Eliminar la conscripción forzosa

on Sábado, 01 Noviembre 2014. Posted in Artículos, Servicio militar, Edición 44, Fuerzas militares, Nacional, Edwin Cruz

44 Edwin

Se empieza a proponer un tipo de servicio social obligatorio para reemplazar al SMO. Tal vez sea una forma de infundir el sentido del deber en los ciudadanos capaz de fomentar valores distintos de aquellos asociados al militarismo.

 
Edwin Cruz
Fuente de la imagen: http://republicahumanista.com/

“La extrema derecha y los que quieren continuar la guerra nunca han puesto los muertos, nunca han hecho ningún tipo de sacrificio. Todos los días tenemos una madre que está llorando a su hijo, una madre pobre que está enterrando a sus hijos. Las madres que hoy están llorando a los policías muertos en Saravena son personas humildes”
Juan Manuel Santos1

 

Esas palabras fueron pronunciadas por el entonces presidente-candidato el pasado mes de junio, para defender una propaganda de su campaña, en la que preguntaba a los padres de familia si estarían dispuestos a enviar sus hijos a la guerra, y su propuesta de eliminar el servicio militar obligatorio (SMO) una vez se firmara la paz con las FARC. La frase resalta una de las más grandes injusticias de la guerra en Colombia: de un lado y de otro son principalmente los pobres quienes han pagado los más altos costos. El diagnóstico de esa situación no es nuevo, pero la promesa electoral, junto con el vertiginoso ascenso en las “batidas” –como se denomina el reclutamiento ilegal que afecta, como es de esperarse, en mayor medida a los pobres- abrieron una discusión sobre la posibilidad de eliminar el SMO que actualmente se adelanta con varias iniciativas legislativas.

Unas buscan prescindir del requisito de la libreta militar para obtener un trabajo o un título profesional, mientras otras van más allá y plantean la necesidad de reglamentar la objeción de conciencia, que ha sido reconocida por la Corte Constitucional en el caso del SMO pero que no se agota ahí, pues en algunos casos tiene el carácter de insumisión frente a cualquier mandato del Estado. Estas alternativas no deberían verse como excluyentes, pero el horizonte deseable debería ser la eliminación de la conscripción forzada.

El simple hecho de que esto sea materia de discusión pública debería considerarse como algo positivo en el contexto de un eventual acuerdo en La Habana. En efecto, esas iniciativas apuntan a un asunto esencial para la construcción de la paz: la desmilitarización de nuestra sociedad. Más de medio siglo de conflicto no sólo se expresa en las dolorosas y vergonzosas cifras de víctimas y crímenes atroces, sino que también ha dejado su impronta en la forma como nos relacionamos en la cotidianidad; por ejemplo, en el tipo de valores que ensalzamos, el autoritarismo, el patriarcalismo, el machismo, la violencia, la ley del más “fuerte”, etc., muchos de los cuales han sido promovidos deliberadamente por los distintos actores de la guerra –piénsese en la llamada “guerra psicológica”, por ejemplo.

En algún momento, presumiblemente desde que Napoleón lo puso en práctica para realizar el ideal del ciudadano-soldado, se supuso que el SMO era una herramienta idónea para socializar a los ciudadanos en los más altos valores de la nación. El Emperador pensaba en la expansión de la civilización universal, supuestamente encarnada en la particular nación francesa. Nuestro caso parece ubicarse muy lejos de ese ideal. Un conflicto armado interno no sólo supone la disputa y la degradación de esos valores sino también un desbalance entre medios y fines que conduce a desfachateces como los “falsos positivos”, sustentados en antivalores como el “perroculismo” en los que han incurrido sectores de las fuerzas armadas y en los que se (de)forman quienes tienen el infortunio de ser obligados a prestar el SMO. Así, si el SMO es un “mal necesario”, un acuerdo de paz sería el momento propicio para su eliminación.

La profesionalización militar, que en Colombia empezó recién en los años noventa, presenta grandes ventajas tanto para la sociedad como para las propias instituciones armadas. Consideremos algunos argumentos con los que se ha criticado una eventual abolición de la conscripción forzada:

De firmarse un acuerdo de paz con las FARC, eso no implicaría que las fuerzas armadas redefinieran su función de defender la soberanía nacional. En otras palabras, las guerrillas no constituyen la única amenaza a la estabilidad de las instituciones en Colombia y menos –debería agregarse- si existen líderes políticos que intervienen activamente en los asuntos internos de otros países.

No obstante, y aún sin mencionar que las posibilidades de un conflicto internacional son remotas o que existen otros mecanismos para defender la soberanía nacional más allá de la disuasión militar o la guerra, habría que tener en cuenta que la importancia del pie de fuerza en ese tipo de conflictos es relativa frente al grado de tecnificación de los materiales de guerra y preparación de sus efectivos. No sucede lo mismo en una guerra irregular como la que se ha padecido, donde el aumento de pie de fuerza tiene como objetivo asegurar la presencia de las fuerzas armadas sobre el territorio y disuadir.

Algunos llegan a sostener, además, que aunque desaparecieran las guerrillas permanecerían amenazas como el crimen organizado y las “bandas criminales”. Empero, en este caso el problema no tiene que ver con el pie de fuerza sino con la indefinición de la función militar que ha conllevado el conflicto. En efecto, el posconflicto implicaría necesariamente deslindar claramente las funciones de las instituciones policiales y del ejército. Existen “amenazas” que requieren esfuerzos en recursos diferentes al pie de fuerza militar.

Otro problema que se formula es el de los recursos para sostener un ejército netamente profesional. En realidad luego de un acuerdo de paz no sólo sería necesario, sino también deseable que tanto los recursos como los empleos vinculados a la guerra disminuyeran. Una forma de conseguirlo es, precisamente, acabar con el SMO, después de todo en este momento Colombia tiene el segundo pie de fuerza militar más abultado en la región, después de Brasil.

En cualquier caso, un ejército profesional presenta ventajas como una mejor preparación, mayor experiencia acumulada y alta motivación, todo lo cual se reflejaría tanto en el cumplimiento de sus funciones como en la forma como se relaciona con la sociedad. Algunos países han diseñado arreglos que permiten tener un ejército profesional en tiempos de paz con la posibilidad de ampliar el pie de fuerza mediante el SMO en tiempos de guerra o emergencia.

Pero sobre todo, un ejército profesional disminuiría las injusticias y la corrupción que hoy caracterizan el SMO. Tales injusticias son de dos tipos. Por una parte, están institucionalizadas en la discriminación que se hace en función de los tipos de SMO, puesto que los bachilleres sólo sirven por 12 meses y no son llevados a zonas de combate, mientras que los soldados regulares y los soldados campesinos, soportan 18 meses poniéndole el pecho a las balas, algo muy alejado del ideal igualitario del ciudadano-soldado. Por otra parte, y como es bien sabido, el SMO sólo obliga a los pobres del estrato tres para abajo, justo donde han tenido lugar las “batidas”. Quienes tienen el privilegio de acceder a estudios superiores, tarde o temprano terminan por hacerle el quite al deber republicano. Aunque lo más usual es que sus familias “paguen la libreta”, un eufemismo ampliamente aceptado que designa la compra del documento por vías ilegales.

Lo paradójico del SMO es que termina por quitarle cualquier tipo de reconocimiento a la profesión militar, en la medida en que su carácter “obligatorio” supone que nadie lo haría por voluntad propia. Así, quizás la profesionalización también redundaría en una mayor legitimidad para ese trabajo y en el ennoblecimiento de quienes decidan dedicarse a él.

Finalmente, se empieza a proponer un tipo de servicio social obligatorio para reemplazar al SMO. Tal vez sea una forma de infundir el sentido del deber en los ciudadanos capaz de fomentar valores distintos de aquellos asociados al militarismo. El posconflicto probablemente requerirá trabajos que no se agotan en la provisión de seguridad orientados, por ejemplo, a la reconstrucción del tejido social, al cuidado del medio ambiente y de los otros.

***

1http://www.elespectador.com/noticias/politica/santistas-defienden-vehemencia-propuesta-de-eliminar-se-articulo-496395

Comentarios (29)

Déje un comentario

Estás comentando como invitado. Autentificación opcional debajo.

Ediciones anteriores

Ver más ediciones