La opción no es la reproducción, es la vida

on Lunes, 30 Noviembre 2015. Posted in Artículos, Edición 70, Estudios de género, Violencia contra la mujer, Nacional, Andrea Marcela Cely

70 Cely

El patriarcado no lo hemos derrumbado, y así como persisten los asesinatos de mujeres por su condición, también se mantiene la cadena del amor como violación.

 
Andrea Cely
Fuente de la imagen: www.blogs.publico.es

El 25 de noviembre salimos a las calles a gritar en contra de la violencia hacia las mujeres por la condición de serlo. Y también gritamos por la vida. Por la decisión que tomamos varias mujeres de pelear por el respeto a la libertad. Y en este caso quisiera resaltar una condición que sigue generando discusión entre familias, mujeres que se reconocen como feministas y aquellas que siguen viendo este movimiento como ajeno. La decisión de la maternidad. No es un tema nuevo, pero sí cotidiano.

Inicio esta columna dedicándola a todas las mujeres que hoy son madres, aquellas que optaron por no serlo y quienes siguen peleando porque acepten su decisión. A muchas otras que esperan serlo solas o acompañadas, mediante adopción o alguna otra opción que la ley y la ciencia permitan. También a tantas que siguen recibiendo esta noticia sin estar seguras y a quienes deciden interrumpirlo por su motivo o violación. Pienso en los hombres, pero esto será tema de discusión más adelante. Por ahora escribo para ellas, en una fecha dedicada a nuestra condición de mujeres con capacidad de decisión, que luchamos por garantizar el respeto que requiere la vida.

Hay un cuento (el mismo nombre que recibe el libro) de Raymond Carver titulado Principiantes que quisiera recomendar. El cuento logra retratar bien el miedo que nos acompaña en varios momentos del día y también me permite ejemplificar una sensación difícil de argumentar cuando se presentan casos de embarazo en medio de una relación violenta. En la escena aparece una mujer, Terri, hablando con amigos en una cena mientras narra un recuerdo:

- Una noche me dio una paliza; la última noche que vivimos juntos. Me arrastró por los tobillos por todo el salón, y no paraba de decirme: «Te quiero, ¿No lo ves? Te quiero, zorra.» Siguió arrastrándome por todo el salón, y mi cabeza se golpeaba una y otra vez contra las cosas. – Nos fue mirando uno a uno alrededor de la mesa, y luego se miró las manos, que asían el vaso de ginebra-. ¿Qué se puede hacer con un amor así? – dijo”.

Ante esta respuesta su nueva pareja reacciona argumentando que ella no puede llamar a eso amor, mientras los amigos se mantienen en silencio. Luego de varias escenas, su actual pareja decide retirarse a tomar un baño y ella aprovecha que él no está para declarar a sus amigos:

Me amaba y yo lo amaba a él. Eso es todo. Sigo pensando en él de vez en cuando. Es la verdad y no me avergüenza decirlo (…). Estaba embarazada de él. Era la primera vez que intentaba matarse, la vez que tomó matarratas. Él no sabía que estaba embarazada. Y lo peor viene ahora. Decidí abortar. Sin decírselo a él, por supuesto (…). Pero en aquella época yo pensaba que Carl estaba loco. No quería un hijo suyo. Y luego se mató. Pero después de que hubiera pasado un tiempo y ya no estaba Carl, cuando ya no podía hablar con él ni escuchar su punto de vista sobre las cosas ni ayudarle cuando estaba asustado, me sentí realmente mal por cómo había sido todo. Sentí lo de su hijo, lo de no haberlo tenido. Amo a Carl, y en mi mente no hay ninguna duda sobre esto”.

Esta sensación puede generar diversos argumentos, pero es un hecho real y cotidiano. Es más, varias mujeres, aunque dudan en ser madres, deciden mantener su embarazo por el amor que dicen sentir hacia sus parejas, generalmente, hombres. Quienes, en muchos casos, deciden evadir su paternidad, llegando incluso a la violencia verbal, psicológica y física hacia estas mujeres que ya tienen que luchar contra miles de cuestionamientos sociales por su decisión.

Pero tenemos otros casos de mujeres que al reconocer y asumir la decisión de la maternidad, gastan los recursos económicos, emocionales y físicos por quedar en embarazo y sin necesidad de una pareja. Las posibilidades que la tecnología ofrece actualmente eran inimaginables hace algunas décadas, aunque su acceso sigue siendo restringido. Pero en estos casos quisiera resaltar la capacidad de decisión y la fortaleza que marcan estos cuerpos. También el de aquellas parejas de mujeres que deciden construir una familia con hijos de alguna de ellas, o de las dos. Quienes tienen la posibilidad hoy felizmente de adoptar, o incluso de usar esperma de un hombre amigo, desconocido o negociante. También a todas ellas les ha tocado luchar contra millones de preguntas, límites e insultos.

Por otro lado, están quienes logran que la vida sea tan planeada y concertada, que bajo algunos parámetros sociales establecidos, deciden asumir la maternidad al lado de su pareja, generalmente, heterosexual. Y aunque parezca la opción más sencilla, también cuenta con discusiones cotidianas y silencios que en una sociedad no patriarcal podrían salir con más tranquilidad. O todas las mujeres que después de varios años de convivencia, reconocen que no quieren que su vida esté delimitada por esta condición y, después de décadas de maternidad, encuentran la posibilidad de asumirlo de otra manera. Para ellas no sobran las críticas, incluso de sus propios hijos e hijas.

Finalmente, están quienes deciden no serlo. Y para ellas tampoco faltan los reproches. Algunas toman la decisión porque su cuerpo no ofrece esta posibilidad y les genera traumatismos, adicionales a los comentarios generalizados de sus familiares, amigos y compañeras de trabajo. Aunque también están aquellas otras que recurren a la cirugía para impedirlo, y por tal razón deben lidiar con discusiones religiosas, médicas y biológicas. Casi el mismo desgaste físico que genera un embarazo.

Pero, ¿qué es lo que tanto molesta con la decisión? El problema no está en la reproducción. Es una opción por la vida. Principalmente por la vida de estas mujeres, también la de sus parejas y la de sus hijos e hijas en el caso que así lo decidan. Quienes lo asumen como un problema de reproducción se acercan fácilmente al argumento del Procurador, porque para ellos y ellas lo importante es la reproducción, ya sea con la paloma o con el pene, pero reproducción.

Luchar por el respeto a decidir por la vida nos permite entonces, ahora sí, reconocer la posibilidad de ejercer o no la condición de ser mujer libremente. Hoy seguimos viviendo en medio de formas ideales y en condiciones insoportables. Tan insoportable como el silencio de muchos hombres ante esta misma decisión. El patriarcado no lo hemos derrumbado, y así como persisten los asesinatos de mujeres por su condición, también se mantiene la cadena del amor como violación.

Invito a los hombres a opinar con honestidad sobre su relación con la vida. Pues aunque varias feministas se sigan resistiendo a esta posibilidad, es un paso necesario para construir relaciones de otra manera. Es más, familias cuyos padres hombres también ejerzan su paternidad libre y abiertamente; como aquellos que deciden no hacerlo. Una sociedad antipatriarcal lucha por la vida y debemos luchar por la posibilidad de decidir por ella.

Comentarios (4)

  • Alejandro Urdaneta

    Alejandro Urdaneta

    01 Diciembre 2015 a las 21:46 |
    Que bueno!
    Siento que así de complejo es el panorama, así de compleja es la vida. Seguir construyendo redes y espacios para afirmar la vida sin imponer "la forma correcta" como pretexto para negar Otras formas.
    Yo decidí la paternidad y en eso no medió ningún interés reproductivo, sino el plan de vida que vamos construyendo todos los días a punta de decisiones. Y no importa que escojas, el medio es violento. Ahí es donde importan tus artículos! No estamos solos.
    Gracias.
  • Casimiro Bustos

    Casimiro Bustos

    02 Diciembre 2015 a las 02:44 |
    Mi queridísima escribidora en veces me da por pensar que este tipo de discusiones, tan confusas y abigarradas como el texto que gentilmente nos ofreces, han terminado por hacer que nuestras miradas se concentren en los molinos de viento en lugar de fijarse en los gigantes. Habrá que convertirnos nuevamente en Quijotes, para ver las cosas como son. Las mujeres no tienen y no pueden tener decisión sobre la vida ni la reproducción. Los hombres tampoco. Hay un Otro que tiene en últimas la potestad de decidir. ¿Qué? No! No me refiero a Dios, o al "Espíritu", en esa forma un tanto despectiva como lo pones. Esos son debates decimonónicos que no tienen lugar en pleno siglo XXI. Ojalá me refiriera a ese ser supremo que es infinita bondad y que desde el inicio de los tiempos, o tal vez desde la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, nos bendijo con la libertad de decidir, pero para mis lamentos no se trata de él. Me refiero, natural, obviamente, al Capital. Y es que según la historia oficial todo empezó cuando John Moore decidió demandar a la UCLA, allá por el ya lejano año de 1984, cuando la afamada institución universitaria decidió patentar unos genes que había extraído de su cuerpo y que aumentaban la producción de leucocitos, agentes anticarcinógenos naturales. Para desgracia del señor Moore, y junto con él, de la especie humana, hombres y mujeres por igual, una Corte Americana decidió que esos genes eran propiedad intelectual de la UCLA por más que hubiesen sido extraídos de las carnitas del susodicho. Así las cosas, dentro del cuerpo de este señor cuyos genes eran capaces de producir agentes anticarcinógenos, había unas minúsculas partículas, qué digo partículas, había sustancias y un código capaz de organizarlas que no era propiedad de él sino de la UCLA. Para ponerlo en términos más claros, John Moore descubrió que parte de su cuerpo no era suyo, sino de un laboratorio universitario. En el futuro, si alguien de la familia de Moore enfermara de cáncer y pudiese someterse a un tratamiento basado en los ya mencionados genes, Moore tendría que pagar por acceder a ellos, a pesar de que eran sus carnitas y sus huesitos los que tenían la facultad de desarrollarlos. Tal vez esta historia nos parezca tan lejana como el Quijote, en estos tiempos tan veloces. En todo caso deberíamos reflexionar algo así como: "si eso pasó ya en 1984, ¿qué puede estar pasando hoy?". En el futuro próximo no sólo habrá "bebés de diseño" para quienes puedan pagar por ese "diseño" genético, cosa que al margen sea dicho generará mayores desigualdades ya no solo sociales y culturales sino biológicas entre los individuos de nuestra especie, por ejemplo en lo que a atributos físicos e intelectuales se refiere, sino vaya el Diablo a saber, tal vez nuestros mecanismos de reproducción sean patentados y quedemos convertidos en esos maíces de la Monsanto que no pueden dar fruto sino utilizando los químicos que es companía vende, y que desde luego tendremos que adquirir, o quizás yo ya estoy muy atrazado en noticias y eso ya está pasando hoy mismo. En todo caso, mi apreciada compañera, te invito a que miremos los gigantes, y no nos acaloremos tanto luchando contra molinos de viento.
  • Judithluche

    Judithluche

    18 Enero 2017 a las 02:44 |
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  • AlfredSub

    AlfredSub

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