El Primero de Mayo y el trabajo invisible

on Domingo, 30 Abril 2017. Posted in Clase obrera, Artículos, Edición 104, Juliana Robles, Nacional, Trabajo y mujeres

104 Juliana

La lucha por el trabajo digno, razón por la que salimos el primero de mayo, no solo es la lucha por la idea abstracta de un único tipo de trabajador hallado en los “espacios convencionales” del trabajo. Es la lucha por unas condiciones de trabajo dignas para las mujeres en su vida cotidiana. Un reconocimiento de los cuerpos dobles que nos rodean y trabajan por nosotros.

 

Juliana Robles

Fuente de la imagen: http://espapeliculas.com/

El primero de mayo es y ha sido históricamente uno de los espacios de reivindicación y lucha de diversos movimientos de trabajadores. Las distintas movilizaciones conjugan multiplicidad de sectores unidos en el clamor por la reivindicación del trabajo digno y justo. Con ello, se trata de un espacio de resistencia y encuentro histórico de las izquierdas en el mundo y de las clases trabajadoras en sus variadas manifestaciones. A propósito de este día y de las movilizaciones, propongo un tema fundamental que no deja de ser pertinente para la fecha: el trabajo femenino y las mujeres trabajadoras.

Hoy sigue siendo absolutamente necesario reflexionar sobre las condiciones laborales de las mujeres: la precarización y la informalidad que afecta de manera más fuerte a los cuerpos femeninos, la desvalorización del trabajo doméstico, sexual, de reproducción y de cuidado que está imbricado en sistemas de explotación capitalista, racista y patriarcal. Es necesario en cada paso que damos, en cada palabra que escribimos y en cada lucha que construimos, ser reflexivas respecto de la red intrincada y el tejido complejo de trabajos invisibles que desconocen una dimensión colectiva del trabajo, como si fuéramos un solo cuerpo individual.

Por esto, el primero de mayo me da para pensar en mi propia vida y las vidas que están atadas a las mías, las vidas que me han permitido luchar, pensar y vivir. Es siempre hora de movilizarnos, no solo en las calles sino en la casa, en los espacios más “íntimos”.

El trabajo invisible

Como dice la feminista marxista italiana Silvia Federici: “sabemos que la jornada laboral que efectuamos para el capital no se traduce necesariamente en un cheque, que no empieza y termina en la puerta de la fábrica” (55). Esto quiere decir que buena parte del trabajo femenino (por lo general trabajo de cuidado, doméstico y sexual) no necesariamente es remunerado con dinero y no es valorado como trabajo. Sin embargo, representa una carga física y emocional que ocupa una enorme cantidad de horas extras y casi siempre se realiza en espacios catalogados como “privados” e “íntimos”. Además, la mayoría de las mujeres cumplen con trabajos por fuera del espacio familiar, trabajos formales o informales, para luego llegar a su propia casa a seguir trabajando. Se trata de una jornada doble y a veces triple. Este trabajo invisible, sin embargo, funciona como uno de los pilares de las vidas que sirven como fuerza laboral: sin alguien que cocine no hay comida, sin lavar la ropa, no hay uniforme.

Por lo general, hay una ausencia generalizada de estadísticas y políticas laborales que den cuenta de formas laborales que incluyan el cuidado, el trabajo doméstico o la reproducción. Dicho de otro modo, la invisibilización no solo ocurre en el espacio de lo íntimo, sino de manera institucional y sistemática. Hasta muy recientemente la discusión acerca del trabajo doméstico y su remuneración se puso en los debates en el Congreso; lo mismo podemos decir respecto al trabajo sexual. Tanto la cocina como el sexo no son pensados como trabajos porque se consideran actividades orgánicas y necesarias para la subsistencia, no una forma de intercambiar bienes en el mercado. Esta consideración de actividades como no-trabajo, implica el mantenimiento de horarios de explotación que recaen sobre los cuerpos femeninos. Incluso, su condición de no-trabajo hace que los bienes de cuidado deban ser invisibles y que se borren constantemente las huellas de trabajo. Entre menos actividad se vea, mejor está hecho el trabajo: la cocina debe verse impecable, sin rastros de huellas. La maternidad debe ser natural y alegre; si implica sufrimiento y dolor, es mala maternidad.

Los cuerpos dobles

Aparece entonces la pregunta de por qué hay unos cuerpos dedicados al trabajo del cuidado, de las manos, de la reproducción, mientras que otros cuerpos tienen un espacio asegurado en “la vida pública”. Se trata, como afirmó Hourya Bentouhami en su conferencia en la Universidad Nacional (2017), de la existencia de unos cuerpos en función de otros, unos cuerpos que viven por otros. La relación política entre cuerpos masculinos y cuerpos femeninos o cuerpos blancos y cuerpos racializados se expresa como una relación de cuerpos suturados, de cuerpos dobles. Para que exista un cuerpo cómodo y con posibilidades económicas, a su alrededor hay otros cuerpos que hacen “el trabajo sucio”. Por ejemplo, las mujeres blancas que cargan con el trabajo de reproducción de su familia, desdoblan este trabajo sobre mujeres subalternas que hacen el trabajo de cuidado de los bebés (empleadas muchas veces racializadas), mientras las mujeres blancas pueden salir al mercado laboral tradicional. La división sexual y racial del trabajo no es una consecuencia inevitable. Se trata de condiciones asimétricas y orientadas que mantienen el privilegio de algunos y algunas. La presencia de cuerpos-dobles nos recuerda que no somos únicos, autónomos y auto-suficientes.

Qué pasa en Colombia

Ahora bien, esta situación que he descrito tiene un correlato en las condiciones demográficas del país. Un recordatorio material de que el tiempo de trabajo de las mujeres es menos valorado y reconocido es la Encuesta Nacional del uso del tiempo del Dane en 2013, la cual revela algunos datos dicientes acerca de las condiciones de reconocimiento y remuneración de los trabajos femeninos. La encuesta separa “Trabajo comprendido en el sistema de cuentas nacionales”, es decir, aquellos trabajos que dan lugar a intercambios en el mercado, y “Trabajo no comprendido en el sistema de cuentas nacionales”, es decir, el trabajo que no tiene lugar dentro de la producción económica del país (trabajo doméstico, de cuidado y voluntario).

En síntesis, la división por sexo revela que 9 de cada 10 mujeres realizan actividades de trabajo no comprendido en el sistema de cuentas nacionales y dedican 7 horas y 23 minutos en promedio. Por otro lado, las mismas actividades son realizadas por 6 de cada 10 hombres, dedicando 3 horas y 10 minutos. Es decir, la población femenina representa el 50,62% del total en el país, la fuerza de trabajo más amplia y menos reconocida. Esto sin contar el rol usual de trabajo emocional, que son las manos femeninas sobre sus hijas, novios, esposos y padres.

La lucha por el trabajo digno, razón por la que salimos el primero de mayo, no solo es la lucha por la idea abstracta de un único tipo de trabajador hallado en los “espacios convencionales” del trabajo. Es la lucha por unas condiciones de trabajo dignas para las mujeres en su vida cotidiana. Un reconocimiento de los cuerpos dobles que nos rodean y trabajan por nosotros. Es también la lucha por la subversión de una división sexual del trabajo que explota a unos cuerpos sobre otros. Esto pasa por luchar en el espacio de lo cotidiano, mantenerse con el problema y no estar conformes con la invisibilidad de las cosas que damos por sentado.

Para concluir, los y las invito a marchar este Primero de Mayo pensando en los trabajos invisibles que nos permiten asistir: quién preparó la comida, quién lavó y quién secó la ropa de los que están ahí presentes.

Referencias

Bentouhami, Hourya. 2017. "El Cuerpo Doble De Las Mujeres Del Sur Global". Lecture, Universidad Nacional de Colombia.

Federici, Silvia. 2013. Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Madrid: Traficantes de sueños.

Resultados Encuesta Nacional Del Uso De Tiempo. 2013. Bogotá. https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ENUT/pres_ENUT_2012_2013.pdf.

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