¿Es el SNET un riesgo?

on Miércoles, 29 Marzo 2017. Posted in Artículos, SNET, Lina María López Castillo, Edición 102, Nacional, Crisis educativa

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El SNET y la implementación del MNC representan una reforma a punta de decreto de la Ley 30, orientada exclusivamente a responder a las lógicas de necesidad de las empresas más grandes del país, bajo un criterio de definición de currículos que niega el reconocimiento de los saberes que dice proteger.

 

Lina María López Castillo
Fuente de la imagen: http://sindicalfederal.com.ar/

Con el fracaso de la reforma a la Ley 30 en el año 2011, la reestructuración del sistema educativo en Colombia no se fue a la caneca de la basura. El Gobierno actual ha venido dando reiteradas puntadas para asegurar sus metas en el sector educación al cambiar el lenguaje y descomponer sus objetivos originales en cambios mucho más modestos y apalancados, según disponga el viento político, para sacar adelante lo que hace seis años quedó empantanado. Recientemente se ha inaugurado una nueva fase de este proyecto, pues el gobierno Santos ha sacado del cajón el proyecto del Sistema Nacional de Educación Terciaria (SNET), que ya estaba incluido en su Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018. En el contexto del proceso de paz, el SNET se promueve como una propuesta para la implementación de los acuerdos en tanto mecanismo para el desarrollo de líneas de formación técnica a nivel rural para quienes reingresen a la vida civil.

Esta nueva fase de implementación de la reforma a la educación pretende establecer una “estrategia de transferencia tecnológica al sector rural y al sector productivo del país”1 compuesta por cuatro (4) elementos: el Sistema Nacional de Educación Terciaria (SNET), su sistema de aseguramiento de la calidad SISNACET; el Marco Nacional de Cualificaciones (MNC) y el Sistema Nacional de Acumulación y Transferencia de Créditos (SNATC). En el presente texto se ubicarán algunos puntos de vista sobre el SNET y el MNC.

En un primer momento, se buscó vincular el proyecto del SNET al proceso de paz como un elemento esencial en el posconflicto, afirmando que solo a partir de este sistema sería posible llevar educación al ámbito rural, además de lograr el reconocimiento de los saberes adquiridos a lo largo de la vida. Ambos objetivos son loables, pero como se verá, ninguno de los dos se cumple, y además, los alcances de la propuesta van más allá y se extienden sobre muchísimos aspectos además de la educación.

El SNET se presenta en su documento de lineamientos de política pública2 como “una política de Estado” (p.12), y es el nuevo caballo de batalla del Gobierno tras la caída de la reforma a la Ley 30 en el 2011. Se concibe como “la organización de pilares, niveles y rutas de la educación posteriores a la Educación Media, que involucra a las instituciones educativas, demás oferta educativa y formativa, y al conjunto de normas que lo rigen, así como al sistema de aseguramiento de la calidad como la base de los pilares, y el garante del adecuado funcionamiento del mismo” (p.19). Los dos pilares que soportan dicho planteamiento son la educación universitaria y la educación técnica. La política planteada por el SNET claramente ubica la prioridad de la inversión pública y del desarrollo de políticas en el segundo pilar. De acuerdo con esto, se propone una reestructuración en ocho (8) niveles del Sistema Educativo Colombiano que permitan escalonar los diversos espacios de formación para dejarlo así:

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Uno de los primeros inconvenientes es que bajo esta reestructuración se presenta una igualación de la educación técnica y la educación universitaria en un nivel. Esto implica que en adelante, la maestría universitaria tendrá un equivalente técnico, aun cuando ambos tipos de educación apelan a formas diferentes de acceder al conocimiento.

En este sentido se propone que la educación de pregrado puede ser equiparada a una especialización técnica en tanto que ambas se ubican en el mismo nivel de la Clasificación Internacional Normalizada de Educación (CINE). Para asimilar las lógicas de una maestría o especialización universitaria, se propone desde el SNET la creación de una maestría técnica, orientada, según lo que se afirma en el artículo 12 de la primera versión del decreto, a “competencias de alta complejidad, con niveles de conocimiento y experticia para la investigación aplicada y la solución de problemas concretos en diferentes sectores, ámbitos y funciones del sistema productivo3. La maestría técnica se plantea entonces en términos de especialización, al tiempo que niega el componente técnico que deriva de la práctica, convirtiéndola en una alternativa más barata para “supuestamente” realizar lo mismo que un magíster.

De acuerdo con esto, el SNET busca conciliar la creación de currículos, y la definición de programas académicos -sin contar con la participación de las comunidades académicas, y sin preocuparse por la autonomía universitaria- con los requerimientos del sector productivo, que en este caso se encuentra representado por las grandes industrias y empresas, como puede verse en el caso de las entidades privadas que apoyan el desarrollo de otro de los componentes de la estrategia: el Marco Nacional de Cualificaciones (MNC).

El MNC no es nuevo. En el documento CONPES 3674 de 2010 se le menciona como un instrumento para facilitar la movilidad laboral y la homologación de títulos académicos a nivel internacional. Pero ¿qué se supone que es? ¿Qué conlleva su implementación?

En primer lugar es necesario explicar que esta experiencia, como casi todas las “innovaciones” aplicadas en nuestro país, es una réplica importada de otras latitudes. El MNC se proyecta a partir de las experiencias de países como Australia y España (en el marco de la Unión Europea), en donde se planteó como un mecanismo para armonizar los requerimientos del aparato productivo y de la oferta académica ofrecida por los centros de formación técnica y profesional. Sin embargo, a pesar de que utiliza este argumento para legitimar su propuesta, el MEN no recuerda que la estructura de la educación superior en estos países es muy diferente a la que se pretende en el SNET para Colombia.

Ahora bien, el MNC es un catálogo de perfiles ocupacionales definidos en términos de conocimientos, habilidades y destrezas indispensables para reconocer la cualificación de cualquier trabajador para ejercer una u otra profesión. El MNC pretende estandarizar los contenidos curriculares y el conjunto de saberes que todo programa educativo debe garantizar para otorgar un título a quienes pueden ejercer una profesión, y lo hace en función de la oferta laboral que hay en un momento determinado en el país, desconociendo la pertinencia del conocimiento que busca de forma autónoma responder a los problemas sociales y a los retos que implica la relación con la naturaleza. De esta forma, el objetivo del MNC es lograr una cualificación que convierte a los profesionales en simples piezas de una máquina productiva.

Aquí el concepto fundamental es el de cualificación, ésta es comprendida como el “conjunto de competencias con significación para el desarrollo del ejercicio profesional, que pueden ser adquiridas a través de un proceso educativo formal e informal (experiencia laboral y aprendizajes obtenidos a lo largo de la vida), que son objeto de los correspondientes procedimientos de evaluación y certificación” (p.33). Esto implica entonces que el proceso de evaluación y certificación está orientado a comprobar que la persona realmente posee las competencias necesarias para lograr la titulación, pero no a partir de los currículos ya establecidos por los programas curriculares existentes, sino a través de la creación de nuevos currículos derivados del SNET.

Entonces, si el programa de pregrado en ingeniería civil de una universidad cualquiera quiere otorgar dicho título a sus egresados, deberá adoptar, tarde o temprano, el estándar curricular que está contemplado en el MNC. Algo que a simple vista podrá sonar como una garantía para la calidad de los programas de formación ofrecidos por las instituciones educativas del país, pero que no puede concebirse como real si no se cuenta con la comunidad académica para su realización.

A la hora de construir el currículo necesario para la formación de un ingeniero de minas o de un geólogo, por ejemplo, los programas curriculares impartidos por cada institución educativa incluyen, además de los conocimientos básicos para el ejercicio de la profesión, el conjunto de materias que definen el perfil de la misma. Y cada institución los forma respondiendo a los diversos matices que la definen, a las condiciones institucionales que las facultades y comunidades académicas, de manera más o menos autónoma según el caso, han desarrollado. Una expresión aún existente de la autonomía universitaria. Sin embargo, un proceso de estandarización como el que trae consigo la construcción de un Marco Nacional de Cualificaciones, supone un cambio radical en esta tendencia. Ahora, sí contemplamos la autonomía universitaria a profundidad, debemos preguntarnos sobre la futura independencia del conocimiento científico y académico, sobre si este proyecto pone en riesgo la posibilidad de pensar alternativas a problemáticas sociales de manera independiente.

El MNC supone que los programas de formación técnicos y profesionales a nivel nacional deben quedar limitados por un cinturón de fuerza: los currículos establecidos para la cualificación. La construcción de un marco de cualificaciones que se articule al sector productivo, en un país como el nuestro, tiene varias implicaciones a considerar. En primer lugar, el contenido de dicho marco debe ser avalado por los representantes del sector productivo, que son los mismos que participaron en la formulación del sistema como aliados estratégicos en la construcción de las fichas de cualificación, que son el objetivo último del marco.

En este punto del proyecto, el Ministerio de Educación adelanta los pilotos del MNC aplicados a diez (10) sectores: Educación inicial (primera infancia), Comunicación gráfica, Infraestructura, Agricultura, Cultura, Salud, Minería, Aeronáutica, Logística y Energía. En cada uno de ellos, prima la necesidad de articular a los principales demandantes de mano de obra (y con principales quiere decir aquellos con mayor reconocimiento dentro de los planes de gobierno, o los más representativos en términos de aporte al PIB) al primer ejercicio de diseño curricular; una metodología replicable a los demás sectores productivos susceptibles de estandarización de ser exitoso el desarrollo de los pilotos.

Para realizar esto, el MEN plantea una ruta basada en cinco pasos: el primero es la caracterización de cada sector, el segundo es el “análisis” de la oferta educativa, el tercero es el estudio de la demanda laboral, el cuarto es el diseño de las cualificaciones y el quinto es su ubicación en el catálogo de cualificaciones.

En la caracterización se define el marco normativo, los planes, programas y proyectos en los que el gobierno interviene para el desarrollo del sector. El apartado de oferta educativa ubica los programas curriculares existentes en las universidades, los institutos de Educación para Trabajo y Desarrollo Humano, y los demás institutos de educación terciaria. Ahora bien, en este punto no ubica ni nombra las Universidades Propias como la Universidad Autónoma, Indígena e Intercultural del Cauca (UAIIN), lo que plantea preguntas acerca de si universidades de este tipo serán o no reconocidas, y si tendrán potestad para certificar los conocimientos adquiridos. Esto plantea problemas graves de jerarquización e inclusión subordinante, e incluso plena invisibilización para experiencias alternativas de educación.

En lo correspondiente a la demanda laboral, se ubican los cargos de los sectores correspondientes en un modelo de estandarización internacional de las ocupaciones, la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO). Esta clasificación define la descripción del cargo, sus tareas asociadas, las ocupaciones incluidas y afines. Las ocupaciones ubicadas en este documento se definen en función de una actividad económica formalizada y reconocida por el Estado como tal, lo que quiere decir que está relacionado, de nuevo, con la preeminencia de las grandes empresas. El diseño de las cualificaciones y su ubicación en el catálogo está orientada entonces por los resultados obtenidos a partir de los tres pasos previos.

Adicionalmente, estas cualificaciones son organizadas siguiendo un nivel, que está en correspondencia con los ocho niveles del CINE mencionados anteriormente. Este nivel se define a partir de una herramienta conocida por el MEN como matriz de descriptores, que ubica los conocimientos, habilidades y destrezas, y actitudes requeridas por una ocupación, bajo una lógica fuertemente jerárquica que estratifica los oficios, profesionales o niveles de titulación académica estableciendo un estándar. De igual forma, la estandarización de contenidos curriculares supone una lógica antipedagógica marcada por una visión homogeneizadora de todos los eventuales escenarios y sujetos participantes en la práctica educativa. De esta forma, parece que la certificación de cualificaciones está pensada en función de la educación para el trabajo. A continuación se presenta uno de los modelos de dicha matriz.

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Con esto en mente debemos mencionar las consecuencias del mismo para la autonomía universitaria. En primer lugar, se pretende hacer del MNC el referente indispensable para la certificación académica de los títulos de educación superior, apuntando a condicionar los procesos de diseño curricular de las instituciones educativas públicas y privadas. Bajo esta propuesta, se pasaría de pensar cuántos créditos ofrece una asignatura o se requieren para terminar una carrera, a cuántas unidades de competencia ofrece una asignatura o se obtienen en una carrera.

Así las cosas, el futuro del SNET es que solo sean formalmente reconocidos los programas de educación superior que satisfagan el catálogo curricular acordado, el cual ya fue validado por los empresarios que acompañaron el proceso al momento de crear el currículo en función de la lógica productiva. Y hay un agravante: se busca que los títulos y certificados no solo sean validados por el Ministerio de Educación Nacional, sino también por el Ministerio de Trabajo y por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Es decir, la reforma es de tal alcance que hasta el Ministerio de Educación pierde potestades frente a los ministerios estrictamente ubicados en el sector productivo.

Adicionalmente, debe considerarse que las instituciones de educación superior verían seriamente afectadas su situación a la hora de definir el tipo de profesionales que pretenden formar. Si determinados contenidos no entran dentro de lo establecido por el MNC se podría considerar que no se está cumpliendo con los requerimientos de calidad preestablecidos para la certificación del título en cuestión. En otras palabras, el título solo será válido siempre que responda a la demanda de mano de obra que determina el ejercicio de construcción del catálogo.

Por otra parte, la entrada en vigencia del SNET puede representar también el fortalecimiento de las llamadas universidades “de garaje”, y sus hermanas pequeñas, las instituciones de Educación para Trabajo y Desarrollo Humano, que crean programas técnicos sin revisiones serias por parte del MEN, y que son el brazo articulador de la oferta educativa por parte del Estado, ya que éste no piensa realizar inversiones para llevar educación a los sectores rurales.

Es así que el modelo de créditos adoptado desde hace algunos años transita hacia la unidad de competencia. Se pasa de contabilizar los “créditos” que ofrece una asignatura o se requieren para terminar una carrera, a cuántas unidades de competencia ofrece una asignatura o se obtienen en una carrera. Viendo información sobre el SNET, podría afirmarse que la suma de unidades de competencia definirá las cualificaciones de las que dispone la persona, que a su vez se vincularán con el nivel técnico o profesional de la educación.

Finalmente, la puesta en práctica de esta estrategia repercute también en los estudiantes universitarios y técnicos, los primeros porque entrarán a competir por puestos de trabajo frente a técnicos que ejecuten sus mismas funciones en detrimento de sus salarios, ya que la tabla salarial para un técnico es inferior que la existente para un profesional, máxime teniendo en cuenta que la inversión realizada -especialmente por los estudiantes de las universidades privadas- no compensa la reducción de los sueldos, comparada con la inversión realizada para lograr un título técnico.

La otra arista de esta situación laboral es la masificación de una educación superior de baja calidad a bajo costo. La remuneración de los técnicos no se incrementa con el SNET, toda vez que no se invierten los recursos necesarios para la formación técnica, más costosa que la formación profesional en casi todo el mundo (dados los costos de insumos necesarios para este tipo de formación), mientras se abre la puerta a la certificación masiva de títulos técnicos en condiciones de calidad cuestionables. Recuérdese que, además de argumentos como el de la competitividad y de la pirámide invertida entre mano de obra técnica y profesional, este proyecto viene acompañado del argumento según el cual el país cuenta con una baja cobertura en términos de oferta educativa con respecto a los países de la OCDE, referente al que se aspira igualar.

Y como si esto fuera poco, tampoco hay claridad en uno de los aspectos que debería ser más simple: la financiación. Aun hoy, con todo lo ocurrido, no es claro cómo se financiará el sistema. ¿Se fortalecerá al SENA para que éste sea la vanguardia del SNET? o ¿se subsidiará a las universidades de garaje vía créditos educativos? Es posible que se profundice la tendencia actual: subsidio a la demanda (como los mecanismos de crédito para la educación o políticas como Ser Pilo Paga), programas de formación para el trabajo y desfinanciación progresiva de la educación superior pública.

En conclusión, el SNET y la implementación del MNC representan una reforma a punta de decreto de la Ley 30, orientada exclusivamente a responder a las lógicas de necesidad de las empresas más grandes del país, bajo un criterio de definición de currículos que niega el reconocimiento de los saberes que dice proteger. Así mismo, estas apuestas del Gobierno Nacional van en detrimento de la autonomía universitaria y únicamente logran la promoción de instituciones educativas técnicas y a bajo costo que masifiquen la educación técnica, a costas de la calidad de la misma y con tremendos efectos en a nivel salarial para el conjunto de trabajadores en todos los sectores de la economía nacional; proteger el negocio de las instituciones educativas de garaje que pueden ofrecer programas a muy bajos costos sin preocuparse por los criterios de calidad y pertinencia social.

***

1La primera versión del decreto que plantea dicha estrategia puede encontrarse aquí: http://www.universidad.edu.co/index.php/noticias/14343-snet-esta-es-la-ley-que-el-gobierno-busca-aprobar-sin-tramite-por-el-congreso-y-a-espaldas-del-sistema-eductivo La segunda versión del mismo también está disponible en la página del Observatorio: http://www.universidad.edu.co/images/cmlopera/descargables/pl_snet_v2_2017.pdf

2Disponible en: http://aprende.colombiaaprende.edu.co/ckfinder/userfiles/files/2_DPP%20SNET_Version%20Preliminar.pdf

3http://www.universidad.edu.co/index.php/noticias/14343-snet-esta-es-la-ley-que-el-gobierno-busca-aprobar-sin-tramite-por-el-congreso-y-a-espaldas-del-sistema-eductivo

Comentarios (2)

  • DAVID CUELLAR

    DAVID CUELLAR

    15 Abril 2017 a las 18:39 |
    Apoyo total al SNET, no se porque grupos minoritarios ponen tanto problema acepto que debe haber inversión ante todo, no miran que la formación Profesional técnica y tecnológica es importante para el país, como no pueden igualarse a la universitaria acaso son deidades o que, igualmente ya esta reglamentada en la ley 1753 del 2015 articulo 58, no se si no entienden para hacer la especialización hay que ser técnico superior osea Tecnologo,en mi casos soy un Profesional Tecnólogo en Procesos Industriales UFPS( mínimo 3.5 años de duración) con una Especialización en talento humano por competencias( 1 año de duración), osea en tiempo y en competencia puedo nivelarme con un profesional universitario, no cree señora?, Por favor dejen el miedo de competir con especialistas tecnológicos o técnico superiores o no son "mejores" ?, creo que tenemos la oportunidad de hacer maestrias tecnicas y tecnologicas son muchos lo que apoyan este sistema ya reglamentado.
  • DAVID CUELLAR

    DAVID CUELLAR

    15 Abril 2017 a las 18:45 |
    Una ultima cosita hay que generar cultura también somos Profesionales, dejemos ya la idea retrograda y discriminatoria de ser subordinados para las deidades universitarias, por favor señora LINA MARIA, tambien los PROFESIONALES TECNICOS Y TECNOLOGOS TENEMOS DERECHO DE PROGRESAR Y NO EN UN PREGRADO UNIVERSITARIO, SI NO EN ESPECIALIZACIONES O MAESTRÍAS! SOMOS MUCHOS MAS LOS QUE APOYAMOS EL SNET YA REGLAMENTADO!!!

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