La humanidad de la Bogotá Humana

on Martes, 01 Abril 2014. Posted in Artículos, Habitante de calle, CAMAD, Bogotá, Edición 30, Bogotá Humana, Gustavo Petro, Nacional, Edwin Cruz

30 EdwinEn un país amargamente famoso por los “paseos de la muerte”, donde las personas mueren en la puerta de los hospitales por carecer de recursos, no puede más que destacarse que sólo en el Bronx se atiendan en promedio 40 personas al día, bajo el único criterio de ser seres humanos, sin importar si tienen identificación, si acceden a reportar sus datos personales y, obviamente, si tienen carné del SISBEN o afiliación a una EPS.
 
Edwin Cruz
Fuente de la imagen: www.eltiempo.com 

Toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura al fascismo”.
Albert Camus

Capítulo uno

El lunes 12 de febrero de 1996, el sueño de los vecinos de Bosa y Soacha fue abruptamente interrumpido, en plena madrugada, por el ruido de las sirenas y otros artefactos que las juntas de acción comunal y algunos espontáneos hicieron sonar, para instarlos a bloquear la autopista sur. Su idea era impedir a toda costa que los “indigentes”, que venían apretujados en volquetas y camiones presumiblemente desde la Calle de El Cartucho, pues en aquella época no había funcionarios que se opusieran al transporte masivo de personas en este tipo de vehículos, lograran ubicarse en el lote que, se rumoraba, la Alcaldía de la Capital había destinado para ellos.

Las protestas habían empezado la noche anterior y, según el periódico El Tiempo, se prolongaron, en lo que se describe como una suerte de batalla campal, por más de diez horasi. De acuerdo con el mismo diario, los habitantes de estas zonas rechazaban la presencia de los moradores de El Cartucho con declaraciones como: “Si llega esa gente acá, nos dañan el barrio, y nosotros no vamos a dejarnos”, o “queremos más agua y luz, pero no indigentes”.

Aunque en la actualidad resulta difícil documentarlo, en los días siguientes los medios de comunicación hicieron eco de la “intolerancia” que los habitantes de esas zonas periféricas habían manifestado para con los habitantes de calle y las familias de recicladores que serían reubicadas en esas localidades. Quizá no haya faltado quien afirmara que a los discriminadores les faltaba “cultura ciudadana” o, tal vez, una “vacuna contra la violencia”, tan de moda por ese entonces.

Sin embargo, nadie puso en cuestión la exclusión física y simbólica, el destierro de la ciudad, al que los habitantes de calle y recicladores fueron condenados por la administración de la Capital en cabeza de Antanas Mockus, cuyo plan de desarrollo, paradójicamente, tenía como lema “Formar ciudad”.

Capítulo dos

Unos años después, a principios de 2000, los habitantes de El Cartucho volvieron a ser noticia. Esta vez los medios de comunicación destacaron los enfrentamientos entre los “indigentes” recicladores, quienes el primero de marzo de ese año se tomaron una estación de gasolina aledaña amenazando con hacerla estallar, y la policía, que iba a iniciar un desalojo, con un saldo de heridos y muertosii.

Las protestas se originaron a causa del empeño por parte de la Alcaldía de demoler varias manzanas, para reemplazar las envejecidas construcciones por un parque, en el marco del plan de renovación urbana formulado desde 1998. La administración de “Por la Bogotá que queremos” de Enrique Peñalosa, justificaba tal medida porque el deterioro de la zona operaba en contra de la seguridad y la “competitividad” de la Ciudadiii. Según el entonces Alcalde, en una era posindustrial y global era necesario atraer personas emprendedoras y eso era muy difícil si Bogotá era poco atractiva en términos de calidad de vida y conservaba lugares como El Cartucho.

Esos episodios violentos se repetirían varias veces en los días siguientes. La resistencia de los habitantes de ese sector tendría su representante en un empresario reciclador, Ernesto “El Loco” Calderón, quien había organizado una especie de cooperativa denominada Movimiento de Recicladores Independientes (MRI), que durante 2000 cambió de nombre y pasó a denominarse Movimiento Revolucionario de Indigentesiv. Su principal demanda era atender las innumerables necesidades de la población que allí residía, empezando por una reubicación en viviendas dignas, y garantizar un pago justo por las propiedades que serían demolidas. El vocero de las 2500 familias que habitaban El Cartuchov, se enfrentó con la administración y los medios de comunicación; los adversarios contrarrestaron sus exigencias acusándolo de utilizar los indigentes para obtener un sobreprecio por su bodegavi. Un año después, el 3 de marzo de 2001, sería asesinado, aún no se sabe por qué razónvii.

La construcción del Parque Tercer Milenio terminó por dispersar los antiguos habitantes de la tristemente emblemática calle y, con ellos, las redes de mafias y criminales organizados articulados alrededor del microtráfico de drogas ilícitas. Tal vez por un tiempo el sector pudo ser más atractivo y dar la impresión de ofrecer mayor calidad de vida, para los emprendedores e inversionistas por supuesto. Pero la medida estuvo lejos de solucionar los problemas de seguridad, incluso los de la propia localidad, por no hablar de los problemas sociales que poco preocuparon al gobierno distrital. Al final todo terminó siendo “un simulacro arquitectónico con pretensiones de bienestar y desarrollo social y económico”, “una estrategia kitsch que privilegia el embellecimiento, perpetuando y desplazando las problemáticas sociales”viii. El cartucho quedaría, en el imaginario de los bogotanos, como “un lugar que sirvió de refugio denostado para cientos de personas que no cabían en la ciudad”ix. No obstante, como es bien sabido, todo el problema se desplazó sólo unos cuantos metros, a lo que hoy se conoce como el Bronx.

Capítulo tres

Muchos bogotanos y colombianos hasta hace muy poco descubrieron esa penosa verdad, precisamente cuando la prensa registró las críticas que se cernían sobre la iniciativa de los Centros de Atención Móvil a Drogodependientes (CAMAD), uno de los cuales se instalaría en el Bronx, ese otro lugar para miles de personas que “no caben dentro de la ciudad”, muchas de ellas consumidores dependientes de drogas dominados y explotados por mafias que controlan su expendio. Entonces salió a relucir la infundada acusación de que en dichos centros se suministraría drogas ilegales a estas personas. Tanto así que, sólo unos días después de la presentación del proyecto, en agosto de 2012, y en una de sus ya corrientes demostraciones de ignorancia e improvisación, el procurador llegó a afirmar que Petro se la había “fumado verde”x. Para otros se trataba simplemente de otra muestra de “populismo”, como hasta hace muy poco se etiquetó todo aquello que propugnara por la restitución de los derechos en la Ciudad, por parte del destituido Alcalde.

Los habitantes del Bronx se refieren al espacio circundante como “la ciudad”, algo ajeno, de lo que no se sienten parte. Lejos de ser un dato anecdótico, ello nos permite observar el grado de conciencia que tienen sobre su exclusión. No es que las administraciones mencionadas e incluso las posteriores carecieran de iniciativas en la materia, pero lo cierto es que nunca lo tuvieron como una prioridad de su política social al punto de comprometer su legitimidad para superar esa situación. Los “indigentes” siempre aparecieron en la agenda pública como algo secundario a las políticas centrales de la administración que, como se ha visto, frecuentemente tenían como fin excluirlos de la ciudad que se estaba formando o de la ciudad deseada.

¿Qué tipo de ciudad puede formarse a partir de la exclusión, el destierro, el exilio interno?, ¿qué modelo de ciudad puede resultar de iniciativas que prefieren maquillar estos problemas, excluir o hacer como si no existieran?, ¿puede llamarse eficiente, eficaz o por lo menos aceptable, la gestión de un gobierno que no se preocupa por dignificar con el estatus de ciudadanos personas desvalidas y olvidadas como los habitantes de calle? Las iniciativas para enaltecer a las personas, incluirlas, reconocerlas como seres humanos semejantes y hacerlas parte de la comunidad política, hacerlas ciudadanos, deberían constituir uno de los criterios para evaluar el modelo de ciudad que se requiere y se desea.

Por estos días hay una avalancha de informaciones que enfatizan el “desgobierno”, cuando no el “caos” y la “anarquía”, que supuestamente habría reinado durante el gobierno de Petro y la Bogotá Humana. Su gestión se evalúa haciendo abstracción de la oposición política, de los sectores más poderosos del país, que el destituido Alcalde tuvo que librar y la consiguiente ingobernabilidad que sus contradictores se esforzaron en ocasionar. Nada de eso es de extrañar, puesto que la victoria sobre este proyecto no sería completa si no se atacara la memoria. Con todo, si se examinan comparativamente las políticas del gobierno de Petro orientadas a la población que habita en la calles, aún con todas las limitaciones que objetivamente se puedan encontrar, indudablemente se descubre un punto de inflexión, un giro hacia la humanización de la Ciudad.

Los CAMAD se inauguraron finalmente el 17 de septiembre de 2012 y actualmente existen cuatro: en el Bronx, El Amparo en Kennedy, San Cristóbal y Rafael Uribe Uribe. No podría afirmarse que constituyan una panacea en este tipo de políticas y, como muchas otras iniciativas de la alcaldía de Petro, nunca sabremos hasta dónde habrían podido llegar si los cálculos electorales del gobierno Santos y la ambición de distintos actores sobre la Ciudad le hubiesen permitido gobernar, pero hoy nadie pone en duda que constituyen un paso importante para cambiar el enfoque policivo, represivo y excluyente, el desprecio en una palabra, que se ha cernido sobre la población habitante de calle y sobre el consumo de drogas, hacia un enfoque basado en su concepción como un problema de salud pública y restitución de derechos, que no se agota en la convencional caridad.

Esos centros reúnen profesionales de la salud, psiquiatras, médicos, trabajadores sociales, orientadores y enfermeros. Allí solo se suministran medicamentos permitidos por ley y bajo estricta prescripción médica, necesarios para manejar los estados de ansiedad de las personas dependientes, particularmente de aquellas que deciden emprender un proceso de rehabilitación. Prácticamente están orientados por una estrategia de atención primaria en salud a esta población.

Recientemente un informe de la Personería atacó el proyecto por un supuesto detrimento patrimonial por concentrar los recursos en gastos administrativos. Pero es apenas obvio que una iniciativa cuyo principal recurso es el talento humano profesional conlleve un gasto considerable en este rubroxi. Paradójicamente, esa situación dio pie para la difusión de un balance del proyecto en el que se destacaxii la atención a más de 11.000 seres humanos, 45 personas rehabilitadas, algunos de ellos trabajando con la Secretaría de Salud, y otras 300 en un proceso de rehabilitaciónxiii.

Las cifras siempre pueden discutirse, pero el cambio cualitativo en la perspectiva de la política difícilmente se puede controvertir. Además, como ha quedado demostrado, el problema en cuestión adolece de una gran complejidad. Aunque inicialmente se planteó una recuperación del sector del Bronx, con el objetivo de liberar las personas bajo el dominio de las mafias antes que de embellecer la Ciudad, ello no ha sido posible. Allí se instaló un Centro de Desarrollo Humano con, entre otras cosas, un jardín infantil y un comedor comunitario. Pero el poder de los intereses que allí se mueven quedó demostrado con su capacidad de intimidación, mediante las amenazas a varios funcionarios y el asesinato de uno de ellos, Oscar Javier Molinaxiv.

Con todo, en un país amargamente famoso por los “paseos de la muerte”, donde las personas mueren en la puerta de los hospitales por carecer de recursos, no puede más que destacarse que sólo en el Bronx se atiendan en promedio 40 personas al día, bajo el único criterio de ser seres humanos, sin importar si tienen identificación, si acceden a reportar sus datos personales y, obviamente, si tienen carné del SISBEN o afiliación a una EPS. Para muchos de ellos es la primera vez en años que ven un médico, la única vez en su vida que han visto un odontólogo, y de las pocas veces que han sido tratados como seres humanosxv.

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ihttp://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-361699
iihttp://www.elespectador.com/impreso/bogota/articulo-284750-los-suenos-de-el-loco-de-el-cartucho; http://www.caracol.com.co/noticias/bogota/dos-muertos-por-incidentes-en-zona-de-indigentes-en-bogota/20000302/nota/22066.aspx
iiiPiffano Mendoza Germán, Del infierno al paraíso: una comedia urbana. Monografía de grado para optar al título de antropólogo. Universidad de Los Andes, 2003, p. 79. Disponible en: https://biblioteca.uniandes.edu.co/Tesis_2003_primer_semestre/00000186.pdf
ivhttp://www.elespectador.com/impreso/bogota/articulo-284750-los-suenos-de-el-loco-de-el-cartucho
vhttp://www.elespectador.com/impreso/bogota/articulo-284750-los-suenos-de-el-loco-de-el-cartucho
vihttp://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-597870
viihttp://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-594111
viiiGóngora Andrés y Suárez Carlos José (2008) “Por una Bogotá sin mugre: violencia, vida y muerte en la cloaca urbana”, en Universitas Humanística, no 66, pp. 108 y 130. Disponible en: http://www.scielo.org.co/pdf/unih/n66/n66a08.pdf
ixPiffano Mendoza Germán, Del infierno al paraíso: una comedia urbana. Monografía de grado para optar al título de antropólogo. Universidad de Los Andes, 2003, p. 4. Disponible en: https://biblioteca.uniandes.edu.co/Tesis_2003_primer_semestre/00000186.pdf
xhttp://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo-365784-petro-se-fumo-verde-procurador
xihttp://www.elespectador.com/noticias/bogota/distrito-asegura-camad-no-ha-generado-detrimento-patrim-articulo-483411
xiihttp://www.caracol.com.co/noticias/bogota/camad-han-rehabilitado-a-45-adictos-a-las-drogas-secretario-de-salud/20140327/nota/2149419.aspx
xiii“Entre el 17 de septiembre de 2012 y el 31 de enero de 2014 se han atendido un total de 11.292 personas consumidoras de SPA. De las cuales 3.203 (26,8%) son consumidores habituales y problemáticos de SPA. A través de las acciones de los CAMAD 2.250 personas de las consumidoras habituales accedieron a: Servicios de urgencias: 1.141 con atención efectiva
; Hogares de Paso de la Secretaría Distrital de Integración Social: 1.109
; Hogares de paso del Instituto de Protección de la Niñez y la Juventud (IDIPRON): 300
; Servicios de salud mental de la Red Pública (Hospital Santa Clara, San Blas): 330 consumidores habituales. Durante los 16 meses de operación, la inversión en los CAMAD, centrada en la prevención y mitigación de riesgos y daños del consumo de SPA, ha sido de $2.867’398.240 millones. Considerando la población atendida equivale a una inversión promedio de $253.931 pesos por persona intervenida, recursos provenientes del Plan de Intervenciones Colectivas.” http://www.radiosantafe.com/2014/03/28/camad-del-bronx-ha-atendido-a-11-mil-consumidores-de-psicoactivos/
xivhttp://www.eltiempo.com/colombia/bogota/operativos-en-el-bronx_13449757-4
xvhttp://www.eltiempo.com/colombia/bogota/asi-funciona-el-camad-del-bronx_12733621-4

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