¡Que se termine la guerra!

on Viernes, 14 Noviembre 2014. Posted in Artículos, Edición 45, Álvaro Uribe, Oscar Iván Zuluaga, Marya Hinira Sáenz , TEOPOCO, Nacional, Gobierno de Santos, Proceso de paz

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Después del fracaso del proceso de paz del Caguán, el Estado se encaminó a profundizar la guerra para acabar con los grupos guerrilleros que amenazaban el orden del país. Desde entonces la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo se convirtió en una de las principales estrategias para hacer política con fines electorales.

 
Marya Hinira Sáenz
Fuente de la imagen: www.vanguardia.com

Hace cuatro años los colombianos eligieron el camino de la profundización de la guerra y escogieron a Juan Manuel Santos como presidente; hace cinco meses, con el mismo candidato de entonces, el país decidió apostarle a la terminación del conflicto armado. Este cambio hace que todavía hoy nos sigamos preguntando qué fue lo que pasó en mayo y junio durante las elecciones presidenciales, por qué y cómo éstas parecieron convertirse en una barrera contra la posible agudización de la guerra.

Después del fracaso del proceso de paz del Caguán, el Estado se encaminó a profundizar la guerra para acabar con los grupos guerrilleros que amenazaban el orden del país. Desde entonces la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo se convirtió en una de las principales estrategias para hacer política con fines electorales. Con este discurso guerrerista, Álvaro Uribe fue elegido presidente en dos ocasiones, y gracias a la promesa de darle continuidad a las políticas del uribismo, Juan Manuel Santos se convirtió en su sucesor en el 2010. Dos años después, el inicio de un proceso de diálogos con las FARC que prometía ir más allá del sometimiento de la guerrilla al Estado para encarar el problema de la construcción de la paz, produjo la mayor ruptura de Santos con su antecesor. Para este último y sus seguidores, esta «traición» debía ser cobrada y el destino de los colombianos tenía que ser reconducido por el rumbo de la seguridad. Con tal propósito era necesario recuperar el control de las instituciones del país, en especial del Congreso y la Presidencia. Después de varias discusiones al interior de esta fuerza política, el designado para esta última tarea fue Óscar Iván Zuluaga.

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Con los resultados de las votaciones al Congreso, que habían dejado un relativo empate entre las fuerzas del uribismo y la Unidad Nacional, los candidatos presidenciales de estos dos sectores, Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos respectivamente, buscaron la forma de marcar la distancia necesaria entre ellos para ganar las elecciones a la Presidencia del 16 de mayo. La distinción se dio alrededor de un punto que había empezado a situarse en la agenda electoral: la paz. Mientras Santos insistió con más fuerza en la necesidad de continuar la negociación con las FARC y en la posibilidad de terminar el conflicto, Zuluaga reaccionó manteniendo su posición de oponerse a lo que según él era la derrota del Estado frente al terrorismo. Dos posturas empezaron a marcarse con más claridad: la finalización de la guerra o la guerra contra el terrorismo.

En medio de esta disputa se encontraron los demás candidatos que también buscaban los votos de los electores. Enrique Peñalosa mantuvo una postura de apoyo general al proceso, sin aportes u oposiciones importantes. En contraste, Clara López y Marta Lucía Ramírez buscaron resaltar sus propuestas. López haciendo un llamado a la ampliación de la representación en la mesa, al cese al fuego bilateral y a la justicia social como una condición necesaria para la paz. Ramírez, por su parte, supeditando la continuidad de la negociación al cumplimiento de tres condiciones por parte de la guerrilla: detener el reclutamiento de menores, entregar los mapas de minas antipersona y fijar un término para la conclusión de las conversaciones1. Sin embargo, todos compartieron la exigencia de despersonalizar la paz, pues, en su opinión, Santos no podía reclamar para sí la propiedad de un clamor nacional. La demanda estaba justificada si se recuerdan afirmaciones del candidato-presidente como «[l]a Paz está en juego y yo estoy aquí para defender a Colombia»2.

En realidad, a pesar de la polarización que Santos y el uribismo iniciaron en los meses anteriores y de la importancia que tomó el tema de la paz, los acuerdos que la mesa había alcanzado hasta el momento (desarrollo rural, participación política y solución al problema de drogas ilícitas) no fueron determinantes en la primera vuelta presidencial. Esto explica por qué la victoria parcial de Zuluaga, con su discurso amenazante sobre el proceso, se dio a pesar de los avances de este. Pero fue precisamente este resultado electoral lo que motivó que la negociación con las FARC se convirtiera en el punto central de discusión en la campaña y en el distintivo que decidiría el voto de los colombianos, y lo que obligó a los demás candidatos a reacomodar sus posturas.

El júbilo uribista era evidente. Con el apoyo recibido, los columnistas políticamente cercanos hicieron eco de las propuestas de su candidato y celebraron un pronto regreso del orden y la seguridad3. Zuluaga reafirmó su posición al decir: «voy a dar ocho días de plazo para que las FARC decidan: si quieren una paz negociada tienen que cesar y suspender toda acción criminal contra los colombianos de bien»4.

Pero la alegría de unos era la preocupación de otros. Para distintos sectores académicos, políticos y de opinión5 la victoria de Zuluaga era una amenaza para la paz y la democracia. Ante el apremio, expusieron la necesidad de impedir que el candidato uribista ganara las elecciones, y con ello, que fracasara la que consideraron ha sido la mejor posibilidad para acabar con el conflicto en el país. Lo que estaba en juego no era la elección entre dos candidatos, sino el futuro del país entre la guerra y la paz6. Así, por medio de algunas convocatorias, como la del Frente amplio por la paz, se inició entonces un acuerdo más o menos tácito para favorecer la candidatura de Santos.

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Mientras en la opinión pública era acogido el llamado para defender la continuidad del proceso, el candidato uribista se enfrentaba a la necesidad de ampliar su número de votos. Ante este escenario difícil, Óscar Iván Zuluaga encontró la salida a su aprieto en un cambio discursivo y en la alianza con la excandidata del Partido Conservador, la más cercana a sus posturas. Si bien Zuluaga ya había afirmado que continuaría la negociación si las FARC dejaban de cometer acciones terroristas, y luego amenazó con la suspensión inmediata de los diálogos, a finales de mayo, con la adhesión de Marta Lucía Ramírez a su campaña y la incorporación a su programa de las tres condiciones para continuar con las conversaciones que Ramírez había defendido, el candidato del Centro Democrático resaltó su postura vagamente conciliadora. «Les garantizo que voy a trabajar todos los días para que Colombia logre la paz. La paz sí; pero una paz que beneficie solamente al pueblo colombiano»7, afirmó entonces. La referencia a la paz se convirtió desde ese momento en uno de los ejes de sus pronunciamientos. Los colombianos no elegirían entre la guerra y la paz, como insistían sus opositores, sino entre la entrega del país a las FARC y una paz digna y sin impunidad8.

Así, con la retórica de la paz sin impunidad, el uribismo intentó recoger los votos de sectores del Partido Conservador que sin oponerse explícitamente a la negociación exigían una posición fuerte del Estado. Pero mientras Zuluaga y los demás integrantes del Centro Democrático matizaron su discurso frente al proceso, otros sectores que desde los espacios de opinión apoyan a esta fuerza política mantuvieron su férrea oposición a la mesa de La Habana, aunque respaldaron la postura de paz de su candidato. La ambigüedad de esta posición se entiende si se considera que ellos sabían muy bien que la propuesta del candidato uribista no era la negociación con la guerrilla sino su sometimiento al actual orden institucional.

El cambio discursivo tampoco distrajo a quienes han apoyado las conversaciones. Por el contrario, denunciaron el resultado casi obvio de las condiciones propuestas por Zuluaga: la terminación del proceso de paz9. Y por esta misma razón, a pesar de las diferencias que pudieran tenerse con el candidato-presidente, la posibilidad de detener la guerra continuó motivando la reunión de distintos sectores en torno a Santos. Votar por la paz o por Santos al final resultaba lo mismo: la derrota del uribismo y su proyecto de confrontación bélica.

Sin embargo, el llamado a la adhesión desató un gran debate al interior de la izquierda. ¿Por qué votar por un candidato que representaba política y económicamente lo contrario a lo que la izquierda ha defendido en los últimos años? ¿Las conversaciones con las FARC bastaban para dejar de lado estas diferencias, sobre todo si nadie podía asegurar su éxito? La respuesta en uno y otro sector fue clara. Para algunos, como las excandidatas Clara López y Aída Avella, la posibilidad de finalizar el conflicto era suficiente para apoyar a Santos. Pero sobre todo, para quienes compartieron esta opinión, era necesario detener la reacción belicista de la derecha representada por el candidato del Centro Democrático. Para otro grupo, liderado por el senador Jorge Enrique Robledo, la negociación no podía estar por encima de las distancias existentes entre dos proyectos político económicos. Al afirmar que la paz tendría las mismas opciones con uno y otro candidato e incentivar el voto el blanco, este sector dejó ver que su apoyo al proceso también era retórico.

Las FARC fueron públicamente más prudentes. Aunque reiteraron que su apuesta era la continuación de la negociación, no explicitaron su apoyo a ninguno de los candidatos y se mostraron a la expectativa de los resultados de la segunda vuelta. «Dejemos que transcurra el resto que queda de campaña electoral y luego sí con mucho gusto nosotros vamos a fijar una posición»10, dijo entonces «Iván Márquez». Eso sí, no dudaron en afirmar: «Colombia toda tiene que defender el proceso de paz»11.

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Al mismo tiempo que se profundizaba la polarización al interior del país, en La Habana las conversaciones seguían. El 7 de junio, días antes de la segunda vuelta, el proceso dio otra muestra de avance con el anuncio de la «Declaración de principios para la discusión del punto 5 de la agenda: víctimas». Se trataba de diez puntos a partir de los cuales los equipos negociadores discutirían uno de los temas más delicados, el reconocimiento de las víctimas y las garantías para el cumplimiento de sus derechos. La afirmación de que no se iban a intercambiar impunidades entre la guerrilla y la Fuerza Pública, el reconocimiento de todas las víctimas del conflicto y la apertura para su participación en la mesa, animaron el debate por la defensa del proceso.

Así, haya sido o no la intención de los equipos negociadores, los acuerdos y anuncios hechos desde La Habana se sumaron al escenario electoral. Mientras para unos las muestras de avance de los diálogos no eran otra cosa que el apoyo de las FARC a Santos o el uso de las conversaciones en favor del candidato-presidente12, para otros eran una evidencia más de que esta era la oportunidad para terminar el conflicto armado en el país13, pues la incorporación en el proceso de quienes han sufrido las consecuencias de la guerra posibilitaría poner un punto final a la cadena retaliaciones y alcanzar un equilibrio entre justicia y paz14.

Las alianzas, los apoyos y las reiteradas intervenciones de los defensores del proceso de paz dieron resultado y el 15 de junio Juan Manuel Santos logró ser reelegido. Zuluaga reconoció su derrota, pero exigió que su postura sobre la negociación con las FARC fuera tenida en cuenta por el mandatario. Para él, los millones de votos a su favor representaban una demanda por el cambio en la orientación de las conversaciones, para no dar lugar a cuestionamientos sobre la superioridad del Estado frente a un grupo terrorista. Quienes votaron por Santos tuvieron opiniones divididas. Unos expresaron alegría por la victoria de su candidato, pero otros simplemente sintieron tranquilidad por la continuidad de los diálogos, teniendo plena consciencia de que las diferentes visiones de país seguían estando presentes. Por esta misma razón, en algunos casos le reclamaron al presidente una comprensión más amplia de la paz que vaya más allá de la incorporación de la guerrilla a actual orden institucional.

Así, en junio, la posibilidad abierta hace dos años para terminar el conflicto tomó la suficiente fuerza para convertirse en una barrera contra la profundización de guerra impulsada por el Centro Democrático. Esto es lo que permite entender por qué a pesar de las similitudes entre los programas económico y social de Zuluaga y Santos, haya sido este quien resultara ganador. Sin embargo, con esto no concluyó la disputa, porque con cada avance del proceso de paz el uribismo reeditará el debate electoral para tratar de contener el progreso de las conversaciones. Lo anterior puede tener una consecuencia adicional: que los ataques a las negociaciones y la necesidad de defenderlas termine limitando las discusiones sobre la construcción de la paz y las necesarias reformas sociales y económicas que deben acompañarla.

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1Marta Lucía Ramírez. «La paz no es exclusividad de un gobierno. La paz es patrimonio de todos los colombianos». Razón Pública. Disponible en: http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/7596-la-paz-no-es-exclusividad-de-un-gobierno-la-paz-es-patrimonio-de-todos-los-colombianos.html (5 de mayo de 2014). Consultado el 25 de noviembre de 2014.
2«Santos le dice a Óscar Iván Zuluaga que "ponga la cara"». El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/santos-le-dice-oscar-ivan-zuluaga-ponga-cara-articulo-492142 (13 de mayo de 2014). Consultado el 1 de noviembre de 2014.
3Fue el caso de Jorge Figueroa, columnista de Vanguardia Liberal, y Juan Gómez Martínez y Gabriel Harry, columnistas en El Colombiano.
4«Mientras ONU y OEA avalan acuerdo con las FARC, Zuluaga da ultimátum al proceso». Semana. Disponible en: http://www.semana.com/nacion/articulo/mientras-organismos-internacionales-avalan-el-acuerdo-gobierno-farc-zuluaga-da-ultimatum-al-proceso/388641-3 (17 de mayo de 2014). Consultado el 25 de noviembre de 2014.
5Esta preocupación fue compartida, entre otros, por el expresidente César Gaviria, Alfredo Molano Bravo, los profesores Rodrigo Uprimny y Alejo Vargas; los columnistas de El Espectador, Mario Morales, Patricia Lara Salive y César Rodríguez Garavito, y el columnista de El Tiempo Ricardo Silva Romero.
6Así se expresaron el candidato-presidente Juan Manuel Santos; el expresidente Ernesto Samper, el exministro Juan Camilo Restrepo y el exsecretario de Gobierno de Bogotá Guillermo Alfonso Jaramillo; los académicos Medófilo Medina, Alfredo Molano Bravo, Alejandro Reyes Posada, Rodrigo Uprimny, Francisco Gutiérrez Sanín y Carlo Nasi; y los columnistas del Espectador Felipe Zuleta Lleras, Cristina de la Torre, Ramiro Bejarano, J. William Pearl, los columnistas de El Colombiano Juan José Hoyos y Yohir Akerman, los columnistas de La Nación Santiago Villarreal Cuéllar y Gabriel Calderón Molina, y la columnista de Semana Marta Ruiz.
7«El discurso de Óscar Iván Zuluaga tras resultados de primera vuelta». El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/el-discurso-de-oscar-ivan-zuluaga-tras-resultados-de-pr-articulo-494456 (26 de mayo de 2014). Consultado el 25 de noviembre de 2014.
8Así también se pronunciaron Pablo Jaramillo Vasco, Juan Gómez Martínez y Gabriel Harry, columnistas en El Colombiano, Jorge Figueroa, columnista de Vanguardia Liberal, Pedro Echavarría, columnista de La República, Rafael Nieto Loaiza, columnista en El Colombiano y El País; Darío Acevedo Carmona, columnista de El Espectador; y el expresidente y senador electo Álvaro Uribe Vélez, Francisco Santos.
9Así lo manifestaron Daniel Quintero, ex miembro del Partido del Tomate y Partido Liberal; Patricia Lara Salive, César Rodríguez Garavito y Andrés Hoyos, columnistas de El Espectador; Juan Camilo Restrepo, exmisnitro de Agricultura y columnista de La República; y un amplio grupo de académicos (Rudolf Hommes, María Teresa Ronderos, José Antonio Ocampo, Absalón Machado, Ana María Ibáñez, Guillermo y Santiago Perry, Juan Benavides, Alejandro Sanz de Santamaría, Magdalena León, Álvaro Balcázar, Andrés Hoyos, Alejandro Reyes, Ricardo Silva Romero, Socorro Ramírez, Patricia Lara, José Leibovich, Álvaro Tirado, Armando Montenegro, Manuel Rodríguez Becerra, Elisabeth Ungar, Salomón Kalmanovitz, Iván Marulanda, Álvaro Forero Tascón, Miguel Urrutia, Carlos Caballero Argáez, José Fernando Isaza, María Elvira Samper, Iván Orozco, Gustavo Gallón, Samuel Jaramillo, Aldo Civico, Daniel Mejía, Pilar Reyes).
10«'No vamos a responder a las insinuaciones de Zuluaga: Farc». El Tiempo. Disponible en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-14042535 (27 de mayo de 2014). Consultado el 26 de noviembre de 2014).
11«Farc analizan posibilidad de cese del fuego unilateral para segunda vuelta». El País. Disponible en: http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/farc-analizan-posibilidad-cese-fuego-unilateral-para-segunda-vuelta (3 de junio de 2014). Consultado el 26 de noviembre de 2014).
12Los candidatos presidenciales Enrique Peñalosa (Alianza Verde) y Óscar Iván Zuluaga (Centro Democrático); los columnistas Rafael Guarín (Semana) y Saúl Hernández Bolívar (El Tiempo); Germán Sahid, profesor de la Universidad del Rosario, Abelardo de la Espriella, Guillermo Rodríguez, abogado y director ejecutivo de Gobierno Seguridad y Desarrollo, y el analista Vicente Torrijos.
13Esta posición fue compartida por León Guillermo Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación, El Espectador, Felipe González, ex presidente de España, Christian Voelkel, analista de International Crisis Group, y Fabrizio Hochschild, delegado de la ONU en Colombia.
14Una postura similar fue compartida por Alfonso Prada Gil, representante a la Cámara, Juan Fernando Cristo, presidente del Congreso, Paula Gaviria Betancur, directora general de la Unidad para las Víctimas, Alfonso Gómez Méndez, ministro de justicia; Jorge Vásquez, coordinador nacional de la Mesa de Participación de las Víctimas, José Daniel Álvarez, director de Familiares Colombia, Diego Quintero, hermano de Alberto Quintero, diputado del Valle del Cauca secuestrado y asesinado por las Farc, Alianza Colombia sin Heridas y el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado.

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