La encrucijada de la economía colombiana: ¿es la crisis un problema coyuntural?

on Martes, 30 Abril 2013. Posted in Artículos, Edición 8, Economía colombiana, Plan de impulso a la productividad y el empleo, Nacional, Andrés Felipe Mora

8 MoraLas medidas adoptadas por las autoridades económicas del país (¡y las que vendrán!) son meramente coyunturales y olvidan que la encrucijada en la que se encuentra la economía colombiana es producto de la inmovilidad de su posición en el escenario económico mundial y del conjunto de reformas de ajuste estructural que se han implementado en las últimas décadas.
 
Andrés Felipe Mora
Fuente: http://udforex.es
Uno de los elementos comunes en los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos ha sido su permanente insistencia en el carácter “blindado” de la economía frente a la situación de turbulencia que golpea al mundo. Sin embargo, los resultados que año a año se muestran en materia de crecimiento económico hacen dudar de tal optimismo y ponen en evidencia la debilidad estructural de la economía colombiana más allá de los choques externos favorables o desfavorables que puedan afectarla. La encrucijada, entonces, no es coyuntural: es producto de la inmovilidad de la posición de la economía colombiana en el contexto internacional y del conjunto de reformas de ajuste estructural que se han implementado en el país en las últimas décadas.

Las cifras recientes de crecimiento total y sectorial muestran que, lejos de su pretendida solidez, la economía colombiana enfrenta una situación de pérdida recurrente de dinamismo. En términos totales, por ejemplo, el crecimiento económico durante 2012 no fue del 4.7 por ciento como lo esperaba el Banco Mundial, sino solo del 3.5, y para 2013 tampoco será del 4.2 sino del 3.8 por ciento.  

Sectorialmente, el panorama no es más alentador, pues aunque con excepción de la industria, todos los sectores crecieron en 2012,  la mayoría lo hizo a un ritmo más lento que en 2011. Por ejemplo, la “locomotora minera” mostró una expansión del 5.9 por ciento, en comparación con el 14.4 por ciento de 2011. Lo mismo ocurrió con transporte, almacenamiento y comunicación, que pasó del 6.2 por ciento al 4 por ciento. Y con el grupo conformado por establecimientos financieros, actividades inmobiliarias y servicios que avanzaron 5.5 por ciento (desde 7 por ciento de un año atrás).

Por su parte, los sectores que más generan empleo replicaron dicho comportamiento a la baja, pues la construcción fue una de las principales causas del enfriamiento de la economía: mientras que en 2011 este sector creció 10 por ciento, el año pasado avanzó apenas 3.6 por ciento.  En este listado también está comercio, hoteles y restaurantes que en 2012 crecieron a una tasa de 4.1 por ciento, frente al 6 por ciento observado en 2011. Pero el número rojo corrió por cuenta de la industria, pues retrocedió 0.7 por ciento, y 14 de sus 28 subsectores mostraron comportamiento negativo. Esto, en comparación con la expansión del 5 por ciento que se produjo en el 2011, cuando solo 4 actividades decrecieron.  

En este sombrío panorama únicamente se aceleraron los servicios sociales, comunales y personales, que pasaron de 2.9 a 4.9 por ciento, impulsados por la administración pública y el sector defensa (¡!).

Ante esta situación, las autoridades económicas del país han implementado las recetas de choque tradicionales: recortes en las tasas de interés, compra de dólares, reducción en los costos de producción, estímulos tributarios y arancelarios a las empresas, lucha contra el contrabando, contención de la revaluación o minimización de sus efectos negativos, e impulso a la construcción de infraestructura y vivienda de interés social (esto último, con un claro interés político). Todas estas medidas están incluidas en las tradicionales acciones del Banco de la República (que ha continuado con su compra diaria de dólares y ha realizado cinco recortes consecutivos en las tasa de interés, ubicándolas en la actualidad en el 3.25 por ciento) y en el “novedoso” y “ambicioso” Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo (PIPE), lanzado por el Gobierno de Juan Manuel Santos hace algunas semanas.

El PIPE incluye medidas transversales y sectoriales. Las transversales contemplan medidas cambiarias, tributarias, arancelarias, de competitividad y de lucha contra el contrabando. Las sectoriales se relacionan con temas de infraestructura, vivienda, comercio y agricultura.  El Plan pretende generar 350.000 empleos y costará cerca de $5 billones. Con las medidas transversales se busca contener la revaluación a través del aumento del nivel de ahorro en moneda extranjera, desmontar los parafiscales para las empresas, imponer tasas diferenciales de retención en la fuente según el dinamismo sectorial, devolver el IVA a los industriales, ampliar la rebaja arancelaria de los productos que no se producen en Colombia por dos años más, realizar reducciones en el costo de la energía para los empresarios, dinamizar el proceso de chatarrización de vehículos para disminuir los costos de transporte de las empresas y reforzar las medidas en contra del contrabando.

Y en cuanto a las medidas sectoriales, los sectores de vivienda, comercio, infraestructura y agricultura son los que tendrán más atención del Gobierno, debido a la reducción de su dinámica durante el 2012 y en lo que va corrido de este año. En materia de transporte, el Ministerio de dicha cartera ejecutará este año obras proyectadas para 2016, en el sector de la vivienda se construirán 100 mil unidades más, de las cuales 14 mil serán para el sector rural, las otras 86.000 casas serán para familias con ingresos entre uno y dos salarios mínimos que se puedan bancarizar; adicionalmente, se definió una disminución de las tasas de los créditos de vivienda que oscilan entre los $80 millones y los $200 millones, pasando de un interés del 12% al 7%.  

Para el comercio, se otorgarán créditos por $120.000 millones, y en el sector de la agricultura el plan canalizará $200.000 millones para 100 mil viviendas con gratuidad en las zonas rurales; $100.000 millones serán destinados para la reconversión de la industria lechera, otros $100 mil millones se manejarán por medio de Finagro para aspectos fitosanitarios en cultivos de palma aceitera, banano y arroz, y otros $100 mil millones serán entregados al Instituto Superior de Educación Rural, Iser. También se incluyó una partida por $280.000 para llevar a cabo el censo agropecuario el año entrante.

En fin, nada novedoso; nada agresivo. De hecho, días después de ser presentado el PIPE y de analizar las medidas tomadas por el Banco de la República, Colombia recibió la noticia de que la agencia estadounidense Standard and Poor’s le subió la nota de BBB- a BBB, lo cual mejora su reputación crediticia frente al mercado financiero internacional, debido a que los planes de choque formulados e implementados por las autoridades económicas no alteran estructuralmente la economía y son funcionales a las reformas de estabilización y ajuste que se han venido implementando en las últimas décadas en Colombia. Y sin embargo, dicha mejora en la percepción del riesgo, implica que la tarea debe profundizarse: “Tenemos una perspectiva estable en la calificación de Colombia y eso significa que estamos esperando que se cumplan los desafíos porque ahora son más grandes. Es como en la escuela: en la medida en que subes la escala cada año, el examen es más exigente”, sostuvo Joydeep Mukherji, el analista de Standard and Poor’s encargado de calificar a Colombia (Diario El Tiempo, 27 de abril de 2013).  

¿En qué consiste la “exigente tarea” impuesta por Standard and Poor’s?  En profundizar el modelo: fortalecer el ahorro del gobierno en el país y en el exterior, continuar reduciendo el déficit fiscal, aumentar la inversión pública o privada en infraestructura, garantizar mayor acceso al crédito para los empresarios, fortalecer el sistema financiero, dinamizar la investigación en el sector minero-energético y calificar la mano de obra.

Tal y como se dijo, las medidas adoptadas por las autoridades económicas del país (¡y las que vendrán!) son meramente coyunturales y olvidan que la encrucijada en la que se encuentra la economía colombiana es producto de la inmovilidad de su posición en el escenario económico mundial y del conjunto de reformas de ajuste estructural que se han implementado en las últimas décadas. Es decir, las medidas de choque formuladas e implementadas para enfrentar la crisis olvidan intervenir sobre varios de los factores que mantienen a la economía colombiana en el retraso y que explican la reproducción permanente de la pobreza y la desigualdad.  ¿Cuáles son dichos factores?

1. Las economías como la colombiana poseen escaso control sobre los precios de los bienes que exportan e importan, pues la composición de sus exportaciones está integrada en mayor medida por materias primas y manufacturas menores. De ahí que, al centrar su actividad económica en sectores como el minero-energético, se produzcan situaciones recurrentes de “enfermedad holandesa”, se provoquen procesos de desindustrialización urbana y rural,  y se genere poco empleo debido a que dichos sectores minero-energéticos no son intensivos en mano de obra y difícilmente generan encadenamientos.

2. En este tipo de economías se distinguen tres sectores en los cuales el tema del empleo deben analizarse separadamente y atendiendo a sus especificidades: i) un sector rural, caracterizado por altos niveles de autoempleo y trabajadores familiares no remunerados; ii) un sector urbano informal, que involucra individuos autoempleados, pequeñas empresas privadas y altos niveles de subempleo o “desempleo disfrazado”, y iii) un sector urbano formal integrado por empresas medianas y grandes, incluidas las de propiedad estatal, que contratan trabajadores mediante instrumentos formales.

3. Es característico también la paulatina pérdida de posibilidades de intervención contracíclica debido al establecimiento de reglas de política fiscal y monetaria que “atan las manos de las autoridades económicas” comprometiéndolas con metas puntuales e incontestables.  En Colombia, es este el caso del Banco de la República y su compromiso único con el mantenimiento de la inflación baja y de la Regla Fiscal, que obliga al gobierno a consolidar un excesivamente bajo (o a eliminar) el déficit fiscal.

4. La tendencia frecuente a centrar la mayor competitividad de la economía en variables nominales (tasa de cambio competitiva, bajos salarios, estabilidad de precios) o tributarias-institucionales (gabelas tributarias, confianza inversionista, derechos de propiedad, normas ambientales); lo cual reduce los ingresos del Estado, genera presiones para extender impuestos regresivos, contrae el mercado interno, precariza a los trabajadores y relaja las exigencias de cuidado ambiental para las empresas.

Estos son algunos de los factores estructurales que deberían ser transformados y/o tenidos en cuenta en la formulación de políticas tendientes a quebrar la tendencia recesiva de la economía colombiana.  Ello implicará, por supuesto, la puesta en discusión del modelo de desarrollo que se profundiza, el cambio en lo sectores estratégicos que se impulsan y la ampliación de los objetivos e instrumentos que se les ofrece a las autoridades económicas para que reaccionen frente a las crisis. Son estos aspectos claves para garantizar el crecimiento económico, el pleno empleo de calidad y la búsqueda de un país con justicia social.

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