Las violencias de la normalidad

on Miércoles, 14 Agosto 2013. Posted in Artículos, Edición 15, Nacional, Anders Fjeld, Desigualdad social

15 andersNo hay violencia en singular sino diferentes tipos de violencia que a veces se enfrentan directamente, operan autónomamente para asegurar diferentes intereses, se legitiman como prevención de más violencia, o se oponen asimétricamente.
 
Anders Fjeld
Fuente: http://www.redesciudadanasjalisco.blogspot.com

Es una ilusión creer que la violencia se trata de un fenómeno único, de –una fuerza simplemente destructiva que excede el diálogo consensual y el espacio legítimo de lo político; el único medio para combatir la represión estatal, o como una interrupción de la normalidad, etc. La violencia es un fenómeno político, social y económico que no simplemente recorre nuestros espacios comunes, relaciones sociales, posibilidades de vida, subjetividades, economías y territorios, sino que los estructura de diferentes maneras.

Así, no hay violencia en singular sino diferentes tipos de violencia que a veces se enfrentan directamente, operan autónomamente para asegurar diferentes intereses, se legitiman como prevención de más violencia, o se oponen asimétricamente (tácticas guerrilleras por ejemplo). Lo que importa es la manera en que la violencia opera en un paisaje social: ¿cuáles son los problemas que motivan y que se despliegan a través la violencia?; ¿de cuál actor se trata, cuáles son sus medios, sus tácticas posibles, sus horizontes?; ¿qué posibilidades políticas se abren y se cierran?; ¿cómo se modifica las relaciones territoriales?; ¿cómo se interrumpe, se construye o se reestructuran las relaciones económicas?

Con la pregunta “¿que es la violencia?” comprendemos entonces “¿cuáles son los diferentes tipos de violencia?” y concentrémonos aquí solo sobre los tipos de violencia que estructuran nuestra “normalidad”. Tomamos como punto de partida, para problematizar, una distinción del filósofo Slavoj Zizek en su libro Violence1, entre violencias subjetiva y objetiva-sistémica. Como pensador de la ideología, estas dos formas de violencia funcionan como “percepciones erróneas ideológicas”, es decir funcionan porque se ven y se comprenden como otras cosas que lo que son realmente.

Violencia objetiva

La violencia objetiva es la violencia que se reproduce sistemáticamente cada día por el funcionamiento objetivo del capitalismo (explotaciones económicas a veces extremamente crudas, marginalizaciones sociales, represiones policiales, “invisibilizaciones” jurídicas, aperturas violentas de nuevos campos capitalistas). Pero, dice Zizek, esta violencia cotidiana no se percibe como violencia porque es sistémica, pues hace parte de nuestra normalidad misma. Esta ideología de la normalidad, ideología liberal, presupone así que vivimos cotidianamente en un “nivel cero” de la violencia – con espacios públicos que funcionan pasiblemente y aparatos estatales que aseguran procedimientos jurídicos y consensuales que los protegen contra la violencia – pero esta presuposición oculta, de hecho, las violencias que estos mismos sistemas sociales infligen objetivamente cada día. Se trata de una violencia objetiva porque es sin sujeto, sin opresor, funciona a través sistemas sociales impersonales – la mayoría de las veces legítimas – donde nadie tiene que asumir directamente la violencia. Violencia deslocalizada, legitimada, sin opresor directo, que se sienta y se percibe sólo en los espacios donde crea sufrimiento.

Ahora bien, tenemos que añadir al análisis de Zizek dos categorías marxianas: acumulación originaria y capital variable. La categoría acumulación originaria designa los procesos a través de los  cuales territorios y hombres se vuelven medios a explotar por el capital – procesos donde el Estado, con sus instituciones, leyes, represiones policiales y, al extremo, medios parapolíticos, casi siempre juegan en partido con los intereses capitalistas. Aquí la violencia objetiva se vuelve directa, palpable, visible – expropiaciones, toma de tierras, privatizaciones, creación de fuerzas de trabajo “desnudo” (con sólo sus cuerpos para  vender), intervenciones crudas en la naturaleza para “prepararla” a la explotación, etc. Es una violencia a la vez histórica u original (que instituye el capitalismo) y actual (que recorre los campos colombianos y sostiene el capitalismo) sobre la cual nuestra “normalidad” es construida y se construye todavía. La percepción errónea ideológica cotidiana de la violencia que estructura la normalidad- lo que analiza Zizek- se conjuga como el olvido de las violencias históricas que han producido nuestros sistemas actuales y la ceguera de los procesos violentos de acumulación originaria con todas sus represiones, a veces sangrientas, de resistencias, desmontes de derechos y de sistemas de seguridad social, además de marginalizaciones políticas.

La categoría capital variable designa la inversión en las fuerzas humanas en el proceso de producción – el costo de un trabajador. Se distingue del capital constante: las máquinas, los territorios, los edificios, las materias primas – es decir los medios y las materias de producción. Lo importante es que los dos tipos de capital se prestan a diferentes estrategias capitalistas para aumentar el beneficio. Con respecto al capital constante, se trata, por ejemplo, de introducir nuevas máquinas en el espacio de trabajo para intensificar la producción y generar así más ganancias (para un tiempo breve, la concurrencia atrapará rápidamente tal innovación). Pero la violencia se encuentra sobre todo con el capital variable – la inversión en la fuerza humana de trabajo en el proceso de producción ¿Cómo generar más beneficio jugando con el capital variable? Disminuir los salarios, precarizar las condiciones del trabajo, reducir los derechos, desplazar la producción a países con derechos sociales débiles para reducir los costos de trabajadores (salarios bajos, días largos de trabajo, derechos no-existentes) – es decir, intensificar el trabajo, aminorar el salario, reducir costos sociales. No se trata simplemente de empresas multinacionales crudas en los márgenes de las sociedades y los “sweatshops” del tercer mundo; jugar con el capital variable es directamente la política del Estado neo-liberal que destruye sistemáticamente derechos y garantías sociales y marginaliza poblaciones para privatizar espacios y bienes comunes, abrir nuevos espacios de inversión, crear fuerzas de trabajo obedientes, reprimir resistencias y convertir formas no-capitalistas de vida en servidoras del capital. En otras palabras, habilitar el libre mercado.

Violencia subjetiva

Este “nivel cero de la violencia” ideológica del liberalismo no percibe erróneamente sólo la violencia objetiva de los sistemas sociales – con los procesos estratégicos muy presentes del acumulación originaria y del capital variable –  sino también percibe erróneamente toda violencia de actores no-estatales. Hay dos elementos que define la percepción errónea de la “violencia subjetiva”: 1. A la diferencia de la violencia objetiva, que se inflige sin opresor directo a través de sistemas sociales, la violencia subjetiva se hace por actores, es decir, por sujetos con objetivos, motivaciones, ideas, subjetividades. A esta violencia subjetiva, se responde ideológicamente, que es necesario respetar las reglas pasibles de la vida democrática –no percibiendo así la violencia objetiva que se reproduce en esta vida democrática y a la cual, a menudo, se ataca precisamente la “violencia subjetiva” de actores marginalizados. 2. Esto está ligado a la idea de que la vida democrática representa un “nivel cero” de violencia, porque eso permite medir toda violencia (subjetiva) como un “nivel n” de violencia que encarna entonces en sí mismo una injusticia.

Entonces, dice Zizek, la idea de la violencia subjetiva (como un simple transgresión del “nivel cero” de la violencia de la “vida democrática”) es una ilusión generada por la ideología de la normalidad. Es una ilusión ideológica porque se cree en un nivel cero de violencia y percibe erróneamente su propia violencia objetiva, y esta violencia objetiva es precisamente el objeto que, a menudo, ataca la “violencia subjetiva” de los actores no-estatales.

Tenemos que añadir al análisis de Zizek que eso hace parte del funcionamiento mismo del Estado liberal y neoliberal. Se trata de una “desocialización” de la violencia no-estatal para ver nada más que una amenaza a las reglas jurídicas y al poder legítimo del Estado. Es exactamente lo que dice el filósofo Thomas Hobbes, autor de Leviathan. La violencia se encuentra solo en un estado natural (“conceptualmente anterior” a la sociedad humana) y se reprime a través del contrato social por cual todos los hombres dan sus poderes individuales a un único poder colectivo y absoluto – el Leviatán. Si la filosofía hobbesiana es compleja, la idea de base aquí es sencilla: más Estado significa menos violencia, más violencia significa menos Estado. En otras palabras: el Estado es idealmente el nivel cero de la violencia, las violencias subjetivas (hecho por los hombres con sus poderes individuales) son los “niveles n” de la violencia. También las violencias subjetivas son anti-sociales (porque se encuentran conceptualmente antes de la sociedad humana), es decir que se trata en efecto de una desocialización del fenómeno. Thomas Hobbes es el pensador filosófico de la ideología de la normalidad que sostiene el funcionamiento del Estado liberal y neoliberal hoy.

El Estado, así, “sobreidentifica” o necesariamente percibe erróneamente , a través de una “desocialización”, la violencia no-estatal – eso es una precondición del Estado para existir como entidad legítima y pasible. En la “violencia subjetiva”, que desocializa la violencia no-estatal, no hay nada más que una amenaza arcaica, sin razones, sin problemas existenciales. Eso descontextualiza y despolitiza completamente las posiciones sociales marginalizadas, explotadas, reprimidas, invisibilizadas, amenazadas de los actores de “violencia subjetiva”.

Las violencias de la normalidad

La violencia solo puede ser legítima por el Estado, porque es el Estado quien introduce un sistema jurídico y represivo estableciendo el uso legítimo de la violencia apoderándose del monopolio de este sistema. Y este sistema se conjuga a intereses capitalistas que a veces operan directamente a través del Estado (por ejemplo del Estado neo-liberal destruyendo derechos sociales para modificar la distribución del capital variable o habilitando la acumulación primitiva para sostener el libre mercado) a veces operan más o menos autónomamente (desplazamientos de la producción al “tercer mundo”, explotaciones crudas de las poblaciones más marginalizadas (por ejemplo los sin-papeles), guerras contra derechos sociales existentes (por ejemplo contra el derecho a sindicalizarse)). Además, esta violencia de la normalidad se sostiene por percepciones erróneas– a la vez de estas violencias “objetivas” y de las razones y problemas que motivan ciertas violencias “subjetivas”.

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1Slavoj Zizek, Violence: Six Sideways Reflections, Picador, 2008.

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