p. 7. El subrayado es propio.

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