El futuro de Venezuela

on Miércoles, 06 Marzo 2013. Posted in Artículos, Edición 4, Internacional, Hugo Chávez, Palabras al Margen

4.1 ChavezNo se puede dudar de que Chávez ha sido una figura clave en Venezuela y que, sin él, el proceso revolucionario no habría sido el mismo. Pero de ahí a decir que Chávez se inventó la izquierda en Venezuela, hay demasiada distancia. Chávez tuvo su importancia, su carisma y su personalidad únicamente a la luz de un proceso que lo rebasaba como individuo.
 
Palabras al margen
Fuente: http://adanchavez.psuv.org.ve
El reciente fallecimiento del ahora expresidente de Venezuela Hugo Chávez suscita diversos interrogantes entre algunos sectores de la opinión pública colombiana. Es cierto que este hecho pone interrogantes sobre el futuro político de Venezuela y su incidencia sobre el proceso de paz, pero las incógnitas acerca del devenir venezolano deben ser matizadas y puestas sobre una mirada que, si bien parte de un sesgo político de izquierda, puede dar luces sobre la complejidad del escenario político en Venezuela. Palabras al Margen analiza la situación venezolana.

¿Una izquierda huérfana?

Varios titulares de prensa nacional e internacional hablan de una “nueva era en Venezuela” (El Tiempo)1, mientras que el diario El País de España, por ahora tristemente célebre por la publicación de la falsa foto de Hugo Chávez, habla de “duelo e incertidumbre”2 del futuro político de la revolución bolivariana. Sin tener que citar todos los diarios y noticieros no es difícil darse cuenta de que existe una idea extendida no sólo en los medios de comunicación sino en los sectores de la opinión pública dominante en nuestro país: el proceso político venezolano puede reducirse unilateralmente a la figura de Hugo Chávez.

No se puede dudar de que Chávez ha sido una figura clave en Venezuela y que, sin él, el proceso revolucionario no habría sido el mismo. Pero de ahí a decir que Chávez se inventó la izquierda en Venezuela, hay demasiada distancia. Chávez tuvo su importancia, su carisma y su personalidad únicamente a la luz de un proceso que lo rebasaba como individuo. Sin un descontento concentrado de la población frente a la forma del manejo de las riquezas nacionales y la situación de pobreza generalizada, Chávez habría sido simplemente un loco militar con una frustrada aspiración presidencial.

Chávez supo canalizar el descontento de la población venezolana para promover su figura política. Pero las cosas no quedaron allí simplemente. Las organizaciones que entraron a formar parte del PSUV también ampliaron sus militantes y la creación de los más de dos mil consejos comunales han ayudado a que muchas personas hagan parte de un proceso de cambio social que va más allá de la figura personal de Chávez. Estamos hablando de alrededor de 8 millones de personas (7.2 millones en el 2009 y 675 mil nuevos inscritos hasta el 2012)3 que están inscritas en el PSUV, donde alrededor del 45% tiene menos de 30 años en la actualidad. Sin duda entre 8 millones de personas hay heterogeneidad de intereses y no pocos conflictos, pero estar organizados alrededor de los problemas del barrio, de expresiones artísticas y contraculturales o de experiencias comunitarias de la vida cotidiana, hace que las personas militantes participen en el proceso de cambio político a través del enfrentamiento con sus propios problemas y vivencias y no a partir de la mirada pasiva al carisma de un líder y su personalidad abrumadora.  

El descontento de la población venezolana no se canalizó únicamente hacia la figura de Chávez y la consolidación de su popularidad entre las masas, sino también a la generación de un proceso de organización política de distintos actores sociales. Lo primero no podría darse con tanta fuerza sin lo segundo. De acá que hablar de una izquierda huérfana o del fin del proceso político revolucionario en Venezuela sea en el mejor de los casos una expresión de que se está pensando con el deseo.

El panorama electoral    

Las próximas elecciones en Venezuela hacen que la incertidumbre vuelva a tocar la puerta del espectro mediático. Debemos reconocer que la situación jurídica y constitucional no es del todo clara frente al procedimiento a tomar. En efecto, tras la sentencia de interpretación de la Constitución que emitió el Tribunal Supremo de Justicia el 9 de enero de este año, no se sabe muy bien hasta qué punto Chávez era un presidente electo con una continuidad administrativa de su mandado al haber sido reelecto o si es ya un presidente en ejercicio que podía postergar el acto de posición al ser este un simple formalismo.

La diferencia entre ambas cosas es clave pues la norma que se aplica de la Constitución cambia totalmente si se trata de un caso o del otro. En su sentencia, el Tribunal Supremo de Justicia venezolano apelaba a un “principio de continuidad administrativa”. El argumento era que no parecía ser tan claro que pudiese declararse una falta temporal o absoluta del presidente pues contaba con permiso de la Asamblea Nacional para ausentarse del país durante 30 días por motivos de salud. De acá que una citación a nuevos comicios no era justificada. Esto llevaba al Tribunal a oponer dos principios constitucionales que estaban en conflicto en la situación de ese entonces: uno era el principio de la soberanía popular en donde el pueblo elige al presidente por medio de votación directa y secreta y el otro es el principio de la formalidad del inicio del periodo presidencial. La conclusión era que el primer principio le da sentido al segundo por lo que la juramentación de Chávez podría esperar. Así, la continuidad administrativa del mandato de Chávez era derivada del principio de la soberanía popular y no podía sacrificarse el espíritu de la Constitución únicamente por un formalismo.

Aunque era totalmente claro que el principio de soberanía popular está por encima de un formalismo y que eso significaba en la práctica que todo el gabinete ministerial de Chávez seguía en el ejercicio de sus funciones, no se aclaró muy bien cuál era la condición jurídica de esa continuidad. Si Chávez era un presidente electo la presidencia del país debe asumirla Diosdado Cabello, pero si era un presidente en ejercicio, la presidencia debe ser de Maduro al ser el vicepresidente ejecutivo. El limbo jurídico que hay en esta situación ha llevado a que dentro de sectores del oficialismo haya declaraciones que toman una u otra interpretación. Pero esto no quiere decir que haya un desmoronamiento interno y una pugna incesante entre el sector civil y el militar como ha querido mostrarse. Más allá de la poca claridad jurídica que hay frente a la situación, Maduro será el candidato del PSUV para las próximas elecciones.

La otra cara de la moneda del panorama electoral, es la contienda con la derecha. La derecha no tiene una ruta política clara después de la muerte de Chávez. Capriles Radonski volvió a la gobernación de Miranda, en un triunfo no muy holgado frente al hoy canciller Elías Jaua, con la probable intención de prepararse frente a una contienda presidencial en el 2018. Ser gobernador le da un lugar importante en la opinión pública y en los medios de comunicación desde el cual puede proyectar su imagen. Para ser candidato presidencial debe renunciar a la gobernación y las probabilidades de que gane los comicios frente a Maduro no son muy altas en realidad, pues Maduro cuenta por lo menos con la mayoría de los votos de los militantes del PSUV que suman más de 7 millones y con una base de campaña electoral que a raíz de la muerte de Chávez apretará sus filas. Los dos interrogantes que quedan abiertos es la distancia porcentual de la victoria de Maduro y si Capriles Radonski tomará el riesgo de abandonar su gobernación para prácticamente enterrar su carrera política.     

Reinventarse

Cuando los analistas se refieren al chavismo hablan de dos sectores que están en pugna: un sector “civil”, liderado por Maduro y uno “militar”, liderado por Cabello. Esa mirada es superficial. Si hablamos de sectores del proceso político venezolano, habría más que uno civil y otro militar pues la multiplicidad de procesos y actores sociales que participan dentro de las filas del PSUV es bastante amplia: hay desde jóvenes interesados en el graffiti y el hip hop como formas de expresión cultural e inclusión política, hasta sindicalistas y militares que construyen patria de la mano de Bolívar. Y estos sectores no confluyen en Chávez, sino que confluyen en la necesidad de dar permanencia al modelo que, no exento de problemas, les ha dado la posibilidad de decidir sobre sus propias vidas.

Esto supone conflictos y pugnas dentro del proceso revolucionario. Todo proceso político tiene conflictos y no es un constructo coherente pues está hecho con los asuntos humanos que son singulares y cambiantes. Pero los conflictos no pueden reducirse a intereses de poder entre un ala civil y otra militar como lo proponen las matrices de opinión mediática. Si lo ponemos en esos términos, no es tan claro cómo el ascenso de Maduro al poder significa una pérdida de poder para los militares, pues el lugar que ellos tienen en las dinámicas políticas de Venezuela no depende de la decisión de un individuo, incluso si éste es el propio presidente.

El conflicto que hay no es entre dos sectores sino entre dos orientaciones y formas de entender lo que la propia revolución significa que están en el seno del propio devenir político en Venezuela. Se trata de un fenómeno que es bastante repetido en América Latina: la conjunción entre socialismo y nacionalismo. Ello no debe condenarse en nombre de un purismo de las ideas, pues toda idea tiene sentido únicamente en un proceso histórico. Pero de todas formas hay una diferencia entre combatir al capital y combatir al enemigo extranjero que vulnera la soberanía de la Patria Grande. Indudablemente, el primero toma la forma del segundo cuando existen las multinacionales, pero las aspiraciones políticas del nacionalismo y del socialismo son diferentes y ello debe tenerse en cuenta.

La diferencia de aspiraciones no implica, sin embargo, el anuncio de una debacle histórica o de un irremediable estallido de la revolución bolivariana. La diferencia implica limitaciones del proceso, pero al mismo tiempo, la apertura a una posibilidad de que sea reinventado: es en el juego entre los procesos históricos, las ideas y la participación de las personas en las decisiones sobre sus propios problemas y su propia vida, donde las revoluciones son precisamente eso: formas en donde se reinventa la vida humana.  

***

1http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/muerte-hugo-chavez-fin-de-una-era_12645382-4
2http://internacional.elpais.com/internacional/2012/12/31/actualidad/1356959661_172483.html
3http://www.psuv.org.ve/temas/noticias/PSUV-sobrepaso-los-7-millones-de-inscritos-en-sus-filas/

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