¿Qué es la alienación? Lo que significa ser colombiano

on Lunes, 14 Julio 2014. Posted in Artículos, Alienación, Edición 37, Izquierda colombiana, Cultura colombiana, Nacional, Christian Fajardo

37 ChristianLa alienación no es sinónimo de estupidez y mucho menos es un concepto que nos permite dividir el mundo entre intelectuales y masas embrutecidas. Es, más bien, una palabra que nos permite comprender que existen situaciones en las que actuamos en contra de nosotros mismos o en contra del lugar en el que habitamos.
 
Christian Fajardo
Fuente de la imagen: www.pocamadrenews.wordpress.com

Ya ha pasado bastante tiempo desde que los intelectuales de izquierda pensaban que la alienación consistía en un estado en el que aquel que estaba oprimido no podía darse cuenta que lo estaba porque, precisamente, estaba oprimido. O dicho de otra manera, quizás ya ha pasado el tiempo suficiente en el que creíamos que la opresión consistía en que los explotados por sus patrones o por la industria publicitaria no podían darse cuenta de su deplorable situación porque padecían la opresión, por eso, sus hábitos, sus prácticas cotidianas nos les permitía ver más allá que las lecciones de vida de RCN y Caracol TV. ¿Por qué hablo de tal pretensión de la izquierda en pasado? ¿Qué ganamos con afirmar que pensar la alienación como una situación de desconocimiento es un asunto del pasado?

En primer lugar creo que decir que los explotados y los condenados de la tierra son estúpidos porque hacen parte de las de los explotados no nos sirve de nada. Por ejemplo, cuando condenamos el patrioterismo barato que surge en un partido de fútbol, o más aún cuando nos indignamos de la felicidad de la gente cuando ella misma padece la miseria, no estamos haciendo otra cosa que creer que nosotros mismos podemos ver más allá de los oprimidos. Y esta es la tarea en la que se consagraron los intelectuales de izquierda: hay que instruir a las masas para hacerles despertar la conciencia, hay que hacerles dar cuenta que están siendo explotadas. Sólo la luz destellante del lector de las obras de izquierda más solemnes, como El Capital o si no se lo alcanzaron a leer cualquier manual como el de Nikitin podría contribuir a explicarles a los pobres que el capitalismo funciona bajo la célebre fórmula de D-M-D´.

Ya pasó quizás el tiempo y pocos creen en que el problema consiste en instruir a los pobres para despertar una conciencia dormida. Sin embargo, ahora tenemos a los intelectuales nihilistas. Aquellos que condenan la podredumbre sin ninguna esperanza. El campeón de tal postura es Fernando Vallejo. Nuestro escritor en cada entrevista en la que se toca el tema colombiano no deja de decir que Colombia es un país de asesinos, el cual además de ser oportunista es traidor1. Vallejo jamás se pondrá en la tarea de explicarles a los consumidores de RCN y Caracol que son unos idiotas ni mucho menos se esforzará por escribir un libro para que las masas lean y comprendan que Colombia es un país oportunista y traidor. Él sólo se contentará con denunciar una y otra vez la estupidez de la gente, ubicándose a sí mismo en un círculo minúsculo de escritores que pueden darse la buena vida de leer, escribir y vivir fuera del país que les dio nacimiento. No obstante, ¿no podemos observar la misma lógica en Vallejo y en los intelectuales instructores?

El heroísmo es distinto. El intelectual de ayer entregaba su vida a una causa y el escritor nihilista de hoy huye de la podredumbre para disfrutar de su lugar privilegiado. Pero tanto el uno como el otro parten el mundo en dos: entre los que leen y entre lo que no descubrirán la libertad que surge cuando “conocen”. En pocas palabras, los dos dividen el mundo entre idiotas e inteligentes.

¿Qué nos queda entonces? ¿Debemos dejar a un lado la palabra alienación de nuestro léxico para comprender críticamente la sociedad?

En segundo lugar, me gustaría dar una mera opinión de la tarea que está en pensar el sentido de la “alienación” como categoría analítica para comprender críticamente nuestro presente. Y para eso me gustaría retomar muy rápidamente la lapidaria formulación de Marx en 1844. El pensador alemán nos dice, en términos muy generales, que la alienación es una situación en la que aquél que actúa de cierta manera se siente extrañado con respecto de sí mismo. Alienado entonces no es aquél que ignora que está siendo explotado, sino aquél que se siente extraño de sí mismo. Todos lo hemos sentido. Vivimos en un mundo capitalista y es claro que hemos tenido trabajos que odiamos y que sentimos mal pagos. También nos sentimos extraños a nosotros mismos cuando tenemos que destrozar el medio en el que vivimos para ganar dinero o incluso abandonar cierta ética que nos inculcan en la casa para lograr obtener nuestros medios de subsistencia. La alienación no es sinónimo de estupidez y mucho menos es un concepto que nos permite dividir el mundo entre intelectuales y masas embrutecidas. Es, más bien, una palabra que nos permite comprender que existen situaciones en las que actuamos en contra de nosotros mismos o en contra del lugar en el que habitamos.

Para ilustrar mi punto me gustaría traer un film ya bastante comentado del cienasta Roberto Rosellini, llamado Europa 512. El largometreje es simple y cautivador. Cuenta la historia de una mujer acomodada quien padece el suicidio de su hijo en un contexto degradado de posguerra. La situación es tal que Irene (su protagonista) entra en depresión y un allegado a la familia, Andreas, la invita a ser espectadora de la miseria para que se dé cuenta qué es un verdadero problema. Andreas, militante comunista, siempre le dijo a Irene que los pobres necesitan de la conciencia para saber de tal estado de opresión. No obstante, una escena clave hace temblar tanto los presupuestos de la pequeñoburguesa Irene como del militante Andreas. Irene al perderse en aquél barrio termina en la casa de una mujer cabeza de familia. En aquel lugar logra percatarse que la situación de opresión de las clases populares es mucho más compleja de lo que cree Andreas. La jovialidad con la que Irene es recibida en la casucha de latas deja perplejo al espectador del filme. La mujer cabeza de familia y responsable de más de 6 niños ríe, habla, relata. Irene se da cuenta que el sentido de la vida no está atravesado por las distinciones que le ofrece un posición social sino en su trato con el otro.

Ahora bien ¿esto significa que los pobres son felices y que no necesitan de otro que le explique que está oprimido? Como venía diciendo, la alienación no es un operador que distingue entre ignorantes y sabios, sino más bien una situación. Seguramente aquella mamá cabeza de familia padece la opresión del capitalismo y así mismo del patriarcado. Pero esto no excluye que se pueda sentir feliz y disfrutar de la proximidad que trae la vida con otros seres humanos. Este sentimiento de potencia de vivir juntos o de construir otras formas de existencia en el mundo que habitamos es lo que impulsa, sin duda, los actos de miles y millones de personas que actúan políticamente. La política existe entonces porque cualquiera puede experimentar qué significa relacionarse con otro, cualquiera puede percatarse de la injusticia que trae consigo un mundo instruido por RCN y Caracol TV.

En tercer lugar y ya para finalizar esta columna, creo que debemos abandonar paulatinamente el presupuesto de que ser colombiano implica un estado de alienación total. O que el adjetivo colombiano o colombiana sea el sinónimo de un conjunto de gente estúpida que se divierte matando personas mientras se celebra un partido de fútbol. Columnistas como el profesor Renán Vega Cantor en su reciente texto sobre el fútbol3 quizás no tengan en cuenta que en Colombia hay muchas situaciones como las que se encontró Irene. La alienación siempre va acompañada de resistencias, de otras formas de habitar lo común que van más allá de los marcos conceptuales de escritores y profesores que creen tener el veredicto final de lo que significa la opresión y las salidas a ella.

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1http://www.caracol.com.co/noticias/actualidad/fernando-vallejo-colombia-es-un-pais-asesino-oportunista-y-traidor/20050219/nota/145059.aspx
2Uno de los comentadores de esta film es Jacques Rancière. Ver: Rancière, j. (1998) Breves Viajes al País del Pueblo. Buenos Aires: Nueva visión.
3http://www.rebelion.org/noticia.php?id=187065&titular=%BFcu%E1ntos-muertos-nos-cuesta-cada-gol-de-la-selecci%F3n-de-colombia?-

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