Monarquía democrática ¿Oxímoron o Aporía?

on Sábado, 14 Junio 2014. Posted in Artículos, España, Monarquía, Edición 35, Sebastián Ronderos, Internacional

35 RonderosEl pueblo español se enfrenta, tras la abdicación del Rey Juan Carlos el pasado lunes 2 de junio, a una aporía constituida por un régimen autoritario, pues contrario a quienes suponen que en España existe una Monarquía Constitucional, fue una determinación impuesta por el régimen franquista ante unas cortes que no tenían legitimidad democrática.
 
Sebastián Ronderos
Fuente de la imagen: http://diario.latercera.com/

La verdad es que ella y él siempre fueron semejantes, estuvieron juntos en su interés por las cosas —aun cuando discutían agresivamente, aun cuando se agazapaban en largos silencios— y actuaban siguiendo esa espontánea coincidencia que a todos los otros (los objetos, los amigos, el mundo) nos dejaba fuera, sin pretensiones. Pero ella y yo somos indudablemente otra combinación, y precisamos hablar.
¿Quién de Nosotros?, Mario Benedetti

El concepto Monarquía Democrática constituye de entrada, como mínimo, una paradoja lógica. En el terreno teórico se establece una diferenciación desde Aristóteles, quien en la categorización de formas de gobierno hacía una distinción entre Monarquía y Democracia, donde la primera respondía al gobierno de un individuo, mientras la segunda, vista desde la figura de República, devenía necesariamente de las mayorías (en ocasiones refiriéndose a «todos»).

Esta definición dejó un terreno de interpretaciones por la ambigüedad y generalidad de los términos, como reconoce el filósofo español Gustavo Bueno, “difícilmente podría interpretarse como una clasificación empírica: ¿Cuántos son «todos»? ¿Cuántos son «algunos»? ¿Y acaso existe siquiera «uno» al margen del grupo del que forma parte?”. No obstante, desde entonces los conceptos se distinguen –casi contraponen-, veamos.

Existen diversas concepciones de democracia que sujetan, muchas veces, argumentaciones pragmáticas de gobernabilidad en las formas como éstas se constituyen y se conciben, claro caso de la Monarquía Democrática. Robert Filmer fue uno de los primeros en sostener la tesis de que el monarca es Dios, dándole una utilización bíblica a la concepción del Rey Patriarca, que envistió al monarca de autoridad moral. Esta tesis se ampara en dos formas de legitimidad weberiana, la carismática y tradicional, pero no se sustenta de ninguna manera en legitimidad de ejercicio y más importante aún, legitimidad de origen.

Los cimientos del paradigma democrático, por su parte, se edifican sobre la ciudadanía, o sociedad civil, reconocida como la única posible titular del poder político, poder que como reconoce Habermas, está enraizado en el ámbito de lo público. Este orden de ideas coincide con la concepción de Jacques Rancière, quien ve a la democracia como un proceso que exige de los ciudadanos una actitud permanente de discusión del poder, asumiendo el ejercicio democrático como un ejercicio dinámico y, por supuesto, por encima de lo privado.

Por tanto, no estaríamos únicamente ante una paradoja lógica, entendida desde el oxímoron como la figura retórica que al unir dos términos notoriamente opuestos (por ejemplo «sol negro» o «instante eterno»), muestra un absurdo que da a entender con claridad su sentido metafórico, sino más bien ante una aporía, entendida como un razonamiento de contradicciones irresolubles, enfrentado inexorablemente a un “callejón sin salida”.

El pueblo español se enfrenta, tras la abdicación del Rey Juan Carlos el pasado lunes 2 de junio, a una aporía constituida por un régimen autoritario, pues contrario a quienes suponen que en España existe una Monarquía Constitucional, fue una determinación impuesta por el régimen franquista ante unas cortes que no tenían legitimidad democrática.

Se reclama por un referéndum que devuelva el derecho al pueblo a decidir sobre la jefatura del Estado, en un momento de profunda crisis y desmoralización de las instituciones políticas por las prácticas cotidianas de corrupción y lucro privado, que como menciona el profesor de filosofía del derecho y filosofía política de la Universidad de Valencia, Francisco Javier de Lucas, el escándalo de Iñaki Urdangarín es un síntoma del manejo de corrupción institucionalizada en la Monarquía y sus allegados, y no lo que se ha denominado como una “manzana podrida”.

Finalizo con una corta reflexión de Javier de Lucas: “El debate sobre la monarquía, hoy, en España, es muy sencillo: ¿Es necesaria? No. ¿Es útil, cumple funciones que nos sirven a los ciudadanos? No: ni es factor de estabilidad y equilibrio, ni da buena imagen de España. Ni es ejemplar, ni cercana a los ciudadanos. Ha dejado un rastro de corrupción, negocios sucios y comisiones, de pretensión de privilegio permanente, de intento de bloqueo del normal funcionamiento de las instituciones y en particular de la división de poderes (respeto las actuaciones judiciales, sumisión del ejecutivo y de la fiscalía y de la administración de Hacienda a sus particulares intereses, los de su familia), confusión entre lo público y privado (uso y abuso del patrimonio nacional)... ¿Para qué más? y su carácter vitalicio, lejos de producir estabilidad, incentiva la corrupción, la pretensión de privilegio e inmunidad/impunidad... Además de resultar inaceptable el que en un contexto democrático haya una institución que sigue siendo opaca, no da cuentas, no es controlable”.

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