La política de la simulación

on Jueves, 31 Enero 2013. Posted in Artículos, Edición 2, Nacional, Germán Paul Cáceres, Gobierno de Santos

2 paul1La idea de que Santos ha hecho un viraje progresista frente a su antecesor, tiene mucho de simulación, ni las diferencias con el expresidente son de fondo ideológico, ni el mentado reformista es tal. Los rasgos de su política económica y social, inclusive de su discurso de paz, son más de continuidad que de cambio.
 
Germán Paul Cáceres.

Fuente: http://www.eltiempo.com

Juan Manuel Santos consiguió la presidencia en 2010 presentándose como el continuador de Uribe. Sin embargo, hoy es bien conocido el distanciamiento personal entre éstos.

Ante la disputa, la mayoría de la clase política ha manifestado su apoyo a Santos, entre otras cosas, por la obvia conveniencia de permanecer dentro del acuerdo burocrático denominado “unidad nacional”. Los grandes medios de comunicación también han tomado partido por el actual mandatario y en tanto formadores de opinión han impulsado la idea de que Santos ha hecho un viraje progresista frente a su antecesor, lo que el gobierno refuerza a través de un mensaje que lo muestra como un decidido reformista en los temas económico, social y de la paz. El mismo presidente declaró el pasado 21 de enero “Yo he dicho desde el comienzo que mi gobierno quiere ser recordado en la historia como un gobierno progresista, un gobierno reformador y un gobierno decente”1.

Este relato oficial sería una buena noticia sino fuera porque tiene mucho de simulación2. Ni las diferencias con el expresidente son de fondo ideológico, ni el mentado reformista es tal. Hay sí, un gobierno hábil en el manejo de la coyuntura mediática y en identificar y subirse en los trending topics3, aunque las ejecuciones brillen por su ausencia y sobre todo por su decencia.

Si bien el estilo de Juan Manuel Santos es considerado tranquilo y apropiado frente al liderazgo polarizador y de lenguaje confrontador del conservador expresidente, eso es parte de ese carácter simulador en el que se esconden las cercanías ideológicas (pues en este caso, el distanciamiento personal no es necesariamente un distanciamiento ideológico) y sobre todo, se evita reconocer la coincidente orientación de las políticas de gobierno.  

En todo caso, la continuidad está marcada no tanto por ser Santos el simple continuador de Uribe, como por personificar la continuación de la matriz de poder en Colombia. Su disputa con el expresidente bien puede ser entendida como una lucha de poder al interior de facciones de las clases dominantes: la derecha oligárquica urbana, culta y de buenas maneras que representa Santos, frente a la extrema derecha terrateniente, autoritaria, confesional y gamonalista que representa Uribe. La circunstancia que se presenta hoy puede ser leída como la recuperación de la iniciativa y la centralidad en esa matriz de poder por parte de la élite bogotana, luego de haber sido desplazada de esa centralidad, mas no excluida de la matriz, por la emergencia del liderazgo de origen terrateniente entre 2002-2010.

Aun así, la trifulca se reduce a insultos y acusaciones personales sobre hechos que sucedieron cuando ambos hacían parte del mismo gobierno (el uno como presidente y el otro como ministro: caso Santoyo, caso Tayrona, caso fallo de la Haya). Pero más allá del ruido mediático de estos cómplices enemistados, en lo económico y en lo social el neoliberalismo sigue marcando la gestión de gobierno y en el tema de la paz se sigue pretendiendo la misma y vieja aspiración de las élites terratenientes y capitalinas, la capitulación sin condiciones de la insurgencia, por más que la estrategia haya pasado de la vía militar a la vía de la negociación política (ambas opciones practicadas por la élite bogotana y el propio Santos, dependiendo de las circunstancias).

La simulación ha servido para profundizar regresivas políticas económicas y sociales en grados inclusive mayores a los que llegó a plantear y no consiguió Álvaro Uribe, como acaba de verse en la recientemente aprobada reforma tributaria.

Pero antes de profundizar en esto hay que señalar que, la simulación ha sido posible por esa otra característica de nuestro régimen político y que este gobierno ha robustecido: el de esa extraña democracia de unanimismo donde el ejercicio de la oposición es mal vista y ésta queda reducida a su mínima expresión; razón por la cual Santos, extraordinario manzanillo del poder, goza de mayoría absoluta en el parlamento. La democracia de unanimismo demuestra el grado de consenso dentro las diferentes facciones de las clases dominantes y entre la mayoría de los partidos políticos, los más importantes de ellos hijos del viejo bipartidismo. Por eso, el mismísimo Uribe que parecía todopoderoso casi se ha quedado sin escuderos y de las mayorías parlamentarias de las que también gozaba hoy sólo puede contar con escasos congresistas que públicamente salen a defenderlo.
 
La simulación progresista en la política económica y social

El discurso oficial del gobierno sobre su talante reformista tiene sin embargo, sólidas bases antipopulares. Los principios básicos de la política económica y social se sustentan y no distan mucho de los mismos que defendió en su gobierno Álvaro Uribe, por ejemplo:

En materia tributaria, la política se sostiene en la idea de que favoreciendo las rentas superiores y las rentas de capital se genera inversión y empleo, lo que se traduce en disminuir y exentar de impuestos a los más ricos, a las grandes empresas y la inversión extranjera y de golpe en trasladar el costo fiscal de ese favorecimiento a los ingresos por concepto de sueldos y salarios. Ése es el eje ideológico de la reforma tributaria aprobada en diciembre pasado.

El documento de análisis de dicha reforma publicado por la Contraloría General4 demostró que se profundiza el carácter regresivo del sistema tributario y además, que dadas las cuentas desbalanceadas de la reforma, persistirá el déficit fiscal estructural.

En cuanto a la promoción de la actividad económica, este gobierno, como el anterior, apuesta duro y fuerte en lo que hoy llama la “locomotora minero-energética”. Esto es una economía extractiva que vive de la renta de las regalías, por lo demás mínimas, y que esquiva las consideraciones ambientales como en el caso de cerromatoso, de la AngloGold Ashanti en el Tolima y del páramo de Santurbán en el que la multinacional canadiense Eco Oro acaba de declararse satisfecha con la decisión del gobierno que “salvó” el 90% de su proyecto minero, 193 de las 215 hectáreas que pretende explotar (El Tiempo 18/01/13). Por supuesto el gobierno simulador presentó la declaración de Parque de Santurbán como muestra clara de su compromiso ambiental, no dijo, eso sí, que lo delimitó conforme a los títulos mineros de Eco Oro.

En materia de política social, dos hechos revelan el verdadero talante de este gobierno, su política cómplice frente al modelo que favorece las ganancias de las Empresas Promotoras de Salud (EPS) por sobre la salud de los pacientes5  y su propuesta de reforma a la educación superior (quizá hasta ahora su derrota política más resonante por la masiva y consistente movilización del estudiantado), a lo que se agrega la norma del principio de sostenibilidad fiscal que se justifica con el objetivo aceptable de mantener equilibradas las finanzas públicas, pero cuya aplicación, sin embargo, compromete la garantía y realización de los derechos económicos y sociales que establece la Constitución.

La paz: la combinación de todas las formas para un mismo objetivo

El gobierno y buena parte de los principales analistas del país reclaman que se reconozca en la decisión de Santos de iniciar un proceso de negociación con la guerrilla, la prueba reina de su voluntad por resolver las causas del largo conflicto.

Sin embargo, hay dos hechos que enturbian significativamente esa supuesta voluntad: por un lado, la actitud de Santos de negociar en La Habana en medio de bombardeos en el campo colombiano. Por otro, la insistencia en ganar en el debate público respaldo para su postura de no negociar nada sustancial con la insurgencia fariana, lo que además de soberbio resulta inviable.

El gobierno se emplea a fondo en esta estrategia a dos bandas: exhibe al ministro de defensa con reportes de numerosos muertos y al mismo tiempo negocia, pero insiste a través del jefe del equipo negociador el exvicepresidente Humberto de la Calle y del perdurable ministro ahora de agricultura Juan Camilo Restrepo, que nada ganarán las FARC en la mesa más allá de una capitulación digna en los términos del gobierno.

Estas talanqueras son serias amenazas para la consolidación de una paz duradera, a lo que se suma la decisión del gobierno de avanzar por su lado en su política de tierras, tratando de poner cerrojo y condicionando los posteriores acuerdos que sobre este tema pueden darse en La Habana y que constituyen la médula espinal del conflicto en Colombia.  

En conclusión y a pesar de los ruidos mediáticos, la pelea entre Uribe y Santos es más una comedia y el celebrado reformismo parece más una tragedia.

***

1 Palabras del presidente, Juan Manuel Santos, en la firma de la Declaración de Chapultepec por parte de gobernadores y alcaldes. Bogotá, enero 21 de 2013.
2 El concepto de simulación se usa en su significado de “representar algo, fingiendo o imitando lo que no es” (Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición. Real Academia Española). Muy apropiado por cierto para referirse al ejercicio de la política.
3 Temas o tendencias del día (trending topics en inglés) inventado por Twitter y usado últimamente en la prensa para referir al tema que concentra el interés mediático del momento.
4 Contraloría General de la República. Comentario de la contraloría general de la república al proyecto de ley no. 166/2012 c, 134/12 s, “por la cual se expiden normas en materia tributaria y se dictan otras disposiciones”. Noviembre de 2012. Bogotá.
5 Modelo cuya refrendación parlamentaria correspondió justamente a Álvaro Uribe Vélez cuando era senador de la República.

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