La situación en Siria

on Martes, 14 Mayo 2013. Posted in Artículos, Edición 9, Primavera árabe, Siria, Internacional, Palabras al Margen

9 palabrasEs sorprendente que grupos liberales y progresistas aboguen por una intervención militar en Siria, pero más que sorprendente resulta curioso que se intente superar una situación generalizada de violación de Derechos Humanos con la instauración de una peor.
 
Palabras al margen
Fuente: www.larepublica.pe
La guerra civil en Siria encarna muchas situaciones y escenarios que están en permanente cambio. Comprender estas mutaciones se hace difícil si la información se maneja buscando buenos y malos dentro del conflicto. La estrategia para comprender la situación en Siria no consiste, sin embargo, en construir un análisis 'parcial' y bajo una objetividad aséptica, limpia y libre de todo prejuicio. Los buenos intentos 'objetivos' que ha realizado la prensa nacional terminan por apoyar implícitamente a uno de los bandos involucrados en el conflicto, especialmente el que se hace llamar "los rebeldes". Así, Palabras al Margen no presenta un análisis objetivo o imparcial sino uno que permita dar cuenta del conjunto de fuerzas y actores que se manifiestan en la situación siria para comprender la complejidad actual de dicho escenario.

Discontinuidad de un escenario

Lo primero que se puede decir de la situación siria es que se enmarca dentro de la llamada “primavera árabe”: los levantamientos y protestas populares en esta región, especialmente en Túnez, Libia y Egipto Sin embargo, hablar de "primavera árabe" es acudir a un constructo mediático para referirse a dicho país, pero esto no quiere decir que no sea cierto que las revueltas en Siria y en otros países fueron extendidas y contaron con un apoyo importante de la población.

La razón para abandonar el enfoque mediático en este análisis es que el constructo de la “primavera árabe” tiene un prejuicio que sigue orientando muchos análisis y miradas del mundo árabe, que pesan especialmente sobre el caso sirio. Se creía que las revueltas eran la manifestación de un movimiento ciudadano, de corte liberal, que apoyándose en las redes sociales protestaba contra una tiranía que no respetaba los procedimientos de la democracia. El error fue doble. No sólo en hacer de una manifestación social tan heterogénea un movimiento ciudadano con objetivos relativamente unificados, impuestos muchas veces desde el dogmatismo liberal. El error más importante fue esperar e intentar predecir que el futuro nacional de Egipto y Túnez se derivaría de las acciones de este inexistente movimiento cívico.

Así, ningún medio de comunicación, en principio, pudo enfrentarse al hecho de que después de derrocar la dictadura en Egipto, el nuevo gobierno siguiese tomando represalias contra las revueltas juveniles de la oposición o que en Túnez, después de las revueltas, la violencia contra los sectores de izquierda hubiese continuado o incluso aumentado con el asesinato de uno de sus líderes más importantes. Las acciones de protesta no se vieron traducidas en los resultados electorales y en la incidencia del futuro político de esos países. Por eso, las circunstancias de los países árabes no pueden reducirse a las protestas y no puede verse unilateralmente como una 'primavera árabe'.

Tampoco es acertado presuponer que la protesta contra el gobierno de All-Assad en 2011 se traduce en la actual guerra civil. La guerra civil siria está lejos de enmarcarse dentro de la llamada 'primavera árabe' y un gobierno que quiere reprimirla a toda costa. Esto no implica que el gobierno de All-Assad sea el representante legítimo de una heroica nación que se enfrenta al imperialismo norteamericano. Sólo quiere decir que las cosas cambiaron y hay más en juego que una situación de conflicto armado entre el gobierno y una oposición que se levanta en su contra.   

La represión del gobierno de All-Assad contra las protestas fue, sin dudarlo, brutal. Tampoco se puede negar que la desigualdad y la exclusión política son fenómenos importantes en la sociedad siria, que hacen parte de su historia en los últimos treinta años.

Hafez All-Assad, padre del actual presidente sirio, llegó al poder a mediados de la década de los 60`s, específicamente en 1966. Su ascenso hace parte del auge del nacionalismo árabe que se postula como una referencia política y cultural bajo el espejo del Imperio Otomano que legó a los países árabes una lengua común y ciertas aspiraciones comunes de orden cultural, político y religioso. En la década de los 80's hubo algunas protestas por parte de los Hermanos Musulmanes que fueron reprimidas por un bombardeo de 27 días en donde murieron alrededor de 20.000 personas.

La transición del poder de Hafez a su hijo, Bashad, fue producto de un referendo que tiene resultados cuestionados. Con el nuevo gobernante, la situación de la oposición y de las fuerzas de la izquierda política ha sido difícil debido a detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y censura ideológica. Amnistía Internacional habla de alrededor de 17.000 desaparecidos desde la década de 1970 y algunos intelectuales de izquierda, que incluso militan en la causa pro-liberación Palestina, han sido expulsados del país a Jordania y sus escritos han sido censurados. Este es el caso, por ejemplo, de Salameh Kayleh.

El gobierno de All-Assad no es del todo una víctima de las garras imperialistas. Evidentemente, la coyuntura no corresponde a una nación que, junto con su gobierno, está siendo asediada por las potencias de Occidente. Siria no es un gobierno con orientaciones populares que propugne por el bienestar y la apropiación de los asuntos políticos por parte de las grandes mayorías.

En este contexto, las movilizaciones populares son más que justificadas y necesarias. El replanteamiento de algunas políticas económicas y fuertes cuestionamientos a la exclusión política fueron protagonistas de estas movilizaciones en Siria. Pero estas reivindicaciones no se traducen en los motivos de conflicto dentro de la guerra civil. La equiparación de los participantes de las movilizaciones populares a los actores armados dentro de la guerra civil carece por completo de sentido. "Los rebeldes” no es más que un eufemismo y una grosera generalización porque éstos no son homogéneos y ni siquiera el autodenominado Ejército Libre de Siria tiene la capacidad de recogerlos ni tampoco de encarnar del todo un proyecto de nación alternativo y democrático.

Hay, por lo menos, tres facciones del sector armado que combaten al gobierno de All-Assad y que mantienen permanentes escaramuzas entre sí: 1) Islamistas radicales cercanos a Al Qaeda, donde el frente Al Nusra es la principal organización. Aquí también se encuentran organizaciones como Ahar al Sham y Al Aqq que propugnan por una sociedad islamizada; 2) Kurdos organizados en milicias que, junto a otras organizaciones armadas que tienen relativa fuerza militar y política en Turquía, reivindican la creación de una nación Kurda que  tomaría territorios tanto de Siria como de su país vecino en el norte; 3) El llamado Ejército Libre de Siria, que es una estructura armada que reúne la mayor cantidad de recursos monetarios y militares, gracias a la permanente ayuda extranjera que recibe de Estados Unidos, Qatar, Turquía y Arabia saudí.

La conexión de esta organización armada con el extranjero está mediada por el sector de oposición sirio que se encuentra en el exilio. Esto implica que el mando político y militar de la estructura armada no tiene un correlato tan fuerte dentro de los sectores sirios de oposición que protagonizaron las protestas y movilizaciones en el 2011. Si bien muchas personas (sobre todo jóvenes) participantes de los acontecimientos políticos de la rebelión del pueblo sirio, ahora conforman las filas de este ejército, las decisiones militares y estratégicas se toman siempre a contrapelo del poder de quien tiene los medios de financiación y reproducción bélica, es decir, de la élite siria que ha sido exiliada.  

Los actores y objetivos de las movilizaciones populares y de la guerra civil han cambiado radicalmente. El desarrollo de la lucha armada entre las diversas facciones ha hecho, por ejemplo, que ciertos sectores sirios de oposición hayan tomado una posición que condena las acciones de los “rebeldes” al verlos como una forma de injerencia extranjera, y hayan decidido participar el año pasado en la elaboración de una nueva Constitución.

Una guerra más allá de Siria    

Los efectos de la guerra civil han involucrado a países vecinos de Siria. Los refugiados del conflicto han ido a parar a Turquía, Jordania e Irak. Los refugiados han sido fuente de tensión diplomática entre estos países. Damasco ha denunciado que el gobierno turco arma y entrena mercenarios en algunos campos de refugiados, mientras que Turquía y Jordania denuncian al gobierno Sirio por no hacerse cargo de sus ciudadanos y violar los Derechos Humanos.  

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Fuente:http://www.prensalibre.com

Pero no sólo en sus efectos el conflicto ha involucrado a los vecinos de Siria. La ubicación del país y los intereses geopolíticos del medio Oriente y el conflicto árabe-israelí, hacen del conflicto sirio un problema regional.

Los conflictos entre Israel y Siria son de vieja data. El gobierno de All-Assad padre e hijo, gracias a su influencia ideológica nacionalista árabe siempre ha visto a Israel con ojos hostiles, reforzando su punto con el conflicto en los altos del golán y el recuerdo de la guerra de los seis días en 1967. El panarabismo que calca sus reivindicaciones culturales a la luz de la estructura territorial del Imperio Otomano verá siempre la presencia de Israel como la presencia de un invasor no-árabe sobre las tierras árabes. Israel se entiende como la presencia de Occidente en tierras musulmanes. Si a esto agregamos que, durante la última década, Occidente (es decir, Estados Unidos) ha tenido una postura más o menos explícita de rechazo al Islam, los nacionalismos árabes tienen fuertes razones para pensar que Occidente, y por ende Israel, tienen la intención de acabar con su cultura y sus costumbres religiosas.

Esta confrontación militar con componentes religiosos y culturales es clara en los sucesos recientes. Por ejemplo, el bombardeo de Israel a unas instalaciones académicas y de inteligencia siria en Damasco y la explícita alianza entre Hizbulah y el gobierno sirio. Los diferendos históricos con Israel entran a ser parte fundamental en la guerra civil actual, sobre todo cuando el sector exiliado de Siria ha recibido apoyo por parte de Estados Unidos e Israel, al menos explícitamente en declaraciones diplomáticas e implícitamente en lo financiero y militar.

Las disensiones entre Siria y Turquía no son nuevas aunque, sin duda, el conflicto Sirio las ha potencializado. Para entender este punto debemos referirnos rápidamente a la relación tensa y compleja que el proyecto de modernización turco ha tenido con los sectores musulmanes de la sociedad. Las élites turcas, que han estado representadas fundamentalmente en el ejército, han tenido siempre una visión secular de la institucionalización del Estado y han considerado que su propia nación pertenece más a Europa que a Asia. Esto lleva a Turquía a rechazar formas religiosas de organización política aunque más del  90% de su población practica el Islam. De acá que el nacionalismo árabe de su vecina Siria sea visto por Turquía como una amenaza, no sólo a la secularidad de sus prácticas políticas sino al carácter europeo de su nación.

Entre tanto, los incidentes diplomáticos, a saber, el derribamiento de un avión turco que sobrevolaba el territorio sirio, las acusaciones de Damasco a Estambul de apoyar los grupos armados rebeldes, sumados a la extensión del conflicto sirio a su frontera en el norte, han hecho que Turquía se involucre en dicho conflicto con mayor ahínco.

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Fuente: http://www.mediterraneosur.es

El proyecto de intervención sobre Siria

Es sorprendente que grupos liberales y progresistas aboguen por una intervención militar en Siria. Pero, más que sorprendente, resulta curioso que se intente superar una situación generalizada de violación de Derechos Humanos con la instauración de una peor. Todo esto recuerda a las organizaciones liberales que abogaban por una intervención en Afganistán denunciando las violaciones de los derechos de las mujeres y los homosexuales bajo el régimen Talibán y terminaron auspiciando una violación más cruel y más sistemática por parte del ejército estadounidense. Una intervención militar es éticamente inaceptable.

El juego de una posible intervención militar no busca únicamente arreglar una situación de Derechos Humanos. Así la buscara de forma 'loable', el costo de una intervención no lo justifica. Donde hay costos generalmente hay beneficios y Estados Unidos lo sabe bien. Este beneficio es económico y geopolítico.

Es económico porque la zona oriental del mar mediterráneo es el lugar de transporte y circulación del petróleo que abastece toda Europa, que proviene de los emiratos árabes y pasa por el canal del Suez. El mayor porcentaje de petróleo se encuentra en el Medio Oriente, aunque las mayores reservas probadas están en Venezuela. El Medio Oriente como región posee más petróleo que todas las regiones del mundo unidas. Al menos tres países del Medio Oriente se encuentran entre los que tienen más reservas en el mundo.

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Fuente: http://www.lacomunidadpetrolera.com

Así, la estabilidad del medio oriente es la estabilidad del petróleo y su circulación; es la estabilidad de toda la economía mundial, la industria, el transporte y la dinámica energética. Aquí es donde entra el interés geopolítico. El objetivo de Estados Unidos no es tanto invadir a los países y quedarse con todo el petróleo sino garantizar las condiciones óptimas de circulación y precio. Obviamente, estas condiciones óptimas no son neutrales sino las que benefician únicamente sus intereses y no los de los países productores.   

Poder entrar a Siria representa un precedente de estabilidad y mando regional de Estados Unidos y sus aliados en la zona medio oriental. Una invasión destruiría la alianza Irán-Siria-Libano que podría, en el caldo de cultivo de tensiones regionales y el nuevo ascenso del nacionalismo árabe, sabotear la circulación petrolera bien sea por medio de una alianza con Egipto y su control del canal del Suez o bien en el seno de una guerra regional que significaría una recesión económica mundial y probablemente el declive de Estados Unidos como potencia.

Sin embargo, los impedimentos a una intervención militar en Siria no han sido sólo jurídicos, no ha sido únicamente el veto de Rusia y China en el Concejo de Seguridad de la ONU lo que ha frenado esta intervención. Si la intervención pretende crear una estabilidad regional, también podría romperla del todo pues la dinámica regional del conflicto haría que muchos más países, actores transnacionales y organizaciones armadas, entraran a ser parte de la situación desatada por una invasión en términos militares.

El escenario y su futuro está completamente abierto debido a la cantidad de actores y conflictos que están a la base de la guerra civil en Siria. Esta situación es el laboratorio de los conflictos y contradicciones que definen a casi todo el Medio Oriente, por eso su resolución no depende enteramente de las circunstancias sirias, sino de intereses y formas de acción que se salen de sus manos en principio.

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