El retroceso de la democracia en Brasil*

on Miércoles, 14 Junio 2017. Posted in Artículos, Edición 107, Dilma Rousseff, Brasil, Sarah Mailleux Sant’Ana, Internacional, Democracia, Medios de comunicación

107 Sarah

Los grupos dominantes quieren evitar las Directas Já porque estas representan no solamente la elección de un nuevo presidente, sino también una amenaza para la agenda reaccionaria establecida por la derecha en este último año de gobierno. El pánico está ligado igualmente a una tercera elección de Lula, razón por la cual hay un esfuerzo concertado desde hace más de un año por condenarlo e impedir que se vuelva a presentar a las elecciones.

 

Sarah Mailleux Sant'Ana

Fuente de la imagen: http://www.revistasur.cl/

El golpe de Estado de 2016, que separó del poder a Dilma Rousseff, elegida democráticamente como presidenta de Brasil, demostró que las clases dominantes brasileras respetan el proceso de la democracia electoral solo cuando este les conviene. Las concesiones y concertaciones con la izquierda aseguraron su respaldo durante casi una década, pero cuando sus privilegios comenzaron a ser amenazados la situación se volvió insoportable. Luego de que todos los esfuerzos de la derecha por impedir la elección de la presidente Dilma Rousseff no dieran resultado, estos se concentraron en su desestabilización, en los impedimentos para que gobernara y, finalmente, en la remoción de su cargo para instaurar un gobierno de derecha. Esta situación puso al país y la gobernabilidad bajo la tutela de los más ricos, estableciendo una barrera entre la responsabilidad de los gobernantes y el interés de la mayoría, conduciendo al país a una crisis institucional gravísima, al final del Estado de derecho brasilero (que es un Estado naciente desde la constitución de 1988) y a la destrucción del proceso democrático.

El balance del primer año del Gobierno Temer es catastrófico, un verdadero camino de retrocesos antidemocráticos y de retroceso en la garantía de derechos, lo que amenaza a la mayoría de la población brasilera. El sector de la educación fue atacado con una reforma de la educación secundaria que elimina toda posibilidad de pensamiento crítico y de una educación de calidad y con la disminución de la inversión para la educación superior y la investigación; el Sistema Único de Salud (SUS) está siendo desmantelado luego de varios años de mejoras en el acceso y del servicio al público (aunque faltaba mucho por hacer); la reforma del sistema de pensiones penaliza a casi todo el mundo, y en particular a las mujeres en su doble jornada de trabajo, disminuye los beneficios al grueso de la población y aumenta el tiempo de cotización, a tal punto que la edad de la pensión es casi la misma que la de la esperanza de vida. Pero, sin duda alguna, la peor reforma fue la abolición de la pensión complementaria de los trabajadores rurales. Este régimen era uno de los avances más importantes de los derechos sociales en la historia del país y había sacado millones de personas de la pobreza.

La reforma laboral ha igualmente diezmado los derechos de los trabajadores en beneficio del gran capital y ha repudiado años de lucha y de concertación por una vida más digna de la clase trabajadora. La reforma para los trabajadores rurales es una de las más escandalosas de nuestra historia, un regreso al siglo XIX. El primer borrador contenía propuestas que se asemejaban a condiciones de la esclavitud moderna y que fueron retiradas del documento final. Sin embargo, no es banal que cosas de este tipo hayan sido presentadas de una manera seria y oficial. No es casualidad si el Ministerio de Agricultura fue atacado en Brasilia, durante una manifestación.

El monopolio del Estado sobre el petróleo se resquebrajó. La violencia policial aumenta en niveles impresionantes, asistiendo a una violencia institucional raramente presente luego de la dictadura (1964-1984). La expropiación de tierras a los pueblos indígenas (para atribuirlas a los grandes propietarios de tierras) y la brutalidad hacia estos pueblos representa violaciones inconcebibles de los Derechos Humanos. Existen testimonios y videos que circulan en las redes sociales, que muestran la intensidad de la violencia que ha llegado a afectar a niños de corta edad indígenas del Mato Grosso, quienes han sido heridos con balas de caucho mientras que varias personas han sido asesinadas por la Policía Militar. El pasado 24 de mayo tuvo lugar una matanza en manos de la Policía Militar del Pará, que dejó 10 trabajadores muertos. Eso sin mencionar el debilitamiento de los derechos y de la seguridad de la comunidad LGBT.

No se puede dejar de mencionar el papel de los medios tanto en el proceso de golpe de Estado como en la normalización del estado de excepción y en la destrucción de la democracia brasilera. Los medios en Brasil funcionan como el 4º poder. Como Luis Felipe Miguel lo señala, hay que recordar que los dueños de los medios hacen parte de las élites económicas y viven una estrecha relación con el poder político. ¿Quién puede olvidar que, durante muchos años la cadena más importante del país, la Rede Globo, saboteó a Lula? Uno de los casos más sonados de este abuso de poder tuvo lugar durante las elecciones presidenciales de 1989, cuando la Rede Globo (la única cadena televisiva que llegaba a todos los hogares brasileros) transmitió en el noticiero del medio día y de la noche, y a la víspera de las elecciones, una versión editada del último debate presidencial que privilegiaba al candidato Collor. Hubo una especie de tregua cuando los medios se dieron cuenta que Lula sería elegido en el 2002 y nuevamente en el 2007, pero este periodo de calma no duro. Es indiscutible el papel activo de los medios de comunicación que sirven a las élites internas y externas, unidas por la acumulación de riquezas y por la protección de derechos para una pequeña minoría. Pero este rol político y de manipulación no puede funcionar si estos no son reconocidos en tanto que actores sociales con intereses privados a defender. Como muchos analistas lo han mostrado, el reciente golpe de Estado que tumbó el gobierno de Dilma Rousseff, fue posible por la articulación entre la élite económica, el poder judicial, y los medios.

El resentimiento de la clase media y de las élites contra las políticas de ayuda a los más pobres fue bien explotado por los medios de comunicación, quienes utilizaron esta rabia durante las manifestaciones para dar una supuesta “base popular” al golpe de Estado. Fueron los medios los que le dieron una cierta “dignidad” al odio de clase. La molestia que despierta la mejora de las condiciones de vida y de la obtención de derechos para los ciudadanos más pobres y para las minorías no podía ser presentable en un país tan cristiano. Sin embargo, el resentimiento al tener que compartir un poco la capacidad adquisitiva, o de ver los pobres viajar (y tomar el avión), o ir a los grandes centros comerciales, o peor aún, el miedo irracional de la competencia por los salarios y privilegios que surge una vez que las cuotas de acceso a la universidad pública permitieron que la mitad de estudiantes vinieran de escuelas públicas, existe. Esta consternación, no muy cristiana, tomó otro color. Y fueron igualmente los medios de comunicación que comenzaron a presentar las clases medias como una clase trabajadora explotada, las verdaderas víctimas del país. Después, esto se fue transformado en una especie de indignación moral y de lucha anticorrupción.

Pero, una vez que el Partido de los Trabajadores (PT) no estuvo más en el poder, las manifestaciones anti corrupción cesaron, y esto a pesar del hecho de que desde la primera semana con Temer en el poder era claro que el nuevo gobierno era uno de los más corruptos de la historia del país. Las editoriales y los grandes discursos contra la corrupción fueron abandonados con la llegada de la derecha al gobierno. La clase media fue utilizada y ahora ella paga caro el precio de todas las reformas. Esto demuestra igualmente la poca capacidad crítica de una parte de estas clases que no entendieron que lo que el PT hizo fueron reformas superficiales (no hubo transformaciones estructurales) y que trabajó, sobre todo, por crear condiciones para mejorar la vida de los más pobres, por un aumento de la solidaridad social y por garantizar una mayor seguridad para el conjunto de la sociedad.

La ausencia de una reflexión crítica sobre el papel de los medios de comunicación, escritos y audiovisuales, facilita la creación de un relato falaz que se presenta como la realidad, y que permite transformar personalidades del sistema judicial que no son imparciales en héroes nacionales (en lugar de denunciar sus sesgos, la falta de profesionalismo y de ética). Hasta hace unos días los medios no hacían referencia a las manifestaciones que tuvieron lugar en todo el país, huelgas de estudiantes, huelgas del servicio público, etc. Tampoco reportaron la brutalidad de la policía y del ejército en contra de militantes y grupos de resistencia, ni las violencias en contra de los trabajadores rurales, pueblos indígenas y la comunidad LGBT, ni de otras formas de abuso de poder. Ellos transformaron a los militantes que defendían la democracia y los derechos humanos en delincuentes, anti patriotas o pro-corrupción y continúan criminalizando a la izquierda, sin ninguna excepción. Es el caso de una manifestación pacífica en Brasilia que fue reprimida con violencia y brutalidad y que termino con la intervención del ejército. Los medios prefirieron presentar los hechos como el fruto de manifestaciones violentas (y no de los abusos de la policía en contra del derecho a la manifestación), concentrándose en los estragos ocasionados a los edificios en lugar de concentrarse sobre las víctimas de la policía y del ejército. A pesar de los esfuerzos mediáticos por normalizar el retroceso de los derechos y de invisibilizar o banalizar una buena parte de los problemas de corrupción del nuevo gobierno, el descontento de la población con respecto a las reformas es palpable.

Luego de una serie de escándalos de corrupción ligados al presidente Temer, hasta los medios se han visto obligados a cambiar de relato y comienzan finalmente a hablar de algunas movilizaciones y manifestaciones. Ya no se puede defender la permanencia de Temer en el gobierno. Los sectores que apoyaron el golpe de Estado contra Dilma Rousseff, trabajan para encontrar un nombre que genere consenso en las elecciones indirectas realizadas por el Congreso, puesto que quieren a cualquier precio, evitar un llamado a elecciones directas, Directas Já, (elecciones directas ahora) es la consigna de la calle. Pero, ¿cómo salir de una crisis institucional y política cuando los electores del Congreso están involucrados en escándalos políticos y han demostrado en repetidas ocasiones que no representan la voluntad de sus electores?

Los grupos dominantes quieren evitar las Directas Já porque estas representan no solamente la elección de un nuevo presidente, sino también una amenaza para la agenda reaccionaria establecida por la derecha en este último año de gobierno. El pánico está ligado igualmente a una tercera elección de Lula, razón por la cual hay un esfuerzo concertado desde hace más de un año por condenarlo e impedir que se vuelva a presentar a las elecciones. Este gran esfuerzo continúa, a pesar de la falta de pruebas contra él. Sin embargo, como el Estado de derecho dejó de existir, es muy probable que haya una condena, aunque no se tengan las pruebas necesarias para hacerlo.

Pero la elección de Lula o de cualquier representante de la izquierda no sería fácil puesto que hay que trabajar con un Congreso dominado por la derecha, y en donde no habrá mucho margen de maniobra para adoptar las políticas sociales democráticas que buscan disminuir la desigualdad y las injusticias sociales. Sin embargo, el pequeño espacio que existe para implementar este tipo de políticas puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte para los más pobres y vulnerables y no debe ignorarse.

La única esperanza es de aumentar la lucha por las Directas Já y que se trate de elecciones directas generales, no solamente la elección presidencial sino igualmente legislativas. Fue una de las soluciones que se encontraron en Argentina luego de la crisis de 2001/2002. Solo las elecciones generales podrían re-legitimar al gobierno.

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*Esta columna recoge algunas de las ideas principales de una serie de artículos publicados en las redes sociales, por el politólogo brasilero Luis Felipe Miguel, y cuenta con su autorización. https://blogdaboitempo.com.br/?s=Luis+Felipe+Miguel).

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