La lucha en torno a la concepción de la pobreza

on Jueves, 30 Mayo 2013. Posted in Artículos, Edición 10, Economía colombiana, Nacional, Justicia social, José David Copete, Desigualdad social

10 CopeteSólo si vemos la re-producción de la pobreza como remitente a un escenario de correlación de fuerzas entre clases sociales podemos superar la visión, en el mejor de los casos caritativa, del pobre como un producto natural de la sociedad.
 
José David Copete
Fuente: www.semana.com
La publicación y divulgación de las cifras de pobreza en Colombia deja entrever ciertos ruidos que no se pueden ni deben mirar superficialmente. Por un lado, paladines del gobierno nacional que, eufemísticamente, se ha dado en llamar progresista, afirman que la pobreza en Colombia se redujo del 37.2% al 32.7%, donde 1.7 millones de personas salieron de la pobreza1. Por otro lado, una funcionaria del Banco Mundial para Colombia afirma que 7 de cada 10 colombianos son pobres2.

Tal contradicción, en apariencia superficial, deja entrever la falibilidad de las cifras y de su obtención. La devoción de la tecnocracia por las cifras y su contundencia a la hora de convertirse en insumos de los lineamientos de política genera una situación en la que es necesario poner en tela de juicio no sólo la actuación estatal, sino también, y ante todo, la concepción misma de pobreza. Es necesario plantear, trayendo a colación a Borón, que “los datos sólo logran hablar cuando la teoría les aporta el don del lenguaje.”
     
El objetivo de esta columna es plantear la necesidad de generar una concepción de la pobreza que, superando la individualización y la exclusividad de la cuantificación a manos del entramado institucional nacional y transnacional, esté ligada al abordaje de la re-producción de las relaciones sociales en nuestras sociedades.

Así las cosas, es de la mayor pertinencia recalcar que la redefinición de la pobreza pasa, necesariamente, por la caracterización de las dinámicas materiales e ideológicas de las actuales relaciones de re-producción social. Además de ello, es necesario poner de presente que el sentido con que se asuma la pobreza debe ser desplegado en y desde la acción de las organizaciones estatales. Así, las luchas por instituir otra concepción de la pobreza y actuar acorde con la misma, nos ubica en una lucha a distintos niveles en la que se torna central el lugar de enunciación del Estado.    

La urgencia de un cambio de percepción

Si bien históricamente, desde el pensamiento liberal, se ha planteado que el problema de la pobreza remite única y exclusivamente a las y los pobres, ligándolo a sus deficiencias de todo tipo, hemos visto en las últimas décadas una orientación institucional que se plantea como objetivo atacar y erradicar la pobreza de la faz de la tierra. La cultura de las pobreza como construcción ideológica es muestra fehaciente de que, desde las orillas hegemónicas, se generan distinciones que se re-producen “asignando atributos a las personas dentro de las jerarquías sociales”3. Ello desemboca en una percepción de los pobres como seres humanos con deficiencias y atrasos de diverso tipo -cultural, económico, intelectual, social y hasta biológico- que dificulta la inserción dinámica en la lógica “competitiva” del mercado. Así, se ha llegado a plantear que la solución de la pobreza sería el crecimiento económico y el mayor ingreso global4.   
 
A pesar de que gran parte de la institucionalidad y muchas organizaciones sociales orientan sus esfuerzos a la erradicación de la pobreza, no hay una definición clara de lo que ésta significa ni de las dimensiones que contiene. Los esfuerzos, independientemente de la buena o mala voluntad, terminan siendo infructuosos en la medida en que se desdoblan soluciones que en muchas ocasiones no saben con certeza a qué responden, pero que son las únicas que tienen lugar desde las instituciones. Ello nos lleva al fuerte problema de la medición y la caracterización de la pobreza desde horizontes más amplios a los hegemónicos.

En este contexto, es necesario resaltar que las reformas estructurales, que hacen carrera desde finales de los setenta y se consolidan en los ochenta, no deben leerse únicamente en términos del paso de una forma estatal a otra, sino también debe verse como un elemento de reestructuración de las dinámicas y los mecanismos de la explotación capitalista. La transformación del rol del Estado se corresponde con procesos como la dinamización del toyotismo o posfordismo, con la liberalización económica y financiera y con la globalización, denominada por Amin como la mundialización de la ley del valor. La política social se supedita a los objetivos de la política económica5.   

Ello ha derivado en que las soluciones planteadas fortalecen el sistema que ha re-producido y hoy re-produce la pobreza. En este orden de ideas, instituciones multilaterales como el BID y el BM plantean el tema desde miradas filantrópicas, que redundan en la concepción del problema como una cuestión de individualidades atomizadas que deben insertarse de la mejor manera en las dinámicas del mercado.

Muy distante de esta posición es la de Gramsci cuando afirma, en torno a la historia de las clases dominantes e historia de las clases subalternas, que “la historia de las clases subalternas es necesariamente disgregada y episódica: hay en la actividad de estas clases una tendencia a la unificación aunque sea en planos provisionales, pero esa es la parte menos visible y que sólo se demuestra después de consumada. Las clases subalternas sufren las iniciativas de la clase dominante, incluso cuando se rebelan; están en estado de defensa alarmada”6

Sólo si vemos la re-producción de la pobreza como remitente a un escenario de correlación de fuerzas entre clases sociales podemos superar la visión, en el mejor de los casos caritativa, del pobre como un producto natural de la sociedad. Así las cosas, cuando se pone de presente la necesidad de abordar históricamente el fenómeno de la pobreza, lo que está en el trasfondo es la ingente necesidad de asumir las dinámicas bajo las que las clases subalternas han sido sujetos de políticas que deben ser revertidas. El punto estriba en asumir la re-producción de la pobreza como un fenómeno que se remite a la lucha de clases, siendo ésta fruto de las contiendas sociales enmarcadas en el antagonismo entre explotadores y explotados. Ello implica el abandono de los marcos que ubican el problema en las individualidades y su incapacidad de adaptación a los mercados.  

Lo anterior hace que la pobreza se ligue no única y exclusivamente a la condición de quienes la padecen, sino además y ante todo al escenario de las relaciones sociales de producción. A decir de Marx, “las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de reproducción; no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos"7. Estos presupuestos implican un abordaje de la pobreza ligado, inevitablemente, a la re-producción de la riqueza en el marco de la sociedad capitalista y las consecuencias concretas y reales que desde allí se generan para el conjunto de las clases dominadas.   

La valía del accionar estatal

Como punto de partida, es necesario recalcar dos elementos esenciales. Primero, la diferenciación entre las dinámicas de liberalización de los mercados y las del Estado del bienestar no quiere decir que sean antagónicas o remitan a la discusión acerca de formas socialistas y capitalistas de Estado, sino que se trata de formas asumidas por el Estado en el marco de un determinado momento histórico del régimen de acumulación del capital. Segundo, en la línea de Muller y de Jobert, se consideran las políticas públicas como acción estatal, otorgándoles un horizonte político a desplegar en el escenario intervenido. En palabras de Jobert, analizar el Estado en acción es rastrear “la política buscada por otros medios y en otros escenarios. Es la construcción y la puesta en marcha de un conjunto de normas con el fin de lograr una cohesión social”8

Con base en lo anterior, refiriéndonos al actual momento histórico del país y asumiendo las posibilidades que se pueden abrir hacia el logro de la paz con justicia social, uno de los temas pendientes es delimitar claramente cuáles son los problemas del país y en qué consisten los mismos. Así las cosas, el problema del desempleo debe asirse y verse más allá de la flexibilización y la competitividad, la concentración de la tierra debe verse más allá de la estrategia de reprimarización y la pobreza ha de verse más allá de su administración, redituable tanto económica como políticamente por las élites regionales y nacionales. Es ingente ver en el horizonte la posibilidad de que los excluidos de siempre luchen por hacer que su voz se escuche no sólo en las calles y en los estrados sino también desde las instituciones estatales que deben ponerse al servicio de las mayorías. Pensar que puede existir simultaneidad entre el gobierno actual y un escenario de paz con justicia social es casi que contradictorio.  

En últimas, se pone de presente la necesidad de generar procesos incluyentes que reestructuren la institucionalidad y permitan dar fin al monólogo tecnocrático y elitista que se ha apoltronado en las organizaciones estatales. La opción de lograr gobiernos que cuestionen y modifiquen las actuales estructuras y su re-producción, realmente es una misión de los distintos actores sociales y políticos que han sufrido en carne viva la exclusión y la explotación por parte de la oligarquía nacional y sus socios transnacionales.  El constituyente debe pasar al frente y romper el cerco robustecido desde lo instituido.

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1http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/mauriciosantamaria/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12779386.html
2http://m.rcnradio.com/noticias/banco-mundial-advierte-que-7-de-cada-10-colombianos-son-pobres-66525?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter
3ALVAREZ Sonia, Introducción, contenido en ALVAREZ Sonia (Compiladora), Trabajo y producción de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe: estructuras, discursos y actores, Buenos Aires, CLACSO. 2005. p. 23.
4Ibíd. p. 25.
5En torno a este debate ver: MARSHALL Adriana, CORTES Rosalía, Estrategia económica, instituciones y negociación política en la reforma social de los noventa, contenido en Desarrollo económico Número 139. Julio- septiembre 1999. pp. 195-212; FRANCO Rolando, Los paradigmas de política social en América Latina, CEPAL. 1996. consultado en
http://www.eclac.org/publicaciones/xml/6/12726/LCR_1625_Paradigmas.pdf
6GRAMSCI Antonio, Cuadernos de la cárcel Tomo II, México, Ediciones Era. 1981. p. 27.
7MARX Karl, Prologo de contribución a la crítica de la economía política, contenido en Sobre el comunismo científico, Moscú, Editorial Progreso. 1976. p. 518.
8JOBERT Bruno, El Estado en acción: la contribución de las políticas públicas, en Revista Ciencia Política, III Trimestre de 1994. pp. 80-81. 

 

[1] http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/mauriciosantamaria/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12779386.html

[1] http://m.rcnradio.com/noticias/banco-mundial-advierte-que-7-de-cada-10-colombianos-son-pobres-66525?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

[1]ALVAREZ Sonia, Introducción, contenido en ALVAREZ Sonia (Compiladora), Trabajo y producción de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe: estructuras, discursos y actores, Buenos Aires, CLACSO. 2005. p. 23.

[1] Ibíd. p. 25.

[1] En torno a este debate ver: MARSHALL Adriana, CORTES Rosalía, Estrategia económica, instituciones y negociación política en la reforma social de los noventa, contenido en Desarrollo económico Número 139. Julio- septiembre 1999. pp. 195-212; FRANCO Rolando, Los paradigmas de política social en América Latina, CEPAL. 1996. consultado en

http://www.eclac.org/publicaciones/xml/6/12726/LCR_1625_Paradigmas.pdf

[1] GRAMSCI Antonio, Cuadernos de la cárcel Tomo II, México, Ediciones Era. 1981. p. 27.

[1]MARX Karl, Prologo de contribución a la crítica de la economía política, contenido en Sobre el comunismo científico, Moscú, Editorial Progreso. 1976. p. 518.

[1] JOBERT Bruno, El Estado en acción: la contribución de las políticas públicas, en Revista Ciencia Política, III Trimestre de 1994. pp. 80-81.  

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