La crisis en el proceso de paz: ¿una oportunidad para fortalecerlo políticamente?

on Jueves, 20 Noviembre 2014. Posted in Artículos, Rubén Darío Alzate, Edición 45, Nacional, Régis Bar, Gobierno de Santos, Proceso de paz

45 Regis

Un momento de crisis puede constituir un punto decisivo, donde se decide la suerte de un proceso. En el caso que nos interesa, la crisis suscitada por el secuestro del general Alzate puede representar una oportunidad para darle un nuevo impulso al proceso de paz y volverlo imparable.

 
Régis Bar
Fuente de la imagen: www.las2orillas.co

Si nos referimos a la etimología, el surgimiento de una crisis significa la llegada a un punto decisivo y crucial de un proceso, donde está en juego su propia supervivencia. Los acontecimientos que tuvieron lugar el pasado domingo con la captura de un general y de sus dos acompañantes, un cabo y una abogada trabajando para el Ejército, en una zona del Chocó y la decisión ulterior del presidente Santos de suspender las negociaciones de paz en La Habana, parecen representar un verdadero momento de crisis ya que existe un verdadero riesgo de ruptura del proceso de paz.

Lo primero que se preguntaron muchas personas cuando se enteraron de la noticia del secuestro del general Rubén Darío Alzate fue ¿cómo es posible que un militar de ese rango y con tanta experiencia rompa con todas las reglas de seguridad y se dirija hacia una zona con presencia comprobada de grupos armados de civil y sin escolta? De hecho, esta pregunta también se la hizo el propio presidente Santos a través de su cuenta Twitter, al mismo tiempo que confirmaba la información del secuestro. Han circulado varias hipótesis contradictorias sobre el porqué del viaje del general al pueblo Las Mercedes y sobre la intencionalidad del secuestro por parte de la guerrilla.

Si bien es fundamental esclarecer las razones de la actuación del general, que a primera vista puede calificarse de totalmente irresponsable, también es importante reflexionar sobre el significado de su secuestro y de los efectos que ha tenido en el proceso de paz. Podemos afirmar de manera contundente que la decisión del presidente Santos de suspender las negociaciones de La Habana es desacertada. Pero al mismo tiempo podemos decir que el secuestro del general Alzate (la primera captura de un general por parte de las FARC) tiene un valor simbólico que va mucho más allá que la gran mayoría de los acontecimientos "regulares" del conflicto armado en su configuración actual, y que por lo tanto no se puede simplemente afirmar que se trata de un hecho más, consecuencia de la falta de voluntad del gobierno de aceptar un cese al fuego. Además, cabe anotar que este secuestro tiene lugar poco tiempo después del asesinato de dos indígenas del Cauca y luego de la captura de dos soldados en Arauca, por parte de integrantes de las FARC.

Entonces no se puede identificar como único responsable de la situación crítica actual al presidente Santos y a su decisión desacertada de suspender las negociaciones -a pesar de que se suponía que el mantenimiento de las hostilidades en el terreno no debía afectar el curso de las negociaciones- y tampoco se puede descartar el hecho de que basta con que la guerrilla libere al general y a sus dos acompañantes para que se reanude el proceso. En otras palabras, la ausencia de cese al fuego no puede justificar cualquier acción de la guerrilla, como tampoco de las Fuerzas Armadas. Es más, es importante evaluar las acciones de la guerrilla en una perspectiva estratégica y política, pues después de dos años de negociaciones de paz, sus acciones militares no pueden considerarse como totalmente desconectadas de lo que pasa en La Habana y de la situación política actual del país. En este sentido, las FARC no pueden caer en el error de minimizar el fortalecimiento de la extrema derecha, que se manifestó de manera explícita en las pasadas elecciones presidenciales, o el escepticismo, para no decir más, de una gran parte de la sociedad colombiana frente al proceso de paz.

Adicionalmente, nos podemos preguntar si las FARC han tomado plena conciencia del enorme rechazo que tiene la opinión pública nacional frente a la práctica del secuestro. En efecto, el secuestro es probablemente, de manera extraña, la modalidad de violaciones de los derechos humanos que ha sido más denunciada dentro de la sociedad colombiana en el marco del conflicto armado interno. Además, esta práctica está identificada en la memoria nacional con la terminación y el fracaso de los dos últimos intentos de negociaciones de paz, es decir el secuestro de Jorge Eduardo Gechem en 2002, que puso fin a las negociaciones con Pastrana, y el de Argelino Durán Quintero (por parte del EPL) en 1992, que acabó con las negociaciones con Gaviria. Por lo tanto, las FARC no pueden conformarse con afirmar que el general Alzate no es un secuestrado sino un prisionero de guerra o con señalar que se comprometieron a dejar únicamente los secuestros extorsivos, porque fundamentalmente a la gran mayoría de la opinión pública no le importa hacer la diferencia y lo vive simplemente como una provocación. Entonces, es permitido considerar que el secuestro del general Alzate no constituye absolutamente ninguna ganancia táctica para las FARC y representa más bien un error político que puede ser aprovechado por los enemigos de la paz.

Ahora bien, es preciso hacer la distinción entre la comandancia de las FARC, es decir su secretariado nacional, los delegados que están en La Habana y las estructuras locales en los diferentes territorios del país. En el caso que nos ocupa, el general Alzate fue capturado por integrantes del Frente 34 del Bloque "Iván Ríos" (o Bloque noroccidental) de las FARC. Este bloque es señalado como "tal vez el más débil dentro de las divisiones de las FARC, en términos de mando y control, y por lo tanto, corre el mayor riesgo de fragmentación y criminalización"1. El Frente 34 fue uno de los pocos que rompieron el cese al fuego unilateral de dos meses de la guerrilla que tuvo lugar entre finales de 2012 y principios de 2013 y fue protagonista de un paro armado.

En un comunicado que se hizo público este martes, el Bloque "Iván Ríos" afirmó que están "subordinados a las decisiones que adopten las instancias superiores de las FARC", mientras que los negociadores en La Habana dejaron claro que la decisión sobre la liberación del general Alzate debía tomarse en Colombia por el Secretariado y su máximo comandante, "Timochenko". En esta medida, la resolución de este "problema" puede constituir para la comandancia de las FARC la ocasión de reafirmar su autoridad y su control sobre unas estructuras esencialmente militares, y así imponer la preponderancia de su componente político. En otras palabras, podría ser una oportunidad para dar una señal muy clara de compromiso hacia las negociaciones de La Habana, tanto al interior como hacia el exterior, y para reafirmar la vocación política de la guerrilla. Pero más allá de esto, sería una muestra de que las FARC comprenden la coyuntura política nacional y el fortalecimiento del movimiento social y popular, que ha estado a la vanguardia de la defensa de la paz. Es más, si la comandancia de la guerrilla no hiciera todo lo que está en su poder para concretar la liberación de los secuestrados, y así levantar la suspensión de los diálogos de paz, sería una señal bastante preocupante, ya que iría en contravía de iniciativas como la de la Marcha Patriótica que acaba de tomar la decisión de lanzarse a las elecciones locales del próximo año, con la voluntad de fructificar el éxito del proceso de paz.

La noticia de la suspensión de los diálogos de paz cayó como un baldado de agua fría para todos los que anhelan la paz en Colombia y dejó entrever un escenario catastrófico de terminación del proceso de paz y de un probable recrudecimiento del conflicto armado como consecuencia. Sin embargo, es preciso tratar de analizar las cosas con calma y prudencia. Aunque haya muchas "zonas de oscuridad", podemos destacar algunos puntos positivos, como el hecho de que Santos haya pedido la colaboración del Comité Internacional de la Cruz Roja y de los países garantes y acompañantes de las negociaciones de paz, que los delegados de las FARC en La Habana se hayan pronunciado rápidamente y hayan demostrado una verdadera voluntad de seguir en la mesa de negociación, y que el Bloque "Iván Ríos" haya afirmado que la decisión sobre la liberación dependía de sus "instancias superiores". Pero también existen puntos preocupantes como la decisión de Santos de suspender el proceso de paz después de haber conversado con los jefes militares, y sin haber consultado a sus delegados de la mesa de La Habana, la eventualidad no descartada de un rescate militar que pondría en serio peligro la vida de los secuestrados, o la afirmación del Bloque "Iván Ríos" en su comunicado que el general Alzate tiene "cuentas pendientes con la justicia popular".

Como lo señalamos en la introducción, un momento de crisis puede constituir un punto decisivo, donde se decide la suerte de un proceso. En el caso que nos interesa, la crisis suscitada por el secuestro del general Alzate puede representar una oportunidad para darle un nuevo impulso al proceso de paz y volverlo imparable. Pero la responsabilidad es de todos, del gobierno y de las FARC, así como de la sociedad colombiana en su conjunto y de la comunidad internacional, hacer que el proceso de paz continúe y se fortalezca, así como neutralizar a los enemigos de la paz dondequiera que se encuentren. En este sentido cabe resaltar la fuerte movilización de los sectores más afines a la paz en favor de un desescalamiento del conflicto que lleve lo más pronto posible a un cese al fuego.

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1 http://es.insightcrime.org/investigaciones/bloque-ivan-rios-division-combate-vulnrable-farc

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