Ecuador y la libertad de expresión

on Sábado, 29 Junio 2013. Posted in Artículos, Edición 12, Internacional, Ecuador, Medios de comunicación, Andrés Felipe Parra Ayala

12 Parra interLo único que se puede decir al respecto es que la ‘libertad de expresión’ que defienden las grandes corporaciones de la comunicación apunta únicamente a salvaguardar su monopolio. Pero la defensa que esgrimen los medios es simplemente inaceptable: la libertad de expresión y el monopolio de la información son como el agua y el aceite.
 
Andrés Felipe Parra
Fuente: http://www.noticias.pontecool.com
En Colombia es normal pensar que los gobiernos de izquierda en América Latina violan sistemáticamente la libertad de expresión. Es extraño que en un país donde se asesina en promedio entre cuatro y cinco periodistas al año se juzgue el problema de la libertad de expresión en otros países, sin atender al propio. La reciente aprobación de la ley de comunicaciones en Ecuador ha despertado la indignación generalizada de los medios y periodistas en nuestro país. Hasta en lo internacional a todos se les ponen los pelos de punta: ¿cómo es posible –preguntan exaltados- que no sólo J. Assange sino ahora también E. Snowden elijan a Ecuador como destino de su asilo político?

Pretender que Assange desconoce la realidad de la libertad de expresión en Ecuador o que todo se trata de una situación de oportunismos cruzados es balbucear y hacer el ridículo. No sólo porque wikileaks es una agencia que tiene información de primera mano antes que EFE o Reuters y conoce más de Ecuador que los mismos medios, sino porque Assange o cualquiera de sus periodistas le dan una paliza aleccionadora a los nuestros en lo que se refiere a la comprensión de la libertad de expresión y su significado. El sentido de la existencia de un proyecto como wikileaks –sin sobrevalorar o endiosar a su fundador como un ‘héroe’ antimperialista- consiste en poner sobre la mesa que la libertad de expresión no puede pensarse sin un acceso justo, completo y adecuado a la información por parte de una ciudadanía crítica. La libertad de expresión es indisociable de concebir la información misma como un espacio político y público de expresión de libertad.

La forma en la que funcionan los medios de comunicación está lejos de cumplir ese cometido. La razón fundamental se debe a que su finalidad, más que informar, consiste en hacer dinero y producir ganancias. Indudablemente hacen una cosa mediante la otra, pero la proyección del asunto como un negocio obliga a los mismos medios -en el caso más optimista- a desenvolverse en un conflicto entre una concepción de la información como espacio de debate y otra como bien de consumo. Así, encontramos cotidianamente situaciones en los medios en donde se presenta una pluralidad de puntos de vista en un contexto sensacionalista en el que el debate entre los ‘expertos’ no alimenta o enriquece las inquietudes de los ciudadanos sobre los asuntos comunes sino que las invisibiliza al reducirlos a espectadores de una pelea entre los que ‘verdaderamente saben’.  

De acá que hablar de la libertad de expresión de los medios de comunicación sea un eufemismo y una abstracción. Muchas veces los mismos medios de comunicación no son el lugar más apropiado si de la libertad de expresión de los periodistas mismos se trata: no es lo mismo un periodista que trabaja por reportajes de forma tercerizada a una vaca sagrada que tiene un programa radial. Los fotógrafos, los columnistas o los corresponsales no son lo mismo que los personajillos que se dedican a la labor locutora o los directores de los noticieros. Todos pueden trabajar en la misma cadena de información pero no todos pueden decir lo que piensan de la misma manera: no todos tienen la misma libertad de expresión.

Sin una reflexión de lo que pasa adentro de los medios y de las condiciones laborales de los periodistas que se entrelazan con jerarquías que construyen la política editorial  y la misma información que se presenta al público, la defensa de la libertad de expresión es insuficiente, nula, vacía.

La ley de comunicaciones en Ecuador intenta devolverle a la información su carácter público. Pero público aquí no significa que ahora todas las cadenas serán expropiadas y administradas por el Estado. Público quiere decir debate entre los ciudadanos y no gestión estatal. Para que la información sea pública es necesaria la pluralidad de los medios de comunicación que la transmiten. La nueva ley estipula una partición en partes muy similares del espectro electromagnético en tres sectores: el sector público, el sector privado y el sector comunitario. Cada uno tiene acceso a la tercera parte del espectro y se contemplan políticas públicas de apoyo a los medios comunitarios en términos logísticos y financieros. Adicionalmente, una persona natural o jurídica no podrá tener más de una frecuencia radial en AM o FM, con el fin de combatir el monopolio de la información. Si bien las medidas tomadas por el gobierno ecuatoriano no son la garantía plena de que la información sea genuinamente pública, pues ello depende del comportamiento de la ciudadanía, sí son al menos el punto de partida.

Es difícil pensar por qué una ley que contempla la diversificación de los medios de información y que regula las condiciones laborales de los periodistas para que los diversos puntos de vista que puedan surgir en el seno de las corporaciones informativas tengan una relativa igualdad de condiciones, sea acusada de ser un gran golpe contra la libertad de expresión. Lo único que se puede decir al respecto es que la ‘libertad de expresión’ que defienden las grandes corporaciones de la comunicación apunta únicamente a salvaguardar su monopolio. Pero la defensa que esgrimen los medios es simplemente inaceptable: la libertad de expresión y el monopolio de la información son como el agua y el aceite.

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