La paz y el “timonazo” electoral

on Miércoles, 15 Octubre 2014. Posted in Artículos, Edición 43, Melina Lombana Reyes, TEOPOCO, Nacional, Medios de comunicación, Proceso de paz

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A pesar de que los actores uribistas le dieron un viraje a su discurso, su apuesta política no tuvo mayores variaciones. Entonces es oportuno preguntarse ¿por qué la transformación en el lenguaje? Todo parece indicar que se trató de un “timonazo electoral” con el cual el Centro Democrático pretendió aprovechar los réditos que podía dejar un discurso políticamente rentable.


Melina Lombana Reyes

Fuente de la imagen: www.vanguardia.com

En agosto de 2012, después de que Juan Manuel Santos confirmara los rumores que anunciaban un proceso de negociación entre el gobierno y las FARC, Álvaro Uribe Vélez se pronunció diciendo: "a Santos le entregamos un país cuya agenda era la seguridad, la inversión y la política social y el país estaba en eso, y ahora la sustituyó por la agenda de negociación con las Farc. Y yo hago una pregunta, ¿qué puede negociar una democracia con el terrorismo?”1.

Con esta declaración, el exmandatario acusó a Santos de traicionar la plataforma política con la que había sido elegido en el 2010 y formalizó la ruptura entre el proyecto uribista y los propósitos santistas. Desde ese entonces, el país se abocó al enfrentamiento creciente entre los seguidores de la doctrina de la seguridad democrática y aquellos que respaldaban la negociación del fin del conflicto armado. Esta disputa alcanzó el culmen en el primer semestre de 2014, con ocasión de la confluencia entre el calendario electoral y el proceso de negociación, y condujo a uno de los episodios de mayor polarización política en la historia reciente de Colombia.

En este contexto, los diálogos fueron utilizados como el caballito de batalla de las campañas para el Congreso de la República, de la apuesta reeleccionista del entonces presidente, y del proyecto de retoma del “poder” por parte del uribismo. Ello desembocó en cambios posicionales de sectores opositores al proceso, quienes se acercaron a la salida negociada, y en la generalización del discurso de la paz como estrategia electoral. Las primeras manifestaciones de esta dinámica se presentaron cerca de los comicios del 9 de marzo y con el inicio de las contienda por la primera magistratura, en los meses de marzo y abril, sucesos que serán analizados en el presente artículo.

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Elecciones al Congreso

La elección de un nuevo Congreso de la República fue la oportunidad para que la paz se utilizara como el trampolín que articuló las declaraciones de distintos candidatos. Así, quienes nunca se habían referido a la negociación, empezaron a incluirla en sus plataformas políticas y a relacionarla con diversos ámbitos de la vida nacional2. Ahora bien, lo que pudo simplemente parecer como el uso oportunista de un discurso provechoso en lo electoral, tuvo de fondo otras implicaciones. De hecho, el cruce de pronunciamientos entre diferentes actores se convirtió rápidamente en un nuevo escenario de disputa entre las dos concepciones de paz que se han enfrentado desde el inicio del proceso: por un lado, una paz entendida como el resultado de la negociación política que acepta la existencia de un conflicto armado; por otra, una paz concebida como la desactivación militar de las guerrillas, su rendición y sometimiento a la justicia y como el castigo penal para los responsables de crímenes atroces.

Así, de una parte, fue posible identificar a un conjunto de actores para quienes las posibilidades de lograr con éxito el fin del conflicto armado, la transición hacia una etapa de construcción de paz y, por esta vía, el fortalecimiento de las instituciones y de la democracia, dependían de los resultados de los comicios. Fue representativa de este bloque la opinión de Marcela Prieto, analista del Instituto de Ciencia Política, para quien "en este nuevo Congreso ocupará, sin lugar a dudas, un lugar importante la agenda derivada del proceso de paz, y la reglamentación del marco legal para la paz y las otras reformas normativas que se deriven de los diálogos de La Habana"3.

En el otro extremo, un conjunto de actores, simpatizantes o candidatos del Centro Democrático, manifestaron que las elecciones parlamentarias representaban la oportunidad de “rectificar el rumbo” trazado por las actuales conversaciones con las FARC. En su opinión, el nuevo Congreso tendría la responsabilidad de replantear los términos de la actual negociación e impedir que esta derivara en la impunidad para las víctimas, la participación política de los “cabecillas del cartel narcotraficante con el que se negocia el país”4, el giro hacia el castrochavismo y la implantación del comunismo en Colombia.

Como era de esperarse, la confrontación en las urnas arrojó un primer balance de la correlación de fuerzas entre estos dos proyectos políticos, cuyo resultados le pintaron a la consigna de la paz un horizonte no exento de dificultades: el 9 de marzo, el Centro Democrático se posicionó como la segunda fuerza política en el Congreso5, seguido de un Partido Conservador dividido entre quienes respaldan la apuesta santista por la paz y quienes buscan el retorno de la “mano dura” del uribismo. Así, a pesar de que la salida negociada se convirtió en el denominador común de campañas de una orilla y la otra, lo que permitieron entrever estos resultados fue una polarización profunda por la definición de la “paz”.

El timonazo electoral del Centro Democrático

En medio de la disputa originada por las elecciones para Congreso, la vía negociada para terminar la guerra pareció vencer parcialmente al discurso militarista defendido por los sectores más cercanos al uribismo. En otras palabras, después de 8 años de gobierno articulados por la doctrina de la seguridad democrática y la intensificación del conflicto armado, la salida política se impuso como camino viable para acabar la confrontación. Prueba de ello es que la mayoría de los actores y candidatos que se pronunciaron acerca de la paz, legitimaron al diálogo como alternativa para darle punto final a la guerra. Buena parte de ellos fueron quienes de tiempo atrás habían respaldado la mesa de conversaciones6. Sin embargo, quienes desde su inicio habían sido opositores, en la antesala de los comicios, se plegaron también al discurso de la negociación7.

Lo anterior permite inferir que, a la par que la salida guerrerista perdió respaldo en el país, actores políticos más afines a esta postura cambiaron o matizaron sus posiciones. Este fue el caso del partido Centro Democrático. Efectivamente, mientras que en 2012 el expresidente Uribe manifestó que una nueva negociación representaba una bofetada a la democracia y legitimaba al terrorismo, en enero de 2014, en medio de su campaña para el Senado, pareció cambiar de opinión al plantear en su cuenta de Twitter “Diálogo y paz sí”8.

Ya en mayo de 2013 se había registrado tal desplazamiento discursivo cuando Alfredo Rangel publicó, a nombre de este partido, el Decálogo para la Paz en el que rechazaba “la falsa división del país que pretenden algunos, entre radicales militaristas y amigos del diálogo9. La anotada transformación sin duda constituyó una reformulación del discurso uribista, pero ¿realmente se trató de un cambio posicional de este bloque de actores?

Todo pareciera indicar que no. ¿Por qué? Pues bien, aunque el Centro Democrático dejó de oponerse a la negociación como alternativa legítima para terminar la guerra, se mantuvo en su postura de deslegitimar los términos en los que el actual proceso de paz estaba planteado. ¿Cuáles fueron los argumentos que justificaron su discrepancia? De hecho, los mismos utilizados para defender la vía militar para acabar el conflicto. De acuerdo con los hoy senadores Álvaro Uribe, Alfredo Rangel, Paloma Valencia y Tania Vega, y con columnistas como Rafael Nieto Loaiza y Darío Acevedo Carmona, acordar políticamente el fin de la confrontación armada se convirtió en una estrategia posible, pero debía sujetarse al cese inmediato y unilateral del fuego por parte de la guerrilla e impedir la “impunidad, la desmotivación para las fuerzas militares, y la elegibilidad para implicados en casos de terrorismo…”10.

En caso de seguir la lógica propia de este razonamiento la negociación se haría inviable. ¿Por qué? La razón es sencilla: cuando el uribismo asegura que el terrorismo es incompatible con la participación política, excluye de entrada la posibilidad de debatir lo que puede entenderse por terrorismo y de discutir quiénes son responsables y cuáles son las alternativas reales que pueden ofrecerse en aras de incentivar el abandono de las armas. En otras palabras, cuando el Centro Democrático reduce a las guerrillas colombianas a la categoría de terroristas y de allí deriva la imposibilidad de vincularlas a la vía política institucional, anula la discusión que justamente representa el nudo gordiano de toda negociación para terminar un conflicto. Estas condiciones le imponen un obstáculo insalvable al proceso de paz: con ellas no es posible esperar que un ejército insurgente, que no ha perdido la guerra, deje las armas para que sus militantes pasen a ocupar celdas en una cárcel.

En últimas, a pesar de que los actores uribistas le dieron un viraje a su discurso, su apuesta política no tuvo mayores variaciones. Entonces es oportuno preguntarse ¿por qué la transformación en el lenguaje? Todo parece indicar que se trató de un “timonazo electoral”11 con el cual el Centro Democrático pretendió aprovechar los réditos que podía dejar un discurso políticamente rentable.

Las campañas a la presidencia y el comodín electoral

Con el inicio de las campañas por la Presidencia de la República, buena parte de los aspirantes coincidieron en respaldar al diálogo como vía para acabar con el conflicto armado. Esto resultó no menos que sorprendente toda vez que, hasta hacía algunos meses, ciertos candidatos se habían opuesto de forma sistemática a la posibilidad de negociar. Sin embargo, detrás de esta aparente confluencia yacía lo que en mayo y junio se conoció como uno de los episodios de polarización política más intensos en la historia reciente del país.

Todo comenzó el pasado 1º de abril con la declaración de Juan Manuel Santos en la que el entonces presidente – candidato afirmó que ninguno de los otros aspirantes tenían “la mínima experiencia en un proceso de paz”12. Santos decidió “jugársela toda” por la paz, con lo que anunció un cambio sutil pero significativo en su posición frente al proceso de La Habana. En efecto, mientras que con anterioridad se había mostrado ambivalente e incluso escéptico sobre la importancia de la negociación con las FARC, en abril se pronunció convencido de sostenerla y aún más, la convirtió en una de sus banderas de campaña13.

El reacomodamiento posicional del presidente provocó la transformación del discurso de los candidatos que hasta el momento habían sido opositores a las conversaciones con la guerrilla. Como ya se anotó, el Centro Democrático dejó de apostarle a la salida militar y a la intensificación de la guerra. Con su reposicionamiento a favor de la negociación política, este partido pretendió entonces neutralizar las intenciones de Juan Manuel Santos de arrinconarlo en la esquina de los guerreristas.

Así lo demostró Óscar Iván Zuluaga, quien pasó de demandar al gobierno nacional la suspensión inmediata de los diálogos y el retiro de sus representantes en la mesa de conversaciones (18 de marzo del 2014), a señalar que era partidario de la salida política al conflicto. Incluso, asumiendo una postura más moderada, declaró que "en aras de la paz, estaría de acuerdo con que haya reducción de penas"14. Por su parte, Martha Lucía Ramírez, candidata del Partido Conservador, afirmó que “en la seguridad democrática que yo dejé escrita en el gobierno de Álvaro Uribe decía que había que terminar el conflicto en una mesa de negociación. Esto no es un descubrimiento del presidente Santos. Pero siempre tuvimos claro que para sentarse a negociar había que doblegar a las Farc militar, económica y judicialmente”15.

Estos reacomodamientos fueron síntoma de la transformación de algo más allá que del mapa de posiciones frente al proceso. Con su pronunciamiento, Juan Manuel Santos no sólo pretendió personalizar el debate sobre la paz y condicionarla al éxito de su reelección, sino que también apostó por radicalizar las discusiones de la ya polarizada coyuntura electoral. El entonces presidente equiparó el resultado de las elecciones con el futuro de la paz y la democracia colombianas, en un intento de atar su consecución a la aprobación de cuatro años más de mandato. En respuesta, sus opositores políticos matizaron el talante guerrerista de sus intervenciones y, en consecuencia, cedieron en el discurso de la negociación. Así, el antagonismo entre el santismo y el uribismo se desplazó de la guerra a la paz, y las campañas por la presidencia se desarrollaron en mayo y junio en medio de un ambiente polarizado que redujo los sentidos plurales de la discusión al respaldo de uno u otro sector político.

***

1Diálogo de la paz favorece la reelección de Chávez”: Álvaro Uribe, El Heraldo, F. publicación: 27/8/12, F. consulta: 17/9/14, 

http://elheraldo.co/local/dialogo-de-paz-favorece-reeleccion-de-chavez-alvaro-uribe-79618

2Tal fue el caso de los candidatos al Senado, Wendy Arenas del Partido Liberal, y José Luján Zapata del Partido Verde.
3El Congreso que llega y el que se va, Marcela Prieto, Razón Pública, F. publicación: 3/3/14, F. consulta: 9/9/14,

http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/7409-el-congreso-que-llega-y-el-que-se-va.html

En este mismo sentido se expresaron las columnistas Patricia Lara y Ana Lucía Mesa.
4Expresión utilizada por Juan David Escobar Valencia, columnista de El Colombiano. La deslealtad es el pegamento de la U:

http://digitales.elcolombiano.com/epaper/xml_epaper/elColombiano/03_03_2014/pla_3841_el_Colombiano/xml_arts/art_15009206.xml
5El 9 de marzo resultaron elegidos 12 representantes a la Cámara por el Centro Democrático (9,47% de los escaños) y

27 representantes por el Partido Conservador (13,17% de los escaños). En el Senado, tanto el uno como el otro obtuvieron

19 curules (para un total de los escaños 27,87%), posicionándose respectivamente como la segunda y tercera colectividad

más votada en esta corporación.
6En este sentido se pronunciaron actores como Camilo Gonzáles Posso, Luis Sandoval, Carlos Lozano, León Valencia,

Piedad Córdoba, Iván Cepeda y Ángela Robledo.
7Este desplazamiento fue registrado en actores cercanos o pertenecientes al uribismo como Darío Acevedo Carmona

y Rafael Nieto Loaiza; y en los candidatos del Centro Democrático para Congreso o Presidencia , Álvaro Uribe Vélez,

Paloma Valencia, Tania Vega, Óscar Iván Zuluaga y Carlos Holmes.
8La patraseada de Uribe: de la guerra a la paz, Las2Orillas, F. publicación: 15/1/14, F. consulta: 8/9/14

http://www.las2orillas.co/la-paz-timonazo-electoral-de-alvaro-uribe-velez/
9Decálogo para la paz, Alfredo Rangel, Revista Semana, F. Consulta: 17/09/14. F. Publicación: 25/5/13

http://www.semana.com/opinion/articulo/decalogo-para-paz/344548-3
10La patraseada de Uribe: de la guerra a la paz, Las2Orillas, F. publicación: 15/1/14, F. consulta: 8/9/14

http://www.las2orillas.co/la-paz-timonazo-electoral-de-alvaro-uribe-velez/

11Término utilizado en el portal Las2Orillas en la nota La patraseada de Álvaro Uribe: de la guerra a la paz

http://www.las2orillas.co/la-paz-timonazo-electoral-de-alvaro-uribe-velez/
12Ninguno de los otros candidatos a la Presidencia tiene experiencia en paz, El Espectador, F. publicación: 1/4/14,

F. consulta:9/9/14:

http://www.elespectador.com/noticias/paz/ninguno-de-los-otros-candidatos-presidencia-tiene-exper-articulo-484160
13Para clarificar el cambio posicional del reelegido presidente, remitirse a sus declaraciones de febrero y septiembre

de 2013 en “El tiempo se agota: presidente Santos, sobre los diálogos de paz, El Heraldo, F. publicación: 23/9/14

http://www.elheraldo.co/noticias/nacional/el-tiempo-se-agota-presidente-santos-sobre-los-dialogos-de-paz-125739

y Gobierno participará en marcha para apoyar el proceso de paz, El Colombiano, F. publicación: 28/2/13,

F. consulta: 17/9/14

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/G/gobierno_participara_en_marcha_para_apoyar_el_proceso_de_paz/

gobierno_participara_en_marcha_para_apoyar_el_proceso_de_paz.asp
14“Reducción de penas pero sin impunidad”: Zuluaga, Vanguardia Liberal, F. publicación: 16/3/14, F. consulta: 10/9/14,

http://www.vanguardia.com/actualidad/colombia/251248-reduccion-de-penas-pero-sin-impunidad-zuluaga
15“La reelección le haría daño al país”: Marta Lucía Ramírez, Revista Semana, F. publicación: 14/4/14, F. consulta:

10/9/14, http://www.semana.com/nacion/articulo/marta-lucia-ramirez-la-reeleccion-le-haria-dano-al-pais/383465-3

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