La vida y la muerte en el corazón de la insurgencia zapatista

on Sábado, 31 Mayo 2014. Posted in Artículos, Comandante Marcos, Zapatistas, Edición 34, Internacional, Andrea Mejía

34 MejiaEl 24 de mayo, en La Realidad, Chiapas, se celebró la vida de uno de los compas más entrañables del proyecto de autonomía zapatista, y más de 6000 personas fueron testigos de la “muerte” del comandante Marcos. La vida de uno fue entregada por la vida del otro. La historia va más o menos así.
 
Andrea Mejía
Fuente de la imagen: http://www.laprimeraplana.com.mx

El 2 de mayo, José Luis Solís, conocido como Galeano, querido y respetado tanto por la comunidad de La Realidad como por la comandancia del EZLN, fue emboscado y brutalmente asesinado por personas que pertenecían a su misma comunidad y armadas por fuerzas paramilitares.

La Realidad, una comunidad en su mayoría zapatista, es sede de una de las cinco juntas de buen gobierno del territorio autónomo zapatista en Chiapas y ha sido uno de los lugares más simbólicos en la historia de la visibilización y transformación del movimiento desde la madrugada del 1 de enero de 1994. Fue este lugar, en el que se preparó un emotivo homenaje al compa asesinado, el que Marcos eligió para despedirse de la comandancia del EZLN en un acto teatral cargado de emociones, de dolor, de buen humor y de alegría. Marcos ya no será más esa figura que, para bien y para mal, con esa voz modulada y suave, transmitida desde las montañas del sureste de México, capturó la atención de los medios y de miles de jóvenes, civiles, no indígenas en todo el mundo. La voz de Marcos ya no será más la voz de los que no tienen voz, porque las comunidades zapatistas ya tienen la propia, siempre la han tenido, y es una voz que no necesariamente tiene que articular las esperanzas y los temores de los intelectuales ilustrados o de los activistas políticos más o menos candorosos. Es la voz de los pueblos indios y su portavoz es el subcomandante Moisés, que en la mañana había pedido disculpas porque ellos, indígenas tojolabales, tzeltales, tzotziles, choles, mames, no saben hablar bien el español.

El homenaje a Galeano reunió cerca de 6000 personas de las bases de apoyo y cientos de caravaneros, entre miembros de colectivos urbanos, reporteros de medios libres y viajeros de otros países. Abrió el homenaje el discurso del sub-comandante Moisés, “Moi”, como lo llaman con cariño, quien asume a partir de ahora la responsabilidad de ser portavoz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El mensaje a la comunidad fue claro: la justicia no es venganza. Pudimos ver luego a Marcos a caballo, en una suerte de parodia irreverente de lo que Marcos sabe que también, irremediablemente, es. Visitamos la tumba de Galeano, en una fila que serpenteó rápida entre las casas de madera de La Realidad hasta llegar a la tumba donde una montaña de piedras se arrumaba, como imagen de una comunidad derrumbada que vuelve a juntar, en silencio, sus pedacitos. Hacia la media noche, las palabras de Marcos se abrieron paso entre la lluvia1. Como quien vuelve a la vida con el nombre, Marcos da su nombre por el de Galeano. Marcos ya no importa. El nombre que debe preservarse es el de Galeano, el pobre, el indio, el muerto. Es como si el nombre de Marcos se hubiera puesto frente al nombre de Galeano para impedir los garrotazos, las balas y los golpes de machete. Puesto aparte todo el histrionismo, la salida de Marcos por la puerta de atrás es un gesto noble y generoso. Un gesto que surge de la conciencia oportuna de que un proyecto político que se construye en torno del carisma de un líder, sea cual sea el líder, se vuelve tarde o temprano en contra de la gente que no quiere ser gobernada desde arriba.

¿Qué es lo que está en juego con esta despedida de Marcos? En primer lugar, es un cambio de mando explícito para que no haya confusiones. El mando no debe ser el de la dirigencia insurgente del EZLN. El mando es de los pueblos. En segundo lugar, es una clara apuesta por lo que Marcos llamó la “política cotidiana”, no la política de cuadros, de técnicos y letrados. Es hacerle lugar a una política que se hace en lo pequeño, en la vida diaria, en el trato del otro, en los lazos que creamos juntos en el trabajo de todos los días. En tercer lugar, aunque el discurso reivindicó sin equívocos que el zapatismo no hubiera conseguido lo que consiguió si no se hubiera alzado en armas, a largo plazo la apuesta es por un proyecto civil y por un desarme progresivo. Finalmente, la retirada de Marcos es un ejemplo de autonomía: autonomía es no tener héroes, no seguir individuos ni caudillos. La autonomía y el poder horizontal de los que mandan obedeciendo van de la mano. Porque no se puede ser autónomo si alguien, sea quien sea, por mejores que sean sus intenciones, puede guiar y determinar la energía política de una comunidad y los proyectos de vida que los pueblos construyen y despliegan por sí mismos. Y quizá, más allá de lo que puede ser una fijación de identidades puras y separadas, la del indígena, la del mestizo, más allá de la quietud de estancias culturales naturalizadas que se refleja en el discurso del subcomandante, la enseñanza que atraviesa las fronteras del estado de Chiapas es que el proyecto zapatista puede ser de todos los que se atreven a intentar asumir la autonomía y el autogobierno como proyecto de vida.

Además de la profunda tristeza por la muerte de Galeano en manos de gente de la misma comunidad, más allá de la confusión, del desconcierto y la sorpresa, el sentimiento que queda, creo, es el de una profunda alegría al sentir que a este proyecto de vida lo sigue moviendo la vida. La alegría por haber podido entender un poco lo que significa esta idea simple de “mandar obedeciendo”, por haberlo entendido no en teoría sino gracias a la tremenda imagen de los compas con sus pasamontañas, con su andar de sombras rápidas, apuradas, con su hablar bajito, y con su andar siempre juntos.

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1Los discursos completos de los subcomandantes Marcos y Moisés pueden encontrarse en el Enlace Zapatista: http://enlacezapatista.ezln.org.mx

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