Salario mínimo para el 2015

on Miércoles, 03 Diciembre 2014. Posted in Artículos, Edición 46, Salario mínimo, César Giraldo, Economía colombiana, Nacional

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Si se espera que la inflación del 2014 esté más cerca del 4% que del 3%, de acuerdo con los datos conocidos al escribir estas notas, y que el aumento de la productividad de los trabajadores, que es el otro criterio para definir el aumento esté cercano también el 4%, sobre la base de un crecimiento del PIB del 4.5% (la meta del gobierno es del 5%), y si a ello se suma la necesidad de revertir la pérdida que los trabajadores y sus familias han tenido en la distribución del ingreso nacional, el aumento del salario mínimo no debería estar por debajo del 12%.

 
César Giraldo
Fuente de la imagen: www.colombia.com

La negociación del salario mínimo para el año 2015 se da en medio de un escenario económico incierto: aceleración de la infla-ción que se ha comido a octubre 3.3 puntos porcentuales de los 4.5 aumentados para este año, baja en la exportaciones que se agrava con la caída del precio del petróleo, reducción de la inversión extranjera directa que se pretende compensar con capitales especulativos, crecimiento peligroso del endeudamiento externo (¡estamos cerca de los cien mil millones de dólares de deuda y el dólar subiendo!), y finalmente, una caída en los ingresos del presupuesto público.

El deterioro del sector externo aguó la fiesta. La desaceleración de las exportaciones le restó más de un punto porcentual al cre-cimiento del PIB en el segundo trimestre del año, resultado que aún no recoge el efecto del desplome en los precios del petróleo. Mien-tras la producción para el gasto interno aumentó 5.4 %, la total sólo el 4.3%, en razón del bajo crecimiento de las exportaciones (gasto externo) que fue del 1.3%. Ver cuadro 1.

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Ante la dinámica negativa del sector externo, y su perspectiva negativa, se hace necesario estimular la demanda interna para restablecer el dinamismo económico, y allí es importante disponer de un aumento significativo del salario mínimo, porque este empuja la capacidad de gasto de los ciudadanos. Pero, por el contrario, la política económica no ha favorecido dicha capacidad de gasto. No han sido los trabajadores ni sus familias quienes se han beneficiado del crecimiento económico, por el contrario lo ha sido el capital rentista.

Por un lado, el ingreso disponible de las familias (lo que le queda después de pagar impuestos) ha perdido cinco puntos en la participación del PIB en la última década, y la remuneración a los asalariados tres (ver gráficas 1 y 2). Por otro lado, los sectores ren-tistas ganan una participación escandalosa. El excedente bruto de explotación (que es lo que le queda al capitalista después de pagar salarios) del sector minero energético pasó del 42% en 1993 al 87% en el 2011, y en el caso de los servicios públicos este excedente se ubica en el 75% para el mismo año. Los dueños de las empresas de los sectores minero-energético y de los servicios públicos domici-liarios se quedan con casi todo el valor agregado de sus sectores, y se lo llevan del país, si se tiene en cuenta que esos sectores han sido entregados al capital extranjero.

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Esta extracción de riqueza se puede apreciar a través de la Balanza de Pagos, que mide en dólares las transacciones financieras con el exterior. Lo que se transfiere al capital extranjero por concepto de utilidades e intereses de la deuda, extraídas por el capital ex-tranjero, es del orden de los US$18 mil millones (más de lo que cuesta el gasto militar) lo que señala que el producto nacional, el PIB restándole estos factores, se ha venido contrayendo (ver gráfica 3). De manera que cuando el PIB crece los colombianos recibimos menos. Esto muestra al servicio de quién ha estado la política económica, y que la incertidumbre económica actual es resultado de esa misma política: se apostó al sector externo y esa apuesta se está revirtiendo.

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Independientemente de la destorcida externa, la entrega de la renta nacional a capitales extranjeros rentistas es el objetivo fun-damental del modelo de desarrollo colombiano. De hecho, como lo mostró Álvaro Moreno , los pagos de rentas (utilidades e intereses) al capital extranjero son mayores que las entradas por inversión extranjera directa a partir de 2009 (gráfica 4). Hay que tener en cuenta que esas entradas son de una sola vez, en el momento en que se produce la inversión, pero la salida de las rentas es permanente, como cuando se paga arriendo por la vivienda, que hay que seguir pagando religiosamente año por año. Una hemorragia.

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Cuando un inversionista compra una empresa que se privatiza (por ejemplo las del sector eléctrico), o cuando invierte en explo-ración petrolera, lo hace para obtener ganancia y sacarla del país lo más rápido posible. Recuérdese la descapitalización de Codensa, en la cual, a los dos años, los españoles sacaron todo lo que habían invertido, y ahora disfrutan de una empresa altamente rentable, les salió regalada, de la cual obtienen un excedente equivalente aproximadamente al 80 de las tarifas que pagamos los bogotanos.

Se trata de una disputa entre el capital y el trabajo. La pérdida de los trabajadores y sus familias en la distribución de la riqueza nacional no sólo tiene que ver con lo anterior. Las familias cada vez están más endeudadas, y la deuda crece principalmente en la carte-ra de consumo (gráfica 5), dinámica que se ha mantenido a lo largo del siglo XXI. Nos encontramos en una situación en la cual las familias mantienen su nivel de gasto contratando deuda, lo que es insostenible en el largo plazo. Una dinámica de esta naturaleza llevó a nuestro país a la crisis de finales de los noventa, y a Estados Unidos a la crisis del 2008.

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No debe ser la deuda la principal forma para mantener el gasto en las familias porque es un camino que las conduce a la crisis. Debe ser el fortalecimiento del ingreso. En este caso si se espera que la inflación del 2014 esté más cerca del 4% que del 3%, de acuer-do con los datos conocidos al escribir estas notas, y que el aumento de la productividad de los trabajadores, que es el otro criterio para definir el aumento esté cercano también el 4%, sobre la base de un crecimiento del PIB del 4.5% (la meta del gobierno es del 5%), y si a ello se suma la necesidad de revertir la pérdida que los trabajadores y sus familias han tenido en la distribución del ingreso nacional, el aumento del salario mínimo no debería estar por debajo del 12%. Todo esto sin dejar de considerar que es necesario un cambio del mo-delo económico que le está entregando la riqueza nacional al capital extranjero rentista, lo cual exige una explicación por parte de las autoridades económicas.

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