Indignación por la calidad ambiental del país: un tema pendiente de movilización social

on Lunes, 02 Septiembre 2013. Posted in Artículos, Edición 16, Ambientalismo, Contaminación ambiental, Nacional, Omar Ramírez

16 OmarEs de gran importancia (además de necesario) que en el país emerjan expresiones de movilización social en torno a la contaminación ambiental y sus devastadores efectos sobre el ambiente y la salud de las personas. Razones para indignarnos por esta situación hay de sobra, pero a su vez es importante que estas expresiones no se mantengan aisladas ni indiferentes frente a otras realidades del país.
 
Omar Ramírez
Fuente: http://www.intramed.net

Existen diferentes razones para sentirnos indignados día a día. Los niveles de corrupción en todas las esferas del Estado, la represión de la protesta social, la falta de oportunidades laborales dignas, la perpetuidad de una guerra deshumanizada, la ceguera y el clasismo del sistema judicial, el limitado acceso a sistemas educativo y de salud de calidad, el despojo de tierras a comunidades rurales, entre otras, son situaciones que generan un sentimiento de repudio en buena parte de la población colombiana. Las continuas jornadas de protesta, levantamientos y paros adelantados durante el presente gobierno son síntoma de esto.

Pero más allá del sentimiento de rechazo, una de las principales razones que motiva la denuncia y la movilización social es la indignación, esto es, el enfado vehemente que genera la vulneración de algo entendido como vital para una comunidad. Es decir, cuando existe un atropello o alguna irregularidad sobre algún elemento sensible de un grupo social, es de esperar una legítima respuesta de denuncia, movilización y, en general, acciones públicas de visibilización de la problemática.

Ahora bien, no cabe duda que las condiciones ambientales en las que vivimos son, para cualquier población, un aspecto vital en el sentido estricto de la palabra. Esto quiere decir que si en el entorno donde permanecemos, vivimos y trabajamos existen ciertos elementos químicos, físicos y biológicos, en concentraciones inapropiadas, nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra calidad de vida se afectarán directamente al estar sometidas a un proceso de deterioro continuo, con serias implicaciones sanitarias para todos los sectores sociales, especialmente para los más vulnerables: infantes, adultos mayores y mujeres embarazadas.

En este orden de ideas, la contaminación ambiental no puede entenderse como un tema menor ni secundario en un país como Colombia, donde los niveles de control gubernamental son precarios y donde el modelo de desarrollo se encamina por la ruta de explotación masiva de recursos naturales. La contaminación ambiental, además de alterar la calidad de los medios receptores (agua, aire y suelo, lo que genera problemáticas de orden local, regional y global de alta complejidad ecológica y social), tiene un alto potencial de afectación negativa de las condiciones sanitarias, lo que significa que se están generando escenarios insalubres donde día a día estamos expuestos a factores de riesgo ambientales con directas implicaciones sobre una de las cosas más sensibles de nuestra sociedad: la salud. Esta relación entre contaminación ambiental y salud resulta más clara si se tiene en cuenta que organismos internacionales como la Organización Mundial para la Salud – OMS anuncian que una cuarta parte de todas enfermedades son causadas por contaminación ambiental1.

Intentemos dimensionar la magnitud del tema. Tomemos como ejemplo la contaminación del aire, quizás suele ser más común analizar las condiciones de contaminación del agua, pero en este caso quiero llamar la atención sobre la importancia del aire dado su carácter vital para la vida y los altos y continuos niveles de exposición que tenemos con los componentes allí presentes. Según información de la OMS, se calcula que la contaminación del aire a nivel urbano causa en todo el mundo 1.3 millones de muertes al año. Se estima, además, que la contaminación del aire de interiores (es decir a nivel intramural como son los ambientes laborales y el aire al interior de las viviendas) causa aproximadamente otras dos millones de muertes prematuras, donde alrededor de la mitad de esas muertes se debe a neumonías en menores de 5 años2. Las cifras de muertes tanto de contaminación del aire urbano como de ambientes intramurales provienen de países “en desarrollo” como Colombia, es decir, es un tema de gran relevancia que sin duda nos compete.

Por otro lado, enfocados en el contexto nacional, se estima que la contaminación producida por el material particulado ocasiona aproximadamente 6.000 muertes prematuras y 7.400 casos nuevos de bronquitis crónica cada año en el país. En Colombia, la contaminación del aire es la responsable de cerca de 13.000 casos de hospitalización y 255.000 consultas hospitalarias externas y de urgencias cada año3. Estas cifras son en sí mismas escandalosas y alarmantes. Estamos hablando de un tema que año tras año causa la muerte de miles de personas (muchas más que las generadas por el conflicto armado interno) y mancilla el bienestar de miles más4. Es un tema que sin duda atraviesa aspectos vitales de nuestras vidas como la salud, la economía (si se tiene en cuenta los costos de tratamientos médicos), la calidad de vida y la dignidad (si pensamos en que no tenemos condiciones mínimas que garanticen nuestro sano desarrollo).

Lo paradójico de todo esto es que en Colombia son escasas o nulas las expresiones sociales que se sienten indignas por esta realidad. Son mínimos los actos públicos, las denuncias y las movilizaciones que se organizan en torno a la contaminación ambiental (y mucho menos en torno a la contaminación del aire). Son escasos los actos de presión y de reclamo al gobierno para que tome cartas en el asunto y oriente, en el corto y mediano plazo, todos los esfuerzos posibles para optimizar la calidad del ambiente, para garantizar un ambiente sano y, con ello, mejorar las condiciones de salud y bienestar de la población.

La movilización social (en el sentido más amplio de la palabra) debería estar en manos de los grupos directamente aquejados (no cabe duda que las poblaciones más afectadas son las económica y socialmente más vulnerables), pero también debería convocar a docentes, investigadores, estudiantes e instituciones relacionadas con ciencias ambientales y de la salud. A ecologistas, ONG´s, médicos, grupos defensores de la niñez y todo aquél que desee desenvolverse en un ambiente sano.

Ahora bien, es muy importante que este tema no se vea de forma desligada de otras expresiones de indignación, puesto que las problemáticas que enfrentamos, así como las propiedades de los ecosistemas, suelen analizarse mejor bajo perspectivas sistémicas. No es posible comprender la contaminación ambiental sin considerar otras temáticas como, por ejemplo, los modelos de desarrollo, las políticas públicas, los niveles de acceso al sistema de salud, las condiciones de exclusión social, los desarrollos tecnológicos, el marco normativo, entre otras. Una ilustración al respecto: para comprender a fondo los altos niveles de contaminación del aire en algunas zonas rurales del país donde predomina el monocultivo de caña de azúcar, debemos tener conocimiento que en este cultivo (para aumentar los niveles de productividad) suele hacerse quema de biomasa, la cual libera a la atmósfera monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOX), metano (CH4), hidrocarburos no metálicos (NMHC) y partículas menores de 10 micras (PM10). Todo ello no sólo genera alteraciones físicas del entorno (por ejemplo el hollín emitido puede inhibir la formación de nubes, lo que repercute en una alteración de las condiciones microclimáticas del lugar), sino también deterioro de la salud de los trabajadores y población circundante (los gases y el material particulado emitido pueden alterar el normal funcionamiento de los sistemas respiratorio, cardiovascular, reproductivo y neurológico). Pero dentro de los análisis debe considerarse también el modelo de desarrollo rural que incentiva la permanencia y expansión de monocultivos, debe evaluarse las políticas de gobierno que promueven emprendimientos energéticos de gran escala (producción de bioetanol, por ejemplo), es necesario incluir las condiciones laborales de los trabajadores, revisar el cumplimiento de la normatividad ambiental, entre muchos otros aspectos.

En últimas, es de gran importancia (además de necesario) que en el país emerjan expresiones de movilización social en torno a la contaminación ambiental y sus devastadores efectos sobre el ambiente y la salud de las personas. Razones para indignarnos por esta situación hay de sobra, pero a su vez es importante que estas expresiones no se mantengan aisladas ni indiferentes frente a otras realidades del país. Aunque parezca una obviedad, no sobra recordar que la calidad ambiental no es, ni puede ser, un tema secundario en un país como Colombia, por cuanto lo que está en juego es, antes que nada, el pleno y digno desarrollo de sus habitantes en un ambiente sano.

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1http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2006/pr32/es/
2http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs313/es/
3Larsen, B. (2004). Cost of Environmental Damage: A Socio-Economic and Environmental Health Risk Assessment. Bogota: Ministry of Environment, Housing and Land Development.
4El 16 de agosto de 2013 se publicó en El Tiempo un artículo donde se afirma que las partículas finas presentes en el aire pueden pasar directamente de los pulmones a la sangre, incrementar el riesgo de infarto o, incluso, instalarse en el sistema nervioso central y dañar el desarrollo neurológico de los niños. Ver: http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/ecologia/entrevista-a-ferran-ballester-sobre-los-peligros-de-respirar-un-mal-aire_12998123-4

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