Pensemos a Bogotá con calma y sin perder la sensibilidad

on Lunes, 31 Marzo 2014. Posted in Artículos, Bogotá, Edición 30, Bogotá Humana, Nacional, Andrea Marcela Cely

30 CelyQuienes transitamos diariamente las calles de varias localidades percibimos la importancia de pensar un modelo de ciudad de manera distinta a quienes lo viven todo el tiempo alrededor de su propio barrio o con el mismo trayecto cotidianamente.
 
Andrea Cely
Fuente de la imagen: www.alcaldiabogota.gov.co 

Desde hace unos meses quienes nos distanciamos de las posiciones de derecha en el país, sospechamos de la cercanía de un escenario como el que está viviendo Bogotá en estos días. Y sin embargo, nos seguimos sorprendiendo de los alcances de varios personajes de la vida pública y política. En este caso, el juego en el que tienen a la ciudad es realmente irresponsable. La incertidumbre y el cambio en las direcciones de las políticas de gobierno sólo desatan falta de credibilidad en las instituciones y, al mismo tiempo, zozobra en la ciudadanía.

No obstante, es un proceso que está permitiendo leer entre líneas el conflicto político e ideológico que está enfrentando Bogotá. Para algunas personas todo esto es producto de la falta de planeación en el distrito; y para otros, un ataque frontal contra una figura de “izquierda”. Sin embargo, al pensarlo con más calma, se puede reconocer que lo que está en juego es la definición de un modelo de ciudad en el país. Los problemas de gestión que la ciudad ha tenido no han sido por falta de técnicos responsables -que en sí los tiene y muy buenos-, sino por el bloqueo planeado de algunos sectores de la derecha para generar esa incertidumbre. En este sentido, tampoco se trata de una persecución política de un hombre en particular, pero se provoca con más fuerza en este momento como consecuencia de medidas que decidió implementar y que tocaron algunas sensibilidades económicas de familias acomodadas con los impuestos de la ciudad.

En medio de esta disputa por el control de los recursos, el direccionamiento de las políticas de gobierno y el juego mediático, quienes habitamos Bogotá, tenemos la responsabilidad de analizar con calma lo que está sucediendo y tomar una decisión. En este caso, una posición que reconozca el modelo de ciudad que se está proyectando y debatiendo en niveles técnicos y mediáticos.

Quienes transitamos diariamente las calles de varias localidades percibimos la importancia de pensar un modelo de ciudad de manera distinta a quienes lo viven todo el tiempo alrededor de su propio barrio o con el mismo trayecto cotidianamente. Al mismo tiempo, no es la misma percepción la que tienen familias sin mayores necesidades económicas de quienes la habitan con un ingreso mínimo con prestación de servicios de manera diferenciada. Sin embargo, es importante que asumamos una posición que reconozca esta diversidad y asuma la construcción de un modelo que nos beneficie de acuerdo a las necesidades de cada habitante de la ciudad1.

En este sentido, sólo presento algunos temas que han generado tensión para que cada persona pueda recrear su percepción, asumir una posición y contribuir con el debate en su vida diaria:

1. Cuidado de los niños y niñas de la ciudad2: es necesario garantizar que la inversión de los recursos, las medidas adoptadas y la proyección de vida de los niños y niñas de la ciudad estén en el primer renglón de cualquier modelo de ciudad. En este sentido, el derecho a una alimentación diaria, educación de calidad desde la primera infancia y condiciones de seguridad e integridad, no son opcionales. Es más, desde este eje se podrían proyectar los demás temas a tener en cuenta para ofrecer las condiciones y herramientas que permitan el desarrollo de una vida digna en la ciudad.

2. Cuidado del agua y el ambiente: un ordenamiento territorial que sea responsable con el cuidado de las fuentes hídricas, el cuidado y el respeto por los bienes de la naturaleza y los demás animales, generan condiciones mínimas para la permanencia de la vida y, por esa sencilla razón, deben tenerse en cuenta en la construcción de un modelo de ciudad. La forma en la que se comprende este eje es fundamental en las discusiones con actores privados cuyo principal sustento es la explotación de recursos, aquellos que siguen dependiendo del sector industrial y de la construcción de vivienda3.

3. Salud: la concepción de la salud como derecho fundamental o como servicio prestado por entidades privadas hace parte de este mismo debate. El modelo de vida que se les debe garantizar a todas las personas sin ningún tipo de distinción, es un objetivo difícil de alcanzar. En especial cuando algunas partes de la población no cuestionan pagar por este derecho y tienen un centro de prestación del servicio, y otros que por primera vez reciben atención especializada en su propio territorio. En este caso, no se trata sólo de sanear las finanzas de una red de hospitales que, además, fueron llevados a este colapso intencionalmente; se trata de un modelo de atención de calidad, que pase necesariamente por acciones preventivas y por el reconocimiento de un servicio indispensable.

4. Arte y cultura: el reconocimiento del arte y de la cultura en contextos urbanos permite disputar con fuerza un espacio de acción política que en muchas ocasiones genera procesos de reflexión de manera directa. En el caso concreto de Bogotá, se ha generado una expectativa de respaldo a estas iniciativas en términos económicos, políticos y sociales que difícilmente serán cedidos.

5. Movilidad y seguridad4: tal vez sean los ejes que más emociones trastocan. Por un lado, la presión mediática y, por otro, la negación de los recursos para adoptar medidas de choque. Es un juego sin salida que, en el fondo, pasa también por la utilidad que se le da a un automóvil y por las garantías de prestar un buen servicio público. Ahora bien, la seguridad como eje no puede girar de manera ausente a la lectura de un contexto territorial. Proyectos de acción integral como el nombrado por el presidente Santos de 75 barrios con más presencia policial y militar, es una interpretación mal intencionada de lo que se estaba generando en el distrito. El programa en mención buscaba articular acciones de inversión social con presencia policial. De tal manera que, se impactara de manera integral en las condiciones de vida en estos barrios. Sin embargo, la tensión generada por esta concepción de vida ha desatado hoy reacciones que pueden desencadenar otro tipo de resultado. Por un lado, la indignación de algunos habitantes y por otro, la percepción de sentirse seguros a partir de la presencia militar cerca a sus casas.

Tal vez, sea esta última la que más tristeza genere.

¿Realmente necesitamos un territorio militarizado para respetar la vida?

¿Los niños y niñas de esos barrios se merecen esa imagen de ciudad?

¡Agh!

***

1Ya desde esta posición se marca una diferencia con algunos modelos, pues en ellos no se tiene una lectura contextualizada y amplia de las distintas necesidades de los habitantes de la ciudad. Se toman decisiones a partir de intereses particulares y metas definidas a alcanzar administrativamente.
2No empiezo con el tema de seguridad por una razón intencionada. Desde este punto empieza la concepción de un modelo de vida y en consecuencia la forma en la que concebimos la ciudad.
3Hacemos alusión a la tensión que ha generado la malinterpretación intencionada de parte de algunos sectores privados con la venta de agua en bloque y la creación de vivienda en la localidad de Usme. En el primer caso, por la no renovación de contratos sin cláusulas que garanticen un mínimo de despilfarro en recursos económicos y del bien natural; y en el segundo por ser una zona que debe ser protegida ambientalmente como fuente hídrica fundamental para el sur de la ciudad.
4También se presentan juntos de manera intencionada. En general son los primeros ejes de trabajo para otros modelos de ciudad, siempre pensados a partir de las comodidades de sectores específicos y la prestación de servicios limitados para los demás.

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