Paramilitarismo y Bacrim: sobre el asesinato de Carlos Enrique Ruiz

on Sábado, 01 Febrero 2014. Posted in Artículos, Edición 26, Limpieza social, Bacrim, Nacional, Paramilitarismo, Christian Fajardo

26 ChristianEl recrudecimiento de la violencia quizás obedece a cómo el cuerpo es vuelto añicos. Las vidas de aquellos que no cumplen los criterios para habitar el paraíso dejan de valer y los crímenes de los ejecutores de las sentencias de una sociedad limpia quedan en la impunidad.
 
Christian Fajardo
@christianfaja
Fuente: http://www.colombiainforma.info/ 

Dos hechos marcan el precedente para abrir de nuevo una historia de la que poco se habla o sencillamente pasa desapercibida y de inmediato al olvido por parte de nosotros en tanto, quizás, se han convertido en la norma en todo el territorio nacional: se trata de las advertencias por parte de grupos armados de limpieza social y su posterior ejecución. Esta correspondencia casi inmediata entre palabras y acciones (o mejor aún ejecuciones) se puso en evidencia el domingo 26 de enero del presente año cuando fue asesinado Carlos Enrique Ruiz, en Ciudad Bolívar, después de haber circulado un comunicado en el que las Bacrim definieron como blancos a “viciosos, jíbaros, gente del común y maricas”1 a partir del 24 de enero.

Por disparatado e irracional que suene que un grupo de verdugos comentan crímenes bajo la vulgar y descarada pretensión de una sociedad limpia o, mejor aún, de una sociedad en la que se elimine la pluralidad humana de raíz, es completamente acorde a nuestra historia en la que el pan de cada día se ha convertido en platos amargos de muestras descaradas de discursos y actos que repudian aquellos que no cumplen con ciertos criterios mínimos de pertenencia a la sociedad. Bajo esa perspectiva, palabras como la justicia y la paz son interpretadas como las dos expresiones claves para sustentar un proyecto de una sociedad segura y libre para la inversión extranjera, una sociedad unánime en la que cualquier conflicto que subyace en su interior es interpretado inmediatamente como una violencia irreductible que debe ser eliminada a través de una Violencia Organizada que le pondría fin. “Viciosos, jíbaros, gente del común y maricas” han sido los nombres –entre muchos otros- que se han creado para calificar esas violencias irreductibles o más bien, si recordamos las palabras de Karl Binding (reconocido abogado especialista del derecho penal que fue referente para los nazis y su aplicación del programa de eutanasia), esas vidas que no merecen ser vividas.

¿Qué hace que un conjunto supernumerario de la población colombiana sea concebido como vida que no merece ser vivida? ¿Qué hace que unos de actores armados ejecuten las pretensiones de una sociedad limpia? ¿Por qué en muchas ocasiones no resultan escandalosas las muestras abominables de una sociedad en las que decenas de miles han perdido sus vidas o han desaparecido sin dejar rastro alguno bajo el mandato de una sociedad unánime? ¿Qué hizo que sólo unos pocos demostraran el rechazo a Salvatore Mancuso cuando visitó el congreso de la República el 28 de julio de 2004 en donde sostuvo que a través de la seguridad Paramilitar se iba a construir un paraíso entre Los Andes y el mar2? Tenemos muy pocos elementos para comprender la dinámica que origina el despliegue de una violencia descarada y directa en función de construir un paraíso terrenal, quizás unas razones políticas y otras razones éticas nos den cuenta del por qué las vidas dejan de valer y del por qué la guerra frenética y el circulo de la venganza y la violencia se reproduce cada vez de una forma más fuerte.

¿Razones políticas? Como lo ponen en evidencia los mismos paramilitares, por detrás de sus actos se buscó y se busca una sociedad en paz, y tal escenario de paz es el paraíso. La metáfora de Mancuso no es gratuita, el paraíso remite inmediatamente a una sociedad reconciliada con respecto de sí misma en la que los conflictos son ausentes, en la que existe un consenso entre cada uno de sus habitantes y no hay nadie que perturbe dicha armonía. Como se puede ver en el Génesis, en el paraíso sólo hay una lengua, las palabras y las cosas se corresponden y al parecer la paz consiste en la unanimidad en materia de nuestras opiniones, creencias y modos de actuar en el mundo. Sin embargo, a juicio de los Paramilitares y de las Bacrim, no estamos aún en el paraíso y para eso optan por acelerar el rumbo de la historia limpiando la sociedad de las existencias que no merecen habitar el paraíso, y recordémoslo, la versión de tal escenario por parte de esos actores consiste en que Colombia debe ser el espacio en el que se ponga de manifiesto la división natural entre pobres y ricos.

Ahora bien, ¿para qué preservar esa división? ¿Con qué objetivo el paramilitarismo y Bacrim buscan defender la propiedad de la tierra por poner un ejemplo? La respuesta puede ser sencilla: únicamente cuando cada quien ha asimilado su rol en el mundo, es decir cuando los pobres naturalizan que son pobres y que no tienen razón alguna para ocuparse de los asuntos comunes o por el rumbo de la historia, se produce un acuerdo sobre el rumbo de una sociedad. La política del paraíso consiste entonces en que un grupo se ocupe de la política, del manejo de las riquezas y de la gestión de los asuntos comunes, de ahí que sea preciso utilizar cualquier medio para consolidar el proyecto de un país en el que haya una unanimidad, en el que las identidades que salen por fuera de las cuentas de nuestros oligarcas sean eliminadas de raíz y bajo las formas de violencia más sucias que pueden llegar a existir.

¿Razones éticas? Si existen razones de tipo político que buscan una sociedad unánime y limpia, quizás, una disposición caníbal (o sencillamente una ausencia de ética) promueva a que verdugos, como los que cometieron el asesinato a Carlos Enrique Ruiz, ejecuten su labor de una forma casi despiadada y mecánica. Creo que esa disposición caníbal es artífice de un conjunto de actos que ponen en evidencia que las vidas que no merecen ser vividas no son otra cosa que carne, que trozos de cuerpo que no tienen cualidad ni condición alguna para vivir. El cuerpo se convierte en territorio de guerra, el miedo que siembran cuerpos desmembrados y la violencia sexual contribuye a que el cuerpo no sea otra cosa que carne en descomposición y la masacre, la limpieza social o las violaciones se convierten en aceleradores de ese proceso.

El recrudecimiento de la violencia quizás obedece a cómo el cuerpo es vuelto añicos. Las vidas de aquellos que no cumplen los criterios para habitar el paraíso dejan de valer y los crímenes de los ejecutores de las sentencias de una sociedad limpia quedan en la impunidad. Sin embargo, aquellos ejecutores siempre se encontrarán con la lamentable sorpresa de que el paraíso no es de seres humanos, sino de homicidas que se oponen a la pluralidad humana, a una historia hecha por seres que tienen el valor y el coraje de oponerse al lugar que ocupan en el mundo.

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1http://www.colombiainforma.info/index.php/ddhh2/1182-alertan-sobre-posible-accion-paramilitar-detras-del-asesinato-de-joven-en-ciudad-bolivar-bogota
2http://www.youtube.com/watch?v=439wCruslC4. Min. 11.00

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