El artificio paramilitar

on Martes, 14 Octubre 2014. Posted in Artículos, Edición 43, Jessica Fajardo Carrillo, Nacional, Paramilitarismo

43 Jessica

Las prácticas paramilitares están al nivel de deseos e intereses propios. Ante nuestras desgracias, no podemos seguir culpando a los grandes universales de religión, patria y familia; el problema paramilitar radica en que miles de colombianos estamos a la merced de un juicio que está a medida del delirio de “unos”, que no perciben el mundo fuera sus deseos de apropiación territorial.

 
Jessica Fajardo
Fuente de la imagen: http://elpueblo.com.co/

Creemos que nos gobiernan una serie de valores que descansan sobre nuestras cabezas, por esta razón cuando enfrentamos las desgracias e infamias, propias de nuestra historia, culpamos a las grandes ideas que rigen nuestra conducta: religión, Estado, familia o mercado; tenemos la certeza que nuestros actos se justifican por estos grandes preceptos que son incomplexos ¿Cómo podemos entender nuestras prácticas sin verlas en sí mismas?

Me atrevo a afirmar que no nos regimos por grandes valores, pues son nuestras experiencias aquellas que nos dan criterios de juicio y de decisión; por ejemplo, vemos que los valores universales del derecho no pueden alcanzar nuestro juicio, pero sí pueden forzar nuestra forma de comportarnos. Y ahora pregunto ¿qué relación tiene esta escueta reflexión ética con la violencia en Colombia? Para ello voy a tomar un caso concreto: el Bloque Libertadores del Sur (BLS) de las autodefensas, y para ser más precisa, trataré el caso de Yolanda Cerón Delgado, quien el 19 de septiembre del 2001 caminaba frente a la iglesia La Merced, en Tumaco (Nariño), momentos antes de ser asesinada por agentes de las autodefensas. Ahora es preciso preguntarse ¿quién era Yolanda? y ¿por qué su muerte causó impacto en las organizaciones sociales del departamento de Nariño?

Yolanda pertenecía a la orden religiosa de la Compañía de María, dirigía la Pastoral Social de la Diócesis de Tumaco, y como mujer fiel a los principios del cristianismo, entregó su vida a la titulación de las tierras para las comunidades afro-descendientes e indígenas; en este caso, vemos que no fueron los valores religiosos los que condenaron a Yolanda, sino unas prácticas que buscaban lo que a su juicio era justo. Yolanda se convirtió en una amenaza para el BLS, quienes (en su momento) emprendieron la apropiación desmedida del territorio de Nariño, empresa encomendada por el desaparecido jefe paramilitar Carlos Castaño. Esta empresa la tomó el entonces comandante del BLS Guillermo Pérez Alzate, alias “Pablo Sevillanos”, y ahora (trece años después) es acusado por ser el autor intelectual de la muerte de Yolanda. Recordemos un poco la historia de Pablo Sevillanos: en el año 2000 crea el bloque en Nariño, no sólo para expandir el poder paramilitar, sino también para preservar el territorio de palmicultores, comerciantes, terratenientes e industriales.

Es simple, las “cosas se cuentan solas”, sin necesidad de nombres, géneros o categorías: la razón de ser del proyecto paramilitar descansa en la apropiación desmedida del territorio conquistado y preservado como propiedad de “unos”. Sin embargo, este principio, fáctico y claro para cualquiera, no es suficiente para sostener una empresa que sólo es posible con la necesidad de miles de almas hambrientas y empobrecidas.

A las prácticas violentas paramilitares se le suman los valores de “Dios” y de la “Patria”, generando cierta empatía con los principios más íntimos de nuestros barrios y hogares. El BLS creó tres frentes y una sub-estructura, que recibió entrenamiento de oficiales retirados de la Policía y del Ejército, y además recibió, de Iván Roberto Duque alias “Ernesto Báez”, formación en “historia de Colombia, Constitución de 1991, historia de grandes guerras y regímenes políticos”. De esta forma se construyen unos preceptos que justifican las acciones violentas de los grupos paramilitares, pero no constituyen los valores propios de sus prácticas. Es la apropiación desmedida del territorio, el principio fáctico de sus acciones violentas, que no puede ser nombrado a la comunidad que los sostiene; jamás podrán declarar este principio real y evidente: “haremos todo lo posible para conservar el territorio y la riqueza de estas honorables personas que valen más que todas las almas que habitan este territorio”. Estas “honorables personas” refieren a ellos mismos y aquellos palmicultores, comerciantes, terratenientes e industriales que necesitaron de acciones violentas para conservar y extender su propiedad. Por esta razón, los principios de “Dios” y “Patria” son declarados como meras nociones para alcanzar nuestro asentimiento y aceptación. Y ahora me pregunto, si vemos las acciones violentas paramilitares en sí mismas ¿tienen relación con los valores religiosos y comunitarios que vivimos en nuestras barrios y hogares? Es preciso volver a la experiencia del BLS y el asesinato de Yolanda.

El valor estratégico del territorio de Tumaco para el tráfico de cocaína se muestra como un hecho evidente que hace de Tumaco un “Botín de Guerra”; por ello para el paramilitarismo es fundamental justificar su presencia y expansión por medio de una fundación, denominada como “Educación para la Democracia, la Paz y la Justicia Social” (EDUPAZ), con el fin de construir lazos con la comunidad político-institucional de Tumaco. Además de esto, dos emisoras de la región difundían himnos de las Autodefensas Unidas de Colombia, música popular y discursos de propaganda y declaraciones antisubversivas. De esta forma, la empresa paramilitar construyó un artificio moral para justificar su presencia y acciones. Y ahora, podemos encontramos ante una fuerte contradicción: si suponemos que los valores más tradicionales y conservadores (como son los de “Dios” y la “Patria”) son los que sostienen las acciones violentas de los paramilitares ¿por qué vieron como una amenaza a una mujer que rige su vida por principios católicos? Muchas veces condenamos las costumbres por tradición, pero en mi caso, fueron los principios católicos vividos con mi madre, los que permitieron que formara el juicio de mis acciones: “habitamos este mundo con miles de personas que viven como tú”, y pues, al venir de una familia extensa, era difícil creer que mis necesidades y deseos eran únicos y exclusivos. Por esta razón, como hija de una mujer tradicional, juzgo las acciones violentas paramilitares; antes de tener cualquier tipo de intelecto, nuestras familias formaron nuestro carácter.

La muerte de Yolanda no es una contradicción; por evidencia observamos lo que oculta el artificio moral del BLS: la apropiación desmedida del territorio. Repito, Yolanda decidió trabajar por la titulación de las tierras para las comunidades afro-descendientes e indígenas, y sus principios religiosos no la salvaron de la furia paramilitar; para las grandes cabezas “Dios” y “Patria” son meras nociones, por eso, su lealtad no está con “Dios”, ni con la “Patria”, ni mucho menos con la comunidad violenta que los sostiene. La lealtad la tienen consigo mismos, y sus actos no están a la medida de los valores que construimos como comunidad. Las prácticas paramilitares están al nivel de deseos e intereses propios. Ante nuestras desgracias, no podemos seguir culpando a los grandes universales de religión, patria y familia; el problema paramilitar radica en que miles de colombianos estamos a la merced de un juicio que está a medida del delirio de “unos”, que no perciben el mundo fuera sus deseos de apropiación territorial.

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Radiografía de los “paras” en Nariño. (Octubre, 2014). El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/radiografia-de-los-paras-narino-articulo-521119

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