Tierra y propiedad

on Viernes, 31 Mayo 2013. Posted in Artículos, Edición 10, Conflicto agrario, Nacional, Territorio , Camilo Salcedo

10 Camilo La tierra originalmente no tiene ningún valor y es naturaleza, su valor nace del trabajo sobre ella o su potencialidad para trabajarla. La creación de la propiedad la divide y posibilita que bajo el respaldo del Estado ésta sea comercializada (tierra como mercancía), a su vez que respalda la manutención de las relaciones sociales que existen en su interior (entre trabajadores y dueños de la tierra).
 
Camilo Salcedo
Fuente: www.desdeabajo.info
Los diversos procesos que se han presentado en diferentes contextos dentro del capitalismo alrededor de la creación social de la propiedad privada, se dan junto con la posibilidad de que la tierra se exprese como una mercancía (es decir, que pueda ser comprada y vendida). El proceso de contractualización sobre ella permite la mediación de una figura creada socialmente, que genera una relación jurídica y mercantil sobre ella.

El título de propiedad recorta territorios de la naturaleza y los apropia en nombre de alguien, abriéndose la posibilidad de su compra, venta y comercialización en escalas amplias (internacionales y nacionales). Esa propiedad es protegida por medio de la legalidad dada por el Estado y sus instituciones1, lo que a su vez reafirma las relaciones contractuales entre dueños de la tierra y trabajadores de ella -aclarando que no necesariamente la figura de propiedad como se conoce dentro de la formalidad estatal determina los diversos regímenes de dominación que se dan dentro de ella-.

Por lo tanto, la tierra tiene por lo menos dos funciones importantes dentro de las relaciones capitalistas: como mercancía en la medida en que se puede comprar y vender; y como medio de producción en la medida en que la tierra es el principal elemento para que los trabajadores de ella puedan generar productos y excedentes a partir del trabajo. Igualmente, existen relaciones especulativas sobre la tierra, tal y como se puede ver alrededor de los mercados especulativos de tierras, relacionados en muchos casos al cultivo de plantaciones de agro-combustibles o para la minería.

No obstante, la tierra no es una mercancía igual a las otras. La tierra no es un producto producido por el hombre y existe originalmente por la naturaleza, por eso, no tiene un valor en sí misma, y está inscrita en un territorio con fuentes de agua, animales, bosques, etc. Así, lo que el ser humano hace es modificarla a partir del trabajo y la tecnología, al igual que, en la actualidad, se apropia de ella por medio de su división en propiedades.

Así, en la medida en que la tierra no tiene un valor en sí misma (al igual que el ser humano), su valor es producido/creado2 a partir de trabajo vivo sobre ella o de la posibilidad que da que alguien tenga el monopolio para su explotación (siguiendo a Dussel). De este modo, el valor de uso es generado por el producto sobre ella (trabajo objetivado) y el nivel de satisfacción de las necesidades humanas derivada de su trabajo. Ese valor no está ligado, en principio, a la existencia de una propiedad y su compra-venta está ligada a las necesidades existentes por los grupos sociales que trabajan, usan y controlan esa tierra.

En los momentos en que la propiedad de la tierra se convierte en mercancía, ésta se desliga de su valor de uso. La mercancía, como afirma Marx, adquiere una dinámica propia que no tiene que ver absolutamente nada con su naturaleza física ni con las relaciones materiales que de ahí se originan. Así, una cosa son las relaciones sociales que dan origen a la mercancía y otra sus representaciones.

Por otro lado, en el momento en que la tierra entra en un mercado (que está mediado por las relaciones sociales existentes en su entorno), donde existen poderes asimétricos entre quienes compran y quienes venden, como en el capitalismo en general, o como en el caso colombiano con la mediación de la violencia, se genera un valor con una dinámica propia. La tierra se puede valorizar/desvalorizar muchas veces dependiendo de sus situaciones sociales y grupos de poder, desligándose de su valor de uso. Por lo tanto, su nuevo valor no está dado por las necesidades humanas, ni por el trabajo sobre ella, sino por factores casi “metafísicos”.  

Finalmente, se quiere aclarar que no existe una relación directa entre propiedad y mercancía, y ella consigue expresarse o no a partir de la configuración de las relaciones sociales existentes en su entorno. Igualmente, no es lo mismo un gran propietario que un pequeño propietario, sus relaciones sociales son diferentes, del mismo modo que sus formas de relacionarse con el trabajo sobre la tierra.

***

1Es importante aclarar que esa protección de la propiedad privada, como uno de los principios del Estado Moderno, actúa de forma relativa, ella depende de “sus prioridades” expresadas en sus funcionarios articulados o en disputa con grupos de poder. Así, por ejemplo, se puede “levantar” la medida de la protección de la propiedad para dar paso a un gran proyecto de infraestructura sobre el discurso del “bienestar público”. Por lo tanto, la forma de actuar del Estado tiene que ser contextualizada en un país y con unos actores concretos.  
2Dussel realiza una distinción entre producción y creación del valor que es análoga a la diferencia entre fuente y fundamento o entre fuente creadora y creación. Así, en su lectura de Marx, en el tiempo necesario el valor del salario es reproducido, pero en el plus-tiempo del plus-trabajo, el trabajo vivo crea el valor de la nada.

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