Trump: inflación de la crítica y desregulación financiera

on Lunes, 27 Febrero 2017. Posted in Artículos, Edición 100, Donald Trump, Internacional, Anders Fjeld

100 Internacional

La regulación financiera es un tema particularmente complicado, que no tiene la misma “cara humana” o la misma inmediatez que otros temas problemáticos, y cuyos efectos son sistémicos, de largo periodo y más difíciles de concebir. Sin embargo, es sumamente importante que no pase a un segundo plano, el mundo financiero ya es muy opaco y la magnitud de las consecuencias de su desregulación es enorme.

 

Anders Fjeld
Fuente de la imagen: http://www.andbank.es/

Con Trump entramos en una fase de inflación de la crítica. Por un lado, hay una masificación de políticas violentas, discriminatorias, anti-democráticas e inexpertas, que se anuncian con una intensidad sin precedente, veladas por la ambigüedad, y a veces acompañadas de mentiras y contradicciones. Por el otro, hay una intensificación de críticas y de oposiciones en todos los niveles: mediáticas, jurídicas, populares, políticas, diplomáticas. Pero esta intensificación se enfrenta a un escenario en donde la crítica parece volverse particularmente ineficaz, casi inoperante.

Sin mencionar los miembros controvertidos de su administración y su plétora de “órdenes ejecutivas”, los escándalos se acumulan alrededor de Rusia, de las numerosas mentiras, de las amenazas a periodistas y jueces, de la ruptura radical con promesas electorales centrales de los problemas jurídicos con el “Travel ban”, de las declaraciones absurdas (hechas en parte vía Twitter), de la megalomanía patológica de Trump, de la oposición diplomática creciente. En fin, un sin número de problemas graves que son denunciados masivamente cada día, sin encontrar ninguna concesión por parte del gobierno. Por el contrario, estos son más bien avalados por un discurso populista que declara la guerra a los periodistas. Hasta hoy, casi todos los días salen nuevas decisiones y declaraciones que necesitan la atención crítica de los medios y de la oposición, logrando a menudo poner en segundo plano, o “hacer olvidar”, decisiones anteriores.

Esta situación de inflación de la crítica, de mentiras y contradicciones y de aceleración de medidas políticas muy controvertidas, crea una situación en donde se vuelve difícil coordinar la gravedad de las diferentes medidas, no meramente por su multiplicación, sino también porque los horizontes son muy inciertos. El panorama ya es impresionante: escepticismo al cambio climático y deconstrucción de la protección del medio ambiente, voluntad de incrementar el poderío nuclear, agresividad diplomática, refuerzo xenofóbico de las fronteras nacionales, ataques a las minorías, a la independencia jurídica, a los medios de comunicación, a las agencias de inteligencia, etc. Sin embargo, hay cambios de fondo que no reciben la atención que merecen, probablemente porque los mecanismos son complicados y porque los efectos posibles son difusos. Se trata de la deconstrucción parcial de la ley Dodd-Frank de Protección al Consumidor y Reforma de Wall Street, que se implementó en 2010 para regular el mundo financiero de manera a impedir las dinámicas especulativas que generaron la crisis de 2007. Aunque esto se ha comentado en la prensa, no se ha tomado en cuenta la magnitud de la potencial catástrofe que se prepara con esta deconstrucción, y no hay suficiente seguimiento de la evolución de esta medida.

El mundo ha pasado por una rápida evolución de la financiarización de la economía desde los años 1980. Esta financiarización se ha justificado como una manera de estabilizar la economía “real” por las evaluaciones, de parte de los inversores, de la capacidad de las empresas a generar ingresos futuros y así contribuir a una economía floreciente. Pero esto ha tenido un efecto contrario, creando una masificación fantástica de cadenas de deudas impulsada por dinámicas especulativas. La crisis de 2007 mostró hasta qué punto la economía “real” ahora depende de estas dinámicas especulativas – dinámicas que crearon una burbuja inmensa por la masiva difusión de responsabilidad deudora hasta el punto en que no tenía casi nada que ver la economía real.

Las políticas económicas de Trump – al menos lo que podemos suponer con respecto a ellas partiendo de sus declaraciones y sus decisiones– tienen algo de ambiguo para la izquierda. Una medida que satisfacía a mucha gente de la izquierda, como a Sanders por ejemplo, fue el rechazo de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI), un tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea que ha sido objeto de una fuerte resistencia activista ya que iba a incrementar considerablemente el poder de las empresas sobre los gobiernos, (a través del mecanismo de Arbitraje de diferencias estado-inversor) por ejemplo, en áreas como la salud pública y el medioambiente, además de fijar varias medidas neoliberales que los gobiernos elegidos no podían modificar posteriormente (como la desregulación de los bancos). Además, Trump prometió durante su campaña, de manera bastante sorprendente, reinstaurar el “Glass-Steagall act”, Ley de Bancos. Es una ley de los años 1930 que limitó la especulación permitida a los bancos y que fue suspendida por Bill Clinton en 1999, lo que abrió justamente una intensificación de la financiarización de la economía. Otras medidas anti-neoliberales también figuran en las declaraciones de Trump, como son la promesa de inversiones estatales pseudo-keynesianas en la infraestructura y su crítica muy frontal a la globalización económica.

No es para nada sorprendente que la promesa frente al “Glass-Steagall act” fuese una gran mentira. Sin embargo, el hecho de que sería contradicha de manera tan espectacular con la desconstrucción de la regulación financiera de la ley Dodd-Frank de 2010 sí lo es, y debe despertar oposiciones mucho más fuertes que las actuales.

La crisis de 2007 demostró claramente dos cosas: a) la finanza, dejada al criterio de sus propias dinámicas, no tiene mecanismos internos de auto-limitación y busca naturalmente hacer crecer su capacidad especulativa; b) cuando entra en crisis, depende completamente de un agente exterior que no comparte su racionalidad, es decir, que no tiene la evaluación del valor del capital como su única racionalidad: el Estado. Así se crea ese escenario que conocemos bien ahora, en donde los bancos son demasiado grandes para quebrar porque toda la economía depende de ellos, y en donde el Estado tiene que pagar por sus excesos para restablecer la vida económica. La ley Dodd-Frank intentó mitigar este dilema con la implementación de un mayor control y la exigencia de transparencia con respecto a los mecanismos financieros. El hecho de deconstruir esta regulación es una declaración de guerra contra las clases trabajadoras que Trump prometía defender. Esta guerra se firma no solamente por Trump, sino también por varios miembros de su administración que trabajaron en Goldman-Sachs, Steven Mnuchin, Gary Cohn, Steve Bannon.

Esta desregulación, que por ahora solamente es un anuncio, se propone en un periodo de crecimiento de la bolsa de Wall Street, lo que Trump cuenta como un éxito político, pero que se explica por el optimismo que inspira su promesa de cortar fuertemente los impuestos, supuestamente para relanzar la inversión empresarial. Es difícil prever con precisión las consecuencias de la desregulación financiera y de la reducción de impuestos con su agenda de proteccionismo ultranacionalista, pero son elementos que dejan pensar que una nueva crisis económica se puede generar rápidamente, cuyos efectos atravesarían las fronteras de los Estados Unidos para impactar una economía mundial que todavía sufre las consecuencias de la crisis de 2007(con tasas de interés generalmente muy bajas, con crisis de deuda que siguen vigentes y además con el Brexit como un horizonte muy incierto).

La inflación de la crítica mencionada al comienzo es con respecto a estos temas particularmente problemática. La regulación financiera es un tema particularmente complicado, que no tiene la misma “cara humana” o la misma inmediatez que otros temas problemáticos, y cuyos efectos son sistémicos, de largo periodo y más difíciles de concebir. Sin embargo, es sumamente importante que no pase a un segundo plano, el mundo financiero ya es muy opaco y la magnitud de las consecuencias de su desregulación es enorme.

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