¿El punk ha muerto?

on Miércoles, 29 Mayo 2013. Posted in Artículos, Punk, Expresiones contraculturales, Edición 10, Nacional, Susana Ballesteros

10 Susana¿Cómo es que seguimos hablando de este muertito con tanta tranquilidad? ¿Cómo podemos decir que en los dos miles también han surgido bandas, arte, ideas, movimientos políticos, experiencias psicodélicas, literatura, experiencias económicas y un sinfín de manifestaciones punk? ¿Cómo decir que una diseñadora de modas no puede exterminar algo que sigue vigente y lo estará mientras tengamos algo a lo que decir no?
 
Susana Ballesteros
 
En los últimos días he leído y recibido múltiples mensajes de preocupación por lo consignado en el artículo de la revista Arcadia “Contra el regreso del punk”. En este artículo –palabras más palabras menos– se afirma que el punk ha muerto, pero que hace una semana resucitó como una superficial manifestación de sí mismo.

Sin embargo, la autora parece dudar en varias ocasiones sobre la vitalidad del “género”; en algunos pasajes creemos que gracias a las estrellas de Hollywood –que lucen con gracia mallas y accesorios de taches– estamos ante un resurgimiento del punk; en otros, nos insinúa que murió en los noventas debido a la falta de nuevas bandas y, por último, tenemos la afirmación de que una diseñadora de moda acaba de darle la estocada final, es decir, que aún quedaba algo de él hasta que –la semana pasada– la mujer le aplicó una tardía eutanasia. Y si a esto sumamos la desilusión de miles de punkeros y de hardcoreros bogotanos por la exclusión que sufrieron de Rock al Parque 2013 (ya que bajo criterios meramente musicales no tenían muchas posibilidades) estamos ante una verdadera encrucijada: ¿existimos o no? Esa es la cuestión.

Sin embargo, queridos lectores, quisiera no solo hacer un llamado a la calma sino también intentar una disección –a lo CSI– para ver qué hay detrás de este cuerpo sin vida. La fluctuación del artículo en cuestión sobre la muerte del punk se debe a que la autora no puede decidirse sobre qué fue el moribundo: un estilo de ropa, un género musical, un movimiento contracultural o político o social, etcétera. Y eso, amigos, es un problema típico de quien busca entender un fenómeno humano desde la Objetividad. No es gratuito que en una de sus publicaciones sobre los orígenes del hardcore y el punk político en Bogotá, el Colectivo Contracultura comenzara de la siguiente forma: “Poco se logra con abordar el hardcore desde la mirada del experto. Tomar distancia, objetivar el tema y tratar de encajarlo en las numerosas categorías sociológicas disponibles, puede resultar una pérdida de tiempo”. Con un evidente ánimo hermenéutico, Contracultura propuso una historia del punk escrita por quienes la habitaban. Una historia viva y no muerta, como este esqueleto que los científicos sociales trastean de un lado a otro.

Tal vez, si retomamos la idea de Contracultura, no todo esté perdido. Hoy, quisiera proponerles una analogía alternativa para enfrentar el dilema existencial de no saber en qué categoría ontológica ubicarnos. Para esto comencemos por el principio, antes de los múltiples documentales que sitúan el nacimiento del punk en Estados Unidos, por estas tierras solíamos pensar que el llanto del recién nacido fue el boom mediático de los Sex Pistols en Inglaterra (de la gestación teníamos pocas certezas). Pero también supimos de una muy buena fuente –la banda anarcopunk Crass– que el bebé murió en cuanto vio la luz. Una vez el punk estuvo bajo los reflectores de los mass media y, en general, entró al mundo del mainstream acabó con eso que le daba vida: la oposición a todo lo establecido.

Entonces, ¿cómo es que seguimos hablando de este muertito con tanta tranquilidad? ¿Cómo podemos decir –en contra de la autora de Arcadia– que en los dos miles también han surgido bandas, arte, ideas, movimientos políticos, experiencias psicodélicas, literatura, experiencias económicas y un sinfín de manifestaciones punk? ¿Cómo decir que una diseñadora de modas no puede exterminar algo que sigue vigente y lo estará mientras tengamos algo a lo que decir no?

Aquí, compañeros míos, está mi interpretación: el punk es y seguirá siendo un buen zombi. En 1968, George Romero popularizó la imagen del muerto viviente, zombi proveniente de las culturas africanas y su práctica mágica del vudú. Con la aparición de La noche de los muertos vivientes comenzamos a hacer nuestra la idea un cuerpo que camina llevado por el deseo de devorar sin importar lo que se cruce en su camino. Este zombi ha cambiado desde esa película tanto como nosotros mismos y nuestras sociedades, pero sigue ahí, vigente, y hasta ahora parece que nada lo detendrá.

Alegrémonos entonces y sigamos disfrutando de las múltiples manifestaciones de ese ser ontológicamente ambiguo que continua devorando, destruyendo y molestando a los asustadizos seres hechos de alma, cuerpo y religión que Descartes nos legó.

Adenda. También los conmino a no preocuparse porque Rock al Parque no les abra sus puertas este año. Este festival es parte de la cultura oficial e institucionalizada. Si sus puertas se cierran, tengan por seguro que se reabrirán las criptas en las que nuestro zombi se ha mantenido por años, lejos de la luz de los reflectores y los mass media.

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