El «perroculismo» y los crímenes del Estado

on Jueves, 28 Febrero 2013. Posted in Artículos, Edición 4, Nacional, Crímenes de Estado , Rafael Nieto Loaiza, Palacio de Justicia, Edwin Cruz

4 EdwinEl «perroculismo», en últimas, es un ethos. Si hubiese que sintetizarlo en una máxima, una suerte de «imperativo categórico» para sobrevivir, o incluso, «triunfar», en la institución marcial, sería la siguiente: puedes hacer lo que desees, incluso aunque sea ilegal, ilegítimo o inmoral, siempre y cuando no dejes que te descubran.
 
Edwin Cruz Rodríguez
Fuente: http://www.elespectador.com
En días pasados, varios sectores cuestionaron la argumentación del defensor del Estado colombiano frente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Rafael Nieto Loaiza, en el caso por desapariciones forzadas durante la «retoma» del Palacio de Justicia por parte de las Fuerzas Armadas, el 6 y 7 de noviembre de 1985. El abogado sustentó la tesis de que no hubo desapariciones, desconociendo que desde 1993 y 1994 el Tribunal Administrativo de Cundinamarca y el Consejo de Estado admitieron la existencia de tales crímenes1.

Según sus críticos, Nieto estaría defendiendo a los militares procesados y judicializados, más que a la nación. Entre esos críticos se encuentra el también abogado Jorge Enrique Ibáñez, quien no aceptó la defensa del Estado ante la misma Corte argumentando amenazas, debido a que sus argumentos se sustentaban, en parte, en admitir la responsabilidad estatal2.

¿Hasta qué punto este tipo de conductas podrían ser interpretadas como manifestaciones de la lógica del «perroculismo»?

«Perroculo» es un adjetivo muy empleado en el estamento castrense para designar lo que en el argot popular de los civiles se podría traducir como “el avión” o “el abeja”. Es aquel que, pese a incumplir las órdenes o cumplirlas a regañadientes, o a pesar de que rompe con las reglas y los principios, siempre termina saliéndose con la suya. Es quien pone su inteligencia y sus destrezas al servicio de intereses personales antes que del bien colectivo, sin importar las consecuencias. Es el soldado que se las arregla para recibir doble ración o evadirse del servicio sin ser pillado, pero también aquellos que asesinaron civiles y los hicieron pasar por subversivos pensando quizás en conseguir una felicitación en su hoja de vida o, peor aún, algunos días de descanso3.

El «perroculismo», en últimas, es un ethos. Si hubiese que sintetizarlo en una máxima, una suerte de «imperativo categórico» para sobrevivir, o incluso, «triunfar», en la institución marcial, sería la siguiente: puedes hacer lo que desees, incluso aunque sea ilegal, ilegítimo o inmoral, siempre y cuando no dejes que te descubran.

Ese ethos tiene implicaciones negativas para la sociedad no menos que para el estamento castrense. Desde la mentalidad del «perroculo», para poner un ejemplo a manera de experimento mental, no se juzgarían crímenes como los «falsos positivos» porque sean inadmisibles de acuerdo a los valores y principios que deben primar en un Estado de derecho, sino por la torpeza con que actuaron quienes incurrieron en tales conductas y permitieron que salieran a la luz pública.

Pero tal vez sus consecuencias más perversas operan en relación con el honor militar4. Desde esa perspectiva, el honor deja de adoptar significado como fiel cumplimiento del deber -“Deber antes que vida” reza el lema de la Artillería en la memoria del prócer Antonio Ricaurte, quien se inmoló en San Mateo para evitar que la tropa realista se apoderara de un arsenal- y adopta un significado muy particular: se tiene honor por el simple hecho de ser parte de la institución, sin importar si se obedece a los principios y valores que justifican la existencia de tal institución. El honor se convierte así en una solidaridad de cuerpo sin fundamento y en una excusa para pasar por encima de la ley. Esto es lo único que puede explicar que se invoque el honor justo para defender conductas que lo agravian por completo, como los crímenes contra indefensos civiles.

Sería, no obstante, un abuso y una injusticia afirmar que todos los integrantes de las Fuerzas Armadas siguen ese ethos. Es obvio que a su interior existen seres humanos para quienes lemas como “Patria, honor y lealtad”, el mismo “Deber antes que vida” o “Lealtad, valor y sacrificio”, adquieren sentido sólo en función de los principios y valores colectivos de la nación colombiana. No es lógico que estas personas –particularmente los oficiales, quienes tienen la oportunidad de escoger- decidan tener una vida llena de sacrificios, privaciones y peligros, como sabemos que es la vida militar en nuestro país, esperando a cambio la satisfacción de intereses personales y mezquinos, en lugar del honor y la gloria. Para estas personas, con seguridad, el honor no está relacionado simplemente con la pertenencia a la institución, sino sobre todo con el seguimiento de un canon ético subordinado a las normas consagradas en la Constitución y con la puesta de su vida al servicio de sus compatriotas.

Sin embargo, desafortunadamente es cierto que el «perroculismo» está muy presente y parece ser una lógica predominante. Casos como el del ex general Santoyo de la Policía, sólo pueden explicarse por dicha lógica5. Empero, algo acaso más preocupante que evidencia la polémica de los últimos días, es que ese ethos no sólo está presente entre ciertos miembros de las Fuerzas Armadas, sino que ha permeado extensos sectores de la sociedad. Por ejemplo, para muchos los argumentos de la defensa del Estado colombiano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos eran inadmisibles y debían ser cuestionados por su ineficacia, que eventualmente tendrá por consecuencia un fallo adverso que dejaría muy mal la imagen internacional del país, antes que por el hecho de que tales argumentos fueran injustos y pudiesen profundizar la injusticia.

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1Ver: “Palacio de Justicia: una defensa que olvida la historia”. http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-405851-palacio-de-justicia-una-defensa-olvida-historia
2Ver: “Militares me objetaron porque yo quería que la Nación aceptara responsabilidades”. http://static.elespectador.co/noticias/judicial/articulo-406076-militares-me-objetaron-porque-yo-queria-nacion-aceptara-responsa “Defensor de familiares de los desaparecidos denunció seguimientos” http://static.elespectador.co/noticias/judicial/articulo-406076-militares-me-objetaron-porque-yo-queria-nacion-aceptara-responsa y
http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-406365-defensor-de-familiares-de-los-desaparecidos-denuncio-seguimiento
3Ver: “Nos daban cinco días de descanso por cada muerto”. http://www.semana.com/nacion/articulo/nos-daban-cinco-dias-descanso-cada-muerto/90680-3
4Una perspectiva interesante sobre el honor, con todos los sesgos del civil, como él mismo lo reconoce, en Francisco Gutiérrez “En busca de una definición”. http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-325790-busca-de-una-definicion
5Hace unos meses, la Senadora Alexandra Moreno Piraquive cuestionó el hecho de que el Congreso no ejerciera mayor control sobre los ascensos militares. Ver: “El Congreso le tiene miedo a los militares. Senadora Moreno Piraquive”. Ver: http://www.kienyke.com/historias/el-congreso-le-tiene-miedo-a-los-militares-senadora-moreno-piraquive/

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