Elecciones y fe, política y fútbol

on Viernes, 14 Abril 2017. Posted in Artículos, Edición 103, Elecciones 2018, Mauricio Rivera, Fútbol, Nacional

103 Mauricio

Desde esta humilde columna (y desde la postura de alguien a quien le gusta el fútbol y le hace barra a la Selección), le pido a todos los involucrados, desde los miembros de la Federación Colombiana de Fútbol hasta el cuerpo técnico y los jugadores que, de clasificarse al mundial, se mantengan al margen de las elecciones presidenciales que han de coincidir con el Mundial del próximo año.

 

Mauricio Rivera
Fuente de la imagen: http://www.connectionmexicoglobal.com/

Dentro de un año, Colombia estará en medio de una nueva campaña presidencial. Hace unos meses, en una columna publicada en este mismo espacio, argumenté que el triunfo del 'no' en el referendo sobre el proceso de paz auguraba una competencia final entre Germán Vargas Lleras y Alejandro Ordóñez en 2018. En esta oportunidad, deseo retomar esta premisa, la cual (lamentablemente) considero que sigue vigente. A pesar de que ambos candidatos han sido salpicados de manera directa e indirecta en varios de los numerosos escándalos de corrupción que el país ha sufrido en los últimos años (como los avales políticos otorgados por Cambio Radical en casos como el de la Gobernación de la Guajira y las acusaciones de corrupción y tráfico de influencias en el proceso de reelección del antiguo procurador), también es cierto que ambos gozan de su respectivo efecto teflón y que (de momento) ambos tienen con qué desligarse del escándalo de Odebrecht, el cual, a la fecha, acapara la atención de la opinión pública.

Desde luego existen otras posibilidades que podrían llegar a desvirtuar esta predicción. No obstante, a día de hoy, todas estas parecen partir en desventaja frente a las candidaturas de Vargas Lleras y Ordóñez. La que más fuerza tiene es aquella representada por los movimientos que se denominan de 'izquierda'. Sin embargo, una confrontación entre Jorge Enrique Robledo y Gustavo Petro puede debilitar ambas posturas. A esto hay que agregarle el profundo resentimiento que un gran porcentaje de la población aún siente hacia las Farc, y por añadidura a todo lo que medio suene de izquierda (más allá de que hasta el momento han sido las Farc y no necesariamente el Gobierno los que han venido cumpliendo con los compromisos pactados en La Habana). También está la sombra de duda que sobre estos movimientos proyecta la situación de Venezuela -la cual, en lo personal, no puedo dejar de tener en cuenta (como tampoco puedo dejar de tener en cuenta aquella ocasión en la que el entonces senador Gustavo Petro votó a favor de Alejandro Ordóñez como Procurador General de la Nación).

Existe también la posibilidad de que, en lugar de Ordóñez, el uribismo sea representado por uno de los subalternos del senador y expresidente, como Iván Duque e incluso (por muy irrisorio que suene) Paloma Valencia. Pero la desventaja que este tipo de candidatos tiene frente a Ordóñez es que ninguno de ellos suma más votos de los que lleva consigo el nombre de Uribe, mientras que el exprocurador (como Vargas Lleras) sí se puede considerar una fuerza política en sí mismo. Sobretodo si termina contando con el respaldo de las diferentes congregaciones religiosas que se dedican a conseguir electores en (prácticamente) todo el país. 

Las candidaturas que, a falta de un adjetivo concreto, pueden catalogarse como de 'centro', como las de Claudia López, Sergio Fajardo o Humberto de la Calle, comparten con las de 'izquierda' el riesgo de llegar demasiado atomizadas y terminar quitándose votos entre sí. Por otro lado, estos candidatos tampoco proyectan una imagen impoluta. Claudia López, por su parte, puede verse afectada por escándalos como el de aquel contrato para la vacunación de perros que causó un altercado entre ella y el columnista Julio César Londoño. A esto hay que agregarle detalles que deberían ser insignificantes (pero tristemente no lo son) como su condición de mujer y sus preferencias sexuales, los cuales pueden terminar siendo un obstáculo demasiado grande, frente a un electorado que en los últimos años ha demostrado ser bastante retrogrado e intolerante frente a las libertades sexuales de las personas. Fajardo también llega con una serie de escándalos a cuestas, relacionados también con asuntos de corrupción durante sus mandatos como Alcalde de Medellín y Gobernador de Antioquia. Mientras que Humberto de la Calle carga con el bulto de ser el heredero del muy desprestigiado presidente Juan Manuel Santos (y de un proceso de paz que, como ya expliqué, cuenta con demasiados detractores), sin tener a su favor las maquinarias políticas que parecen estar detrás de Vargas Lleras. 

A todo esto hay que sumarle un factor que, ante un electorado racional no debería afectar las presidenciales del 2018, pero en la realidad es probable que sí lo haga: la posible participación de la selección colombiana de futbol en el Mundial de Rusia. Quienes vivimos en Colombia durante la primera mitad del 2014, sabemos que este no fue un periodo común y corriente. El Mundial generó un ambiente carnavalesco en el cual se propago un sentimiento de optimismo a lo largo de todo el país. Esto, a mi entender, jugó a favor de la candidatura de Santos (basada en la culminación del proceso de paz) y en contra del mensaje pesimista que el uribismo busco propagar a través de la candidatura de Oscar Iván Zuluaga. Sin embargo, no hay ninguna garantía de que esto se repita en el 2018. Más allá de las interpretaciones que puedan hacerse de la marcha del 01 de abril, que algunos consideran que fue un éxito y otros que fue un fracaso. Un detalle que no hay que dejar pasar es la presencia de numerosas camisetas de la selección en dicho evento. Teniendo en cuenta que varios integrantes de este equipo pertenecen a movimientos religiosos que hicieron campaña en contra del proceso de paz, no es de extrañarse que las candidaturas de derecha (ya sean representadas por Ordóñez, por el candidato ungido por Uribe o por el mismo Vargas Lleras) busquen aprovecharse de la popularidad que una selección, clasificada a Rusia, puede llegar a tener. Por esto, desde esta humilde columna (y desde la postura de alguien a quien le gusta el fútbol y le hace barra a la Selección), le pido a todos los involucrados, desde los miembros de la Federación Colombiana de Fútbol hasta el cuerpo técnico y los jugadores que, de clasificarse al mundial, se mantengan al margen de las elecciones presidenciales que han de coincidir con el Mundial del próximo año.

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