Planes de vida, mandatos populares y construcción de paz

on Jueves, 14 Febrero 2013. Posted in Artículos, Edición 3, Nacional, Andrea Marcela Cely, Congreso de los pueblos, Movimientos sociales, Proceso de paz

3 andreaEn este momento experiencias como el Congreso de los Pueblos y sus mandatos populares o los planes de vida de algunas comunidades campesinas e indígenas en el país se convierten en  posibilidades concretas que generan modos de vida en paz. Sin embargo, requieren incluir en sus agendas y en sus formas de acción, la relación con la institucionalidad y en particular, las demandas ante un proceso de negociación del conflicto armado.
 
Andrea Marcela Cely
Quiero comenzar la columna con una propuesta para Palabras al margen. Hay varias opiniones, expresiones, propuestas y comentarios de columnistas y lectores que deben ser atendidas y servir como reflexión para generar un diálogo entre quienes hacemos parte de esta iniciativa. Por esta razón, presento estas palabras como un primer intento de reflexión a partir de lo que ya han escrito algunos columnistas y los comentarios que varios lectores han dejado en la página alrededor de las posibilidades de construcción de paz desde los movimientos sociales y populares en el país. Y finalmente, expongo algunos ejemplos de iniciativas concretas que pueden servirnos para comprender el alcance de dichas posibilidades.

Una lectora dejó abiertas las siguientes preguntas a la columna Negociación, construcción de paz y la acción política de los movimientos sociales:

“¿Cuál debe ser el papel de los movimientos sociales en el proceso [de negociación]? ¿Participar de los foros que abran el gobierno y la guerrilla? ¿Los foros del congreso? ¿O confiar en los espacios alternativos de discusión? ¿No son los foros institucionales un lugar privilegiado para el debate? Parece que fuera necesario salir a la calle, movilizarse, pero además no dejar de asistir a lo que ya está instituido”.

Y desde mi punto de vista, Laura Quintana y Carlos Manrique nos ofrecen su opinión ante estas preguntas dentro del artículo cuando afirman que:

“Más allá, entonces, de la importante y oportuna distinción entre la negociación con miras al término del conflicto armado, y la construcción de paz, tal vez haga también falta pensar mejor las imbricaciones entre estos dos procesos, en la medida en que algunos de los obstáculos que se pueden presentar en el primero, tienen que ver con condiciones de posibilidad de la futura construcción de paz en un sentido más amplio”.

Frente a esto, es necesario afirmar que la lectura que deben hacer los movimientos sociales de un proceso de paz considere ambos escenarios; es decir, el cese del conflicto armado que incluye las relaciones institucionales y la construcción de posibilidades que efectivamente garanticen una vida digna o en paz y que en general, son motivadas por iniciativas propias, al margen de las instituciones y acompañadas de historias de movilización. De tal manera que, se vean en la necesidad de desarrollar la capacidad de responder ante dos dinámicas y ritmos distintos de acción.

Los escenarios de acción política bien pueden ser entendidos desde una lectura representativa – institucional o democrática en la que los movimientos sociales (o mejor, la protesta social) generan las condiciones para una“democratización de la sociedad”1. Sin embargo, los escenarios de construcción de paz requieren que se le otorgue mayor protagonismo a las iniciativas que de manera autónoma viven muchas expresiones populares en el país y que desde su vida diaria generan posibilidades concretas para pensar y vivir una paz que no está determinada necesariamente por las políticas públicas, gubernamentales o las posibilidades que el Estado decida.

En este momento experiencias como el Congreso de los Pueblos y sus mandatos populares o los planes de vida de algunas comunidades campesinas e indígenas en el país se convierten en  posibilidades concretas que generan modos de vida en paz. Sin embargo, requieren incluir en sus agendas y en sus formas de acción, la relación con la institucionalidad y en particular, las demandas ante un proceso de negociación del conflicto armado.

Los mandatos del Congreso Nacional de Tierras, Territorios y Soberanías que salieron del encuentro realizado en Cali en octubre de 2011 recogen una postura concreta de parte de varios sectores populares en el país frente a la tenencia y uso de la tierra, así mismo, respecto a la soberanía alimentaria y en general, son mandatos que se construyen a partir de acciones locales que no están determinadas por las posibilidades que ofrece el Estado o una mesa de negociación. Sin embargo, son expresiones y formas de acción de un movimiento social que emerge en medio de la guerra. Y por lo tanto, que ofrece algunas ideas para comprender la complejidad de un contexto como el colombiano, en donde los movimientos sociales y populares tienen que vivir en condiciones de militarización y conflicto armado que sí limita sus posibilidades de acción.

Por esta razón, se convierten en experiencias que requieren desarrollar sus capacidades para actuar ante dos escenarios y en dos ritmos distintos. Por un lado, son movimientos que reconocen que en la mayoría de los casos nacen como respuesta ante la inexistencia de condiciones dignas de vida, en territorios que están siendo explotados por empresas privadas y extranjeras que buscan su desplazamiento y en otros, como una posibilidad de hacer denuncia y reclamos ante el Estado. Y en este sentido, han construido propuestas de acción y de vida alternativas que no están a la espera de una decisión gubernamental o de otros actores distintos a ellos y ellas mismas. La decisión de mandatar o de implementar planes de vida que respondan a sus propias necesidades y posibilidades, es una posibilidad de autonomía y de ejercicio político que no ha sido la tendencia popular en Colombia y en este sentido, reclama sus propios tiempos, agendas y seguramente, escenarios que van más allá de un proceso de negociación.

No obstante, el conflicto armado, la guerra y la militarización de sus vidas y territorios es otra condición que deben tener en cuenta para mantenerse y en este sentido, requieren actuar en otros escenarios y bajo dinámicas que no son las propias. En esos términos, la participación que deben tener este tipo expresiones sociales y populares en escenarios de negociación es fundamental. En principio porque son ellos y ellas quienes están viviendo a diario el condicionamiento de sus vidas y además, porque son actores determinantes en las posibilidades reales de hablar de un proceso que busca la construcción de paz. Sin que su voz y sus demandas sean resueltas, no se podrá tener en perspectiva una solución política del conflicto y en última instancia tampoco las garantías para el cese de una guerra que lleva más de cincuenta años, cuando sus experiencias de movilización son de tiempo atrás, hasta este momento siguen en pie y no están determinadas por una agenda institucional. 

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1Columna de Edwin Cruz: Contra la fuerza de los prejuicios: protesta social y democracia.

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