El derecho penal de los medios de comunicación

on Miércoles, 22 Febrero 2017. Posted in Artículos, David Torres, Edición 100, Derecho penal, Nacional, Medios de comunicación

100 David

Los medios no pueden erigirse como jueces y la sociedad no debe quedarse quieta mientras nos meten la mano en la boca a contarnos los dientes. Derecho penal no es solo prisión y odio.

 

David Torres
Fuente de la imagen: https://acedicilsa.com/

A propósito de los medios de comunicación, términos como “demanda penal”, “impunidad”, “dejar libre”, entre muchos otros, han venido construyendo un imaginario colectivo en torno a lo que es el derecho penal, específicamente, pena, delito y proceso.

El profesor Manuel Salvador Grosso siempre me ha dicho que el concepto de derecho penal no es tan claro como quieren hacerlo notar, es decir, que es más ambiguo y equívoco de lo que se ve en la televisión, se lee en los periódicos, se escucha en la radio, e incluso de lo que se estudia y oye en las facultades de derecho. Entonces, con ese rasero, es cierto que bien complicado es pedirle a unas personas que no son expertas en el tema jurídico penal que se expresen de manera correcta y más aún que no engañen a la gente con su amarillismo penal.

Cada vez que se lee una noticia, podría afirmar con cierta temeridad, que varios nos remitimos de manera inmediata y casi inconsciente, al capítulo de la Microfisica del Poder de Foucault, “Sobre la justicia popular”, para de alguna manera expiar nuestra culpa de no intervenir activamente en el debate jurídico e informativo. “El derecho penal es una superestructura que introduce contradicciones en el seno del pueblo, no las crea, las refuerza…”, viene a la cabeza cada vez que de manera irresponsable los medios de comunicación salen con sus peroras a pedir la cabeza, como verdugos, de alguna persona que probablemente haya cometido una conducta típica.

Esta herramienta, tan fuerte y tan violenta como es el derecho penal, tan fácil de manipular, muta en lo que yo denomino derecho penal llano, en otras palabras, el populismo del castigo, de la cárcel, de la venganza y la retribución ha coadyuvado de manera muy importante a que el sistema judicial se convierta en un títere para gusto y servicio de periodistas y políticos. Con eso no quiero significar que los jueces no tengan un deber político dentro de una sociedad como la colombiana y, claro, de un estado social de derecho, y el texto del profesor Diego López Medida no me dejará mentir en ese particular.

Por el contrario, la valentía de algunas personas de la rama judicial ha permitido la salvaguarda de derechos, de garantías, ha concedido paz y reconciliación al interior de la sociedad. Es ahí donde cobra relevancia la tarea política de un juez, no en legislar, ni tampoco en acatar los sabios consejos de los medios de comunicación, sino en interpretar de manera sistemática, de acuerdo a las premisas del estado social de derecho, al contexto colombiano y a los tratados internacionales, así como la Constitución Política, las normas, sustanciales y procesales, que garanticen una aplicación justa del derecho, ya no como estamento de control social, sino como utensilio para la reivindicación de derechos y libertades.

Ese rol tan importante esta viendo su declive en la fuerza y el poder de los medios de comunicación, de manera lamentable e irrespetuosa. Sin el mayor cuidado de lo que se dice, a diario juzgan y condenan a cientos de personas, que, aunque no parezca, gozan de presunción de inocencia hasta que un juez de la Republica sentencie lo contrario.

Esta manipulación del discurso del peligrosismo, no solamente se interioriza por quienes decidimos estudiar y criticar el derecho penal, sino que se aprehende por el grueso de la sociedad creando un odio visceral por las instituciones “lentas” y “corruptas” del Estado y, por supuesto, por los delincuentes. Entonces, esa sed de venganza colectiva se transforma en una ordalía donde, de una manera un tanto más demagógica, se consulta a las personas sobre su importante opinión. Es así que ya hay encuestas relativas a los que debiera pasarle a una persona procesada por equis delito, o que indagan cuál debería ser la sanción para tal otro. Esa manipulación no solo le conviene a los medios, los políticos de turno también exclaman con ahínco justicia, sin saber realmente las implicaciones jurídicas y sociales de cada caso en particular.

Los medios de comunicación han creado el programa de derecho más expedito del mundo, sin lugar a dudas. Sus criterios y conceptos erróneos son terriblemente peligrosos y peligrosistas a tal punto de convertir una negativa a la imposición de medida de aseguramiento en establecimiento penitenciario en una muestra de corrupción y de impunidad o de jugar con la presunción de inocencia, arrebatándosela a las personas, antes incluso de la audiencia de imputación. No se trata de que los y las periodistas comunicadoras y comunicadores interpreten la norma, sino de que expongan lo que realmente sucedió de manera neutral.

El derecho, debe ser neutral en pos de lograr un tratamiento equitativo, digno y justo de las personas que intervienen en él. De igual forma, es imperativo que quienes informan y comunican lo hagan de manera responsable y sensata.

Lamentablemente no es tan fácil, la manipulación y el poder que se desprenden de ese manoseo a las mentes de la sociedad por intermedio de la sensación de peligro y sed de venganza, es tan fuerte que elige presidentes, congresistas y de ahí para abajo. No se trata de ocultar o de bienquerer al delito, se trata de una labor pedagógica informativa que tienen que llevar a cabo los medios.

Ese inconsciente ha colaborado en la proliferación de personas que linchan y golpean a supuestos ladrones, de carteles publicando fotos de personas que cometieron delitos contra la administración pública, sexuales, etcétera, olvidando que, si bien son gentes que delinquieron, las consecuencias de esa conducta no solamente son asumidas por ellos. Tienen familias y amigos que de manera accesoria y tal vez subsidiaria se convierten en víctimas del delito, no por los sufrimientos que ocasionó en los bienes jurídicos del sujeto pasivo: son víctimas del proceso y de la pena, no porque estén fuera del derecho, sino por el vínculo natural y entendible que existe entre las personas.

Los medios no pueden erigirse como jueces y la sociedad no debe quedarse quieta mientras nos meten la mano en la boca a contarnos los dientes. Derecho penal no es solo prisión y odio.

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