“Escándalo público”: La destitución de Miguel Ángel Beltrán, las últimas investigaciones de Michel Foucault y la autonomía universitaria

on Sábado, 01 Noviembre 2014. Posted in Artículos, Foucault, Edición 44, Rodrigo Uprimny, Miguel Ángel Beltrán, Leopoldo Múnera, Nacional, Andrés Fabián Henao

44 Henao

En este artículo he querido repensar la destitución del profesor Miguel Ángel Beltrán como constituyente de un evento en el que se reconfiguran las relaciones entre el poder y el saber en Colombia; un evento que manifiesta una doble transformación: de un lado, un cambio en el riesgo que supone el conflicto entre el discurso de la verdad y el ejercicio del poder y, de otro lado, una reconfiguración del actor social que produce la partición ya no solo ética sino también política de este mundo en dos.

 
Andrés Fabián Henao
Fuente de la imagen: www.kienyke.com

“El cinismo, la idea de un modo de vida en la forma de una manifestación irruptora, violenta y escandalosa de la verdad es y fue parte de la práctica revolucionaria y de las formas que adoptaron los movimientos revolucionarios durante el siglo diecinueve
(mi traducción de Michel Foucault “The Courage of Truth” 1983-1984, p. 183)

Cambiar el debate: a propósito de las relaciones entre el poder y el saber

La reciente destitución del profesor Miguel Ángel Beltrán por parte de la Procuraduría ha motivado un interesante debate jurídico-político entre los profesores Leopoldo Múnera y Rodrigo Uprimny en este portal sobre la mejor manera de proteger la autonomía universitaria, quizás el principio democrático más importante de la educación pública superior.

No se debate, cabe aclarar, que la decisión que tomó el procurador delegado, Carlos Arturo Ramírez Vázquez, el 3 de septiembre del 2013—confirmada en segunda instancia el 24 de julio del 2014—sea ilegal. Todo lo contrario, si en algo coinciden las partes de este debate es en la ilegalidad del caso en su conjunto, que acumula un extenso repertorio de arbitrariedades1. De modo que el debate no versa sobre la ilegalidad del caso, ni sobre la ya característica arbitrariedad con la que actúa la procuraduría. El debate gira en torno a la decisión del rector de la Universidad Nacional, Ignacio Mantilla Prada, de acatar la decisión de la procuraduría y de no hacer uso del recurso a la excepción de constitucionalidad para proteger la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, que es lo que la decisión de la procuraduría pone en riesgo.

Si bien dicho debate me parece interesante también me parece insuficiente y he querido ofrecer otra perspectiva del caso en este portal, un caso que considero sintomático de un fenómeno mucho más complejo que tiene que ver con el modo en que se configuran actualmente las relaciones entre el poder y el saber; el modo en que se manifiesta el choque entre la función disciplinaria del Estado y la producción del conocimiento crítico en Colombia. Es con el objetivo de ampliar el debate para repensar este problema de las relaciones entre el saber y el poder, particularmente con ocasión de las formas del saber que entran en contradicción con las posturas oficiales del Estado, que he decidido recurrir a las investigaciones de Michel Foucault. El Foucault que me interesa es el que se volcó a un estudio de la ética greco-romana antigua alrededor del cultivo de sí (epimeleia heauton), preocupado por entender la discontinua historia de esta relación entre el saber y el poder.

Cabe señalar que las investigaciones de Foucault siempre estuvieron motivadas por entender el presente, como lo hizo explícito en su relectura del texto de Kant sobre la ilustración, con la que dio inicio a su curso sobre el gobierno de sí y de los otros, entre 1982 y 1983—un curso delineado a partir de su rigurosa interpretación del Alcibíades de Platón como el texto en el que ambos tipos de gobiernos resultaban filosóficamente vinculados a partir del principio de la epimeleia heauton. Foucault buscaba revivir la crítica kantiana más allá de su circunscripción epistemológica, es decir, no enfocada en exponer los límites de aquello que podemos conocer (problema epistemológico exclusivo del saber) sino en entender la existencia del saber en relación a su momento histórico, su relación de eficacia con respecto a la actualidad en la que se inscribe (problema ético de la relación entre el saber y el poder), lo que en varias ocasiones Foucault denominó como una “historia del presente”. Es esta inserción de la filosofía en la realidad, este intento de la filosofía por intervenir y afectar la realidad—una positividad que solo será revivida en Occidente con el proyecto filosófico de Marx a partir de su onceava tesis sobre Feuerbach—lo que motiva dichas investigaciones. Y es en relación con este intento por ofrecer una “historia del presente” que he querido repensar la destitución del profesor Beltrán como constituyente de un evento en el que se reconfiguran las relaciones entre el poder y el saber; un evento que manifiesta una doble transformación: de un lado, un cambio en el riesgo que supone el conflicto entre el discurso de la verdad y el ejercicio del poder y, de otro lado, una reconfiguración del actor social que produce la partición ya no solo ética sino también política del mundo en dos.

Hacia una ontología política de la veracidad

Hacer una síntesis de las investigaciones de Foucault sobre el discurso de la verdad (parresia) en la antigüedad excede por completo las limitaciones y el objetivo de este artículo, sin embargo, la hipótesis que aquí defiendo depende de entender una serie de transformaciones históricas en las relaciones entre el saber y el poder que me obligan a incurrir en este tipo de síntesis, a riesgo de excesivas simplificaciones. De la epistemología a la ética, de los límites del conocimiento a la historia del presente, no es extraño que Foucault terminara por inscribir el precepto délfico del conócete a ti mismo (gnothi seauton) en el más complejo y extenso conjunto de prácticas de sí—irreducibles al conocimiento—al que hacía referencia el epimeleia heauton en la antigüedad, y que constituyó el eje de sus lecciones sobre la hermenéutica del sujeto (1981-1982). A grandes rasgos, Foucault definió la parresia antigua a partir de la convergencia de cuatro elementos: i) su despliegue en un espacio políticamente constituido; ii) la implicación del sujeto que enuncia la verdad en la propia enunciación; iii) una relación de ascendencia que implica un intento por impactar el modo en que se gobierna la ciudad; y iv) el riesgo de muerte que supone decir la verdad con relación al poder establecido. Dicha parresia, que poco a poco se constituirá en el eje central del saber científico en Occidente, coexistía con otras formas de veracidad en lo que constituye una verdadera dramaturgia de las relaciones entre el saber y el poder (ver anexo)2. Más allá de la coexistencia entre distintos modos de veracidad, lo que le interesaba a Foucault era entender su discontinua transformación histórica, y de sus investigaciones sobre la verdad sobresalen tres transformaciones. En primer lugar, el desplazamiento no-lineal que sufre la parresia cuando se mueve de lo político, en donde se origina, a lo filosófico. Un movimiento que va del polo colectivo que define el gobierno de los otros durante el apogeo de la democracia griega, al polo individual que define el gobierno de sí durante el apogeo del ascetismo cristiano. En segundo lugar, la transformación de las relaciones entre el sujeto, el poder y la verdad a partir de la reorganización institucional del saber en espacios ya no públicos sino confinados (la academia de Platón, el liceo de Aristóteles, el monasterio cristiano, la universidad medieval, el instituto de investigaciones moderno, etc.). Finalmente, y es en este sentido que la investigación foucaultiana sobre la verdad me parece todavía más pertinente, la transformación de dicha estética de la existencia en la figura del militante, que Foucault rastrea históricamente en la filosofía cínica como lo dice en el epígrafe de este artículo.

La escuela de los cínicos es quizás la última escuela filosófica del periodo helenístico en donde la estética de la existencia todavía tiene un efecto dramático. Este efecto dramático es producto de la coincidencia entre la violenta reducción de la vida a sus elementos más básicos y la expresión pública de dicha reducción en la forma de un escándalo público. Los escándalos públicos de los cínicos son bien conocidos, van desde actos como el de defecar o tener relaciones sexuales en público hasta la desnudez y el mendigar. Se trata de una forma de vida que, para incurrir en anacronismos, constituye quizás una de las primeras deconstrucciones de la frontera entre lo humano y lo animal, pues se trata de producir al hombre-perro, de ahí el nombre de cínicos (kunicos). Esto no solo significa un retorno a la animalidad que nos constituye sino a un modo de existir que ladra, es decir, que transgrede las normas que nos extrañan de esa misma animalidad que es nuestra verdad, pero ya no solo a partir del saber separado del poder, recluido en la Academia, sino de hacer dicho saber efectivo en la forma de una vida escandalosa y, por ende, pública.

De esta forma de vida no disimulada que resulta dramatizada en la forma de la desnudez y la desvergüenza, lo que le interesa a Foucault es el modo en que el ser público del escándalo cínico supone una partición ética del mundo en dos. Pero se trata de una partición que no desplaza ese otro mundo a un tiempo distinto a este, a un tiempo futuro—como sucederá con la renuncia cristiana de lo terreno en su escape transcendental hacia lo celestial—sino que lo realiza de manera efectiva en el aquí y ahora, inmanentes, revelando en su propio escándalo la falsedad del mundo dominante.

El riesgo y el escándalo: la partición ético-política del mundo

Mi propio interés por los cínicos está motivado por las protestas estudiantiles de los últimos años en contra el modelo neoliberal de privatización de la educación pública. Movimiento estudiantil que no en pocas ocasiones ha recurrido a la desnudez pública para hacer efectiva su protesta, como sucedió en Chile y de manera más reciente en Colombia. Esta partición del mundo, ya no solo ética sino también política, que el movimiento estudiantil protagoniza mediante la dramática de la protesta, hace visible un enfrentamiento entre la lógica política de la “cosa pública” y la lógica policiva de la privatización. Y es en relación con dicho enfrentamiento que la invención de la universidad pública representa un desafío mayor, lo que explica que sea la autonomía universitaria la que se haya convertido en el epicentro de dicho conflicto.

Para entender esta transformación vale la pena visitar otro evento histórico de la antigüedad, la ejecución de Sócrates por parte de la polis griega, quizás el evento fundacional de la filosofía occidental. Dicho evento representó la marginalidad pública del saber filosófico ante el riesgo de muerte que caracterizó la parresia antigua. De la vulnerabilidad filosófica del saber, expuesto en el espacio público de la calle, se pasó a la protección del saber en el espacio semi-público/semi-privado pero en cualquier caso confinado de la academia platónica. La universidad pública, en su espíritu democrático, representa un movimiento en la vía opuesta, del espacio confinado del saber a su impacto en el espacio público. De modo que la publicidad de la universidad tiene un doble sentido: en primer lugar, se refiere al intento democrático por ampliar el acceso al saber a la totalidad de la polis (el aún irrealizado principio de universalidad que la cobija); en segundo lugar, se refiere a este principio de afectación, en donde el saber busca nuevamente efectuar una transformación de la “cosa pública”, tener un impacto a nivel de lo colectivo. Dicho impacto converge hoy en día con el papel que juega la universidad pública en sustentar material y simbólicamente la legitimidad del proceso de negociación de paz que se sigue con la guerrilla de las Farc. Y es precisamente la autonomía universitaria la que, en el marco de esta compleja relación entre el saber y el poder, garantiza la función pública de la investigación crítica de continuar ejerciendo ese rol en la actualidad.

La destitución del profesor Beltrán es sintomática de una modificación en las estrategias de la derecha por destruir la “cosa pública”, que giran precisamente alrededor de la autonomía universitaria. Hasta el momento han sido dos las estrategias empleadas: 1. La estrategia soberana de la ley, que ha buscado privatizar la universidad pública mediante modificaciones a la Ley 30—como sucedió con la reforma del Presidente Santos que tumbo la protesta estudiantil del MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil)—o mediante los mal llamados “acuerdos” del Consejo Nacional de Educación Superior, que son un reencauche de la misma idea: financiar la demanda en lugar de la oferta, subordinar la producción del conocimiento a las necesidades del mercado productivo, etc., medidas orientadas a imposibilitar el tipo de pensamiento crítico que busca repensar la realidad social a partir de los problemas de su contexto histórico mediante la formación de sujetos colectivos en un saber incluyente y pluralista, que es precisamente la educación que la autonomía universitaria protege como lo ha dicho Susana Barradas en este portal. 2. La otra es la estrategia necropolítica de la ejecución extrajudicial, la versión moderna del riesgo de muerte de la parresia antigua. En ella cambian tanto la víctima como el perpetrador. Del lado de la víctima, ya no se trata del filósofo que se expone al capricho del tirano, sino de borrar la diferencia que existe entre la investigación crítica del intelectual de izquierda y el enemigo político, como sucede en el caso del profesor Beltrán3. Del lado del perpetrador, la violencia no es solo estatal sino también paraestatal, pues son los grupos paramilitares, con el apoyo del Estado, los principales perpetradores de estos crímenes. Al modelo soberano de la ley y necropolítico de la guerra ahora se suma la estrategia disciplinaria de la norma. Y es esta convergencia entre el ataque jurídico, necropolítico y disciplinario contra la autonomía universitaria el que representa un cambio cualitativo en el riesgo que caracteriza la producción de pensamiento crítico de la universidad pública, y que busca reconfigurar las relaciones entre el saber y el poder desde el polo policivo.

La resistencia contra la destitución del profesor Beltrán también es sintomática de una modificación en la lógica política de la defensa de lo público, pues lo que resulta escandaloso de la protesta pública hoy en día es, de manera paradójica, la propia defensa del Estado de derecho por parte de estudiantes y de profesores. En este sentido también cambia el actor social que, mediante el drama de la protesta pública, produce la partición ético-política del mundo en dos. Ya no se trata del filósofo aislado sino de la comunidad universitaria en su conjunto y de la ciudadanía que la respalda. Un escándalo público cuya partición, en el aquí y el ahora, opone al mundo de la guerra y de la mercantilización de la educación, otro mundo que sigue luchando por la paz, por la salida negociada al conflicto armado colombiano—cuyas raíces políticas van desde la concentración de la tierra hasta la exclusión política—y por la función crítica del saber público.

Literatura consultada
Foucault, Michel. 2006. “The Hermeneutics of the Subject” Lectures at the Collège De France 1981-1982. New York: Picador.
Foucault, Michel. 2011. “The Government of Self and Others” Lectures at the Collège De France 1982-1983. New York: Picador.
Foucault, Michel. 2012. “The Courage of Truth” Lectures at the Collège De France 1983-1984. New York: Picador.

Fuentes electrónicas consultadas
Palabras al Margen (http://www.palabrasalmargen.com/)
El Espectador (http://elespectador.com/)
Revista Semana (http://www.semana.com/)

Anexo

44 Henao1

***

1Entre ellas cabe destacar: i) la violación al acuerdo bilateral de intercambio de pruebas judiciales firmado entre Colombia y Ecuador en 1999 (entre otros tratados), cuando el estado colombiano, en completo desconocimiento de la soberanía nacional ecuatoriana, confiscó el computador de Raúl Reyes durante la Operación Fénix del 1º de Marzo del 2008; ii) la detención y expulsión ilegal de Miguel Ángel Beltrán el 22 de Mayo del 2009 en México, sin que existiera orden de captura en su contra (el Juzgado 13 Penal Municipal sólo le imputó los cargos de rebelión y concierto para delinquir al día siguiente); iii) las ilegales declaraciones del entonces Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, que en completo desconocimiento a la presunción de inocencia procedió a felicitar al entonces Presidente de México, Felipe Calderón, por haber “capturado (una captura que por supuesto no fue captura) a uno de los terroristas más peligrosos de la organización narcoterrorista de las Farc”; iv) la decisión ilegal de transferir al profesor Beltrán de la cárcel Modelo al Eron (Establecimiento Reclusorio de Orden Nacional) de la Picota para ponerlo junto a paramilitares bajo medidas represivas más severas, a sabiendas del riesgo que ello representaba para su vida; v) la descontextualizada circulación de la fotografía en la que el profesor Beltrán aparecía con el miembro de la comisión internacional de las Farc, Marcos Calarcá, en México, con el expreso conocimiento de que dicha fotografía había sido tomada de manera legítima en el año 2000 en el marco del proceso de paz del Caguán; vi) el completo desconocimiento de las decisiones tomadas por la Jueza Cuarta Penal del Distrito, Luisa Fernanda López Díaz, quien produjo su sentencia absolutoria el 27 de julio del 2011 declarando las pruebas presentadas contra Beltrán como ilegales, las mismas que la procuraduría utilizaría para imputar su propio pliego de cargos el 28 de septiembre del 2011 en el marco de la absurda duplicidad de la justicia colombiana; vii) la falta de protección ofrecida al profesor Beltrán tras su liberación, que no solo tuvo que sufrir la continua estigmatización de los medios de comunicación sino que tuvo que salir del país a raíz de las amenazas a su vida por parte de grupos paramilitares—grupos que ya habían hecho efectivas sus amenazas cuando asesinaron al profesor Alfredo Correa de Andréis, un asesinato fundamentado en pruebas falsas fabricadas por parte del DAS para hacerlo pasar por alias “Eulogio” (asesinato por el que se condenó al protegido del entonces Presidente Uribe, Jorge Noguera, a 25 años de cárcel); viii) la ilegal presentación del profesor Beltrán como miembro de las Farc en comunicación al gobierno de Panamá, a pesar de la condena exculpatoria de la corte, por la cuál le impidieron el ingreso a este país días antes a que fuera destituido; ix) y la inclusión, entre los hechos 4 y 5 probados que conllevaron a la decisión condenatoria por parte de la procuraduría, de la actividad investigativa del profesor Beltrán sobre el conflicto armado colombiano, lo que constituye una clara violación a la autonomía universitaria y a la libertad de cátedra.
2Foucault localiza históricamente el paso de la ética a la epistemología con lo que denomina el “momento cartesiano” del siglo diecisiete, cuando el énfasis en el conocimiento de sí (gnothi seauton) cobra prioridad por encima del énfasis en la estética de la existencia (epimeleia heauton) en el que antiguamente se inscribía.
3La trayectoria académica del profesor Beltrán es impresionante, incluye dos maestrías, una en ciencias sociales y otra en historia, con la Flacso en México, un doctorado en estudios latinoamericanos de la Unam, y un postdoctorado que tuvo que terminar en Argentina a raíz de su expulsión ilegal de México, en donde investigaba la oposición de la derecha al proyecto de Lázaro Cárdenas en los 30s y los 40s, una investigación muy relevante de cara a la reforma agraria que se anticipa como resultado de la negociación política con las Farc y de los claros opositores que tiene. Igualmente impresionante es la producción académica del grupo que el profesor Beltrán lidera en Colciencias, que ha publicado 28 artículos de investigación, 3 capítulos de libros y 1 tesis sobre el conflicto armado colombiano, entre otras publicaciones.

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