Plan de vida en la región del Catatumbo

on Miércoles, 14 Agosto 2013. Posted in Artículos, Catatumbo, Edición 15, Nacional, Andrea Marcela Cely

15 andreaCon la construcción de un Plan de Vida las familias campesinas de la región del Catatumbo generan iniciativas colectivas que les permiten garantizar su permanencia en el territorio y en medio de la difícil situación que viven, promueven y necesitan de una integración regional con las demás comunidades que comparten esta región.
 
Andrea Marcela Cely
Fuente: www.vanguardia.com

Desde que algunos campesinos y campesinas del Catatumbo dieron inicio a una jornada de protesta sostenida en la región, varios medios de comunicación, autoridades de distinto nivel, organizaciones sociales y políticas y personajes de la vida pública colombiana decidieron acercarse a un territorio normalmente olvidado. Tal hecho está bien. No obstante, es muestra de por lo menos tres cosas: en primer lugar, que la protesta sigue siendo un mecanismo efectivo; en segundo lugar, que la dirección de las políticas estatales son las responsables de estas malas condiciones de vida; y en tercer lugar, que las campesinas y campesinos son los principales afectados.

No obstante, en medio de este contexto y después de la arremetida paramilitar han surgido otras iniciativas de resistencia que no son reseñadas con fuerza y que, además, no entran a confrontar de la misma forma al Estado. La existencia de un plan de vida en esta región es poco mencionada, pero en términos políticos es una experiencia contundente. Y al mismo tiempo otra respuesta de parte del sector campesino ante este olvido.

El Plan de vida que impulsan varias familias en el Catatumbo responde a la necesidad de garantizar una vida digna, la defensa del territorio y la integración regional. Además es una forma que adquiere la organización social hoy y la esperanza de muchos habitantes para permanecer en esta zona del país. El Plan de vida es una decisión y al mismo tiempo una forma de vida para quienes lo desarrollan. La creación de bancos de semillas, el desarrollo de escuelas de formación y educación popular, el cultivo de otros productos alternos a la coca, la generación de una economía propia, los peajes instalados por la comunidad, el cuidado de los bienes naturales y la organización de manera horizontal, son sólo algunos ejemplos de otra forma de vida que generan condiciones para resistir y al mismo tiempo para hacer que las políticas del Estado, tal y como están direccionadas actualmente, no tengan el mismo impacto y estén siendo desmontadas por la comunidad misma.

En este punto encontramos entonces dos formas de leer la situación del Catatumbo: por un lado, algunas partes de la población que deciden protestar exigiendo el cumplimiento de promesas hechas por parte del Estado desde años atrás y, por otro lado, comunidades que avanzan en la consolidación de otras formas de vida que les permitan mantenerse en el territorio. En sentido estricto no son dos formas de leer una misma situación de abandono, sino la historia un poco más completa y la ampliación de perspectivas, ante un momento difícil para estos campesinos y campesinas, que no son contradictorias.

Por un lado, tenemos un contexto marcado por el olvido de parte del Estado hacia los pobladores de esta región, caracterizado además por una presencia militar fuerte y contundente, incluso ejercida sobre las mismas comunidades campesinas. Por otro lado, una presencia de la insurgencia que se muestra en contra de la extracción y explotación de los bienes de la naturaleza y que en momentos de enfrentamiento, también afecta las relaciones propias de la comunidad. Y finalmente, una historia de protesta de parte de las comunidades que ha transitado por distintos niveles y con una serie de exigencias variadas que podrían terminar si las condiciones de vida digna les fueran garantizadas o el respeto por sus propias formas de vida les son reconocidas.

Aun así, el contexto no ha cambiado desde hace varios años, por el contrario, se ha profundizado mucho más desde la llegada de más fuerza militar a la región. La estigmatización que recae sobre la población es la misma, independientemente de quien ejerza la protesta y el negocio de la coca. Y, finalmente, los canales de comunicación siguen siendo limitados.

Con la construcción de un Plan de Vida las familias campesinas de la región del Catatumbo generan iniciativas colectivas que les permiten garantizar su permanencia en el territorio y en medio de la difícil situación que viven, promueven y necesitan de una integración regional con las demás comunidades que comparten esta región. Es importante generar espacios de diálogo para que las demandas sean construidas de manera conjunta y el apoyo a las diversas iniciativas de resistencia que se den logre cambiar las condiciones de la región. Por lo tanto, es necesario el reconocimiento amplio de los procesos de resistencia en este territorio y que se asuma un respeto por la vida de todos los y las habitantes de esta región.

En este momento de negociación es fundamental tener en cuenta todas estas iniciativas para que sean respaldadas social y políticamente. Que sean parte de un mismo movimiento para que el Catatumbo se convierta en un territorio digno que promueve la paz y la vida desde los mismos procesos populares que se gestan en medio del olvido estatal y social colombiano.

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