La propuesta de Feliciano Valencia: Una propuesta de paz desde el Cauca

on Jueves, 30 Mayo 2013. Posted in Artículos, Feliciano Valencia, Elecciones 2014, Edición 10, Nacional, Catalina Rodríguez Ramos, Indígenas

10 CatalinaMás allá de buscar una paz y un reconocimiento de derechos para un grupo particular, como se planteó en la Constitución del 91, cuya aplicación ha resultado conflictiva y dificultosa, se establece como prioridad la convivencia y el acuerdo para quienes comparten el territorio del Cauca.
 
Catalina Rodríguez Ramos
Fuente: http://m.vanguardia.com
Hace pocos días se llevó a cabo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, el foro “Conflicto armado, autonomía y proceso de paz en el Cauca indígena”. Allí, junto con profesores e investigadores y ante la presencia de un público de cerca de cien personas, Feliciano Valencia, indígena nasa, líder del movimiento indígena del Cauca y posible candidato presidencial, presentó las propuestas y expectativas de paz que se han construido desde la organización y el movimiento del suroccidente colombiano. Son propuestas que además de fundarse y legitimarse en cuarenta años de organización, lucha, victorias, conflictos y también, fragmentación y fracasos, presentan algo aparentemente novedoso, pero necesario y urgente: el hermanamiento y la construcción de alternativas de vida para la paz, conjuntamente con campesinos y afrocolombianos de ese departamento.

La propuesta podría parecer apenas lógica, sin embargo no lo es tanto, pues parte del presupuesto de superponer sobre los derechos y reconocimientos particulares de los grupos étnicos, la búsqueda de derechos territoriales colectivos para poblaciones interétnicas y “multiculturales”. Es decir que más allá de buscar una paz y un reconocimiento de derechos para un grupo particular, como se planteó en la Constitución del 91, cuya aplicación ha resultado conflictiva y dificultosa, se establece como prioridad la convivencia y el acuerdo para quienes comparten el territorio del Cauca.

En dicho Departamento, aunque hacen presencia campesinos, afrocolombianos e indígenas, sólo estos dos últimos grupos tienen derechos colectivos sobre la tierra y logran poseer cerca de 970.395 hectáreas tituladas, es decir el 32% del territorio1. Esta situación, que corresponde con el reconocimiento de derechos a grupos étnicos, ha planteado un escenario de conflictos interétnicos, en el que los indígenas tienen casi el doble de territorios titulados que la población negra del departamento2.

Los conflictos tienen que ver con que las demandas y los reconocimientos de autonomía, territorio y gobierno propio de los indígenas, se contraponen o enfrentan a las demandas en la misma materia para negros, y también con las posibilidades de reconocimiento de zonas campesinas. Esta situación se debe no tanto a los proyectos propios de estos grupos, sino más bien a que persiste, en este territorio, el conflicto armado, el narcotráfico, el modelo latifundista de tenencia a la tierra, los monocultivos y, con mayor acento en la última década, el asunto de la minería y la agroindustria. Son entonces los territorios que tradicionalmente se han compartido, o los que se encuentran ya en uso colectivo por parte de algún actor, los que entran en disputa a la hora de las peticiones de ampliación de resguardos, o de titulación colectiva para los concejos comunitarios (forma de organización de la población negra). Adicionalmente existen conflictos por los modelos autónomos de salud y educación en las zonas donde la composición poblacional es interétnica. Esto se ha traducido en enfrentamientos físicos, desplazamientos y muertes.

La propuesta de paz es, entonces, una respuesta y alternativa a los conflictos que han surgido entre grupos similarmente violentados, que luego de pensarse la situación de su territorio, creen en la posibilidad de crear una figura legal que cobije y respete los territorios multiétnicos y pluriculturales, como los ha llamado Feliciano. El postulado básico para esta alternativa de vida para la paz sería el mandato de recuperar la tierra y defender el territorio; ya no de los otros, negros o campesinos, sino del modelo económico neoliberal, de las locomotoras y de las interferencias de actores violentos. La propuesta igualmente debe pasar por pensarse en un modelo de gobierno, justicia, educación y salud que respete y medie entre los reconocimientos de autonomía ya existentes, y que permita el sustento y la producción de lo necesario para una vida digna y en paz, para los seres humanos, pero también para la naturaleza.

Estos procesos se vienen discutiendo y potenciando en propuestas como las de la minga, el congreso de los pueblos, el congreso de tierras, territorios y soberanías, el congreso nacional de paz, entre otros. Lo que implica que no sólo se piensan para el Cauca, sino para todos los territorios donde comparten negros, campesinos e indígenas, así mismo para los sectores urbanos; Feliciano habla de pensar un Plan de Vida Nacional.  

La dificultad reside en lo inédito de la figura que se propone: una zona que jurídicamente se reconozca como interétnica e intercultural, y que respete las leyes y mandatos ancestrales o de origen de indígenas y negros, y potencie la tradición y los saberes campesinos. Adicionalmente es necesario que se creen las oportunidades para que, de los diálogos de paz, surja verdaderamente la posibilidad de participación de la población que ha sido víctima del conflicto, y que luego exista una adecuación institucional para la vida en paz; que al fin al cabo es el buen vivir, la vida sabrosa.  

La paz para nosotros es tierra, territorio, autonomía, bienestar y vida sabrosa, y que es la vida sabrosa, tener tierra, libertad, tomar chicha, emborracharme, juntarme y compartir, tener amigos, y juntar resistencias. Tener lo necesario. Rompe con la lógica de que bienestar significa comodidad, bienestar significa plata, bienestar significa poder. La vida sabrosa es la paz para nosotros" (Feliciano Valencia, mayo de 2013).

***

1Gamarra Vergara, José R. (2007) La economía del departamento del Cauca: concentración de tierras y pobreza. Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER). Banco de la República, Cartagena
2Ibid.

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