La saga del paramilitarismo

on Miércoles, 14 Agosto 2013. Posted in Artículos, Bacrim, Edición 15, Nacional, Paramilitarismo, Edwin Cruz

15 edwinMientras existan las estructuras de poder que lo soportan, sectores capaces de financiar ejércitos con el fin de salvaguardar sus negocios ilegales o sus mal habidos capitales –económicos y políticos-, habrá paramilitarismo. Eso explica el que la aplicación de la Ley de víctimas y restitución de tierras, con todas sus falencias, haya tenido como principal obstáculo la operación del paramilitarismo, aupado por quienes se han beneficiado del despojo.
 
Edwin Cruz Rodríguez
Fuente: www.olapolitica.com

El pasado 5 de agosto, el Polo Democrático Alternativo (PDA) denunció públicamente las amenazas de las que fueron objeto varios de sus integrantes, así como los sindicatos SINTRAMIENERGÉTICA, FUNTRAENERGETICA Y SINTRAIME, y organizaciones como el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y Marcha Patriótica. El panfleto en cuestión fue firmado por el “Grupo Armado Los Rastrojos-Comandos Urbanos Nacionales”, una de las “bandas criminales emergentes” (bacrim) o “nuevos carteles paramilitares” que, de acuerdo con el informe de la Corporación Nuevo Arco Iris de principios de este añoi, dominan el panorama de la delincuencia organizada.

En ese panfleto puede evidenciarse el aprendizaje acumulado por el paramilitarismo, sobre todo en cuanto al uso de la retórica. Por ejemplo, afirma que la amenaza se produce luego de un “exhaustivo proceso de inteligencia”, lo que hace pensar que sus miembros estarían muy bien organizados y entrenados; pero sobre todo pone de presente el lenguaje característico de la “contrainsurgencia”, que predominó en tiempos de la denominada “guerra sucia” en los años ochenta, cuando exige a las organizaciones mencionadas: “dejar de lado el lavado de cerebro subversivo en favor de los narcoterroristas de las FARC y ELN… atacando las buenas y nobles intenciones del alto gobierno del Dr. JUAN MANUEL SANTOS a favor de la paz y prosperidad democrática, y deteniendo el progreso que generan las compañías multinacionales como GLENCORE, DRUMMOND, PACIFIC RUBIALES, ANGLO GOLD ASHANTI, entre otras que además generan bienestar y trabajo en las regiones donde tienen sus proyectos”ii.

Cada día resulta más claro que las “bacrim” son un eufemismo para denominar lo que nunca terminó y siempre se ha conocido como paramilitarismo. Aunque la información sobre ellas no abunda, según los expertosiii, tales estructuras están formadas por mandos medios de las extintas AUC que jamás se desmovilizaron o, habiéndose desmovilizado, retornaron a sus “antiguos negocios”, siguiendo afanes de lucro e incluso de ascenso en tales organizaciones. También las integran algunos ex-miembros de la fuerza pública y, como antes, se dice que han infiltrado instituciones políticas, negocios y mercados de todo tipo.

El acrónimo “bacrim” empezó a usarse sobre el final del anterior gobierno quizás con la pretensión de establecer una ruptura con el paramilitarismo de las AUC. Entonces el fenómeno se asimilaba más a la delincuencia organizada que resulta de cualquier desmovilización de grupos armados ilegales ligados a la regulación de mercados, sobre todo de droga. De esa forma, se presentaban como organizaciones meramente criminales, sin los fines “contrainsurgentes” que llegaron a tener las AUC. Sin embargo, lo cierto es que entre uno y otro fenómeno existen más continuidades que rupturas.

La formación de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá por los hermanos Castaño hacia 1994 y, posteriormente, en abril de 1997, la creación de las AUC, ha hecho pensar que el paramilitarismo era un proyecto coherente, una organización homóloga a las guerrillas pero con orientación “contrainsurgente”.  Esa imágen fue la que los mismos paramilitares intentaron proyectar, sobre todo una vez iniciados los diálogos de paz del Caguán, cuando se reclamaron como un “tercer actor” del conflicto armado y empezaron a figurar en los medios de comunicación. De hecho, en aquel entonces reclamaron un lugar en la mesa de negociaciones y llevaron al congelammiento de los diálogos con las FARC en dos oportunidades, enero de 1999 y diciembre de 2000. Así mismo, ese mismo año, por medio de masacres y represalias, obligaron a movilizar personas de los pueblos donde se proponía adelantar la “convención nacional” que entonces proponía el ELN.

No obstante, si algún éxito puede concederse a las negociaciones y la posterior “desmovilización” de los paramilitares, es el haber mostrado que, en la práctica, las flamantes AUC no eran más que una especie de franquicia que reunía los más diversos intereses, y que albergó durante las conversaciones de Ralito no pocos narcotraficantesiv. Así pues, el paramilitarismo desde sus origenes ha sido una amalgama de intereses delincuenciales pero también un dispositivo puesto en práctica para preservar el status quo en las regiones. Ello podría predicarse también de las “autodefensas” del Magdalena Medio que operaron durante los ochenta con la fachada de la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultors del Magdalena Medio (ACDEGAM), pero que luego fueron cooptadas para formar ejércitos de sicarios, en lo que a fines de esa década se denominó el “narcoparamilitarismo”v.

La operación de “Los Urabeños”, “Los Rastrojos” o el “Ejército antirestitución”, en distintas regiones, confirma por enésima vez que la “desmovilización” del paramilitarismo, que inició hace una década bajo el anterior gobierno, fue un total fracaso. No se acabó con las estructuras militares y no sabemos hasta qué punto se conservan sus oscuras estructuras de financiación y sus influencias en sectores del Estado. Pero sobre todo, no hubo verdad ni justicia, pese a con las “versiones libres” al menos conocimos horrores tan escalofriantes como el uso de hornos crematorios para borrar toda huella de sus masacresvi. Los cabecillas, cuyos testimonios eran además claves para acabar con las estructuras económicas y políticas del paramilitarismo, fueron extraditados el 13 de mayo de 2008 a EE.UU., donde serían juzgados por narcotráfico.

Mientras existan las estructuras de poder que lo soportan, sectores capaces de financiar ejércitos con el fin de salvaguardar sus negocios ilegales o sus mal habidos capitales –económicos y políticos-, habrá paramilitarismo. Eso explica el que la aplicación de la Ley de víctimas y restitución de tierras, con todas sus falencias, haya tenido como principal obstáculo la operación del paramilitarismo, aupado por quienes se han beneficiado del despojo. Lo asesinatos de líderes campesinos y reclamantes de tierra crecen cada día, según la Defensoría del pueblo, entre 2006 y 2011 la cifra asciende a 71 personas asesinadas y, en abril de 2012, sólo había una condena por tales hechosvii. El terror que provocan las amenazas, contra defensores de derechos humanos, ONG de apoyo y funcionarios estatales, además de las propias víctimas, ha vuelto a enseñorearse en varias regiones del país. Lo más delicado es que, pese a ello y al contexto de negociacioes de paz, el gobierno no parece tener una política orientada a desarticular esos poderes, más allá de las alusiones a la “mano negra”viii. Una evidencia de lo anterior es el hecho de que las cifras van en aumento. Según el más reciente informe del Sistema de Información sobre Agresiones contra Defensores y Defensoras de Derechos Humanos del Programa Somos Defensores, entre enero y junio de 2013 fueron asesinados 37 defensores de derechos, mientras en el mismo período del año pasado hubo 29 casosix.

En fin, la aparición de amenazas paramilitares en la presente coyuntura no es para nada circunstancial. Al proceso de restitución se suma la creciente ola de protestas, que se articulará con el paro nacional agrario del próximo 19 de agosto, y que ha afectado multinacionales mineras como la carbonífera Drummond, cuyos sindicatos están en huelga y recibieron las amenazasx. Más aun, el paramilitarismo parece resurgir cada vez que se produce un intento de apertura del sistema político y, cuando menos, se formula la necesidad de reformas estructurales, como ocurre hoy con los diálogos de La Habana.

De acuerdo con Mauricio Romeroxi, quien ha expuesto la explicación más acertada sobre el origen del paramilitarismo, las políticas de paz y apertura política del gobierno central desencadenan una serie de reacciones de sectores adversos al desequilibrio del poder que puede potencialmente producirse a nivel regional. Por ejemplo, las negociaciones de paz del gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), ocasionaron el rechazo de las élites regionales que percibieron la potencial participación política de la insurgencia como una amenaza al statu quo, lo que sumado a la promoción de grupos de justicia privada por parte de narcotraficantes convertidos en terrateniente en contra de activistas progresistas y simpatizantes de la guerrilla, y al rechazo de las Fuerzas Armadas frente a las políticas de paz y la puesta en ejecución de técnicas contrainsurgentes que tienen como principal objetivo la población civil, conllevó a la formación de los primeros grupos paramilitares.

Esa parece ser una constante en la historia colombiana que debe tenerse muy en cuenta para que, cuando se ha empezado a hablar de la participación política de la insurgencia, se tomen las medidas necesarias a fin de terminar de una vez por todas con la guerra sucia.

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i“El Estado no ha podido con las Bacrim y ganan “Los Urabeños””. http://www.arcoiris.com.co/2013/03/el-estado-no-ha-podido-con-las-bacrim-y-ganan-los-urabenos/
iiIndignación por amenazas a dirigentes polistas y sociales. http://www.polodemocratico.net/index.php?option=com_content&view=article&id=5103:indignacion-por-amenazas-a-dirigentes-polistas-y-sociales&catid=75:noticias&Itemid=66
iii“El Estado no ha podido con las Bacrim y ganan “Los Urabeños””. http://www.arcoiris.com.co/2013/03/el-estado-no-ha-podido-con-las-bacrim-y-ganan-los-urabenos/
ivGarzón Juan Carlos, 2005, “La complejidad paramilitar: una aproximación estratégica”, en Alfredo Rangel (Ed.), El poder paramilitar, Bogotá, Fundación Seguridad y Democracia- Planeta, pp. 47-135.
vMedina Gallego Carlos, 1990. Autodefensas, paramilitares y narcotráfico en Colombia, Bogotá, Editorial Documentos Periodísticos.
vi“CAMBIO conoció los hornos crematorios que construyeron los paramilitares en Norte de Santander”. http://www.cambio.com.co/informeespecialcambio/829/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-5235387.html
“Los 'paras' también tenían crematorios en Antioquia2. http://www.semana.com/nacion/articulo/los-paras-tambien-tenian-crematorios-antioquia/116531-3
vii“Reina impunidad en asesinatos de líderes de tierras”. http://www.semana.com/nacion/articulo/reina-impunidad-asesinatos-lideres-tierras/256131-3
viii“El Estado no tiene una política seria frente a las Bacrim”. http://www.arcoiris.com.co/2013/03/el-estado-no-tiene-una-politica-seria-frente-a-las-bacrim/
ixhttp://www.somosdefensores.org/index.php/extensions/ultimas-noticias/417-informe-semestral-2013-siaddhh-heroes-anonimos
x“Sindicato de la Drummond, en paro y en la mira de los Rastrojos”. http://www.lasillavacia.com/queridodiario/sindicato-de-la-drummond-en-paro-y-en-la-mira-de-los-rastrojos-45365
xiRomero Mauricio, 2003. Paramilitares y autodefensas 1982-2003, Bogotá, IEPRI-Planeta, pp. 17-18.

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