¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos?

on Domingo, 14 Diciembre 2014. Posted in Artículos, Estudiantes, Edición 47, Ayotzinapa, Edgar Ricardo Naranjo, México, Movimiento estudiantil, Internacional

47 Ricardo

Nuevamente los actos de represión e intimidación en contra de la población, de la educación popular rural y del movimiento estudiantil, volvieron a resurgir. Sin embargo la generalización del miedo y las campañas de desinformación mediática no pudieron evitar el desarrollo y gestación de un proceso que comenzó a evidenciar un estado de agotamiento social, de desesperación colectiva ante un sistema político que respondía ante cualquier demanda social con el uso “legítimo” de la violencia.

 
Edgar Ricardo Naranjo
Fuente de la imagen: http://www.animalpolitico.com/

Sentimientos de dolor, rabia e indignación se reproducen constantemente al interior de la población mexicana. Con la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal “Raúl Isidros Burgos” de Ayotzinapa en el estado de Guerrero, la incertidumbre se apodera día tras día de las víctimas que esperan con vida a sus familiares. Reiterativamente los medios de comunicación presentan las versiones del procurador Jesús Murillo Karam, quien se ha ido encargando de informar/desinformar los detalles de la desaparición y posterior asesinato de los 43 jóvenes. ¿Cúal fue el modus operandi de esta masacre? Se preguntan los(as) periodistas, ¿Quiénes fueron los responsables? El procurador contesta: “El modus operandi de asesinar y calcinar personas es de algunos grupos de los Zetas” (Aristegui Noticias, 2014).

En México las desapariciones, masacres y feminicidios eran atribuidos al crimen organizado, categoría que servía para identificar las acciones de los diferentes cárteles del narcotráfico. Ahora qué podrían decirnos, cuando en la desaparición de los 43 estudiantes se demostró que tanto las autoridades municipales como la policía de Iguala actuaron de la mano con el “crimen organizado” para cometer este fatídico hecho. La incertidumbre se incrementaba y lo que parecía cierto y no se podía confirmar, lamentablemente se hizo público cuando el 26 de septiembre la policía asesinó cobardemente a tres estudiantes y se desconoció el paradero de otros 43. La indignación colectiva despertó y las voces de protesta colmaron los espacios de cada municipio. Al unísono de un “que se vayan todos” la sociedad mexicana exigía la aparición con vida de los 43 normalistas.

El gobierno estatal de Guerrero claudicó, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se ponía en vilo, ¿ahora quién podría defenderlos? Claramente no sería el Chapulín Colorado, pero sí la propagación de un show mediático orquestado por Televisa, que a partir de la muerte del escritor y comediante Roberto Gómez Bolaños aceleró una campaña de desinformación, en donde las emotivas remembranzas de la vida de chespirito, intentaban ocultar la triste realidad. A partir de la masiva despedida de Gómez Bolaños en el estadio Azteca, los contenidos informativos centraron su atención en el estado de Guerrero. ¿Qué procedía entonces? Recuperar la imagen del estado, acelerar el turismo y mostrarle al mundo que Acapulco seguía siendo el destino indicado.

Paulatinamente en los programas matutinos de esta importante cadena televisiva, iban apareciendo algunos personajes de la farándula mexicana en los lugares más reconocidos del estado de Guerrero, todo esto para demostrarle a la teleaudiencia nacional e internacional que en la región no pasaba absolutamente nada, que en este lugar esperaban a todo tipo de turistas. La importancia recaía en atraer la inversión económica, lo demás podría ser parte del pasado, parte de una historia trágica que nos mostraba la violencia directa en contra de nuestros(as) jóvenes, de nuestros futuros docentes y del proyecto de las escuelas normales rurales concebidas desde el gobierno de Lázaro Cárdenas en la década de 1930.

Hace unos cuantos años en las décadas de 1950 y 1960 el movimiento popular en el estado de Guerrero logró poner en descubierto los atropellos perpetrados por los caciques de la zona en contra de la población rural. En este mismo sentido también se resaltaba la trascendencia de Acapulco y se ocultaba el estadio de pobreza en la que se encontraban los campesinos en este estado. Gracias a la participación de las organizaciones campesinas y estudiantiles el gobernador del momento, Caballero Aburto se vio obligado a abandonar su cargo, ya que se descubrió que en su gobierno se habían cometido treinta asesinatos por razones políticas (Castellanos, 2007: 105).

Al interior de estas movilizaciones se encontraban los alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa, liderados por el maestro Lucio Cabañas. Según Laura Castellanos (2007), “la normal de Ayotzinapa, cercana a Tixtla, era un espacio muy politizado. Había sido creada como parte del programa educativo de Cárdenas que para entonces ya estaba siendo desarticulado. En 1960 funcionaban la mitad de las veintinueve escuelas rurales del país, en las cuales el programa académico había sido reducido de seis a cuatro años. Para 1960 el liderazgo de Lucio ya era nacional. El joven que gustaba sintonizar las trasmisiones radiales emitidas por la Cuba revolucionaria, había sido electo como directivo de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM). Lucio había nacido en el El Porvenir, Atoyac, en 1936. Ahí se registraba uno de los movimientos más combativos contra el gobernador” (2007:106-107).

A raíz de este movimiento, se incrementó la represión y la persecución en contra de los campesinos, estudiantes y maestros, registrándose así la masacre de Atoyac, el 18 de mayo de 1967 y la de la Coprera de Acapulco, el 20 de agosto de 1967. Estos actos de violencia sistemáticos trajeron consigo el levantamiento armado de dos grupos guerrilleros en el estado de Guerrero, el primero liderado por el maestro Lucio Cabañas y el segundo liderado por el maestro Genaro Vázquez.

Nuevamente los actos de represión e intimidación en contra de la población, de la educación popular rural y del movimiento estudiantil, volvieron a resurgir. Sin embargo la generalización del miedo y las campañas de desinformación mediática no pudieron evitar el desarrollo y gestación de un proceso que comenzó a evidenciar un estado de agotamiento social, de desesperación colectiva ante un sistema político que respondía ante cualquier demanda social con el uso “legítimo” de la violencia. El Estado mexicano fue cooptado por los intereses partidistas (PAN; PRI; PRD), caciquiles y la proliferación del narcotráfico en las regiones. Todos(as) lo sabíamos pero la información se manipulaba y la violencia directa e indirecta acallaba el clamor popular, hasta que de repente en medio de la marcha conmemorativa de la masacre de Tlatelolco, las voces se comenzaron a juntar, la noticia de la desaparición de los 43 compañeros se empezó a conocer y la indignación colectiva se hizo visible.

Desde este momento las calles de las capitales de los diferentes estados mexicanos se inundaron de niños(as), jóvenes(as), extranjeros(as), adultos(as) y abuelos(as). Todos(as) reclamábamos lo mismo, todos(as) nos solidarizamos con las familias de estos ilustres jóvenes, cuyo futuro les deparaba una carrera profesional admirable, la de ser educadores rurales. En San Cristóbal de las Casas, Chiapas, los compañeros(as) zapatistas salieron a marchar por las calles y de manera silenciosa expresaban en los carteles que levantaban, su sentimiento más sentido y profundo, “su dolor es nuestro dolor”. Este sentimiento también fue expresado en uno de los caracoles zapatistas “Oventik” en donde con la lectura del comunicado de la Comandancia General del EZLN el subcomandante Insurgente Moisés les expresó a los familiares y a los estudiantes de la Escuela Normal lo siguiente: “ Tal vez no se los han dicho, pero han sido ustedes, los familiares y compañeros de los estudiantes muertos y desaparecidos quienes han conseguido con la fuerza de su dolor, y de ese dolor convertido en rabia digna y noble, que muchas, muchos, en México y el Mundo, despierten, pregunten, cuestionen. Por eso les damos las gracias” (CCRI, 2014). El despertar no se debe apagar, la memoria colectiva tiene que seguir cubriendo los espacios del olvido, el cual ha pretendido generar estados de incertidumbre, desesperación y frustración.

Referencias

Aristegui Noticias. (2014). Asesinados, “un grupo de estudiantes” de Ayotzinapa; el número no lo vamos a precisar: PGR. Disponible en: http://aristeguinoticias.com/0912/mexico/asesinados-un-grupo-de-estudiantes-de-ayotzinapa-el-numero-no-lo-vamos-a-precisar-nunca-pgr/

Castellanos, Laura. (2007). México armado. México: Biblioteca Era.

Esteva, Gustavo. (2014). Claroscuro. México: La Jornada.

Hernández, Luis. (2014).Ayotzinapa y la nueva insurgencia cívica. México: La Jornada.

CCRI. (2014). Palabras de la Comandancia General del EZLN, en voz del Subcomandante Insurgente Moisés, al terminar el acto con la caravana de familiares de desaparecidos de Ayotzinapa, en el caracol de Oventik, el día 15 de noviembre del 2014. Disponible en: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2014/11/15/palabras-de-la-comandancia-general-del-ezln-en-voz-del-subcomandante-insurgente-moises-al-terminar-el-acto-con-la-caravana-de-familiares-de-desaparecidos-y-estudiantes-de-ayotzinapa-en-el-caracol-d/

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