Ecomarxismo I. Ante la civilización de la crisis

on Martes, 14 Mayo 2013. Posted in Artículos, Edición 9, Ambientalismo, Ecomarxismo, Nacional, Alejandro Mantilla

9 mantillaLas señales de una crisis ambiental son graves porque afectan a comunidades y pueblos concretos, y porque son provocadas por la racionalidad del capitalismo. Por esas razones la crisis ecológica es un problema humano, pero ante todo, un problema político.
 
Alejandro Mantilla
Fuente: http://eltigreverde.blogspot.com.es

Alguien dijo alguna vez que era más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar el fin del capitalismo. Ahora podemos corregir esta afirmación y asistir al intento de imaginar el capitalismo a través de la imaginación del fin del mundo”.

Fredric Jameson

La alternativa real me parece ser: socialismo o barbarie (degradación general de la vida de la especie)”.

Manuel Sacristán Luzón

Crisis

La crisis económica en Europa va a durar años. La afirmación es relevante por su contenido, pero sobre todo por quién la emite: la canciller alemana Ángela Merkel1. Semejante declaración constata la persistencia de la crisis financiera, una situación que redefine, para mal, la vida de millones de mujeres y hombres alrededor del planeta. ¿Cuántas personas perderán sus empleos? ¿Cuántas familias perderán sus viviendas? ¿Cuántos serán afectados por los recortes del gasto público en los programas de inversión social?

Lo anterior puede reformularse con un toque más radical: la persistencia de la crisis financiera redefine, para mal, la vida en el planeta. Lo anterior cobra sentido por dos razones:

1. La crisis económica no implica necesariamente la crisis del capitalismo, por el contrario, la crisis redefine las pautas de los negocios y las inversiones a escala global. La crisis no es una amenaza para el capitalismo, sino su posibilidad de renovación. El descenso en los índices de rentabilidad lleva a los capitalistas a buscar fuentes seguras de inversión, de ahí la relevancia que cobran las actividades extractivas y la mercantilización de los bienes de la naturaleza2. Extracción minera a gran escala, generación de energía eléctrica, producción forestal, control de semillas, despojo masivo de tierras y producción agrícola intensiva, son algunas de las actividades predilectas por los inversionistas en estos tiempos.

2. Los problemas de la economía se combinan con otras tres manifestaciones de la crisis: ambiental, energética y alimentaria. El cambio climático, las proyecciones sobre la escasez de fuentes de energía, la especulación bursátil con los precios de los alimentos y los problemas de la productividad agrícola en varias regiones del globo, se combinan con la crisis económica para generar una situación de catástrofe potencial. Hoy sabemos, por ejemplo, que el nivel de CO2 en la atmósfera superó por primera vez las 400 partes por millón, generando el nivel más alto de gases de efecto invernadero, un nivel que no se había registrado en millones de años3.

Vivimos en una latente tormenta perfecta. La búsqueda de inversión segura se realiza en un contexto de escasez potencial de fuentes de energía; las actividades extractivas pretenden darle salida a estas dos cuestiones, pero hacerlo conlleva daños ambientales irreparables. La sobreutilización de agua en la generación de energía eléctrica, la tala masiva de bosques por la minería a cielo abierto, o la contaminación de ríos por residuos de la actividad minera, son algunos rasgos preocupantes. Pero eso no es todo, el punto más alarmante es que la depredación ambiental a gran escala se está profundizando en medio de una grave crisis ambiental cuyo principal síntoma es el cambio climático. Las salidas del capital a la crisis económica profundizan la crisis ambiental, como un bombero que apaga un incendio con gasolina.

Despojos

Pero los impactos ambientales no son la única faceta del problema. Las actividades extractivas a gran escala no pueden desarrollarse sin despojar a las comunidades rurales y urbanas de sus bienes y sus medios de vida. El desarraigo campesino por la compra masiva de tierras, la privatización de acueductos comunitarios, el control del agua por empresas transnacionales en regiones de inversión minera, el vaciamiento de población en las zonas donde se construyen hidroeléctricas, o el control global de las patentes de semillas por algunas corporaciones, son algunas de estas situaciones. En suma, los ríos, suelos, o bosques no son las únicas “víctimas” de estas tendencias, las comunidades y los pueblos son los principales afectados por el despliegue de la oleada inversionista extractiva.

La otra cara de esta moneda es la emergencia del “capitalismo verde”, inversiones que se presentan como defensoras del ambiente y los territorios pero cuyo único objetivo es aumentar las ganancias de empresarios advenedizos. El marketing verde, la promoción de mercados orgánicos para consumidores acaudalados, los servicios ambientales, la privatización del manejo de material reciclable, el comercio de mercados de carbono, o la retórica de la responsabilidad empresarial ambiental, son algunas de sus manifestaciones.

Por encima de la protección del ambiente, el objetivo del capitalismo verde es generar ganancias, pero ese no es el punto crucial: lo más importante es la propagación de un discurso que afirma salvar el ambiente aunque ello implique sacrificar a las poblaciones empobrecidas del planeta. Tomemos como ejemplo los mercados de carbono. Las comunidades indígenas y afro firman convenios de protección de sus bosques, incluyendo la negociación de créditos de compensación pagados por empresas emisoras de gases de efecto de invernadero. Con la excusa de reducir el cambio climático, los pueblos pierden el derecho de disponer de sus propios bienes comunes, pues los convenios limitan las acciones que los pueblos ejercen tradicionalmente sobre sus territorios. Estos convenios son la base de bonos de mercado que son objeto de especulación bursátil en los mercados del capital financiero.

Las actividades extractivas generan despojo de alto impacto, mientras el capitalismo verde propicia la privatización disimulada de los bienes comunes, un despojo de baja intensidad. El despojo duro y el despojo blando se combinan en tiempos de crisis: el capitalismo verde y el extractivismo son dos caras de la misma moneda. La moneda del capital que arruina al planeta y a la mayoría de sus habitantes.

Lecciones de Marx para ecologistas

Contra la caricatura que presenta a Marx como profeta de la producción sin límites, considero que su legado puede interpretarse en provecho de las demandas ambientalistas para nuestra época. Del filósofo de Tréveris los ambientalistas pueden extraer algunas lecciones.

Primera lección: el capitalismo como civilización de la crisis

Una de las tesis claves de El Capital es mostrar que la crisis no es una anomalía, sino que el capitalismo tiene una tendencia a la crisis que es inherente a su desarrollo. En nuestro tiempo podemos radicalizar aún más dicha tesis: no asistimos a una crisis de la civilización capitalista, pues el capitalismo sigue gozando de buena salud, más bien constatamos que la civilización capitalista conlleva el riesgo de un colapso ambiental a escala planetaria.

Hoy sabemos que es factible producir bombillas eléctricas que pueden durar décadas sin fundirse o lavadoras que no se averían en medio siglo. En oposición a tales invenciones, las empresas de nuestro tiempo han perfeccionado la obsolescencia programada, una práctica que consiste en fabricar utensilios tecnológicos de corta duración para estimular mayor consumo de bienes y generar rentabilidad. Para generar ganancias es preciso el aumento de la demanda de mercancías, aunque ello implique acrecentar el consumo de bienes inútiles.

Un mayor consumo no solo implica mayor producción, también requiere inversiones en la circulación de mercancías, lo que implica inversiones en transporte que se mueven con combustibles fósiles cuya emisión genera el cambio climático. Producir un teléfono celular que no durará más de dos años implica acelerar la secuencia producción-circulación-distribución-consumo, pero sobre todo, implica profundizar la racionalidad de una civilización que está llevando al planeta a la amenaza de catástrofe ambiental. El cambio climático, el síntoma por excelencia de la crisis ecológica, es una consecuencia directa de la civilización capitalista, no un daño colateral.

Segunda lección: La comprensión relacional de los problemas

La secuencia producción-circulación-distribución-consumo es una de las reflexiones que abre los Grundrisse (elementos fundamentales para la crítica de la economía política). Marx muestra cómo para comprender el capitalismo es crucial entenderlo como un entramado de relaciones y no como la suma de elementos que coinciden por accidente. La producción de una mercancía cualquiera requiere esfuerzos en múltiples ámbitos relacionados. Piense la lectora en el trabajo intelectual y manual que se requiere para producir el dispositivo electrónico que le permite leer esta nota. Piense además en la cantidad de materiales que se necesitaron para fabricarlo.

Esta lección es crucial para el movimiento ecologista. Hoy no basta con organizar movimientos por la defensa de los bosques, los ríos o el rinoceronte negro. El enfoque relacional implica ganar un enfoque sistémico de los problemas ecológicos que muestre cómo la magnitud de la crisis contemporánea no requiere de soluciones parciales, sino que es necesario apuntar a un rediseño global de la sociedad.    

Tercera lección: la economía no es exterior a la naturaleza

El materialismo de Marx defiende una comprensión relacional de lo humano. Los humanos forjamos nuestras vidas en un marco de relaciones sociales independientes de nuestra voluntad. Ese marco relacional incluye tanto relaciones entre humanos como relaciones entre humanos y su entorno ecosistémico. Como lo planteó en la Crítica del Programa de Gotha: “El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!)”4.

Por lo anterior, toda solución a la crisis ambiental pasa por redefinir las instituciones que regulan las relaciones entre humanos, especialmente por generar una nueva arquitectura económica que redefina la manera como nos relacionamos con la naturaleza.

La segunda consecuencia es la necesaria vinculación entre las relaciones sociales y la defensa del ambiente. Un enfoque marxista defiende los territorios por su valor intrínseco, pero también por el valor relativo a los intereses de las comunidades que se benefician de los bienes de la naturaleza. La defensa de la justicia ambiental está ligada a la lucha por la justicia socioeconómica. Una lección crucial la encontramos en Los debates de la dieta renana, crónicas escritas por Marx hacia 1841. En esos artículos, Marx se opuso a la penalización del robo de leña que criminalizaba a los pequeños campesinos que recolectaban la leña desprendida de los árboles. En suma, Marx se opuso a una forma temprana de privatización de los recursos.

Como lo ha sostenido Jorge Riechmann, “La crisis ecológica no es un problema ecológico: es un problema humano”5.  Las señales de una crisis ambiental son graves porque afectan a comunidades y pueblos concretos, y porque son provocadas por la racionalidad del capitalismo. Por esas razones la crisis ecológica es un problema humano, pero ante todo, un problema político.

Cuarta lección: no hay solución sin antagonismo

“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”. Esa famosa frase del Manifiesto comunista adquiere mayor relevancia frente a la ecología. La contaminación a gran escala, las crisis, los despojos o el capitalismo verde son escenarios de la lucha de clases. Las tensiones en torno a la construcción de hidroeléctricas o el desarrollo de gran minería son escenarios de antagonismo entre comunidades y grandes proyectos de acumulación. Tensiones entre quienes defienden sus planes de vida y quienes defienden sus ganancias.

El gran reto de los pueblos en nuestro tiempo es articular los antagonismos en defensa de los territorios y la naturaleza contra los proyectos de contaminación y despojo a gran escala. Las salidas ante las crisis no se generarán sin lucha política y sin organización de las mujeres y los hombres que se enfrentan a la barbarie, entendida como la “degradación general de la vida de la especie”.

***

1“Ángela Merkel cree que la crisis en Europa va a durar años”, disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/economia/articulo-420338-angela-merkel-cree-crisis-europa-va-durar-anos
2Este aspecto ha sido bien ilustrado por Juan Ignacio Crespo: “La mejor ilustración de lo que ha sido el exceso de recursos a la caza de muy pocos activos se produjo en el primer semestre de 2008, es decir, ya bien entrados en la crisis financiera: durante el primer semestre de ese año, el precio de las materias primas no cesó de subir. De todas ellas, el petróleo, que es la única que acapara titulares de los telediarios, pasó de 95 a 145 dólares el barril en sólo seis meses”. Juan Ignacio Crespo, “Preguntas en la niebla”, disponible en: http://elpais.com/diario/2009/03/01/negocio/1235916869_850215.html
3Ver: “Concentración de CO2 en el aire supera máximo histórico”. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/articulo-421411-concentracion-de-co2-el-aire-supera-maximo-historico
4Marx, Karl, “Crítica del Programa de Gotha”, Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm
5Jorge Riechmann, “El socialismo puede llegar sólo en bicicleta”, Madrid, Libros de la catarata, 2012, p 58.

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