Huelguistas fracasan por el éxito de su huelga, supuestamente

on Viernes, 14 Noviembre 2014. Posted in Artículos, Huelga, Air France , Edición 45, Capitalismo, Internacional, Anders Fjeld

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Los empleados, por su propio interés, tienen que aliarse con sus empleadores. Esta solidaridad significa aceptar ver reducir sus derechos laborales y su nivel de salario para compensar las desventajas relativas con respecto a otros países, y así asegurar una competitividad para sus empleadores. En este sentido, dentro de esta lógica, del éxito de la huelga resulta necesariamente el fracaso de los huelguistas.

 
Anders Fjeld
Fuente de la imagen: www.elespectador.com

En el mes de septiembre hubo una huelga de una dimensión mundial que puso en cuestión, con mucha fuerza, la división internacional del trabajo en el capitalismo de hoy. Se trata de la huelga más grande en la historia de la compañía aérea Air France (fundada en 1933) que es la tercera compañía aérea más grande en Europa, empleando 3800 pilotos. Permaneció 14 días con 8500 vuelos anulados (más o menos 60% de los vuelos programados), con una disrupción de los viajes para cerca de un millón de pasajeros y con una pérdida total de 400 millones de euros para la compañía.

Las huelguistas se oponían a la manera como la dirección de Air France planeaba invertir en la compañía aérea low cost (a precio bajo) Transavia para aumentar su competitividad en el mercado europeo. En efecto, el crecimiento explosivo de las compañías low cost en los últimos años en Europa, sobre todo RyanAir e EasyJet (las dos más grandes hoy en cantidad de pasajeros), han puesto a las compañías tradicionales en dificultad. Éstas todavía están más enfocadas en el servicio, comodidad y viajes de negocios que en estrategias para bajar lo más posible los precios y aumentar la base de pasajeros. En este contexto, Air France tuvo la decisión de hacer una transición hacia un doble modelo: mantener el modelo tradicional e invertir masivamente en el modelo low cost.

Y aquí se planteó el problema. Para bajar los precios hay que bajar los costos, lo que implica diferentes estrategias. La estrategia que causó el problema, y que se juntó a una tendencia capitalista fuerte, fue la desnacionalización de la base legal del trabajo (salarios, derechos, cotizaciones y beneficios franceses). Se propuso establecer bases en países del sur de Europa con derechos laborales más débiles para bajar los costos. La huelga bloqueó esta desnacionalización para defender los derechos laborales de los empleados actuales de Air France y de los empleados futuros de Transavia.

Ha habido muchas huelgas en Francia contra desplazamientos de industrias francesas a países con derechos laborales más débiles (con pérdida directa de trabajo en Francia como consecuencia), pero la huelga de Air France me parece singular por tres razones. 1) La huelga fue internacional, masiva y muy mediatizada por el hecho de que se trató de una compañía aérea y no de una industria local. 2) Se trató no solamente de defender los trabajos existentes, sino también derechos para trabajos nuevos que iban a crearse con Transavia. 3) La huelga fue exitosa, al menos de cierto modo: Air France prometió después de dos semanas de paro que los trabajos se quedarían en Francia. Me parece que por estas razones hay aquí una lucha particularmente importante y fuerte con respecto a las estrategias capitalistas vinculadas a la división internacional del trabajo hoy.

El primer ministro del gobierno socialista, Manuel Valls, se opuso fuertemente al paro denunciando la "actitud egoísta" de los huelguistas: "Este paro es insoportable para los usuarios que son molestados con respecto a sus viajes desde hace 12 días. Este paro es insoportable para la compañía Air France [...] que pierde cada día entre 15 y 20 millones de euros. Este paro es insoportable en fin para la actividad económica del país y para el imagen de Francia en el extranjero"1. El hecho de que el discurso central de su Partido Socialista ha sido crear nuevos trabajos y luchar contra el desempleo (sin ningún éxito), no pareció ser un problema frente al hecho de denunciar una huelga que intentó conservar trabajos franceses.

Sin embargo, el argumento central contra la huelga ha sido que el éxito del paro de hecho equivale a un fracaso para los huelguistas. La razón es simple: los huelguistas fracasan con el éxito de su huelga porque son empleados (sus destinos dependen) de sus empleadores, pierden terreno en el mercado y pronto no podrán sobrevivir el crecimiento de las compañías low cost. El resultado del éxito de la huelga sería, entonces, que haya reducciones cada vez más importantes para los trabajadores de Air France. En este contexto de división internacional del trabajo, el hecho de impedir a sus empleadores jugar el juego mercantil necesario para mantener su cuota del mercado, significa de hecho luchar contra la seguridad de su propio trabajo.

La economía política como ciencia siempre ha dado razones, vinculadas a diferentes leyes económicas “objetivas”, para explicar por qué las huelgas terminan por volverse, aún cuando son exitosas, contra las huelguistas. Me parece que hay dos lógicas clásicas en este sentido, como voy a mostrar, y es interesante ver cómo con este caso de la huelga de Air France parece haber una tercer lógica que reactualiza la teoría de ventajas relativas de David Ricardo.

¿Cómo explicar, en la economía política, que los huelguistas van necesariamente a fracasar con su huelga, aún cuando es exitosa con respecto a sus objetivos?

1. Adam Smith y la lógica de relaciones de fuerza

Smith define el precio de una mercancía como compuesta del salario de los trabajadores, del beneficio del capitalista y de la renta del terrateniente. Con esta definición, la huelga claramente tiene sentido porque puede redistribuir la cantidad que retorna a cada parte de la producción; puede aumentar el salario disminuyendo el beneficio y la renta. Por eso, Smith busca explicar la impertinencia de la huelga a través de las relaciones de fuerza entre los trabajadores y los empleadores. Dice que los trabajadores no tienen las leyes de su lado, no pueden sobrevivir mucho tiempo sin salario, son demasiado numerosos y tienen entonces problemas para unirse; mientras que los capitalistas tienen fondos para sobrevivir mucho tiempo y además tienen acuerdos "tácitos". De pronto habría unas huelgas exitosas, pero las relaciones de fuerza siempre se restablecen y los trabajadores no pueden sino aceptar las condiciones que les imponen los capitalistas.

2. Neoclasicismo y la lógica de demanda y oferta

En el neoclasicismo, y el neoliberalismo, hay otra estrategia. No hay más relaciones entre clases en la definición del precio. El precio se define más bien por su "valor marginal", determinado únicamente por dinámicas de oferta y demanda en el mercado desde el punto de vista del consumidor. Este desplazamiento facilita mucho la explicación de la impertinencia de toda huelga: La huelga interrumpe las dinámicas de oferta y demanda y aún si es exitosa, se verá penalizada cuando entra de nuevo en estas dinámicas. Dicho de otra manera, las leyes objetivas del mercado hacen que la huelga objetivamente no tenga sentido. Como lo dice Stanley Jevons: "Si estamos de acuerdo con que una gran parte de las huelgas son infructuosas y que entonces son una pérdida para todas las partes incluidas; también que en caso de éxito, probablemente el aumento de los salarios se obtendría gradualmente de todas maneras sin paro; que el perjuicio no se traduce solamente en una pérdida de salarios, sino también en un perjuicio contra los negocios y el capital del patrón, perjuicio que siempre cae al final sobre los trabajadores, será entonces imposible dudar de que el resultado neto de las huelgas no sea una pérdida pura y simple. La conclusión a la cual llego es que, como regla general, la huelga es un acto de locura"2.

3. David Ricardo y la ventaja relativa

Esta huelga de Air France deja ver otra lógica para resolver el "problema" de las huelgas en la ciencia de la economía política. Con la división internacional del trabajo como inquietud principal de la huelga (desnacionalizar la base legal laboral para poder bajar el precio del trabajo a través de una explotación más cruda de los trabajadores en otro lugar), se reactualiza la idea de las ventajas relativas de David Ricardo, quien, sin embargo, no lo había pensado desde esta perspectiva.

¿En qué consiste la idea de Ricardo de la ventaja relativa? Imaginemos que dos países producen cada uno vino y algodón. Por diferentes razones, uno produce naturalmente más vino y menos algodón, y el otro produce más algodón y menos vino. Cada uno tiene una ventaja relativa diferente. La idea de Ricardo es entonces que si el primero concentra toda su producción en la producción de vino, y el otro en algodón, pueden intercambiar lo que sobra, y la producción total de bienes aumenta. La ventaja relativa es, entonces, una manera de aumentar la productividad general a través de una división internacional del trabajo que se ordena por las ventajas relativas de cada nación en el mercado mundial.

Sin embargo, Ricardo nunca se imaginó que las ventajas relativas también pudieran aplicarse al grado de explotación del trabajo (por la variedad de derechos laborales en cada nación). Resulta que los países con derechos laborales mínimos tienen ventajas relativas con respecto a todos los trabajos que no dependen de un territorio en particular. Las compañías aéreas son sintomáticas en este sentido: son instaladas en muchas naciones, no tienen vínculo territorial particular, y lo más racional económicamente para ellas es explotar las ventajas relativas con respecto a la posibilidad de explotación del trabajador.

Es precisamente aquí que se encuentra el problema de la huelga de Air France. Y la explicación "científica" del fracaso necesario de la huelga es, al menos, sorprendente: Los empleados y sus empleadores, que juntos tienen una base legal en una nación con desventajas relativas con respecto al grado de explotación del trabajo, son, de hecho, aliados. Si no logran cambiar, desplazar e invertir las ventajas relativas de otras naciones, los rivales que logran hacerlo van naturalmente (por las leyes objetivas de la economía) a desbancar cada vez más la cuota del mercado de sus empleadores. Resulta que los empleados fracasan con sus empleadores.

Esta tercera lógica, por un salto increíble, logra "probar" que los empleados, por su propio interés, tienen que aliarse con sus empleadores. Esta solidaridad significa aceptar ver reducir sus derechos laborales y su nivel de salario para compensar las desventajas relativas con respecto a otros países, y así asegurar una competitividad para sus empleadores. En este sentido, dentro de esta lógica, del éxito de la huelga resulta necesariamente el fracaso de los huelguistas.

Por esto, me parece entonces que la huelga de Air France tiene una importancia singular en la escena mundial del capitalismo hoy.

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1http://www.liberation.fr/economie/2014/09/26/la-greve-et-les-difficiles-negociations-se-poursuivent-a-air-france_1109260
2Stanley Jevons, L'économie politique, p. 65, 1878, http://classiques.uqac.ca/classiques/jevons_w_stanley/economie_politique/jevons_economie_politique.pdf

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