Revocatoria del gobierno en Bogotá

on Martes, 14 Mayo 2013. Posted in Artículos, Edición 9, Gustavo Petro, Nacional, Andrea Marcela Cely, Medios de comunicación

9 celyLa alcaldía actual ya se encuentra en un momento que requiere dar un salto cualitativo en su discurso. Tiene varias decisiones que, a pesar de no gozar de una buena gestión inmediata, está promoviendo un apoyo de distintos sectores, grupos, personas e iniciativas, especialmente sociales, que están a la espera de un lenguaje que incluya y resalte una posición política más contundente.
 
Andrea Cely
Fuente: www.lafm.com.co

Nos gobierna mal, le quitamos el mandato
Miguel Gómez – Representante a la Cámara por el Partido de la U

Si la afirmación hecha por Miguel Gómez fuera cierta y estuviera acompañada de una formación ética tal vez la escucharíamos con preocupación. Sin embargo, quienes consideramos que en Bogotá estamos en medio de una experiencia única para los gobiernos de izquierda en Colombia, el mandato que hoy ejerce Gustavo Petro y aún más, las intentonas de revocatoria o el cerco mediático dan cuenta que la derecha tiene miedo. Y en este sentido, afirmaciones como las del representante a la Cámara suenan un poco descaradas.

Para grupos cercanos a Gómez y, según se rumora, para aquellos concejales y contratistas que años atrás gozaban de ganar dineros públicos, Petro gobierna mal. Y lo hace seguramente porque no ejecuta los recursos de manera rápida y con aquellos que ya tenían el proyecto listo para ser aprobado. Siendo así, la circulación de información está rota para la ciudadanía. El alcance de Canal Capital es mínimo y los demás medios masivos de comunicación, incluyendo el independiente Noticias Uno, están jugando un papel determinante en la manera en que se presenta el actual gobierno en Bogotá.

Mientras están recreando una situación pintoresca alrededor de las basuras con el seguimiento en carretera a los camiones, la valorización, los jardines, la salud y los dineros en la bolsa, el gobierno distrital intenta generar espacios de movilización, apoyo masivo y contrainformación a nivel territorial. No obstante, cuando los medios le abren los pocos espacios a Petro no van más allá de seguir echando el agua sucia a quienes ya están señalados. Y en términos reales, se mantiene en una posición que no transgrede el escenario mediático, aún cuando los funcionarios de sus Secretarías intenten generar espacios de comunicación local.

Las apuestas hechas en Bogotá Humana ya son algo más que un rechazo o una negativa al ejercicio corrupto de otros gobiernos predecesores, y con esto me refiero a otros – anteriores, que le otorgaron privilegios a grupos de interés privados. La alcaldía actual ya se encuentra en un momento que requiere dar un salto cualitativo en su discurso. Tiene varias decisiones que, a pesar de no gozar de una buena gestión inmediata, está promoviendo un apoyo de distintos sectores, grupos, personas e iniciativas, especialmente sociales, que están a la espera de un lenguaje que incluya y resalte una posición política más contundente.

En otras palabras, lo que para varios de sus directivos es el punto central del debate, debe hacerlo explícito en su discurso: “Recuperar espacios de servicios que deben ser garantizados por el Estado y quitarle peso así al capital privado”  (Mauricio Katz, Planeación). Si es así, el miedo de la derecha empieza a tener sentido. Ejemplo de estas decisiones son coincidencialmente el manejo de las basuras, el plan de salud a nivel local, la creación de jardines, el costo de los servicios públicos, negar la entrada de nuevos proyectos de extracción minera en Bogotá y recuperar la Santa María, entre otros. Todas son decisiones y acciones que terminan siendo respaldadas por personas afines a la idea de quitarle peso a la privatización y tercerización de los servicios en la ciudad. No obstante, el alcalde no puede asumir que este respaldo se convierta directamente en una base política de apoyo inmediato o en la concreción de una militancia progresista que lo respaldará bajo cualquier circunstancia.

La concreción de un acumulado social no puede entenderse de esa manera. Y, en principio, si Petro está buscando consolidar un ejercicio de ciudadanía activa, requiere comprender que muchos de sus funcionarios, las organizaciones sociales que se sienten correspondidas con sus decisiones y personas que están al tanto de lo que pueda pasar en Bogotá, representan, muchas de ellas, otras tendencias de más historia en el país que pueden llegar a respaldar su iniciativa. Y en este punto me refiero a la figura de una persona como el alcalde que a pesar de sus decisiones políticas acertadas contra los intereses del capital privado, se percibe solo o con el respaldo de otras personas, y no de organizaciones o fuerzas políticas. Desde que presentó su gabinete se afirmaba que  muchas de ellas representaban a un sector académico, o a iniciativas individuales que dejaban sus espacios tradicionales por acompañar la apuesta progresista.

Una vez en el poder, Petro requiere el apoyo de todas esas fuerzas sociales y políticas que, sin considerarse a sí mismas progresistas, son conscientes del riesgo que tiene hoy el gobierno en Bogotá. Por esta razón, sus intervenciones públicas y la forma en que genera mandato requiere ganar una solidez discursiva que incluya todos estos intereses comunes. Los ejes del Plan de desarrollo pueden ser una opción; disminuir la segregación social, ordenar el territorio a partir del agua y defender lo público son banderas incluyentes. No obstante, los desafíos como gobierno son mucho más ambiciosos e importantes: territorializar la gestión pública, generar una participación ciudadana decisoria, formular política pública con enfoques diferenciales y trascender en nuevas formas de relación entre la administración pública, los sectores sociales y las localidades son en última instancia lo que podría salvar un ejercicio distinto de gobierno en el distrito.

Ahora bien, si consideramos que ya es tiempo de ejecutar de manera efectiva los recursos para los últimos dos años y medio que restan, es igual de importante proyectar cada una de esas intervenciones para que Bogotá siga siendo un proyecto que se distancia de la derecha. Y en este sentido, el trabajo a nivel local requiere ir generando un acumulado de opinión que cuestione el cerco mediático y no pretender que todos los sectores que han trabajado por años en estos territorios dejen sus banderas propias. Necesitamos iniciativas unitarias en Bogotá. Es el mejor ejemplo que tiene hoy el país para crear espacios de coalición, respeto y confianza. Y en este sentido es un llamado a aquellos sectores que adoptan medidas más cercanas a iniciativas de derecha y afines a quienes impulsan la revocatoria de un gobierno que, para muchos de sus militantes, ha logrado marcar una clara diferencia con el gobierno nacional.

Por último, puede que este tipo de iniciativas sociales de respaldo surjan como respuesta a las afirmaciones de personas como Miguel Gómez, el procurador Ordoñez, el expresidente Uribe, algunos concejales y contratistas. Incluso a partir de personas que, reconocidas como líderes sociales y populares, llevan listas para recoger firmas en las marchas. Pero no por ello este tipo de posturas deben quedarse en una opción de negación, requieren, igual que el discurso de Petro, trascender en dinámica, lenguaje y formas de acción política que reivindiquen decisiones transgresoras y busquen proyección en términos afirmativos. A la izquierda no le quedó grande gobernar, se está dando cuenta de lo amarrado que estaba el aparato, de la cantidad de recursos que se destinaban a pocas cuentas personales y, en principio, de lo difícil que es generar una opción en donde la ciudadanía se sienta parte de ser gobierno. Ese es el reto y no tiene por qué ser atribuida a una sola persona, como esa persona tampoco puede creerse la única salida.

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